C3J 

Domingo 22 de marzo de 2015

 

SERVICIO O PODER

 Plan de oración con 3 Juan

 

1. 3 Jn 1,1-4

 

Introducción:

 

                El ansia de poder es un componente de la estructura humana. Es verdad que, a veces, toma el cariz del despotismo y de la opresión. Pero, sin llegar a tanto, todos observamos que en las relaciones humanas hay un inevitable componente de poder. La cuestión está cómo controlarlo y cómo orientarlo. Se controla bien si hay sinceridad; se desmanda si se asienta sobre la mentira. Mirar de frente a nuestro afán de poder y no ocultarlo con cortinas de humo es ya un paso notable. A partir de ahí se podría reorientar si le sumamos una buena dosis de colaboración, participación, sentido de grupo, dejando de lado liderazgos que, descaradamente, sostienen que uno es el único que puede resolver una situación. generalmente esto no es así y encubre un ansia desmedida y no tratada de poder. Encarar este tema del poder como simple componente antropológico puede ser algo muy saludable.

                Es que la 3 Jn habla justamente de ese asunto del poder. Estamos en el año 100 de nuestra era y, a pocos años de la muerte de Jesús, se pone un ejemplo de comunidad cristiana que ha caído ya en las garras del ambicioso de poder (se llama Diotrefes). Por eso viene bien volcarse orantemente sobre este escrito casi desconocido. La figura de Cayo, amigo del autor de la carta, es la antítesis de Diotrefes, el jefe de la comunidad que hace y deshace a su antojo. En Cayo se dan los valores del buen jefe de comunidad, aunque la carta no pretenda desfenestrar a Diotrefes, sino reorientar su comportamiento. Cayo, por el contrario, es una persona sincera. Ese valor es el que alegra al autor del texto y, puesto de entrada, viene a querer decir que tendría que ser valor, sobre todo, de quien está al frente de la comunidad. Una comunidad con un insincero delante puede echarse a temblar.

 

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Texto:

 

                1El anciano, a su amigo Gayo, a quien quiere de verdad.

                2Querido amigo, te deseo que la prosperidad personal de que ya gozas se extienda a todos tus asuntos, y buena salud.

                3¡Qué alegría he tenido cuando han llegado hermanos y nos han hablado de tu sinceridad, de lo sinceramente que tú procedes! 4No puedo tener mayor alegría que enterarme de que mis hijos proceden con sinceridad.

 

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La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

                Esta mujer ruandesa es Victoria Ingabire, una pacifista que el régimen dictatorial de Paul Kagame ha condenado a 15 años de prisión por alta traición (lo de siempre). Lleva ya tres años en la cárcel. Es una mujer poco conocida, pero su lucha es de la envergadura de la de otros como Gandhi, Luter King o Nelson Mandela. Un día será reconocida como se merece y se valorará su pacífica y tenaz resistencia, a costa de su vida, del poder opresor que arrasa su país.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes construyen la paz; gracias por quienes hace frente al poder opresor con humanidad; gracias por quienes sufren por su pueblo.

 

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Volver al Jesús del Evangelio:

 

                 Jesús fue una persona sincera. Hizo suyo aquel dicho: “Vuestro sí sea un sí y vuestro no un no” (Mt 5,37). Eso le ha servido para no sucumbir a la tentación del poder, ya que la suya ha sido, como la nuestra o más, una vida tentada por el poder. Su formidable resistencia ha hecho que cumpliera lo que el Padre quería, un designio de entrega, no lo que le tentaba a él, un poder mesiánico sobre personas y cosas (así lo vemos en Mc 14,36).

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu sinceridad de fondo; te damos gracias por tu entrega generosa; te bendecimos por resistir con firmeza a la tentación del poder.

 

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Volver a los valores hondos:

 

                La regeneración social exigen una dosis de sinceridad de la que hoy no disponemos. Pero esa sinceridad ha de estar hecha de sinceridad personal. ¿Cómo vamos a anhelar la sinceridad en la gestión pública si la privada está trufada de mentiras? De ahí que tanto social como personalmente hay que trabajar la “higiene” de la verdad, necesaria para la construcción de un camino humano. De lo contrario, el horizonte de lo humano se entenebrece.

                Oramos: Que seamos sinceros para poder demandar sinceridad; que apoyemos los caminos sociales más sinceros; que nos alejemos de los caminos de la mentira y de la trampa.

 

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Volvemos a la comunidad:

 

                Si mantenemos el gozo de encontrarnos, de rezar juntos, de comunicar nuestras inquietudes, de compartir las alegrías, todo eso está basado en la sinceridad. No sería posible vivir en ningún de comunidad, de relación, con el trasfondo de la mentira y del engaño. Por eso, para poder rezar en comunidad no solamente hay que tener fe, es preciso también tener deseos y comportamientos sinceros. Tan necesario es lo uno como lo otro.

                Oramos: Que además de rezar juntos, seamos sinceros entre nosotros; que además de apreciar la Palabra, apreciemos nuestras palabras veraces; que además de caminar juntos, caminemos en la mayor sinceridad posible.

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Palabras que alientan:

 

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras. 

Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente. 

Que tú me entendieras a mí sin palabras 

como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

 

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte, 

Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes. 

Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible, 

la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

 

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte. 

Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve. 

Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma, 

yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese. 

Criatura también de alegría quisiera que fueras, 

criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

 

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas 

y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil, 

y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros, 

y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…

 

Si ahora yo te dijera 

que es tu vida esa roca en que rompe la ola, 

la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste, 

aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha, 

aquel niño que azota la mar con su mano inocente…

 

Si yo te dijera estas cosas, amigo, 

¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente, 

qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos? 

Y ¿cómo saber si me entiendes? 

¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos? 

¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte? 

¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna, 

poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

 

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

José Hierro

 

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Tu parte:

 

                Trata de ser lo más sincero posible, huyendo de trampas o palabras de doble sentido.

                              

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