CVMc

Domingo, 21 de febrero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

16. Mc 2,23-27

 

Una reflexión inicial:

 

            Hay en los humanos una querencia a las normas; como los toros a las tablas cuando se sienten heridos. En realidad, las normas nos matan, generalmente, se vuelven contra nosotros o las vuelven contra nosotros. Pero seguimos creyendo a pie juntillas que sin normas no se puede vivir.

                Y quizá sea verdad, quizá sea cierto que las necesitamos para poder convivir. Pero algo nos dice que hay un valor anterior y superior a las normas: ese valor es la persona. Las normas habrían de estar supeditadas a ese valor primordial.         

                Por eso mismo, habrá que controlar mucho las normas para que no nos devoren, para que no campen a sus anchas, para que no se constituyan en centro.

                De ahí que una saludable anarquía es necesaria, que una cierta libertad es imprescindible para poder respirar, que una cierto desorden en las filas es necesario para que brote la creatividad.

                Nos tendría que horrorizar más el orden que acogota a la persona que el desorden que puede ser una especie de freno para una convivencia saludable. Es cuestión de perspectiva.

 

 

 

El texto:

 

            23Sucedió que un sábado iba él atravesando lo sembrado, y sus discípulos comenzaron a caminar arrancando espigas. 24Los fariseos le dijeron: -¡Oye! ¡Cómo hacen en sábado lo que no está permitido? 25Él les replicó: -¿No habéis oído nunca lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y los que estaban con él? 26¿Cómo entró en la casa de Dios en tiempo de Abiatar, sumo sacerdote, y comió los panes de la ofrenda, que no está permitido comer más que a los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros? 27 Y les dijo: -El precepto existió por el hombre, no el hombre por el precepto; 28luego señor es el Hombre también del precepto.

 

                El texto es meridiano. Un canto a la libertad por parte de Jesús. ¿Dónde aprendió esa libertad viviendo como vivía en un ambiente tan coactivo?

  • Conculcar el sábado era casi lo mismo que no ser creyente. Jesús no lo hace por sistema. Pero si la persona entra en colisión con el sábado, él opta por la persona, aunque eso suponga una necesaria violación del sábado.
  • Jesús fuerza el texto del AT al que alude (1 Sam 21,1-7) ya que David no “entró” en la casa de Dios, sino que pidió humildemente al sacerdote que le diera los panes. Pero Jesús propone el episodio de la vida de David como un gesto de rebeldía ante la norma que no tiene sentido cuando hay otros intereses superiores.
  • Hay que medir la hondura de la libertad de Jesús, pues cuestionar el sábado era cuestionar la ley, ser un increyente. Jesús se arriesga por el valor de la persona débil: sus discípulos tienen hambre. Eso relativiza cualquier norma que se interponga.
  • El distanciamiento de la norma ha sido fatal para Jesús. Unida a su crítica al mercado le ha abierto las puertas de su ruina. Pero él no dio un paso atrás en esta opción ni para coger impulso.

Para pensar un poco:

 

  1. 1.       ¿Te resulta evocador el pasaje?
    ¿Cómo asimilas el tema de las normas en tu vida?
  2. 2.       ¿Qué normas te parecen inhumanas?

 

Un valor:

 

            Hemos de trabajar, personal y comunitariamente, por una saludable liberación de las normas entendidas como opresión por encima de la persona. Para ello:

  • Saludable relativismo: No pasa nada, generalmente, porque una norma se flexibilice.
  • Amor incansable a la libertad, a la creatividad, a la imaginación.
  • Acostumbrarse a vivir en los márgenes, donde la norma impera menos.
  • No ser defensor de la norma a ultranza. Ya los tiene y muchos.
  • Añorar aires de libertad y de disfrute, siempre que la persona sea respetada y valorada.

 

Una foto:

 

                Este muchacho es Alberto Rodríguez, diputado de Podemos, cuyas rastas dieron mucho que hablar en su día cuando juró su cargo en el Congreso. Algunos lo tomaron como un desacato. Pero fue un signo de libertad y de ciudadanía. Porque si no gustan las rastas en esos ambientes tan “serios”, ¿no pasa nada cuando los señores bien vestidos y afeitados son unos corruptos?

 

Un poema:

 

TRÁEME nieve en los bolsillos,

o algo que cuando no estés aquí ya no sea

si no pasas todo el camino velándolo.

 

Tráeme nieve y todo ese frío que me contabas,

las cosas que tus ojos vieron,

las que no pudieron ver cuando los llevabas cerrados.

 

¿Bajo la bolsa del cielo

había pájaros?

 

Cuántos azules me puedes contar,

y si llevas cicatrices nuevas

-antojos, ombligos, especias.

 

Tráeme nieve y si llega la noche

llévala en la mano

mientras una vela la alumbra y la deshace

la alumbra y la deshace

mientras muere también la vela

alumbrando y deshaciendo.

 

mientras morimos nosotros

en la noche

en el camino

en la cama

deshaciendo y alumbrando

los raros nudos de corbata

que por dentro

nos ahogan la garganta.

 

Tráeme nieve, anda.

 

Rodrigo Sancho Ferrer