COMPASIÓN Y SERVICIO

 

  1. 1.      Auge del vocablo compasión

 

La pertenencia del vocablo compasión al mero ámbito de lo religioso ha sido sobrepasada en la actualidad por el lenguaje político que habla de compasión de manera habitual: una política compasiva, que no deja a nadie atrás, que dice contemplar las situaciones de los frágiles sociales, que incluso parece verse afectada por las duras situaciones de los empobrecidos. Ante tanto sufrimiento humano, se recurre a la compasión.

Paul Gilbert en The Compassionate Mind sostiene que al juntarse en nuestro cerebro características propias de "mamíferos" y de "humanos", nos hemos dotado de facultades aparentemente incompatibles para el amor y la destrucción. Pues bien, da la impresión de que, en la actualidad, esos dos polos se van acercando cada vez más: la compasión y la ciudadanía, la compasión y la política, hasta la compasión y la economía.

Si esto fuera cierto, el valor de la compasión que se creía hacer parte de imaginarios débiles, como el religioso, pasa a situarse en imaginarios fuertes, activos, como la economía y la política. Hay quien, con razón, recela de estos cambios. Pero, a priori, el ensanchamiento del campo de la compasión lo creemos positivo. Creemos que la mejoría del uso lingüístico refleja una mejoría en la vivencia moral y ciudadana.

Por otra parte, los afanes compasivos brotan de la certeza de que los humanos nacemos no tanto con pecado original, sino con bendición original y con responsabilidades adquiridas. Efectivamente, venir a la aventura humana constituye directamente a la persona en contribuyente obligado a la mejora de ese camino, sobre todo allí donde la realidad es más frágil.

Y ello hasta el punto de que, como dice el filósofo Reyes Mate, la respuesta que damos al sufrimiento ajeno nos hace sujetos morales. Es decir: responder al sufrimiento del necesitado desvela nuestro nivel de humanidad, tanto a título personal como social. La compasión y el servicio que parecen no cotizar en el mercado son el termómetro de nuestras relaciones humanas verdaderas, de nuestro nivel de ciudadanía. El barullo de las redes no logra apagar la voz de fondo que habla del valor central de la compasión que sirve. La conclusión inicial es clara: no son los nuestros malos tiempos para elaborar una espiritualidad de la compasión que sirve.

 

  1. 2.       Una economía compasiva y servidora 

 

El ciudadano de hoy sabe muy bien que el quid de muchas cuestiones está en la economía. Y sabe también que la economía es depredadora, asesina (la economía que mata, dice el Papa Francisco). Al funcionar la economía por expectativas de ganancias, no le importa dejar tras de sí un reguero de destrucción y de muerte con tal de conseguir los objetivos propuestos.

Pero junto a esa economía asesina están brotando economías alternativas que hoy no tienen la voz cantante pero que, tenaces, alzan su palabra como camino posible de economía humanizadora, compasiva. Nos referimos, por no citar más que alguna, a economías como la del Bien Común de Ch. Felber.

Son economías que se ordenan creyendo que el activo económico más importante es la persona y que valorar a la persona es generar riqueza, a la vez que se frenan los grandes desajustes de la economía como, por ejemplo, la desigualdad. Su componente compasivo nada tiene que ver con el paternalismo y la limosna, sino con la dignidad y la fe en las posibilidades de vivir en humanidad.

Se desvela así uno de los rasgos decisivos del comportamiento económico de los humanos: poner conciencia al dinero, dotar de humanidad al descarnado mundo de las relaciones económicas. El compacto muro de quien dice que pretender mezclar economía y compasión es querer mezclar el aceite con el agua queda muy cuestionado no solamente por la voluntad de los humanistas, sino también por una cierta actividad económica real.

 

  1. 3.       Líderes compasivos y servidores

 

El liderazgo se ha ejercido en connivencia con la dureza de una economía dura y, a veces, depredadora. Pero los líderes carismáticos de éxito también son compasivos. El carisma por sí solo puede no ser suficiente, sin embargo, la compasión, la integridad, la honestidad y la fortaleza son cualidades que hacen diferente a un individuo y que propician caminos abiertos a una relación económica productiva y diversa a la vez entre humanos.

Como se demostró ya hace mucho con el ensayo de Robert K. Greenleaf The servant as leader, publicado por primera vez en 1970 “el líder servidor es el que sirve primero, porque comienza con el sentimiento natural de que uno quiere servir”. Un líder que sirve se centra principalmente en el crecimiento y el bienestar de las personas y las comunidades a las que pertenecen. Si bien el liderazgo convencional al que se le suponía hace unos años una acumulación de poder ha empezado a dar síntomas de cansancio y se ha ido modernizando. En cambio, el liderazgo de los servidores es diferente, porque en cuanto a la capacidad de ejercer ese poder, antepone primero las necesidades de los demás, ayudando a las personas a desarrollarse y realizarse lo más posible. En cierto sentido, está compartiendo una cuota importante de poder.

 

  1. 4.      Amor político

 

En la raíz de esta manera de pensar está la certeza del amor político. El amor político exige unas demandas elementales porque si no el bloqueo está asegurado y las posibilidades no solo de ponerlo en pie sino, simplemente, de hablar de él se esfuman. Tales demandas básicas son: el amor por lo público por encima del regocijo por lo privado que tanto reconforta el ego; la inquietud por el devenir humano y la preocupación por el futuro del mundo más que la inmediata y atosigante preocupación por “mi” futuro; la posposición del lucro personal como motor de la actividad humana, incluso el lucro de la institución, país, entidad a la que se pertenece. Demanda, en definitiva, sentirse bien en la piel de lo humano, lo que llevará a una mirada distinta sobre el hecho histórico.

El amor político no es algo que se consiga instantáneamente. Hace parte del largo proceso de humanización en el que las personas estamos dando nuestros pasos más iniciales. Eso quiere decir que el “paraíso” no es una realidad al inicio, sino al final del proceso. Todo trabajo de humanización contribuye al logro del amor político. Lo inscrito en los albores de la relación social ha de desarrollarse hasta el logro de una humanidad pensada y vivida en el marco del amor. Ese proceso demanda la recuperación de lo político sobre el dominio omnímodo de lo económico y la evidencia necesaria de que el político no es un dominador sino un servidor público que es lo que las urnas le han encomendado. Trabajar porque esto no resulte totalmente imposible es uno de los más hermosos empeños del vivir humano.

 

  1. 5.      Hablamos de generosidad

 

Toda esta reflexión tiene un componente transversal que no es otro que el de la generosidad. La economía de ganancias y la política mezquina detestan la generosidad porque la consideran una actitud limosnaria, paternalista, de débiles. Y tiene ese peligro. Pero sin generosidad, sin ese ir más allá de la legalidad en la oferta del bien, la vida humana se seca, se empobrece, se deshumaniza.

La economía de la generosidad (The gift economy) es aquella que pasa del “¿Qué puedo obtener de ti?”, al “¿en qué te puedo ayudar?” Esto empuja a definir quién es uno como persona, como organización o como negocio. Puede parece angelical, pero, como decimos, estas maneras distintas de enfocar la economía son posibles y, de hecho, son practicadas ya en todas partes del mundo. Esto no es solamente aplicable a la empresa propiamente dicha, sino que se puede llevar a cabo en la cotidianidad, enfocándose en generar un impacto pequeño y local.

 

  1. 6.      Un apunte de espiritualidad

 

Permitan que termine con apunte de espiritualidad cristiana. El evangelio de san Juan narra el lavado de los pies de Jesús (Jn 13). Al llegar Jesús a Pedro éste se opone a que Jesús le lave los pies y recibe una desconcertante respuesta de Jesús: “Si no te dejas lavar los pies, no tienes nada que ver conmigo”. ¿Qué importancia tiene eso de lavar los pies que si no se practica te aleja de Jesús? Es el servicio compasivo.

Eso quiere decir que la identidad cristiana, según los evangelios, no le viene al cristiano por su lado religioso (bautismo, oración, sacramentos, pertenencia a la Iglesia, etc.), sino por su lado servidor: sirves, eres seguidor de Jesús; no sirves, no lo eres.

Con esto afirmamos que el servicio compasivo da sentido a la misma espiritualidad y puede nutrirse de ella. Los creyentes tenemos aquí un ánimo y una orientación. Y los no creyentes pueden también beneficiarse de este aliento.