CVJ 

Domingo, 24 de marzo de 2013

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

139. Jn 20,24-29

 

Introducción:

 

                Una de las causas de mayor descontento social actual es la pretensión del sistema de tocar, de recortar, la sanidad. Si algo aprecia la persona es que se le garantice que sus necesidades sanitarias van a ser cubiertas. Ya lo decía el libro de Job: “Todo lo da el hombre a cuenta de su salud”. Apreciar la salud es apreciar el propio cuerpo, la propia persona. De ahí que quien procura socorro, quien cura, las limitaciones de la corporeidad (no solamente de la corporalidad) es muy apreciado. Trabajar por la salud de la persona es un trabajo muy apreciado en nuestra sociedad. Destruir los medios de hacer bien a la persona es algo denostado en nuestra sociedad.

                Es que parecido argumento emplea el Evangelio para hablar de la resurrección de Jesús: tocar las llagas de la vida para curarlas es tocar al resucitado (que lo es con sus llagas históricas). Por eso se le dice a Tomás: “trae tu dedo..trae tu mano y métela en mi costado”. El resucitado es, también, alguien con llagas (porque fue uno de tantos). Tocar las llagas para curarlas (lo que siempre ha hecho Jesús) es la manera de tocar al resucitado. Lo decimos otra vez: creer en la resurrección no es tanto suscribir dogmas o verdades, sino hacer la misma obra de curación que hizo el llagado-resucitado Jesús. De ahí que, cuanto más tocas las llagas para curarlas, tanto más crees en la resurrección. Y si no curas nada, de nada te sirve tu pretendida fe en la resurrección.

 

***

 

Texto:

 

24Pero Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Así que los otros discípulos le decían:

                -Hemos visto al Señor.

                Pero él les contestó:

                -Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

 

                26A los ocho días, estaban otra vez los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

                -Paz a vosotros.

                27Luego dijo a Tomás:

                -Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

                28Contestó Tomás:

                -¡Señor mío y Dios mío!   

29Jesús le dijo:

                -¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

 

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Ventana abierta:

 

                Esta mujer es Inmaculada Pimentel, una odontóloga que se ha volcado en la salud de los niños de África y que considera colaborar en esa obra social como una suerte para ella. Dice: “Voy a África a que me ayuden. De allí vuelvo nueva”. Son personas (las hay muchas) que tocan las llagas de los empobrecidos no con sentimientos de paternalismo o superioridad, sino con agradecimiento. Esa es la manera correcta de tocar llagas para curarlas.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes tocan las llagas de lo empobrecidos y lo agradecen; gracias por quienes reparten amor porque saben que eso les reporta amor; gracias por los sensibles a las llagas sociales porque son siembra de futuro.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Dice Jesús que son dichosos quienes crean sin haber visto. Lo que quiere decir que entiende bien la resurrección quien percibe en las llagas de la vida, en sus limitaciones, un campo de actuación humanizadora como si lo hiciera con el mismo Jesús. No se le ve, pero se sabe que eso es lo que él quisiera que se hiciera. Por eso, tocar las llagas, curar, consolar, sosegar, animar es la mejor manera de tocar la dicha de la resurrección, la verdad de la presencia de Jesús en nuestros caminos.

                Oramos: Que veamos al resucitado en la dura vida de los débiles; que toquemos al resucitado tocando la suerte de los humildes; que abracemos al resucitado repartiendo abrazos a los más solos.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Se le dice a Tomás que “no sea incrédulo sino fiel”. No se está aludiendo a una doctrina, sino a un comportamiento de vida. Ser incrédulo sería pensar que la vida de los débiles no vale para nada, que son un estorbo para la sociedad, que no tienen derecho a sentarse en el banquete de la vida. Por el contrario, ser “fiel” sería hacer un camino acompañando a quien anda mal, preocuparse del dolor ajeno, no se indiferente a la suerte de los desfavorecidos. Esta segunda postura es el correcto comportamiento de quien entiende algo de la resurrección de Jesús.

                Oramos: Que seamos fieles acompañando a quien anda mal; que seamos fieles preocupándonos del dolor ajeno; que seamos fieles no siendo indiferentes a la suerte de los desvalidos.

               

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Desde la comunidad virtual:

 

                La cercanía que nos da nuestra pertenencia a la comunidad virtual hace que también nos acerquemos a los momentos y situaciones de debilidad de cada uno. Seremos comunidad en la medida en que “toquemos” esas debilidades y aportemos, si podemos, alguna “curación”, algún amparo, algún ánimo. Una comunidad que ora con la Palabra no se puede alejar del deseo del resucitado de que toquemos las llagas para curarlas, para aportar algo de salud y de dicha. Y no poco de esto se halla en nuestra mano.

                Oramos: Que no nos avergoncemos de compartir nuestra debilidad; que no huyamos de las limitaciones propias o ajenas; que la fuerza del resucitado nos sosiegue cuando aprieta la dificultad.

               

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Poetización:

 

No tenían gran dificultad

en admitir su resurrección.

El problema era ver

en el resucitado de ahora

el llagado de entonces.

Por eso hicieron un pacto tácito

de no hablar de aquellas llagas

vergonzantes.

Y  he aquí que él

se presenta con sus llagas

poniéndolas delante,

y diciendo que es preciso tocarlas

si se quiere tocar

al resucitado.

Tomás y los Doce

se quedaron atónitos:

las llagas y la resurrección

tenían que ver,

unas eran parte

de la otra,

unas eran camino

para la otra.

Lo aprenderían más tarde

cuando fueran por los caminos,

como antes Jesús,

repartiendo sosiego,

derramando perdón,

curando con humanidad,

acompañando con amor.

Cuando tocaron las llagas

creyeron en el llagado-resucitado.

Les costó mucho esfuerzo,

pero llegaron a entenderlo.

 

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Para esta semana:

 

                Trata de aportar algo de “curación”, de amparo, de acompañamiento a una situación social de debilidad.