IR AL MEOLLO 

Reflexiones para los padres-madres

de primera comunión

 

 

 

 

Parroquia de Valvanera

Logroño

 

 

I

EL MEOLLO DE LA EUCARISTÍA

 

Vamos a detenernos en lo esencial, en el meollo, porque el sacramento de la Eucaristía da para mucho. Si los padres captan el meollo, es mucho más fácil que los chicos caigan en la cuenta de lo mismo. Ahora, “en frío” es más fácil que en torbellino de la fiesta.

 

  1. 1.    Dónde no está el meollo

 

  • En la ropa: en los trajes. es cierto que es un día de fiesta y hay que ir bien, pero el asunto no está ahí. Que en casa vean que eso tiene su importancia, pero no estar machacando sobre ese clavo.
  • En la comida: también tiene su importancia. Pero no echar el resto ahí. Hacerlo bien, festivamente y ya está. Pero que los chicos no vean que esa es la “preocupación” de los padres.
  • En los regalos: porque es casi inevitable que se hagan, pero no estar todo el tiempo ensalzando ese tema. Más aún, como luego diremos, es ahí donde habrá que dar un giro por el compartir.
  • En saber las oraciones o la catequesis: porque eso es necesario pero el asunto final, como veremos, no está ahí.
  • En la celebración de la misa: por extraño que parezca, tampoco es lo definitivo, aunque haya que hacerla bien y hermosa, y de hecho así se hace en la parroquia.

 

  1. 2.    Dónde está el meollo

 

  • En el compartir: la eucaristía es, desde siempre, el sacramento de aquellos que comparten. Si no hay intención de compartir, la eucaristía es un mero rito vacío.
  • De tal manera que un chico/a está “preparado” para celebrar la primera comunión en la medida en que sepa compartir. ¿No ha roto la cáscara del egoísmo? No está bien “preparado”. ¿Es generoso y se presta a compartir de lo suyo? Está “preparado”.
  • Cuando se habla de compartir hay que decir al niño que lo que se comparte no son solamente cosas, regalos o dinero, sino otros bienes: alegría (la comunión es fiesta de alegría), familia (es fiesta de familia), compañerismo (se celebra en grupo de amigos).
  • Y si se comparte algo de los bienes, si eso sale del niño (si no, hay que ayudarle), la cosa toma mucho cuerpo. Si un niño, por su voluntad, le sale decir: esto de lo mío (juntan un “capitalito” con las propinas) quiero que vaya a los pobres, o los chicos necesitados, o a un misionero, o a quien sea, estamos en el meollo.
  • Esto no es quitar el “brillo” a un día tan especial. Es, como decimos, poner el acento en lo que realmente es importante.

 

  1. 3.    Un texto que ilumina: Jn 6,1ss

 

  • Es el texto de la multiplicación de los panes y peces. Creemos que el milagro era que Jesús bendecía los panes del cesto y estos se multiplicaban.
  • Pero el verdadero milagro es que uno, un chico, que tiene cinco panes de cebada (pobres) y dos arenques está dispuesto a compartirlos. Cuando esto ocurre, cuando alguien está dispuesto a compartir empieza el milagro.
  • Por eso, el verdadero milagro no es que salgan muchos panes del cesto, sino que abramos el zurrón y saquemos lo que hay para compartirlo.
  • El evangelio es muy soñador y dice que si eso se hace, funciona, que compartiendo llega y que no ha de ser un obstáculo que nos paralice nuestra pobreza (la pregunta no es qué puedo hacer, sino qué estoy dispuesto a hacer). Y esto en verdad funciona.

 

  1. 4.    Cómo dar con el meollo

 

No es fácil; no es algo que vaya de por sí. Hay gente que es muy generosa, niños incluso que son generosos. Pero muchos adultos y muchos niños somos por tendencia egoístas. Hay que forzar la cosa un poco en la dirección del compartir.

a)    Padres: los chicos tiene que “ver” que la comunión es una fiesta de compartir. No se trata de lanzarse a grandes gastos ni derrochar. Se trata de que los padres sean generosos para que el chico, sin pretender que lo vea, de hecho lo vea. Que vean que se invita con cariño, con generosidad, dentro de lo sencillo. Que vean que los mismos padres se privan de algo a favor de alguna ONG o de Cáritas o de cualquier asociación o persona necesitada. Que se hable de ello alguna vez en casa.

b)    Chicos: A veces les sale ser generosos y a veces no. Si no les sale, hablarlo con ellos, animar a que ellos tomen la iniciativa, aunque sea un poco “rácana”. Si no les sale en absoluto ser generosos, “empujarles” suavemente en esa dirección. Hacerles ver que eso es muy importante para que la comunión que van a hacer tenga sentido (no es tan importante el que van a recibir a Jesús, sino el que tienen que ser como el Jesús que reciben, generosos y desprendidos).

 

  1. 5.    Por si ayuda: las mejores edades para educar en valores

 

Entre los seis y los doce años -la madurez de la infancia-, los niños poseen una disposición natural a desarrollar una intensa actividad, siendo el periodo óptimo para educar hábitos intelectuales y de conducta, que les forjarán su futura personalidad de adultos. Es la conocida "edad de oro de las virtudes", que bien enfocada evitará gran parte de los problemas en la adolescencia.

En estas edades  (7 a 11 años) los niños experimentan el impulso de ser generosos, prestar servicios y ayudar. Es el momento oportuno para desarrollar tres virtudes: generosidad, laboriosidad y reciedumbre. El sentido natural de la justicia, la apertura hacia los padres y la tendencia a obedecer, ayudarán a consolidar la generosidad; pueden existir rebeliones pero serán cortas y se olvidarán pronto. A los siete años, la razón está empezando a trabajar y se despierta en los niños una tendencia natural a ayudar, a hacer encargos, a darse; pero es necesario encauzarlos, guiarlos y hacerles descubrir la necesidad de ser generosos y la alegría que se siente después.

 

  1. 6.    La primera comunión: fiesta de compartir

 

Así habría de ser entendida por todos los protagonistas del día (no son solo los niños): la familia, los padres, las amistades, los chicos y sus amigos/as.

Si al final del día se puede decir: ¡hemos compartido mucho en este día! habremos dado con el meollo de la eucaristía.

 

 

 

 

 

 

II

EL MEOLLO DEL PERDÓN

 

                Con ocasión de la primera Comunión se hace una celebración del perdón con los padres y también con los chicos. Por eso es interesante preguntarse dónde está el meollo del perdón, porque lo tenemos un poco equivocado.

 

  1. 1.    Dónde no está el meollo

 

  • No está en esa idea de que para comulgar hay que estar preparado, en gracia de Dios, como si hubiera que lavarse antes de la fiesta. Esto es superficial.
  • Por lo tanto, no puede estar en tomar el sacramento del perdón como un trámite previo, como un requisito para la comunión. Es algo de más consistencia.
  • No hay que inculcar en los niños el sentimiento de que no están “limpios”, porque eso es cultivar la culpa y la fe lo que tiene que hacer es liberar de la culpa, no acentuarla.
  • No puede estar la cosa en meter miedo a los pecados como si fuera algo horrible que se ha hecho. Una cosa es hacer ver los fallos y otra meter miedo al niño.
  • No puede estar en ese disgusto que acompaña siempre a “la confesión”. Es algo más vivo, más gozoso.
  • No puede estar en pasar por el confesionario (que ya no se pasa) o por el cura (que es animador de la celebración). Lo importante es que en el corazón brote el deseo de perdonar y ser perdonado.

 

  1. 2.    Dónde está el meollo

 

  • El asunto es ver que el perdón es bueno, saludable, que ennoblece a la persona, no lo hunde más. Y encima, hace mejor nuestra relación con el Dios que perdona.
  • Está en hacer ver que Dios ama y perdona sin condiciones. Su perdón no está condicionado a nuestra bondad moral: él nos perdona porque nos ama; si somos malos, aguanta; si somos buenos, se alegra.
  • El meollo está en el tema de las buenas relaciones: hay que entender que el perdón apunta al corazón y que la bondad de corazón es necesaria para la buena relación.
  • Por ahí se podría entender y ayudar a entender a los chicos: la fiesta del perdón es la fiesta de la buena relación: tratamos de quitar lo que entorpece nuestra relación y tratamos de potenciar lo que la favorece.
  • Por eso mismo, habría que vivir esta celebración como una fiesta, como una suerte, como una alegría.

 

  1. 3.    Iluminación bíblica: Lc 15,11-32

 

  • Es la parábola conocida del hijo pródigo. Hay que fijarse bien: el pródigo es un granuja: se marchó con el dinero y ahora vuelve a engañar a su padre, porque dice que ha pecado contra él pero lo que de verdad le interesa es llenarse el estómago.
  • El padre es padre, pero no es tonto: sabe porque viene su hijo, por hambre. Podría haberle dicho: vete por donde has venido, a mí no me engañas. O podría haberle dicho: vete a trabajar con los jornaleros y luego comes (eso le habría bastado al pródigo). Pero le dice: sigues siendo mi hijo de antes.
  • Por eso, le devuelve todos los atributos de antes: el anillo de sellar contratos, las sandalias que se entregaban cuando se hacían compromisos legales, el manto de la dignidad. O sea: eres mi hijo de antes.
  • Un Dios que perdona a la manera que perdonan los padres que aman que son capaces de cubrir con su manto de amor las injurias recibidas.
  • No habrá que ser como el que se quedó en casa que nunca entendió a su padre como uno que le amaba del todo. No es de extrañar que le moleste la fiesta.
  • La conclusión es la que hemos dicho: Dios ama y perdona sin condiciones. No vengamos nosotros ahora a ponerlas.

 

  1. 4.    Cómo dar con el meollo

 

Como este sacramento, esta fiesta, arrastra muchas connotaciones negativas hay que esforzarse por vivirla y presentarla de otra manera:

a)    Padres: hablarlo entre vosotros. No decir: hay que confesarse, sino hemos de celebrar el perdón, hemos de celebrar la fiesta de la buena relación para que el día de la comunión sea un día más brillante. No incidir en los niños con el tema de “los pecados” creando culpabilidad; decirles que la fiesta del perdón da más brillo y más alegría a la fiesta de la primera comunión. Como adultos, reconocer que tenemos que trabajar mucho en la buena relación familiar.

b)   Niños: ayudarles a que la celebración del perdón sea un momento importante en el camino hacia la primera comunión. Animarles a que se den cuenta de sus relaciones con sus hermanos, con los padres, con los amigos hay que mejorarlas siempre y que eso es muy importante en la vida. Decirles que celebren con alegría el perdón. Preguntarles luego a ver qué tal ha estado la celebración, qué han hecho, si han estado contentos o no.

 

  1. 5.      Por si ayuda: ¿Qué pueden hacer los padres y madres?

 

Padres y madres pueden ayudar a sus hijos a poner en palabras aquello que en muchas ocasiones puede parecer obvio o incluso absurdo. Por ejemplo, si se está viendo una película en familia, las diferentes escenas donde les sucedan determinadas situaciones y experiencias a los personajes, son buenas oportunidades para ayudarles, diciendo: “Mira, el niño de la peli acaba de discutir con su amigo… ¿cómo crees que se estará sintiendo?”.

En muchas ocasiones la respuesta será algo tipo “mal”. Ahí es donde los padres pueden aprovechar para decir: “claro, es normal que se sienta mal: seguro que está enfadado por la discusión, ya que su amigo no entendía lo que quería decirle… y es posible que también este triste y preocupado por si tarda mucho en hacer las paces con su amigo. ¿Qué harías tu si te pasara algo parecido?”. Así les ayudaremos a ampliar el abanico de sentimientos y emociones del que disponen, haciendo de su experiencia emocional algo mucho más rico, y esto les ayudará a comprender y manejarse mejor en las situaciones sociales.

 

  1. 6.    La primera Comunión: fiesta de buena relación

 

Así habría de ser. Y no solamente en las formas, en la cortesía y buena educación, sino en el fondo. Un día para estrechar relaciones familiares y para que los niños palpen que la buena relación es fundamental en la vida y en la fe.

 

 

III

EL MEOLLO DE LA CELEBRACIÓN

 

El día de las comuniones no es un día para andar pensando mucho. Por eso, ahora, en “frío” es bueno reflexionar sobre cuál es el meollo de la celebración. Dicho de una forma rápida: día de fiesta y de justicia. Lo explicamos:

 

  1. 1.    Dónde no está el meollo

 

  • Ya lo hemos dicho desde el primer día: no está la cosa en los vestidos (aunque haya que ir guapos), ni en los regalos, ni en el barullo. No es fácil quedarse al margen, pero hay que ver un poco más en profundidad.
  • No está en que el chico/a lea o diga bien lo que le asignen en la celebración. Hay que intentar que lo haga bien, pero no pasa nada si la cosa no sale brillante.
  • No está en las fotos (no andar más pendiente de eso que de lo que se “cuece” en la celebración).
  • No está en la comida (aunque tenga su importancia). Lo importante no es lo que se come, sino el buen rato que se puede pasar con la familia y las amistades.

 

  1. 2.    Dónde está el meollo

 

  • En percibir que hay cosas importantes para quienes creemos en Jesús, para quienes somos cristianos. Y que la eucaristía, por mucho que a veces nos aburra, es importante porque ahí hacemos vivo el recuerdo de Jesús. Son muy importantes en la vida los recuerdos y los sentimientos.
  • El meollo está en que lo que hacemos es un rito, pero que detrás está el amor: es el mensaje de Jesús: “Amaos los unos a los otros”. Si de alguna manera la eucaristía no nos hace más sensibles al amor, estamos despistados.
  • Incluso más, aunque los chicos/as no vean esto tan fácilmente: el meollo de la eucaristía es la justicia, porque sin justicia no hay eucaristía. Por eso pusimos tanta importancia en el compartir. Los pobres no está presentes en la celebración; pero al menos en el trasfondo, deberían estarlo. En la celebración tendría que salir la palabra “pobres” y el tema también, de alguna manera.

 

3.    Iluminación bíblica: Lc 14,15-24

 

·       Cuando Jesús habla del reino de Dios, habla de un banquete. En aquel tiempo se comía poco y mal. Por eso, un banquete era una gozada (no como ahora que tenemos de todo). Una fiesta: si no se entiende la fe como una fiesta, no estamos entendiendo bien.

·       Nos fijamos en que los que no aceptan el banquete son porque ponen pegas económicas: he comprando un campo, cinco yuntas de bueyes, me he casado. El apego al dinero es el obstáculo a la fiesta del reino. Por eso, hay que ver cómo andamos de generosidad. Sin generosidad y sin justicia la eucaristía no tiene contenido.

·       Hay que darse cuenta de que se cambia de destinatarios y de escenario. Antes eran los ricos los invitados, ahora son los sencillos, los pobres. Por eso decimos que el tema de “los pobres” tiene que salir en la celebración. Y luego, se cambia de escenario: calles, plazas, caminos, límites de las propiedades. Es decir, lo que se celebra en la iglesia hay que tratarlo de llevarlo a la vida. Si hay un foso entre lo que celebramos y lo que vivimos, algo no va bien.

·       Los pobres son dignos del banquete, Dios los hace dignos. Habría que decir: “Señor, sí soy digno de que entres en mi casa porque una palabra tuya ha bastado para sanarme”.

 

4.    Cómo dar con el meollo

 

a)    Padres: No situarse en las cosas externas, superficiales de ese día (vestido, traje, comida), aunque tenga su importancia. Vivir la celebración personalmente, no ponerse como espectadores que ven un “teatro” en el que actúan ese día sus hijos/as. Por eso, gozar con ellos, cantar con ellos, meterse en la celebración. Y como ese tema de la justicia no lo van a captar los niños, que lo capten los padres. Si a los niños se les empuja al compartir, los padres deben tenerlo mucho más presente. Y todo, para que la eucaristía no quede vacía de contenido.

b)   Niños: No ponerles más nerviosos de lo que ya estarán. Tratar de calmarles para que puedan celebrar lo mejor posible. Felicitarles por lo bien que han hecho la celebración. Preguntarles al final del día qué es lo que más les ha gustado. Aunque te digan cosas de niños, ayudarles a poner el acento en la celebración de fe, porque eso es el núcleo. No es un día de regalos, sino un día de caminar la senda de un cristiano que se va adentrando en el camino de fe. Por lo menos, intentarlo, aunque no sea fácil.

 

  1. 5.    Por si ayuda: Donde no hay justicia no hay eucaristía

 

Es evidente que la injusticia y el atropello de los derechos fundamentales de la persona es el atentado más directo que se puede hacer a la comunión entre los hombres. En consecuencia, se puede decir que donde no hay justicia no hay eucaristía. Lo cual no quiere decir que la eucaristía no se puede celebrar mientras no exista una situación de justicia plenamente lograda. Si así fuera, quizás nunca se podría celebrar la eucaristía, habida cuenta de la compleja situación de injusticia que implica nuestra sociedad. Lo que con eso se trata de afirmar es que la eucaristía sólo es celebrada por creyentes que se comprometen seriamente en el empeño por lograr una sociedad más justa y más humana. Y, en cualquier caso, se trata de comprender que requiere el ser celebrada por una verdadera comunidad de creyentes que superan sus diferencias y divisiones y que están dispuestos a compartir lo que son y lo que tienen (J. M. Castillo)

 

  1. 6.    La primera comunión: día de fiesta y de justicia

 

Lo primero es más fácil verlo, lo segundo menos. Pero hay que intentar que quede ese doble recuerdo: lo bien que nos pasamos y que de verdad nos acordamos de los pobres y de quienes sufren (de algún modo). Así será la fiesta del banquete de Jesús como a Él le gustaría.

 

 

IV

EL MEOLLO DEL CRISTIANISMO

 

No está mal que en esta última reunión hablemos del meollo del cristianismo porque todos reconocemos que tenemos un poco abandonadas las cosas de la religión. Pues esta puede ser una buena ocasión para cultivarlas un poco.

 

  1. 1.    Dónde no está el meollo

 

  • No está en los signos externos, en las cruces, en las imágenes (aunque todo esto sea digno de respeto).
  • Tampoco está en los ritos religiosos, en las costumbres, en las procesiones, en las peregrinaciones, etc. Cosas también dignas de respeto, pero no esenciales.
  • No está en la aceptación de la moral católica, de la autoridad del papa, del acatamiento de los dogmas, aunque todas estas cosas tengan su indudable importancia.
  • Ni siquiera está en que nuestro nombre esté consignado en registros de la religión católica por nuestro bautismo (aunque esto sea necesario).
  • No está incluso ni en la práctica religiosa, en la oración, en la eucaristía y los sacramentos (en que me haya casado por la iglesia, en que esté ordenado de sacerdote)

 

  1. 2.    Dónde está el meollo:

 

  • Lo sabemos todos: en el amor. Ese es el distintivo de Jesús. Él no optó por el camino de las normas religiosas, que las tenía y muchas, sino por el camino del amor.
  • Por eso se da una contradicción en quien dice creer en Jesús y, a la vez, es muy duro en cuestiones de amor, de convivencia, de buena relación, de acogida a los más débiles.
  • Sin amor, la religión cristiana no tiene sentido, se vacía de contenido, es como un cadáver. Por eso, si nos decimos cristianos, hay que vigilar mucho el tema del amor. El desamor desmiente nuestra pretendida fe.
  • De ahí que, según el Evangelio, el meollo esté en el amor a la persona, ni siquiera en el amor a Dios. Porque ya lo dice san Juan es imposible amar a Dios a quien no se ve, si no se ama a la persona a la que se ve. La fe se tiene abandonada en la medida en que se tiene abandonado el amor.

 

  1. 3.    Iluminación bíblica: Jn 13,35

 

  • Es un texto que lo hemos oído mucho: pero hay que pensarlo. Dice Jesús que el distintivo del cristiano (en esto conocerán) es el amor a su estilo. No solamente en el amor, sino a su estilo (como yo os he amado).
  • Parece que los humanos solamente sabemos amar en modos de simetría: yo te amo y, en justa correspondencia, pido que tú me ames a mí. Esto está muy bien y ojalá fuera siempre así.
  • Pero hay situaciones de vida, muchas, donde uno ama y no recibe correspondencia (amor asimétrico): el amor de los padres a su bebé, el amor a los pobres (voluntariado), el amor a la sociedad.
  • ¿Cómo ha amado Jesús? En amores asimétricos: “cuando no podíamos pagarle, murió por nosotros”, dice san Pablo. No podíamos pagarle. Ese es el amor asimétrico. Pues bien: ese tipo de amor es el que distingue a los cristianos.
  • El meollo está en esto: ¿cómo funcionas cuando tú amas y no hay premio, aplauso, agradecimiento, pago? Si sigues amando, estás en el meollo de lo cristiano.

 

 

 

 

  1. 4.    Cómo llegar al meollo:

 

a)    Padres: Intentar hablar de esto con tu pareja, aunque no sea fácil. Ver si cuando amáis y no hay premio os enfadáis mucho o, por el contrario, lo superáis. ¿Cómo reacciono cuando no me devuelven el amor que yo creo haber entregado? Creer que las entregas tienen un valor en sí mismas y que no dependen del premio o del aplauso.

b)   Chicos/as: Hacerles ver que tienen muchas “deudas” con su familia, con sus hermanos/as. Aquello de la cuenta que un niño pasa a su madre y ella se la devuelve sin cobrarle nada de lo que ha hecho por él. Enseñar a los niños que no todo ha de hacerse por interés y por recibir un premio.

 

5.    Por si ayuda: Cuándo es posible amar sin esperar nada a cambio

 

Existen almas muy grandes, nobles y desinteresadas al extremo que sí han desarrollado una gran virtud para amar sin esperar nada a cambio. Por otra parte, siempre te es más fácil hacer una buena acción por una persona a la que no conoces y no esperar nada a cambio, que practicar esa idea del amor en tu pareja. Sencillamente, porque cuando más conoces a alguien, más te implicas, más das y más esperas recibir.

¿Y no se puede controlar ese deseo irrefrenable de saberte pagado, del amor devuelto? ¿Estamos ante un imposible?

 

  1. 6.    La fiesta de la primera comunión: fiesta de amor

 

Como todas las fiestas que se precien. Un día para estar bien, para relacionarse bien, para ver que familia y vida cristiana pueden ser cauce de amor. Un día que deje buen recuerdo porque ha sido entrañable, no tanto porque ha habido muchos regalos, bonitos vestidos y buena comida. Un día para el amor, aunque suene un poco así.