Retiro en Cuaresma 2026
PIEDAD Y LIBERALIDAD
Por una Cuaresma espiritual y humanizadora
Inexorablemente la Cuaresma se nos ha echado encima. Es lo propio de lo cíclico: siempre vuelve y viene con su rutina. Esto deriva en dos actitudes iniciales: como siempre o en modos buscadores. Situarse en el como siempre no demanda esfuerzo alguno aunque es posible que su fruto sea manguado. Plantearse una pequeña búsqueda aprovechando la coyuntura puede ser puerta abierta a otros horizontes.
Aunque pervive el imaginario cuaresmal (ayunos, vigilias, procesiones, cenizas, viacrucis, etc.), la secularidad lo ha modificado mucho. El asunto es continuar en el “como si” aunque, en realidad, ya no se viva en ese parámetro. No obstante, se vuelve a él porque cuesta despegarse, porque no se tiene motivos para ese despegue o porque, por la razón que sea, se quiere seguir ahí, lo que se hace con una cierta militancia.
¿Y si se planteara la cosa desde otra perspectiva? La correcta sería la que nos marca la espiritualidad cuaresmal: la Cuaresma es la gran catequesis eclesial que prepara a la Pascua. ¿Y cuál podría ser el tema de este año? Proponemos: Piedad y liberalidad. Como luego diremos, estos dos rasgos que conforman la personalidad del Jesús histórico son los que generan en el creyente la verdad de su ser seguidor/a. Por eso mismo, volver sobre ese tema podría ser un impulso para la vida cristiana y una orientación para una celebración ahondada de la Pascua.
De todos modos, esta reflexión quiere tener por centro y atractor a la persona de Jesús. Desde ahí puede venirnos la luz y el ánimo. Bien reza aquella sentencia transmitida por vía apócrifa: «Quien está cercano a mí está cercano al fuego, pero quien está lejos de mí está lejos del reino» (Evangelio de Tomás). Que la Cuaresma de este año se acercarse un poco más al fuego que es Jesús.
1. No sabemos
Una lectura interpretativa de un poema puede estar equivocada, pero puede servir como primer paso en una reflexión. Tomamos el poema titulado No sabemos del poemario de Víctor Herrero de Miguel “Las sílabas del cielo”.
«Sucede como el pájaro en las ramas
desnudas del invierno: se confunde
la piel con la madera, y la mirada no atrapa
al ser alado en su quietud.
Así también nosotros.
No sabemos
separar del dolor la maravilla».
- La metáfora del pájaro en las ramas sugiere que se mimetiza tanto con la madera del árbol que no vemos al ser alado. Confundimos piel y madera, vida y materia inerte, latir y hielo. Va tan mezclado que se hace imposible disntinguir una cosa de otra.
- Así nos pasa en la vida: dolor y maravilla van mezclados y, al no saberlos distinguir, el dolor se come a la maravilla. Esta no la atrapa el corazón y el dolor campa a sus anchas. Si supiéramos separar, nos quedaríamos con la maravilla.
- Pero es que el dolor y la maravilla son inseparables y habrá que atraparlos juntos, aun sabiendo que la maravilla es la que abre el horizonte y el dolor el que lo cierra. Pero van juntos. Es preciso aprender a entenderlos unidos, mezclados, entrelazados.
- Eso pasa con la piedad y la liberalidad: van juntas y como tales han de estar en un cierto equilibrio. La piedad es el deseo de horizonte, el anhelo de lo nuevo, el gozo de la belleza. Pero esto ha de ir unido con la liberalidad: el trabajo por construir lo humano, la responsabilidad social, las exigencias de la amistad cívica, los esfuerzos por convivir, etc. Sin ambas realidades van juntas, se potencian. Si van separadas, se anulan.
2. La luz de la Palabra: Mt 11,18-19
«Vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron que tenía un demonio dentro. Viene el Hombre, que come y bebe, y dicen: ‘¡Vaya un comilón y un borracho, amigo de recaudadores y descreídos!’. Pero la sabiduría de Dios ha quedado justificada».
- El perfil que los evangelios dan de Jesús es el de una persona piadosa y liberal. Los dos términos causan problema, sobre todo el segundo. Que Jesús ama su fe judía, su yahvismo, queda fuera de duda. No se encontrará una palabra en su boca contra el sábado, contra la necesidad de guardar las tradiciones, contra las prácticas de la pureza ritual. Si las censura es porque él pone por delante el bien de la persona, coloca la moral por delante de la obligación religiosa. Eso es lo que causa problema, su liberalidad, “un aguijón en la carne piadosa”, dice Käsemann. Ese liberalismo hace parte de su realidad mesiánica y se convierte en nota distintiva de la ética cristiana. La piedad es un problema porque puede ser falsa, postiza, rutinaria, engañosa. Pero el problema principal reside en la liberalidad que se constituye en medida y baremo de la conexión con el Jesús liberal. Ambas realidades van juntas en Jesús, de tal manera que la definición niceana de Jesús (“Dios y hombre verdadero”) podría traducirse por “piadoso y liberal al mismo tiempo”. Pero la liberalidad de Jesús pasó a un segundo plano y la comunidad cristiana primitiva se escandalizó del liberalismo de su maestro y no se atrevió a adoptarlo.
- Uno de los rasgos que define el perfil de Jesús son sus comidas con los pecadores: ahí encontró un escenario adecuado para expresar su idea del reino. Las comidas le sirvieron de plataforma pedagógica, verdadera escuela de la utopía del reino. «Las comidas con ‘pecadores’ son uno de los rasgos más sorprendentes y originales de Jesús, quizá el que más le diferencia de todos sus contemporáneos y de todos los profetas y rabinos del pasado». Otros muchos autores consideran este gesto de Jesús como el más central y significativo. En ningún otro lugar de la Biblia se presenta a un persona comiendo con pecadores (Prov 23,6-8). Hacerlo era sencillamente participar de su vida pecadora, unirse a su pecado haciendo saltar todas las líneas rojas de la moral judía (algo de esto queda en 1 Cor 5,11).
- Ahí se enmarcan los tres insultos al liberalismo de Jesús (notemos que nunca se censuran los rasgos de su piedad, excepto cuando chocan con los intereses de los piadosos: el templo, korbán, el sábado como día para hacer el bien, etc.). El primer insulto es “comilón” (phagon), uno que come con glotonería. Se ironiza sobre la manera de comer poniendo el acento en la cantidad y en la manera. No solo come, sino que lo hace mucho y mal. Se busca el descrédito. El segundo insulto es borracho (oinopotês), bebedor de vino. Es lo mismo: como quien bebe mucho y le cae mal porque lo emborracha. De nuevo, se busca el descrédito. Y, finalmente, se le desacredita por las compañías de esa mesa: amigo de recaudadores (telônôn philos) y de pecadores (hamartôlôn). No solamente gente de mal vivir sino conculcadores de la liberalidad (recaudadores) y de la piedad (pecadores).
- Dios apoya las obras de Jesús por encima de la desacreditación de los que ni apoyaron al piadoso y cuestionan al liberal. Lo que se dice popularmente: el tiempo pone a cada uno en su sitio, el sentido común sigue vigente más allá de todo descrédito, la gente percibe el fondo del comportamiento de Jesús y se adhiere a él.
3. Ahondamiento
El pasaje evangélico permite abrir las puertas a un ahondamiento reflexivo:
- ¿De qué piedad hablamos?: cuando hablamos de piedad estamos hablando de dos clases de piedad: la que se sitúa en lo más externo, la que hace bandera de asuntos religiosos banales, la que se alía fácilmente con posiciones que obvian a la persona, la que se escuda en las tradiciones para defender lo indefendible. Esa no es la piedad de Jesús. La de este es la oración que es compatible con la compasión social, la que tiene una visión que une el templo y la justicia, la que se desmarca de lo más sagrado de las normas por acercarse a lo más sagrado que es la persona. Esa parece ser la piedad de Jesús.
- ¿De qué liberalidad hablamos?: no de la que pasa de la justicia, no de la que no quiere injerencias para maniobrar opresoramente de manera más fácil, no de la que invoca el respeto para tener libre acceso deseos inconfesables, no de la que no entiende equidad, no de la que da dones y reglaos para que las bocas estén cerradas. Esa no es la liberalidad de Jesús. Hablamos de una liberalidad compatible con el perdón y la misericordia, de una liberalidad que saca de la zanja y no que hunde más en ella, de la que relativiza lo que es relativo y da importancia a lo que de verdad la tiene, de la que otorga primacía a la ética sobre la dogmática y a la que no confunde la radicalidad con el rigorismo.
- ¿Ortodoxia u ortopraxis?: vuelve una y mil veces el mismo dilema. Vuelve para frenar el ansia decoradora de la ortodoxia. La liberalidad postula la prioridad de la ortopraxis, el amor, sobre ortodoxias que no logran despojarse de un halo de amenaza. Una saludable liberalidad prima con cabeza y sentido común la ortopraxis y valora, también con sensatez y un cierto racionalismo, la ortodoxia.
- ¿En brazos de la piedad o en brazos de la liberalidad?: echarse en brazos de la piedad quizá sea lo más socorrido, lo que está más a la mano, lo que siempre se ha hecho, lo avalado por la rutina, lo que puede garantizar la aceptación social. Pero el empobrecimiento y la disfunción está garantizados. Echarse en brazos de la liberalidad puede llevar a un secularismo disolvente, a un desinterés por el misterio de la vida y de la fe, a un menosprecio de la persona piadosa.
- ¿Unidas o separadas?: la conclusión parece clara: es bueno y posible que piedad y liberalidad vayan unidas. No cualquier piedad y cualquier liberalidad, sino la piedad razonable y la liberalidad con horizonte, con espíritu. Si se lograra esta unidad, con un cierto equilibrio y con la piedad tras la liberalidad, ambas saldrían potenciadas. En la mayoría de los cristianos están presentes ambas realidades. El asunto está en mejorar los contenidos y en posicionar bien el orden. Creemos que se puede superar el dilema que plantea Käsemann: «¿Se puede tener aún por cristiana una iglesia en la que los piadosos no pueden ser liberales y los liberales no gozan de la reputación de piadosos?».
4. Caminos de piedad y de liberalidad para la Cuaresma
Siempre con el afán de concretar para que la espiritualidad no quede en lo inconcreto proponemos algunos caminos que, tal vez, podríamos utilizar:
- Caminos de piedad:
- Una eucaristía diaria redescubierta: no como un acto de piedad religiosa sino como un sencillo pero cordial encuentro con el Jesús cercano y con el grupo con el que comparto la fe.
- Un momento diario de oración de silencio y de quietud: algo inserto en el plan de vida diario, algo “controlado” de manera que pueda ser eficaz para el caminar cristiano.
- Una relectura de la exhortación de León XIV “Una fidelidad que genera futuro”: como un rasgo de eclesialidad en este momento de hoy.
- Caminos de liberalidad:
- Una pregunta sobre la actividad “política”: si acudes a alguna manifestación por Palestina, a alguna conferencia sobre la situación mundial actual, alguna actividad ecológica.
- Una revisión del dinero solidario: para tratar de superar la limosna por algo más organizado (domiciliación de cuotas, compromiso a largo plazo, etc.).
- Una acción de voluntariado: ver si se está en condiciones de hacer algo sin retribución dentro de alguna organización civil o religiosa.
Conclusión
Lo hacemos con estos asertos de Käsemann:
- «No existe Dios que en un momento determinado deja de ser creador y entra en conflicto con la criatura».
- «No existe un culto aceptable a Dios que libre de la obligación diaria de la solidaridad».
- «No existe una sagrada escritura que no coloca al hermano bajo nuestra protección y responsabilidad».
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