LAS PREOCUPACIONES DE JESÚS

 

            Iniciamos una nueva etapa de “lectura social del NT”. En artículos sucesivos nos adentraremos en el Evangelio de Marcos. Pero antes de desgranar sus textos, queremos hacer, a modo de introducción, unas reflexiones sobre las preocupaciones del Jesús del Evangelio que atraviesan sus textos.

            Leído el Evangelio sin determinismos previos, se percibe que el mundo de preocupaciones de Jesús tiene que ver más con cuestiones sociales que con específicos planteamientos religiosos. ¿Cuáles son esas preocupaciones?

  • Jesús se preocupó más de la salud que del pecado: Porque, efectivamente, no es un moralista ni un especialista en casuística religiosa quien se acerca a los que sufren para ver si su vida es moralmente aceptable. Es uno que mira el sufrimiento del otro como a una tierra sagrada y que trata de aportar, como sea, la salud de que la persona está necesitada. Por eso, encontramos tantos relatos de curaciones y tan pocos de planteamientos en torno al pecado.
  • Jesús se preocupó más de la salud social que de la física: Porque sus curaciones, aunque estén presentadas en narraciones de curaciones físicas, son, en realidad, curaciones sociales. Efectivamente, Jesús trata de reinsertar al curado porque las enfermedades (entonces más que ahora) tienen una carga de enfermedad social, una exclusión, un estigma, que, si se supera, la persona se encamina a la curación total. Él quiere, como se muestra en Mc 3,1-6, que la persona viva erguida, participativa y con todas las potencialidades desplegadas. No duda para ello, como vemos en Mc 1,44, en cuestionar el sistema que genera exclusión y enfermedad social (dice al leproso que presente la ofrenda “como prueba contra ellos”, porque los sacerdotes, el sistema, han hecho la ley de exclusión del leproso).
  • Jesús se preocupó más por la persona que por la norma: Así lo percibimos con claridad en toda la problemática en torno al sábado, en su deseo explícito de “sacar de la zanja” a las personas (Lc 14,5), en la certeza de que es preciso “seguir trabajando” para que la persona llegue a la plenitud y a la dicha (Jn 5,17).
  • Jesús se preocupó más de la justicia social que de la rectitud personal: Porque apreciaba a quien era recto, pero le proponía el camino mejor de una sociedad justa, acompañada, sensible con los débiles, solidaria. No tiene otro significado la propuesta de “vender y dar a los pobres” que hizo al hombre rico y honesto que se presentó ante él (Mc 10,21).
  • Jesús se preocupó más de las cuestiones sociales que de las morales o teológicas: Cuando en Mc 9,30-10,31 se nos dan los temas de catequesis con que Jesús alecciona a sus seguidores, nos sorprendemos al comprobar que son todos temas “sociales”: el servicio, el trabajo por liberar, la generosidad que desbanca la ambición, la igualdad, el acompañamiento a los débiles, etc. Parece que lo propio de un Mesías sería que hablase de Dios, o que un maestro religioso enseñara comportamientos morales, pero lo que Jesús hace es mostrar caminos de relación social, porque el cimiento de todo el edificio humano y cristiano es, justamente, la buena relación social.
  • Jesús se preocupa más por la solidaridad que por la santidad: Como claramente queda mostrado en muchas páginas, algunas insondables, como la parábola del buen samaritano (Lc 10,30-37). Tocar al caído, y más viniendo del culto del Templo, era vulnerar las normas religiosas de la pureza, las leyes de la santidad. Al Jesús evangélico parece que eso no le importa, sino que la solidaridad brille por encima del cumplimiento religioso o de las costumbres morales (ir por las posadas era una nota negativa en la época).
  • Jesús está más preocupado por la suerte de los pobres que por el futuro de un mercado injusto: Como quedó de manifiesto en la expulsión de los mercaderes del Templo, gota que colmó el vaso y le llevó a su propia ruina (Jn 2,13-22). Porque el gran mercado del Templo era un mercado privado, controlado y administrado por las familias sacerdotales. Cuando Jesús pone la mano sobre ese tipo de mercado y dice que se opone a la profecía, que auguraba días de abundancia para los pobres (Zac 14,21), que es contrario a la justicia, todas las iras de los poderosos caen sobre él.
  • Jesús está más preocupado por los “sin honor” que por los honorables sociales: Porque vivir sin honor en aquella época era vivir como quien no cuenta en el devenir de la historia, como alguien destinado a la postergación y al olvido. ¿Qué queda de quienes han sido sepultados por el tiempo? Sin embargo, Jesús hizo causa común con ellos y no dudó en fustigar a quienes pusieron su inamovible tienda en la orilla de la fama y la riqueza (ver las “malaventuranzas”a los ricos en Lc 6,24-26).

Parece que este tipo de preocupaciones, como decimos, atraviesa las páginas del Evangelio. Lo que realmente  preocupaba a Jesús era que los pobres, los ojloi, los parias, pudieran tener un “nuevo amanecer” (como luego sintetizará Pablo el sueño de Jesús en Hech 26,23), una nueva sociedad, un mundo diferente. La lectura del Evangelio da un resultado muy distinto desde aquí.

 

Fidel Aizpurúa Donazar