C3J 

Domingo 19 de abril de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

4. 3 Jn 11

 

Introducción:

 

                Hay, sin duda, mucha gente que valora el bien, que lo aplaude, que se siente conmovida cuando percibe el bien en su derredor, en la sociedad. Pero el número disminuye cuando se trata de hacer el bien. Con razón dice la sabiduría popular que “del dicho al hecho hay un gran trecho”. Hacer el bien es lo que nos define, no únicamente desear y conmoverse por el bien. Los humanos somos gente que hablamos mucho y hacemos poco. Quien hace el bien, aunque aparentemente sea menospreciado, es persona querida. Hacer el bien es toda una obra de humanidad. No se trata de socorrer sin más, sino de construir un camino donde la dignidad de la persona sea reconocida y valorada. Hacer el bien es algo más que dar algo a un pobre; es trabajar para que ese pobre ocupe un sitio en el concierto social y así su pobreza sea solucionada.

                Dice 3 Jn 11 que quien hace el bien es de Dios. No quien ama a Dios, quien le venera, quien lo estudia, quien propaga la idea de Dios, quien construye edificios para Dios. No, quien hace el bien. El quid está en hacer bien. Ese/a tal es de Dios por una razón muy simple: porque Dios hace el bien con su creación, porque la fragilidad de la creación está envuelta por el anhelo de Dios de hacernos bien, aunque el precio de la historia sea alto. Saramago decía que de Dios no te puedes fiar. La única manera de fiarse de él sería percibir con claridad que, más allá de las circunstancias hostiles de la vida, hay detrás un Dios que quiere tu bien. La propuesta de vida que nos hace es para nuestro bien, aunque, como decimos, el precio que es preciso pagar a la historia sea fuerte.

 

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Texto:

 

                11Querido amigo, no imites lo malo, sino lo bueno; quien hace el bien es de Dios, quien hace el mal no ha visto a Dios.

 

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La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

 

                La imagen pertenece al último gran naufragio de inmigrantes en el Mediterráneo: más de 700 inmigrantes desaparecidos, seguramente muertos. Uno de los pocos rescatados es rodeado por mujeres que le arropan y acompañan. Una imagen de la bondad en el escenario mismo del dolor. Una metáfora: la única manera de salir a flote en las paradojas de nuestra sociedad es hacer el bien a todos los niveles. Creer que el bien tienen una posibilidad de cambio social.

                Oramos: Gracias, Señor, por quien se conmueve y actúa a favor del débil; gracias por quien apunta a las causas; gracias por quien mira con benignidad a quien, simplemente, busca ser feliz.

 

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Volver al Jesús del Evangelio:

 

                A Jesús se le define como uno que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38). En realidad, Jesús no hizo grandes obras: no escribió un libro memorable (quizá ni sabía escribir), no ganó una batalla decisiva, no construyó una obra gigantesca, no fundo un movimiento religioso (por más que los cristianos nos fundamentemos en él). Solamente hizo el bien en la medida que pudo, hasta el límite de sus fuerzas. Por eso vemos en él la evidencia del bien que Dios hace con nosotros.

                Oramos: Gracias, Señor, por Jesús, el bueno; gracias por su entrega al bien; gracias por ser bueno con todos.

 

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Volver a los valores hondos:

 

                Una parte notable de la sociedad parece desdeñar el bien como una virtud de débiles. Pero no mengua el número de quienes sienten el bien y hacen el bien. Volver al valor del bien esencial será siempre una tarea en el caminar humano. Ese bien esencial parte de una certeza: toda persona (e incluso toda creatura) encierra dentro de sí la semilla de la bondad. No hay que apearse nunca de esta certeza.

                Oramos: Que creamos en la bondad de la persona; que nunca desistamos de mirar lo bueno de los demás; que valoremos lo que otros hacen para el bien de las personas.

 

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Volvemos a la comunidad:

 

                La comunidad virtual es un pequeño oasis donde percibimos, de manera sencilla, que vivir haciéndonos el bien lleva a buen puerto, al de la alegría de vivir y el contento humano. Son cosas sencillas y esporádicas, pero dejan entrever las ganancias de la bondad. Cuando uno/a está tentado de abandonar la práctica del bien debido a los reveses de la relación, podríamos recordar nuestra relación como un ánimo para seguir adelante.

                Oramos: Que creamos siempre que el bien tendrá la última palabra; que pensemos que cuanto más bien nos hagamos más felices seremos; que valoremos los detalles de bondad con que los días nos obsequian.

               

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Palabras que alientan:

 

La palabra y el amor se implican. 

Todas las desgracias que ocurren entre los hombres proceden de que éstos rara vez pronuncian la palabra recta. 

La palabra recta es siempre aquella que pronuncia el amor. 

 

Ferdinand Ebner

 

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Tu parte:

 

                Trata, en la medida que puedas, de ser una persona simplemente buena.

                              

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