CVMc

Domingo, 10 de enero de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

10. 1,39-45

 

Una reflexión inicial:

 

            Las leyes habrían de estar al servicio de los ciudadanos, no al revés. Y, más aún, sobre todo al servicio de los ciudadanos frágiles, de manera que sintieran que había estructuras sociales de amparo para situaciones de emergencia.

                Esas estructuras de amparo serían de esta índole o similar: nunca me voy a quedar sin casa si no me llega el sueldo, nunca me van a cortar la luz si no puedo pagarla, nunca me voy a quedar sin atención sanitaria, nunca me voy a quedar sin un trabajo decente cuando me despidan del que ahora tengo, nunca mis hijos se van a quedar sin escuela aunque mis ingresos sean escasos.

                Si esta clase de estructuras de amparo no están garantizadas por ley es que todavía las leyes no están al servicio de quien anda en necesidad. Aún no se ha conseguido la finalidad humanizadora de una legislación.

                Es raro leer o escuchar a quienes se dedican a la política que están dispuestos a que estas leyes de amparo se cumplan. Al final, todo queda a mitad de camino o menos. A veces hay atisbos de ello (ver la imagen del final), pero el camino por recorrer aún es muy largo.

                Por eso mismo, la denuncia y hasta la indignación son todavía necesarias. Ahora que estrenamos un gobierno nuevo es lícito aspirar a ello, para que no tengamos que esgrimir nuestro desacuerdo y nuestra indignación “como prueba contra ellos”.

 

El texto:

 

            39Fue predicando por las sinagogas de ellos, por toda Galilea, y expulsando los demonios. 40Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: -Si quieres, puedes limpiarme. 41Conmovido, extendió la mano y lo tocó diciendo: -Quiero, queda limpio. 42Al momento se le quitó la lepra y quedó limpio. 43Reprimiéndolo, lo sacó afuera enseguida 44y le dijo: -¡Cuidado con decirle nada a nadie! Al contrario, ve a que te examine el sacerdote y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés como prueba contra ellos. 45Pero él, al salir, se puso a proclamar y divulgar el mensaje a más y mejor; en consecuencia, Jesús no podía ya entrar manifiestamente en ninguna ciudad; se quedaba fuera, en despoblado, pero acudían a él de todas partes.

 

  • El leproso es en la antigüedad un caso extremo de marginación. La ley, elaborada por los sacerdotes (en tiempos de teocracia) impone su exclusión fuera “del campamento”, fuera de la comunidad.
  • Cuando Jesús “toca” al leproso comete un acto prohibido. Es su manera de decir que no está de acuerdo con una legislación que excluye a los débiles. El reino no excluye a nadie; más aún, el frágil debiera estar en el centro.
  • Por eso, dice que ofrezca lo prescrito “como prueba contra ellos”. Es decir, ellos han hecho una ley de exclusión del débil, ellos debieran rectificar. La curación se convierte en argumento contra una ley que no ampara al frágil.
  • Si la gente acude a Jesús de todas partes no solamente manifiesta con ello su necesidad, sino la evidencia de que el reino de Dios es para quien más excluido está. El reino ampara al frágil.

 

 

Para pensar y orar

 

  1. ¿Tienes una mentalidad inclusiva o excluyente?
  2. ¿Hay posibilidad de mejorar las leyes de amparo social?
  3. ¿Cómo ponerse de parte de quien lo pasa mal?

 

Un valor: recuperar la indignación

 

Como las cosas van tan rápidas, nos parece que aquello del 15-M es algo que pasó a la historia y era el 15 de mayo de 2011. Ayer. Allí la palabra “indignado” cobró un peso que no había tenido en toda la historia, sobre todo, porque ese movimiento se contagió a muchos países, sobre todo del área mediterránea.

                Y, sin embargo, la indignación no ha desaparecido ya que el sentimiento de indignación es un componente de la estructura humana. Quien nunca se indigna, quien todo le da igual, o es un apático o es un excluido de la sociedad. Indignarse es necesario; indignarse bien es difícil, indignarse mal, algo muy corriente. Pasar de la indignación a la violencia, es fácil; pasar de la indignación a la colaboración y a la responsabilidad es difícil.

Está claro que la indignación aislada no es suficiente. Es preciso añadirle una serie de ce apoyos y de cauces que den salida a lo bueno del ser humano:

  • Colaboradores: Si no estás dispuesto a colaborar en algo, tu indignación es una vaciedad, un grito al aire, pura fachada.
  • Respetuosos: Si indignarse supone faltar al respeto básico a la persona se entra en una espiral de desprestigio que no puede llevar a nada bueno.
  • Valoradores de lo positivo: Porque la indignación, lógicamente, apunta a asuntos negativos. Por eso mismo, hay que hacer esfuerzo para poner sobre la mesa del discernimiento también lo positivo. Si no, se produce un desenfoque.
  • Celebradores de la vida: Para que la indignación no se convierta en amargura, en crispación, en talante desagradable.
  • Insistidores: Porque se tiende a no insistir cuando algo no ha salido, y pensar que, por ello, se ha fracasado. Insistir es una manera de creer en el valor de la persona.

 

Una imagen:

 

El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha acordado crear un fondo solidario, que se nutrirá de las aportaciones de las distintas administraciones públicas y de las empresas energéticas, para cubrir el pago de recibos de electricidad y de gas, de aquellas personas que se encuentren en situación de exclusión. Este fondo para luchar contra la “pobreza energética”, contará con una dotación inicial de un millón de euros, aportado por la Comunidad. Estos son los caminos del amparo social.

 

Un poema:


En busca de un sueño 
tallaron la piedra 
En busca de un sueño 
Dios vino a la tierra 

 

 

FELIZ 2016