Retiro en la Navidad de 2014

 

 

 

LA LUZ ES MÁS ANTIGUA QUE EL AMOR

La encarnación como misterio de luz que ilumina

 

        Una reflexión espiritual surge, a veces, del título de un libro. Así ocurre en esta que ofrecemos en la Navidad de 2014. Ricardo Menéndez Salmón tiene un libro con el título de este retiro: La luz es más antigua que la luz. Porque creemos que el cimiento de la realidad es el amor. Pero hay algo más al fondo, una iluminación, un empuje, un anhelo. La Biblia llama a eso la ruaj de Dios, su Espíritu, que aleteaba sobre las aguas y que toma rostro en la luz. Luego esta luz se derrama sobre la historia y brota la vida y con ella el amor.

        ¿Por qué no entender el misterio de la encarnación, más allá de representaciones religiosas, como un misterio de luz que ilumina. Muchos textos bíblico aluden a esa luz “que nace de lo alto”, que ilumina sin tener que recorrer todo el periplo del firmamento porque es una luz que viene de amor y que empuja al amor.

        Por otra parte, los humanos estamos necesitados de iluminación existencial para escapar al gris de una existencia empobrecida, a la sombra que nos compone y que demanda ser tratada para que cada día ocupe un poco menos de espacio. Muchos han orado pidiendo esa luz profunda (“Ilumina las tinieblas de mi corazón”: san francisco de Asís).

        Tratando, como siempre que llega la Navidad, de llenar de un poco más de sentido espiritual a la misma, queremos meditar y orar desde esta perspectiva: una luz se instala en la existencia humana para hacerla más luminosa y, desde ahí, más capaz de amar.

 

1. Gritar la necesidad de la luz

 

        Queremos comenzar proponiendo dos textos de sendos cantos de Taizé. Allí, mediante esa técnica repetitiva sin reloj, se termina por interiorizar lo que se canta.  Se llega a comprender que lo que se canta y lo que pasa en el interior de cada uno tienen que ver. Muchos de sus cantos hablan de la luz, de su necesidad, de su búsqueda.

 

1. Cristo Jesús,

Oh fuego que abrasa:

Que las tinieblas en mí no tengan voz.

Cristo Jesús,

Disipa mis sombras

Y que en mí solo hable tu amor

 

  • Se percibe la evidencia de la tiniebla en la vida de la persona, su andar envuelto muchas veces en sombras que nos hacen la vida gris, que nos despistan, que borran los perfiles de las situaciones, que nos sumen en la perplejidad, que nos paralizan y nos rutinizan. Muchos de nuestros días son sin brillo, sin fuego dentro, un simple pasar, un cumplir para no ser censurado. Nada más. Son días que necesitan más luz, más brillo, más fulgor.
  • Desde esa luz lograremos que nuestra voz no sea la de las tinieblas, que nuestras palabras no sean “oscuras”, sin brillo, sin ánimo. Una voz llena de luz, eso es lo que necesitamos para animarnos, para animar, para sostener, para consolar.
  • Queremos que esas sombras se disipen y se pueda escuchar la voz de Jesús, la voz de su Evangelio, la de los signos de los tiempos, la voz casi a veces inaudible del empobrecido.

 

2. De noche iremos, de noche,

Que para encontrar la fuente

Solo la sed nos alumbra,

Solo la sed nos alumbra.

 

  • Esta estrofa es el estribillo del canto de san Juan de la Cruz “Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe”, aquello de “Que bien sé yo la fuente que mana y corre aunque es de noche”. La luz de la fe en la noche para que esta sea vivible, entendible asumible, amable.
  • Tratar de encontrar la fuente es el esfuerzo humano por el logro de la dicha, el esfuerzo enorme por realizarse, por ser uno mismo. Un esfuerzo del que depende el sentido de la vida.
  • La sed nos alumbra: la sed de vida, de sentido, de amor, de fe. Sin esa sed no habrá búsqueda de luz, se parará el dinamismo profundo que nos mantiene vivos por dentro. Así la misma sed se convierte en luz que alumbra la búsqueda de la luz. Dejar de sentir y tener esa sed es entrar de nuevo en el reino de las sombras.

 

2. Reflexión bíblica: 1Jn 2,9-10

 

Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

  • La 1 Jn es una carta “navideña”, no tanto porque hable del nacimiento de Jesús, sino porque habla del amor. Por eso la liturgia la desmenuza en una especie de “lectura continua” a lo largo de los días del ciclo de Navidad. Es una carta que habla del amor y de la luz.
  • Pero más allá de su modo “espiritualista” de hablar, 1Jn es altamente realista y siempre traduce a modos concretos sus profundas intuiciones espirituales. Aquí dice que esos gnósticos que se han ido de la comunidad dicen andar en la luz divina porque se sitúan en un espiritualismo ahistórico. Pero, en realidad, aborreciendo al hermano, huyendo de la solidaridad, cerrandose en la conciencia aislada, en la autorreferencialidad, se transita en la más profunda de las tinieblas, aunque se crea que se está en la luz. Por lo tanto, anhelar luz y desentenderse del hermano es una contradicción en los términos.
  • La manera concreta de estar en la luz es amar al hermano. Por eso, quien ama tiene una vida más luminosa, y quien no ama está en las sombras oscuras. De ahí que entender la encarnación como luz es lo mismo que entenderla como amor. Y vivir en luz es lo mismo que vivir en amor.
  • Andar en la tiniebla del desentendimiento del otro es “no saber a dónde se va”, una vida sin orientación, sin rumbo, sin norte. Es mirarse las manos y encontrarlas vacías, mirarse el corazón y ver que no hay en él ningún nombre.
  • Más aún, dice 1 Jn, vivir en el desentendimiento del otro es lo mismo que andar a ciegas, cegados los ojos por la tiniebla, como un topo que ha perdido la visión a fuerza de estar siempre en la oscuridad. Por eso la conclusión es clara: quieres luz, ama.                                                                                                                                                                                       

3. Reflexión espiritual

 

1)   Toda religión dice que Dios es luz: Porque la luz es una metáfora recurrente y evidente, sobre todo en culturas antiguas. Pero la encarnación es decir que dios es luz en el barro de la existencia, en el barrio de la vida, en lo oculto del ser. Eso ya no es tan aceptable por la mentalidad religiosa que quiere un Dios en el brillo, en lo numinoso, en lo brillante. Contemplar la encarnación es atravesar la costra de la pobreza de la vida para percibir que ahí, en el fondo está Dios luz de humildad, iluminando lo humilde, luz de pobreza iluminando lo pobre.

2)   Jesús, pobreza con luz dentro: Porque fue un pobre, desde su nacimiento en modos de fuerte pobreza social (como uno de tantos) hasta su muerte pobrísima, violenta e injusta. Pero en esa pobreza estuvo la luz. Y así lo vieron muchos, lo percibieron como una luz en el terreno de los humildes y para los humildes, por eso mismo, una luz inmanipulable. Quizá por eso siguió siendo luz después, aunque se le pusiera de nuevo en el brillo del candelero, un lugar inapropiado.

3)   Las pobrezas son la luz: Porque las pobrezas son como el interior de Jesús, como su verdad. El núcleo de la fe cristiana lo visibilizan los pobres. En su enorme e injusta pobreza anida la luz de dios y la luz de la justicia. Nadie podrá apagar esa luz. Vivir de espaldas a ella es vivir en la oscuridad.

4)   Una fe luminosa en el marco de la vida: No en el marco de lo religioso, eso vino después. Pero al principio, la luz de la encarnación era, simplemente, luz de vida. Volver la luz a la vida es una tarea antropológica y teológica. Hacer de la vida la casa de la luz, el lugar más hermoso para ser persona de luz.

 

 

4. Reflexión antropológica

 

1)   Interior iluminado: La persona no nace con el interior iluminado. Es una construcción, un proceso, un trabajo que acompaña la vida de la persona hasta el fin. Si no se hace ese trabajo, el interior se vuelve oscuro, gris. Hay que ayudarse en esta tarea. La fraternidad puede ser una herramienta estupenda para ir generando luz dentro. Por eso, la VR debería ser una realidad con luz dentro.

2)   Mirada luminosa: Es la de quien lograr mirar lo que vive y le rodea con mirada benigna y crítica. Quizá, para ello, haya que comenzar por asimilar el “principio misericordia” y la comunidad samaritana. Y luego aplicar lo mejor que se sepa la benignidad crítica. Una mirada luminosa es una mirada benigna y crítica. Se distingue de las miradas aviesas que provienen de la sombra no de la luz de la generosidad.

3)   Ojos abiertos a la luz, a la vida: Porque la vida está necesitado de personas de ojos abiertos, que miren con deseo de colaborar a la realidad que les rodea, que tratan de entender los caminos tortuosos de nuestro paso por la tierra, que se interrogan por lo que pasa y lo que les pasa.

4)   Contagiar luz: Que es lo mismo que contagiar alegría, algo en que insiste con tenacidad el papa Francisco. La alegría envuelve de luz a la persona y la tristeza lo envuelve de oscuridad. El sol de la alegría disipa las sombras oscuras que, con frecuencia, se agarran a nuestra vida como la niebla a las cumbres.

 

5. Reflexión social

 

1)   La solidaridad y la justicia: las luces imprescindibles: Así lo son. Sin otras luces se podrá vivir, pero sin estas no. Si falta la solidaridad, la vida volcada al otro, la vida se vuelve oscura y regresamos a los tiempos del egoísmo cavernario. Si, por el contrario, la solidaridad es vigorosa, la luz vuelve a la tierra. Por eso, los más solidarios son las antorchas sin las que el caminar humano entraría en el infierno de la más profunda oscuridad. Esas luminarias desde la solidaridad son realmente imprescindibles. 

2)   Dejarse Iluminar con quienes tienen más luz: Y esos no son otros que los más empobrecidos. ¿Pueden ellos iluminar? Quizá a pesar suyo, más allá de su ignorancia. Pero sus anhelos de justicia, de perdón, de enorme paciencia, de sufrimiento no protestado, de su increíble tendencia a la paz, son los elementos que arden y que dan luz. Dejarse coger por ellos es la manera de llegar a ser, uno también, luminoso/a.

3)   Luz social, luz personal: Ambas son necesarias. No podemos pretender la una sin la otra, que haya luz en la sociedad si la persona concreta no es luminosa. No podemos pretender la erradicación de la corrupción, rostro de la tiniebla, sin hacerla desaparecer en nuestra propia vida más allá de lo pequeño de su radio de acción. Apelar al anhelo de la luz manteniendo las propias oscuridades intactas es música celestial.

4)   Luz en ámbitos cercanos: En tu casa, en tu familia, en tu comunidad, en tu trabajo, en tu barrio, en tu bloque, en tu propio cuarto. Si no se cultiva la luz en la cercanía, cómo se va a cultivar en lo inatrapable de lo lejano. Hay que comprobar si se ama la luz en lo cercano, en el metro cuadrado donde se desenvuelve tu vida.

 

Conclusión

 

Dice el papa Francisco a los religiosos/as en la inauguración del año de la VR: “Iluminad al mundo con vuestro testimonio profético y a contracorriente”. Quizá haya que proponerse algo más modesto: déjate iluminar y luego ya se verá. Por eso, el tiempo de Navidad puede ser bueno para recibir un baño de luz, espiritual y social. Y luego, ya se verá.

 

Itinerario

 

  • Semana de contemplación de la luz (25 al 31 de diciembre): Toma la 1 Jn como texto “iluminativo”, medítala en los trozos que te propone la liturgia. Haz algún gesto, personal o fraterno, de iluminación (encender una vela perfumada ante el “misterio” con alguna pequeña frase alusiva…).
  • Semana de socialización de la luz (del 1 al 11 de enero): Medita el discurso del papa en la inauguración del año de la vida consagrada. Haz cada día un algo consciente de aprender luz de los hechos sociales y de tratar de ser persona de mirada y de corazón luminoso dentro de tu comunidad o en tu familia.