CVJ 

Domingo, 3 de marzo de 2013

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

136. Jn 20,1-10

 

Introducción:

 

                Optar por la vida es mucho más que simplemente vivir. Hay gente que vive, pero que no ha hecho una opción por la vida. Por eso reniega de la vida, la maldice, la maltrata. Pero también hay muchas personas que aman la vida en los detalles pequeños de cada día; que la construyen laboriosamente, la defienden con uñas y dientes. Hay personas que enriquecen la vida con su aportación de humanidad; y las hay quienes la embellecen con grandes obras artísticas o con la pequeña flor de su maceta en medio del cemento. Hay quien anima la vida, la suya y la de los demás, con tesón y la cuida con pasión. Hay quien la comprende y excusa con generosidad porque también se sabe débil. Y hay quien disfruta de la vida como el mejor regalo de cada día.

                Es que el texto que nos toca esta semana dice que el discípulo, “al fin”, vio y creyó cuando vio “las vendas en el suelo…y el sudario envolviendo un lugar aparte”. ¿Qué quiere decir esto? Las vendas aluden al lecho nupcial, a las sábanas, a la vida. El sudario envuelve “el lugar”, el templo, lo legal, lo que no termina de dar vida. El discípulo entiende lo que es la resurrección cuando opta por los lienzos, por la vida, y rechaza el sudario, lo que no da vida. Creer en la resurrección no es, según el Evangelio, dar adhesión a una doctrina, sino hacer una opción de vida, una opción de amor y benignidad por ella.

 

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Texto:

 

1El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 2Echó a correr y fue adonde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo:

                ­-Han quitado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

                3Salió, pues, Pedro y también el otro discípulo camino del sepulcro. 4Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; 5y, asomándose, vio los lienzos ordenados; pero no entró. 6Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: contempló los lienzos ordenados 7y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con los lienzos, sino envolviendo un lugar. 8Entonces, finalmente, entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

9Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos. 10Los discípulos se fueron de nuevo a sus casas.

 

 

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Ventana abierta:

 

                Este señor es Carlos Cristos, médico de familia que murió joven por causa de una enfermedad degenerativa y que optó por vivir hasta el último suspiro “a ser posible con una sonrisa”, como él decía. Dio pie a la hermosa película “Las alas de la vida”, de la que hemos hablado en otras ocasiones. Son personas que, aun con grandes limitaciones, aman la vida y estrujan sus posibilidades y disfrute al máximo. Enriquecen el tesoro de la vida a la que aman.

                Oramos. Gracias, Señor, por quienes viven con intensidad; gracias por quienes disfrutan de los caminos sencillos de la vida; gracias por quienes cantan a pesar de las noches de la vida.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Dice María, desconsolada, que no sabe dónde han puesto el cuerpo de Jesús. El Evangelio afirma que el cuerpo resucitado de Jesús, su verdad de amor y de acompañamiento, está en el fondo de la vida (“vendremos a él y pondremos nuestra morada en él”: Jn 14,23). Porque no lo vemos, nosotros, gentes de superficie, creemos que no está. Pero sí está. Su “cuerpo” es compañero, apoyo, cimiento de nuestra andadura vital; su persona es caminante, abrazo y amparo de nuestros días.

                Oramos. Te alabamos, Señor, por tu cuerpo entregado a la vida; te bendecimos por tu cuerpo compañero nuestro; te damos gracias por tu cuerpo que nos acoge.

               

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Ahondamiento personal:

 

                Dice el Evangelio que “los discípulos no habían entendido lo escrito, que había de resucitar de la muerte”. Para entenderlo tendrían que haber amado la vida suya y también la de los demás. Debería haber abandonado, poco a poco, su egoísmo, su afán de dominio y de lucro, su deseo de autoafianzarse a costa de los demás. Tenían trabajo por delante si querían ahondar en la vida resucitada de Jesús.

                Oramos: Que entendamos lo escrito en el Evangelio amando la vida; que entendamos lo escrito en la creación amando lo creado; que entendamos lo escrito en el corazón acogiendo sin cansancio.

               

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Desde la comunidad virtual:

 

                Tenemos cada vez más claro que la comunidad virtual, además de ser un ámbito de oración es un lugar en el que, de maneras sencillas, nos animamos a vivir. Son pequeños detalles que dan color a nuestras relaciones. Con ello nos enseñamos eso de que optar por la vida es más que simplemente vivir.

                Oramos: Que nos ayudemos a gustar la vida; que nos ayudemos a abrazar la vida; que nos ayudemos a cantar la vida.

               

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Poetización:

 

No sólo vivió,

optó por la vida.

Lo vieron así

todos aquellos que necesitaban

que alguien animara su vida,

que la acogiera,

que la amparara.

Lo vieron así, sobre todo,

aquellos para quienes la vida

les resultaba más dura,

áspera,

de poco fruto,

de abundante amargura.

Decía palabras hondas:

“Bienaventurados…”,

“No te condeno…”,

“Venid los cansados…”,

“No tengáis miedo…”,

“A nadie echaré fuera…”.

Pero, en el fondo, decía:

vivid,

amad,

disfrutad,

cantad en la noche,

comprended al débil,

acoged sin cansaros,

vivid, sí.

Por eso las vendas

señalaban al viviente

no al engullido

por la muerte.

Por esa señal

entendió el discípulo

que optar por la vida

era creer en el resucitado.

 

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Para esta semana:

 

                Trata de ver el lado positivo de la vida. Contagia amor por la vida.

 

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