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Juan 13

CVJ

Domingo, 31 de mayo de 2009

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

13. Jn 4,4-26

 

Introducción:

 

                Cuenta la Biblia que aquel José que estuvo en Egipto, cuando se reconcilió con sus hermanos que anteriormente le habían vendido a unos mercaderes, "les habló llegándoles al corazón".  Palabras que lleguen al corazón. De esas estamos necesitados/as. Porque es cierto que muchas de nuestras palabras se quedan en la superficie, son puro viento, no tocan la fibra de lo que somos. Por eso nos cansan tanto las palabras y decimos que estamos hartos/as de ellas. Pero las palabras que llegan al corazón, humildes, compañeras, sencillas, humanas, son muy apreciadas y siempre tendrán una gran fuerza en nuestra vida. Ojalá se nos digan esas palabras; ojalá las digamos a los demás. Nuestro corazón, nuestro interior, nuestros caminos, nuestra vida hambrean esas palabras profundas y sencillas, modestas y acompañantes.

                Es que el Evangelio de Juan, cuando quiere decir cómo Dios se va volcando a la historia humana, cómo nos quiere, cómo nos ampara, dice que es un Dios que habla a través de Jesús: "Soy yo el que habla contigo", dice Jesús a la mujer de Samaría. Un Dios que habla con nosotros a través de Jesús. Un Dios que dice palabras que no condenan, que no juzgan, sino que curan y aman. Jesús sigue hablando al corazón de muchas personas. Por eso hay siempre gente que, desde lados diversos (no religiosos incluso) se siente atraída por Jesús. Él tiene palabras capaces de consolar, de alentar, de "hacer arder" al corazón. Si no fuera por esas palabras vivas, creeríamos que el silencio de Dios era la prueba de su total lejanía, cuando resulta que es la evidencia de su más fiel acompañamiento a nuestra vida.

 

***

 

Texto:

 

4Tenía que pasar cruzando por Samaría. 5Llegó, pues, Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: 6allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

                                               7Llega una mujer de Samaría y Jesús le dice:

                               -Dame de beber.

                                               8(Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida).

                                               9La Samaritana le dice:

                               -¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?

                               (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

                                               10Jesús le contestó:

                               -Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.

                                               11Le dice la mujer:

                               -Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?;  12¿eres más que nuestro      padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?

                                               13Le contestó Jesús:

                               -El que beba de esta agua volverá a tener sed; 14pero el que beba del agua que yo le daré nunca más volverá a tener sed; no, el agua que yo voy a darle se le convertirá dentro en un surtidor de agua que salta hasta la vida definitiva.

                                               15La mujer le dice:

                               -Señor, dame agua de ésa; así no tendré más sed, ni                 tendré que venir aquí a sacarla.

 

                                               16Él le dice:

                               -Anda, ve, llama a tu marido y vuelve.

                                               17La mujer le contesta:

                               -No tengo marido.

                               Jesús le dice:

                               -Tienes razón, que no tienes marido: 18has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.

                                               19La mujer le dice:

                               -Señor, me doy cuenta que tú eres un profeta. 20Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.

                                               21Jesús le dice:

                               -Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. 22Voso­tros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, la prueba es la salvación que viene de los judíos. 23Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y ternura, porque el Padre desea que le den culto así. 24Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y ternura.

                                               25La mujer le dice:

                               -Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo explicará todo.

                                               26Jesús le dice:

                               -Soy yo: el que habla contigo.

 

***

 

Ventana abierta:

 

            Este señor es el famoso psiquiatra Víctor Frankl. Él inventó una especie de "ciencia" que la llamó logoterapia: Curar con palabras, porque él creía firmemente que las palabras buenas tenían un alto poder curativo. Así se ha demostrado. Muchos programas de curación humana (entre ellos el Proyecto Hombre) emplean esta técnica porque las palabras buenas, dichas a la verdad de la persona, pueden llegar a regenerar a la persona, a darle ánimos nuevos.

                Oramos: Que nuestras palabras sean bondadosas y humanas; que nos curemos con palabras sanadoras; que apreciemos a quien nos habla al corazón.

 

***

 

Desde la persona de Jesús:

 

                La conversación de Jesús con la mujer de Samaría quiere sembrar sosiego en una persona que representa a un colectivo marginado. Jesús les viene a decir: no es imprescindible ser de un pueblo o de otro, de una cultura o de otra (pozo de Jacob); no es determinante el haber tenido éxito en la relación, en el amor (cinco maridos); no depende todo del lugar de culto, de la religión que uno tenga (en este monte o en Jerusalén). En definitiva: no hay obstáculo para que uno/a aspire a la vocación a la dicha, al disfrute vital, a la amistad de verdad. Palabras curativas, las de Jesús.

                Oramos: Gracias, Señor, por tus palabras que curan; gracias, Señor, por tu palabras que acompañan; gracias, Señor, por tus palabras que devuelven la esperanza.

 

***

 

Ahondando:

 

                La mujer de Samaría tiene puesta su esperanza en un Mesías "que nos lo explicará todo". Pero Jesús le dice que ese Mesías está en el "que habla contigo", en quien habla al corazón del otro. No hay más mesianismos que los del corazón; no hay más milagros que las humildes curaciones de las palabras buenas. Por eso, es necesario cultivar un interior humano y acogedor, es necesario hacer ejercicios continuados de confianza para que brote la cercanía. No hay más milagro; aunque en realidad, esto es un gran milagro. Es el que hace Jesús.

                Oramos: Que hagamos el milagro de amparar soledades; que vivamos el milagro de apoyarnos sin menosprecio; que creamos en el milagro de ayudarnos a ser dichosos/as.

 

***

 

Desde la comunidad virtual:

 

                Muchas veces hemos experimentado la evidencia de que hablarnos con humanidad nos lleva al gozo. Cuando la comunidad se ha reunido, cuando nos hemos visto, cuando hemos tenido una palabra amable, hemos comprobado, por enésima vez, que nos hacíamos bien. Construir la comunidad es difícil, pero se hace con herramientas simples. Una de ellas, las buenas palabras. No nos apeemos nunca de esa bondad modesta que brota de la cercanía, de la sonrisa y de las palabras cariñosas.

                Oramos: Que creamos que nos hacemos bien con palabras buenas; que construyamos la comunidad con palabras buenas; que nos acerquemos a las dificultades de nuestros amigos/as con palabras buenas.

 

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Para orar:

 

Ninguna tempestad podrá resquebrajar la pequeña y frágil barca que se bambolea en el puerto de la confianza delicada e infantil de quien sabe que su Padre ni lo ha dejado, ni lo dejará a la merced de las corrientes internas que arrastran y matan.
                Señor, Gracias por ser no solo mi Pastor, sino también mi Padre.  Tu ternura me quebranta y tu descanso me conmueve.  Hoy, descansare no solo en tus promesas, sino en ti.  Eres el puerto seguro y el capitán constante.  Hoy, disfrutaré de tu descanso. Amén.

Serafín Contreras

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28/05/2009 17:25 fiaiz #. COMUNIDAD SAN JUAN

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