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Juan 32

 

CVJ

Domingo, 7 de febrero de 2010

 

VIDA ACOMPAÑADA

Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

32. Jn 6,37-40

 

Introducción:

 

No hace falta ser sociólogo para darse cuenta de que nuestro sistema social y económico genera, además de bienestar para algunos, grandes pérdidas para otras personas. Son los "náufragos" del sistema; han sido echados del luminoso "trasatlántico" del bienestar al oscuro mar de la exclusión. Muchos sostienen que es un efecto inevitable. Pero en esas turbulentas aguas hay personas que luchan para lograr que se pierda la menos gente posible, incluso que no se pierda nadie. Su desigual batalla no es inútil, por encima de los pequeños logros. No es inútil porque habla de un sueño básico, primordial: que no haya pérdidas, que un día sea la fraternidad la casa de todos y de todas sin ninguna clase de exclusión.

Éste ha sido el mismo sueño de Jesús, porque es, así mismo, el sueño del Padre: que nadie se pierda, que nada se pierda. A veces no sabemos cuál es el sentido primero de nuestra vida. Pues el Evangelio lo dice bien claro: contribuir, en la medida de lo posible pero con afán, a que no haya pérdidas, a que quienes lo tienen más difícil en la vida puedan encontrar en nosotros/as un poco de comprensión y apoyo. Contribuir a que nada se pierda. He ahí un ideal divino y hondísimamente humano. Es el ideal de Jesús; podría serlo de cualquier grupo cristiano, de cualquiera de nosotros/as individualmente. De acuerdo con el pensamiento evangélico, éste habría ser el distintivo de los que aprecian a Jesús: dar vida intentando que nada se pierda.

 

***

Texto:

 

37Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí, no lo echaré afuera; 38porque he bajado del cielo, no para hacer mi querer, sino el de quien me ha enviado. 39Éste es el querer del que me ha enviado: que no se pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. 40Este es el querer de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida definitiva, y yo lo resucitaré en el último día.

 

Ventana abierta:

 

Esta es la iglesita de un pequeño pueblo de Álava, cercano a Vitoria (Ali). Nada de especial. Adosada a ella está la casa parroquial, vacía. Está a punto de instalarse una especie de comunidad para apoyar a personas que están en procesos de inserción social, gente que quiere decididamente salir de las aguas de los excluidos. Una comunidad cristiana vive con ellos y gente de la parroquia les apoya. Hacen, quizá sin pretenderlo, lo mismo que hace Jesús: dar vida luchando para que nadie se pierda. La modestia de su obra y su anonimato no le quitan ni una pizca de sentido a su hermoso intento:

Oramos: Gracias, Señor, por quienes luchan contra toda exclusión; gracias por quienes quieren poner rostro al Evangelio; gracias por quienes se sienten tocados por la suerte y los caminos de los empobrecidos.

 

***

Desde la persona de Jesús:

 

Es hermoso percibir la realidad de un Jesús que tiene como anhelo profundo el que nada se pierda. A él no le interesan ni los dogmas, ni las organizaciones religiosas, ni las grandes ideas, ni las liturgias exquisitas. A él le importa que no haya pérdidas en la historia, ni pérdidas de cosas siquiera. Por eso dirá que el Padre corre tras la oveja perdida arriesgando a las noventa y nueve. Él mismo, como un "desgraciado", ha ido detrás de muchas personas que, social y religiosamente hablando, no "merecerían" la pena. ¿Por qué ha hecho esto? Porque ha mirado al fondo de la realidad. Y ahí está anclada, inamovible, hermosa, la dignidad de toda criatura. Ha sabido verlo con toda claridad.

Oramos: Que percibamos, cada vez más, la dignidad de la persona y de las cosas; que creamos que toda persona merece ser apoyada; que nos importe cada vez menos ir detrás de quien tiene necesidades.

 

***

 

Ahondamiento personal:

 

Hemos entendido los cristianos el éxito de la fe, la salvación, como el estar con Jesús en el cielo. Eso tal vez nos ha llevado a no mirar con la necesaria urgencia hacia lo que se pierde. ¿Y si comprendiéramos que salvarse es que las pérdidas aminoren, desaparezcan? ¿Dónde encontrar el coraje personal para no desanimarse cuando percibimos que quien anda mal es duro, condenador, tramposo, malo (razones tiene), pero que, aun así merece que no pierda? Quizá mirándose a si mismo/a y percibiendo que uno también está siempre expuesto al riesgo, que la exclusión es una amenaza común y que cualquier día se puede abrir ante nosotros la puerta de ese abismo. Hermanados en el riesgo, hermanados en la posibilidad. Eso tendría que llevarnos a una indudable solidaridad con todo camino de exclusión.

Oramos. Que percibamos los riesgos de la exclusión para animarnos a luchar por ella; que ampliemos nuestros corazón, nuestra casa, nuestro abrazo; que comprendamos los duros caminos de quien anda en los márgenes.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

También en la comunidad virtual podemos ayudarnos a no "perdernos", a centrarnos mejor en nuestros mejores deseos, en nuestro sueños, en nuestros ideales. Efectivamente, corremos un tremendo riesgo de dispersión, de despiste, de pérdida. No es fácil en nuestro momento social vivir centrados en lo que uno quiere. Podemos ayudarnos. Cualquier pequeña colaboración a la obra común de nuestra vida puede ayudar.

Oramos: Que creamos que es posible ayudarnos para no perdernos en la barahúnda de los días; que valoremos los gestos que nos ayudan a centrarnos en nuestros ideales; que agradezcamos a quien nos acompaña con su ánimo y amparo.

 

***

 

Para orar:

 

Todo me has dado y para ti mi vida 
deshoja su rosal de desconsuelo,
porque ves estas cosas que yo miro, 
las mismas tierras y los mismos cielos,

porque la red de nervios y de venas
que sostiene tu ser y tu belleza
se debe estremecer al beso puro
del sol, del mismo sol que a mí me besa.

Señor, todo me has dado; por eso mismo 
a través de tu ser siento las cosas:
estoy alegre de mirar la tierra 
en que tu corazón tiembla y reposa.

Me limitan en vano mis sentidos 
-dulces flores que se abren en el viento-
porque adivino el pájaro que pasa 
y que mojó de azul tu sentimiento.

Y porque ocurre que todo me has dado,
ya se florecen para mí tus años, 
la cascada de cobre de tu risa 
que apagará la sed de mis rebaños.

Hostia que no probó tu boca fina, 
amador del amado que te llame, 
saldré al camino con mi amor al brazo 
como un vaso de miel para el que ames.

Ya ves, noche estrellada, canto y copa 
en que bebes el agua que yo bebo, 
vivo en tu vida, vives en mi vida, 
todo me has dado y todo te lo debo.

 

***

08/02/2010 10:05 fiaiz #. COMUNIDAD SAN JUAN

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fiaiz

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