CVA 

Domingo 27 de octubre de 2013

 

BUSCAR LUZ

EN TIEMPOS OSCUROS

 Plan de oración con el Apocalipsis

 

6. Ap 19,17-18

 

 

Introducción:

 

Asistimos con frecuencia, así ocurre estos días en España, a una especie de borrachera de ira social.  A propósito de la anulación de la llamada “doctrina Parot” se desata la ira social de quienes, afectados o no, demandan un cumplimiento de penas penitenciarias alargado hasta el final, hasta que se “pudran en la cárcel”. Se pasa por alto las doctrinas jurídicas (por las que una persona que delinque es condenada en una u otra medida) y no hablemos de reinserción, o no hablemos ya de humanidad y no nombremos la palabra perdón. La ira lo invade todo, lo desborda todo, lo corroe todo. No deja lugar al raciocinio y, menos todavía, a la benignidad. Encontramos justificación para la ira (y la tiene) pero no la encontramos para el civismo y, menos todavía, para el perdón. ¿No podría existir otro camino de convivencia y racionabilidad? Quizá el silencio y la meditación es lo que podrían hacer de dique de contención a la ira que tiende a arrasarlo todo.

                Es que el pasaje de este semana, la segunda de las siete visiones, dice que el vidente anuncia una orgía de ira y destrucción contra todo lo que se mueve. Cree ese vidente que la única respuesta al tremendo dolor que le causan sus perseguidores crueles es responder con la ira aniquiladora de un Dios que arrasa todo a favor de sus siervos (?). Y ¿qué hace el teólogo? Calla ante tal estallido de ira. Su silencio, el mismo silencio de Dios que no secunda tal explosión de “un ángel”, quizá esté queriendo sugerir que tiene que haber otros caminos para responder a la agresión de los malvados, que es preciso dar con estructuras sociales de integración que no nos hagan ir siempre, siguiendo la ley del péndulo, de la herida al golpe, del daño a una destrucción mayor. ¿Cómo superar la sensación de que el silencio es cobardía, la amistad cívica cesión al mal, la indulgencia debilidad?

 

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Texto:

 

17Vi entonces un ángel de pie en el sol, que dio un grito estentóreo, diciendo a todas las aves que vuelan por mitad del cielo: ‘Venid acá, reuníos para el gran banquete de Dios, comeréis carne de reyes, carne de generales, carne de valientes, carne de caballos y de jinetes, carne de hombres de toda clase, libre y esclavos, pequeños y grandes’.

 

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La luz de la vida:

 

 

Jorge Arsuaga inició el pasado sábado en la Puerta del Sol una huelga de hambre para exigir la dimisión del Gobierno de Rajoy con un lema sencillo: 'Solo no hacer nada no sirve para nada'. Hasta hoy, otras cinco personas se han sumado a su protesta. Tres en Madrid, uno en Sevilla y otro en Zaragoza. Este de la foto es Javier, un chico que se ha puesto también de huelga de hambre en la plaza del Pilar de Zaragoza. Son gente que entiende que la respuesta al mal social no puede ser el mero cabreo, la ira, el desplante, sino la movilización por pequeña que sea. Son profetas de otro camino, de otra posibilidad, de una alternatividad a la ira.

                Oramos: Gracias, Señor, por los profetas sociales; gracias por quienes se movilizan y actúan; gracias por quienes no sucumben a la ira.

 

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La  luz que es Jesús:

 

Dice Mt 26,63 que en el interrogatorio nocturno que le hizo del Consejo la noche de su condena, “Jesús siguió callado”. Respondía a aquel estallido de ira que se lo llevó por delante con un silencio tenaz que, en el fondo, desenmascaraba las razones de su condena: era una víctima injusta y así se lo hacía ver a sus condenadores. No se puede interpretar su silencio como un olvido o fuga. Era una denuncia. Y seguramente que así lo percibían sus jueces.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu increíble y profético silencio ante la injusticia; te bendecimos por no responder con ira a quien te condenaba con ira; te damos gracias por enseñarnos el camino de la paz y del silencio tenaz.

 

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La luz que viene de la sociedad:

 

Hemos de valorar con precisión las respuestas sociales de silencio y de paz aque no son huida de la realidad, sino denuncia callada con modos humildes pero tenaces. Los círculos de silencio, las más de treinta mil manifestaciones habidas en España en un año, las múltiples iniciativas de denuncia con la simple presencia, las múltiples cartas, firmas, manifiestos que, desde la simple voz, piden otro comportamiento social. Todo un torrente de palabras y de silencios, de maneras que no empujan en la dirección de la ira y de la venganza, sino de la humanidad.

                Oramos: Que nunca nos pasemos al lado de la ira y la violencia; que abracemos un camino de paz y de racionabilidad; que creamos en la fuerza política del amor.

               

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La luz que aporta la comunidad virtual:

 

A veces nos cuesta estar en silencio, escuchar con respeto silencioso, valorar a quien asiente y acoge. Creemos que si no hablamos, no colaboramos. Pero no es así. Estar en silencio ante el otro, acoger lo que dice con respeto, valorar y ponderar sus pequeñas experiencias de vida es una forma de fraternidad. Y, por supuesto, no ponerse nervioso y menos airado ante las maneras de ser de quien tengo delante. Esa paciencia fraterna es la semilla buena que nos alejara de toda ira.

                Oramos: Que nos airemos por la manera de ser del otro; que seamos pacientes con los modos de vida que no nos cuadran mucho; que ofrezcamos silencio y acogida a quien quiere darnos su punto de vista.

 

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Palabras de luz:

 

Me quedaré en silencio

en el blanco infinito de este día.

                 

  Me quedaré en silencio

en el nuboso gris de esta mañana

 

Me quedaré en silencio acomodada

en el vacío caracol

ausente de mis ojos.

 

Me quedaré en silencio

entre las olas

del encrespado mar de la conciencia

 

Me quedaré en silencio quieta

hasta que el sol me toque con sus múltiples brazos

y me traiga de regreso al crepitante fuego

del lenguaje.

 

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Para estos días:

 

Trata de no airarte; tiende a estar en silencio valorativo y reflexivo ante el conflicto; únete a quienes se movilizan por causas justas.

 

 

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