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FIAIZ

Juan 106

CVJ

Domingo, 18 de marzo de 2012

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

106. Jn 15,12-17

 

Introducción:

 

                A veces las películas o las novelas nos relatan “amores grandes”, auténticas epopeyas de amor que no están al alcance de cualquier mortal. Nos gustan pero son inalcanzables para nosotros. Menos veces se narran amores simples cotidianos, elementales, porque no se consideran “grandes”. Vende lo que se sale de lo normal, lo extraordinario, lo sublime. Pero, en realidad, el amor verdadero, y por ello grande, se esconde en lo cotidiano, en lo irrelevante, en lo desconocido. Publicitar el amor es exponerlo a su corrupción. De ahí que amores escondidos, humildes, sencillos, pero profundamente entregados son el verdadero cimiento del amor. Los otros, los amores de escaparate, no encierran con frecuencia más que un anhelo vacío. ¿Es creíble que los amores pequeños, casi olvidados, puedan ser “grandes”, hermosos, valiosos, entrañables? Hay muchas personas que lo viven así.

                Jesús dice algo parecido en este texto de la semana. Como persona creyente y religiosa que era podría haber dicho lo que, sin duda, le habrían dicho muchas veces: que el amor “más grande” era el amor a Dios. Pero él dice que no: que el amor más grande es el de dar la vida por quienes se ama. Es decir, el amor a la persona concreta es el amor más grande. Más aún, con otras páginas del Evangelio en la mano se puede afirmar que ese amor es grande haya o no haya respuesta. A nosotros nos parece que el amor merece la pena cuando la persona a la que amamos nos responde. Pero Jesús dice que incluso cuando no hay respuesta, el amor entregado sigue siendo amor grande. Por eso dice que amemos “como él ha amado”. Él ha amado sin respuesta por nuestra parte (muchas veces). Pero ese amor ha sido “grande” no porque haya habido respuesta sino porque su entrega era grande.      

 

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Texto:

 

12Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. 13Nadie tiene amor más grande que éste: dar uno la vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15Por nada os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. 17Esto os mando: que os améis unos a otros.

 

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Ventana abierta:

 

 

                Este niño argentino se llama Jan, tiene parálisis cerebral, y su padre, Jorge, que es un simple chapista, ideó un artilugio para estimular a su hijo logrando, al parecer, resultados buenos. Otros padres, uno también en España, han hecho cosa similar. La sonrisa de estos niños al verse “en pie” es el mejor triunfo. Estos padres son personas que, por amor, se entregan a causas al perecer perdidas de antemano. Pero no es así. Son como Jesús: se entregan incondicionalmente y si hay resultados se alegran; si no los hay, siguen amando.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se entregan sin esperar resultados; gracias por quienes aman sin esperar agradecimiento; gracias por quienes se contentan con el gozo humilde de los pobres.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Precisamente porque somos para Jesús su “amor grande” nos llama amigos.  El mejor modo de llamarnos, porque es una manera que refleja igualdad y afecto. Las religiones tienden a hacernos ver a Dios, a Jesús, como señor, rey, jefe supremo, salvador, omnipotente y cosas así. La palabra de Jesús nos dice otra cosa: eres amigo, igual, persona querida sin hacerte de menos, igual porque él nos trata y nos mira como iguales. Hay que mejorar esas visiones heredadas de un Jesús que no es amigo sencillo y directo. No son las del Evangelio.

                Oramos: Gracias, Jesús, por llamarnos amigos; gracias por tenernos, de verdad, por amigos; gracias por confiar en nosotros/as como se confía en un amigo/a.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Parece que en el texto hay como una condicionalidad: seréis mis amigos si hacéis lo que os mando. En realidad, Jesús es amigo sin condiciones. Pero se puede entender ese “lo que yo os mando” no como normas o mandamientos, sino como amor. Entonces, seremos amigos de Jesús porque amamos: cuanto más amemos, más amigos; cuento menos amemos, aunque él nos siga amando, nos alejamos de su amor. Por eso, no hay coacción, sino aliento para amar.

                Oramos: Que nos amemos sin lejanías; que nos respetemos con aprecio; que nos sintamos cerca para mutua ayuda.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                Podría pensarse que nuestro “compromiso” de pertenencia a la comunidad virtual es un compromiso de oración, de juntarnos de vez en cuando para orar, de tomar todos/as, aunque sea individualmente, el mismo texto. Pero, en realidad, el verdadero compromiso es de amor, así como suena. Cuanto más nos queramos, cuanto más lo demostremos, mayor será nuestra vinculación a este grupo. Cuanto más desarrollemos, con quien sea, nuestra capacidad de amar, mejor se cumplirá el objetivo de esta larga andadura.

                Oramos: Que oremos juntos y amemos juntos; que celebremos la fe y la buena relación; que caminemos empeñados en la Palabra y en el amor.

 

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Poetización:

 

Él fue  una persona religiosa.

Le habían dicho:

Dios es el amor más grande.

Pero él aprendió,

en la oración y en los caminos,

que había un amor mayor:

el amor a toda persona.

Más aún, entendió una lección definitiva:

que el amor seguía siendo grande

aunque la otra persona

no devolviera amor.

Por eso, aunque le dolía,

seguía amando

por encima de traiciones,

de abandonos,

de negaciones.

Él no retiraba el amor

porque el suyo era un amor fiel,

amor grande.

De ahí que llamara amigos

a quienes caminaban con él.

Ellos pensaban

que era una forma común

de nombrarse entre personas.

Pero, en realidad,

era la mejor forma de llamarles,

la manera de la igualdad,

del cariño y de la dignidad.

Nunca más serían siervos de nadie,

nunca él sería señor de nadie.

Algún día aprenderán, se decía,

a no llamarme señor.

 

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Para la semana:

 

                Intenta llevar una buena relación con quienes te rodean en respeto y afecto. Mezclar las dos cosas.

 

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