PALABRAS ESCANDALOSAS DE JESÚS[1]

Material de trabajo para el grupo bíblico de la

Parroquia de Valvanera de Logroño

(Curso 2020-2021)

 

Introducción 

 

         Los evangelios contienen expresiones que, aún hoy, nos causan cierta perplejidad, incluso un cierto escándalo. Estaría bien entenderlas en su contexto literario para poder sacar de ellas también ánimo y apoyo para nuestra vida cristiana. A veces resulta que, si se hinca el diente a los textos difíciles, estos terminan por arrojar mucha luz.

         De alguna manera se puede decir que los autores del NT han desvelado un cierto perfil “escandaloso” de Jesús. Le llamaron “piedra de escándalo” (1 Pe 2,8) y lo vieron como “piedra como puesta para tropezar (escándalo)” (Lc 2,34). No es de extrañar que, con cierta frecuencia, la gente se “escandalizaba de él” (Mt 13,57): Hasta sus mismos discípulos se escandalizaban (Mt 26,31).

         El Evangelio sigue siendo un escándalo como antaño (1 Cor 1,23) porque postula unos planteamientos que, no pocos de ellos, chocan con nuestra manera de vivir y entender el hecho social. Quizá ahí reside una fuerza interesante. Ojalá quienes decimos apreciar a Jesús no nos escandalicemos de él como los enviados del Bautista (Mt 11,6).

         Vamos a desgranar algunos de esos dichos con la intención de entenderlos mejor y de ver si es posible concluir actitudes de fe que nos ayuden en la vida cristiana. El diálogo comunitario nos ayudará a ello.

 

1

«AL QUE TE ABOFETEE EN LA MEJILLA DERECHA, PRESÉNTALE TAMBIÉN LA OTRA» (Mt 5,38-39)

 

«Os han enseñado que se mandó: “Ojo por ojo, diente por diente” (Éx 21,4). Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra».

 

Reflexión

 

  • El contexto de este pasaje es el llamado “sermón de la montaña” (del “llano” en Lucas). El evangelista quiere proponer la nueva alternativa de Jesús, su oferta, en comparación (en oposición muchas veces) con la religiosidad heredada del judaísmo antiguo.
  • La llamada “ley del talión” (Ojo por ojo…) es, bien mirada, un principio legal de componente humanista: se trata de castigar al infractor con la misma pena que él ha causado, frenando así el ansia de venganza que anida en el fondo de corazón de la víctima. O sea, que no es tan mala cosa lo que propone Éxodo.
  • Pero tal ley, aunque distributivamente pueda ser aceptable, no frena el movimiento de fondo: la violencia. Quien se ciñe al talión sigue manteniendo dentro el virus de la violencia, por más que la regule y no entre en el bucle de la venganza.
  • Por eso, la propuesta de Jesús apunta a ese fondo: ¿cómo contener el ansia de venganza que anida en el fondo? La propuesta de Jesús es resistir al mal, no entrar a su terreno, hacerse fuerte y constante ante el mal, no perder la paz, situarse en el terreno de la comprensión y del perdón.
  • Por eso habla de poner la otra mejilla. Siempre se ha entendido esto como una humillación. Pero en el texto hay que entenderlo como resistencia. Si a uno le pegan en una mejilla, parece lógico que responda a la agresión con violencia similar, o mayor (recordar aquella frase del papa Francisco: «Si alguien dice una palabrota sobre mi madre, puede esperarse un puñetazo»). Pero el texto invita a aguantar a pie firme sin responder con violencia y sin huir (lo que Ellacuría llamaba “resistencia sociopolítica a los intereses dominantes”).
  • Más aún. Mateo pone en la frase un detalle que no viene en Lucas: “abofetear en la mejilla derecha”. Para abofetear en la mejilla derecha a quien se tiene enfrente hay que golpear con el dorso de la mano derecha, lo que añade, además del daño, el enorme menosprecio de quien golpea: abofeteado y menospreciado. Dos razones para responder con violencia o para huir. Pues en ese caso hay que responder quedándose y resistiendo. Esa es la propuesta de “lo nuevo” de Jesús. Estamos hablando, sin duda, de una resistencia activa, actitud que han usado muchas personas, desde luchadores por los derechos humanos hasta personas corrientes en su manera de llevar adelante sus conflictos. 

 

Derivaciones

 

         Citaremos, a modo de ejemplo, dos casos de resistencia activa:

  • En el plano político: la resistencia del pueblo saharaui: El pueblo saharaui afronta más de 40 años de resistencia contra la política anexionista de Marruecos cuya intransigencia ha desenmascarado la continua violación de derechos humanos y el saqueo constante de sus recursos naturales. La resistencia saharaui es un ejemplo para el mundo. Pese a las duras condiciones de la hamada en los campamentos de refugiados en el desierto argelino, la RASD es el segundo país africano más alfabetizado del continente. Junto a las haimas se levantan escuelas y hospitales para toda la población saharaui. La frecuente tentación de recurrir a la violencia ha sido casi siempre controlada (frente al intento de Marruecos de hacer creer que el Frente Polisario es una organización terrorista, cosa contestada por la ONU y su Secretario General). Los saharauis siguen ahí, en tierra de nadie, esperando una justicia que no llega. España tendría que hacer algo porque, en su día, fueron españoles. Y porque son personas en exclusión. Resistentes y básicamente pacíficos.
  • En el plano familiar: la resistencia de quienes cuidan a sus familiares frágiles: Dice Irene Vallejo: «Durante tu adolescencia contemplaste cómo tu madre y tu tía suavizaban el naufragio de tus abuelos en la vejez y la enfermedad. En sus ojos cansados adivinaste que por esa lealtad se paga un alto precio: descalabros salariales, sueños aplazados, aislamiento, vivir tensas y ojerosas… Quienes desafían el evangelio de la competencia para cuidar a los suyos, lo hacen callando, casi ajenos a su sigilosa revolución: abuelos a sus nietos, madres a sus madres, sanos a enfermos…. Con frecuencia una misma persona debe cuidar a la vez a sus padres y a sus hijos. Quienes asumen esa doble responsabilidad, con jornadas partidas y cansancio multiplicado, divididos entre la fragilidad de los jóvenes y de los ancianos, descubren lo agotador que es ser la parte fuerte….. Reservamos la luz de los focos para los líderes triunfantes del deporte, la empresa o la política, ocultando entre sombras a quienes velan y acompañan, en la heroicidad del consuelo».

 

2

«ALLÍ SERÁ EL LLANTO Y EL RECHINAR DE DIENTES»

(Mt 8,11-12)

 

            «Os digo que vendrán todos de Oriente y de Occidente a sentarse en la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de Dios; en cambio a los destinados al reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

 

Reflexión

 

  • El contexto del relato es la curación del criado del centurión: un militar pagano, a su manera, ha puesto su confianza en Jesús. Mientras que el destinatario primero de la buena noticia, Israel lo ha rechazado. Es algo que los evangelios no han logrado asimilar: ¿cómo fue posible que rechazaran a Jesús? Y en consecuencia: los paganos se han hecho acreedores del reino.
  • Todos (polloi) se van a sentar en la mesa- De ahí que vengan de Oriente y de Occidente. Se rompe con requisitos religiosos que ya no tienen sentido: somos los elegidos, nuestra religión es la verdadera, Dios nos debe salvar, etc. Al banquete del reino se accede por generosidad de Dios, no por otra razón.
  • Es un banquete, una fiesta, algo que se vive con gozo, con talante incluyente. Es como un gran banquete popular donde no hay que pagar, donde no hay invitaciones explícitas porque todos somos invitados, un banquete de ciudadanía total, de participación cósmica absoluta, sin los límites que ponemos a nuestros banquetes.
  • Pero el autor (¿el evangelista? ¿el mismo Jesús?) no se puede ver libre de su mentalidad excluyente (aunque en esta caso se aplique al judaísmo) y, con despecho, dice que habrá excluidos echados afuera, a las tinieblas (los banquetes se celebran muchas veces de noche). No puede reaccionar sobre su propio planteamiento de incluir a todos, incluso a quienes excluyen a otros. Esa sería la prueba de verdad: todos están incluidos, hasta vosotros que excluís (hay que leer un poco contra el texto). El Evangelio, buena noticia, se vuelve no-evangelio si es excluyente con quien sea.
  • Por eso, la frase “allí será el llanto y el rechinar de dientes”, aunque está en los evangelios, no es evangélica, no conecta con lo profundo de Jesús (aun en el supuesto de que la hubiera dicho, uno tiene sus contradicciones, como seguramente él las tuvo). El principio evangélico es claro: todos entramos al banquete porque el Padre invita a todos. La prueba: que hemos sido creados por amor. Y si uno incluso no quiere entrar al banquete, Dios tendrá argumentos para “seducirle” y hacerle participar del gozo de la fiesta. No habrá, pues, ningún llanto, ni rechinar de dientes. Nada ni nadie quedará fuera.

 

Derivaciones

 

         Dos derivaciones para elaborar nuestra mentalidad creyente:

  • Superación del infierno y la condenación: algo que ha estado metido en el tuétano de la mentalidad religiosa y que sigue estando en los documentos (que evolucionan lentamente) y en la mentalidad de muchas personas (en algunas, muy conservadoras, de manera militante). El fondo del evangelio quiere hacernos ver que el Dios de Jesús es Padre de amor que nunca condena, aunque hubiere motivo. Por lo tanto hay que mantener la bondad de Dios como cimiento. De ahí se deduce que él ha de tener mecanismos de amor para envolver todo mal. No quiere decir que todo le dé igual: se duele de nuestro mal y se alegra cuando somos humanos. Pero de ahí no se deduce una actitud justiciera como la nuestra. Tiene que haber otro camino, hecho de abrazo, amparo, perdón, etc. Por lo tanto, creer que toda persona está invitada a ese banquete tan especial, a esa plenitud para la que hemos sido creados, es algo legítimo desde el punto de vista evangélico. De todas maneras, quien para elaborar su fe necesite de un infierno, allá él. Pero ¿por qué no situarnos en horizonte de gozo para todos más allá de las evidentes limitaciones en que se ha movido nuestra vida?
  • Superación de la mentalidad religiosa exclusora: porque a eso nos ha llevado el pensar que nuestra religión es la única verdadera, pensar que quien no lleva una vida según las normas de la iglesia queda fuera, pensar que quien no está en gracia de Dios es candidato al infierno, pensar que quien no acepta la doctrina es un hereje que está fuera, etc. Todo un panorama de exclusiones. ¿Por qué no ir forjando una mentalidad espiritual, evangélica, inclusora, abrazante, universal? ¿Por qué la fe religiosa ha de ser algo para separar y no para incluir, incluso a aquello que no tiene aire religioso? ¿Quién puede decir que la última celebración de la semana santa ha sido menos evangélica porque no había funciones religiosas, cuando había entrega, solidaridad, vecindad, agradecimiento social, condolencia grande por las muertes no celebradas, amparo en el desamparo?

 

 

3

«DEJA QUE LOS MUERTOS ENTIERREN A SUS MUERTOS» (Mt 8,21-22)

 

         «Otro, ya discípulo, le dijo: -Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Jesús le replicó: -Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

 

Reflexión

 

  • El contexto general del pasaje es el intento, en gran parte frustrado, que hace el evangelio de Mateo por crear el “Israel mesiánico”, por cambiar la perspectiva religiosa de Israel que se entiende cerradamente como pueblo elegido y transformarlo en pueblo al servicio de los demás. La cosa fracasó: el peso religioso era tan grande que mover aquello fue imposible.
  • Por eso, el seguimiento a Jesús está entendido aquí como un desplazamiento, un moverse hacia algo distinto y nuevo. Hay una tensión entre el enganche a lo de siempre (las tradiciones, los “muertos”) y lo nuevo (la propuesta de un reino basado en la entrega al otro).
  • El desplazamiento hacia lo nuevo de Jesús es un vaivén: unas veces adelanta, otras retrocede. Aquí, se propone lo nuevo al que es “ya discípulo”. Tendría que ser un lanzado a lo nuevo y quizá con un ojo mira lo nuevo de Jesús, pero con el otro mira a lo viejo, al “padre muerto que hay que enterrar”. Eso representa la dificultad para el desplazamiento, para pasar a otro terreno.
  • Seguir amarrado al pasado puede que sea por amor incluso, por piedad, como es enterrar a los muertos. Las pegas que se ponen para no desplazarse son sutiles y razonables. Pero el resultado es que no te mueves. Por supuesto, no se quiere decir que no se entierre al padre muerto. Es una metáfora que está indicando otra cosa: las múltiples dificultades que imposibilitan el desplazamiento hacia la propuesta de Jesús.
  • Por eso, lo que impide el desplazamiento son el peso social enorme de costumbres, tradiciones, convicciones, ideas, certezas heredadas que dan como resultado final el que uno se queda más o menos quieto, ya no se desplaza, ya no es seguidor.

 

Derivaciones

 

  • Espiritualidad del desplazamiento: Es aquella que dice que, desde el mismo punto vital y social en el que estás, puedes desplazarte, poco a poco, en la dirección de los frágiles, en la perspectiva de la solidaridad, en el sueño del evangelio. No importa tanto el punto en el que se está, que puede ser muy sistémico, sino en el deseo de desplazarse. Si ese deseo está muerto, si no se le ve futuro, posiblemente estemos anclados en el sistema. Pero si hay un anhelo, por mínimo que sea, hay posibilidad de desplazamiento.

         Fácilmente se entiende que el desplazamiento, como la vida misma, es siempre progresivo y por ello admite todas las tonalidades. Es valioso el desplazamiento enorme de quien profetiza y lo es también el desplazamiento humilde de quien teme. Lo importante es que tal desplazamiento no se estanque, no se muera, no se canse. Porque entones, como quien cae en un sueño, seremos atrapados por los dinamismos  aquietantes del sistema.

         ¿Por qué nos cuesta desplazarnos? ¿Por qué, incluso, se combate a quien se desplaza? No solamente por razones de comodidad personal, de la rutina que amo, de la decepción que acumulo. También lo impide el mismo sistema que, cuando se sabe abandonado por alguien, desvela su fragilidad un poco más. Por eso, la espiritualidad del desplazamiento demanda, de una u otra forma, una crítica al sistema, sea este cual sea, y una decisión cultivada de caminar por otras sendas.

         Tampoco es obstáculo para dejar de lado esta espiritualidad el que, sí, construimos un discurso no sistémico, de desplazamiento decidido, pero luego nuestros caminos reales son sistémicos. Puede que sea así. Pero un discurso desplazado, si está hecho con corazón, es ya un paso importante en el desplazamiento. Sabemos que la vida no son los discursos, sino los caminos. Pero aquellos, según como sean, pueden ayudar a estos.

  • Aún es tiempo de recrear la comunidad de Jesús: Decir que “aún es tiempo” no quiere decir que la cosa sea para ahora mismo. Al hablar de recrear, se está dejando de lado, como opción, el recuperar porque se cree que esto es, a la larga, más difícil que aquello. Para muchos queda demostrado, y con creces, que la posibilidad de recuperación se ha alejado. Los benévolos intentos que se han hecho, tanto a título personal (desde san Francisco hasta el papa Francisco) como colectivos (el Vat. II y los últimos Sínodos a modo de ejemplos) arrojan para muchos creyentes el mismo saldo: todo sigue más o menos igual en un estado de cosas que hace que la recuperación de la Iglesia sea tan difícil como los cambios en el capitalismo, los ejércitos o los nacionalismos excluyentes. Es preciso soñar otros caminos.

         Además, se cree que esto se puede hacer sin dialéctica, sin exclusión, sin condena, aunque no sin perplejidad y dolor. Hay que alejarse de polémicas irrelevantes o estériles donde, aunque vayan disfrazadas, son las cuestiones de poder las que se hallan en el fondo. El respeto ha de presidir este proceso y también la certeza de que hay sectores difícilmente recuperables por lo que no tiene sentido entablar una relación dialéctica con ellos.

         Ante la evidencia de la lentitud del proceso, hay quien piensa que jamás se llegará a modificar lo que ha perdurado durante siglos. Pero, en realidad, esos siglos son un pequeño paréntesis en la cultura humana y una sombra en los amplios desarrollos del planeta. Por eso, la lejanía del horizonte no implica su imposibilidad.

         Precisamente porque se cree que la utopía de Jesús es una buena aportación a la espiritualidad del sueño humano hay quien anhela otro modo de ser vivido y ofrecido a la sociedad. Esta ausencia de intereses espurios es la gran fuerza del anhelo por recrear la comunidad de Jesús.

 

4

«NO PENSÉIS QUE HE VENIDO A TRAER PAZ A LA TIERRA. NO HE VENIDO A TRAER PAZ, SINO ESPADA»

(Mt 10,34-38)

 

         «No penséis que he venido a sembrar paz en la tierra: no he venido a sembrar paz, sino espadas; porque he venido a enemistar el hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; así que los enemigos de uno serán los de su casa (Miq 7,6). El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que ponga al seguro su vida, la perderá, y el que pierda su vida por causa mía, la pondrá al seguro».

 

Reflexión

 

  • Tenemos aquí un conglomerado de “palabras escandalosas” de no fácil explicación. Todas ellas reflejan la experiencia de las primeras generaciones cristianas cuando ya se ha experimentado la hermosura del mensaje de Jesús ofrecido a todos y también sus duras dificultades. Son textos de una indudable aspereza. Confirman algo elemental: que el evangelio es hermoso, pero no fácil.
  • Se ha vivido la experiencia evangélica no como un falso pacifismo, sino como una herida en el seno mismo de la sociedad. Así es: lo de Jesús no es un pacifismo que deja las cosas como están tratando de contentar a todos para que todo siga igual. No: se produce una fuerte fractura social: los jóvenes (hijo, hija) contra los mayores (padre, madre-nuera). Una dificultad notable en la convivencia generacional porque se supone que los mayores están más anclados en el sistema y los jóvenes propugnan caminos nuevos. Un evangelio que contente a todos (y sobre todo que contente a los dueños del sistema) no es el de Jesús. Un evangelio que no es, de algún modo, un peligro social, no es el evangelio de Jesús.
  • Ese mismo principio de ruptura hay que aplicarlo al ámbito delicado de la propia familia. No quiere decir el evangelio que no haya que querer al padre o a la madre (iría contra el cuarto mandamiento) ni que haya que abandonarlos para ser seguidor de Jesús. Nada que ver. Quiere decir que, a veces, las relaciones familiares también pueden ser antievangélicas, inhumanas, opresoras, depredadoras. En tal caso, habrá que aplicarles la terapia evangélica: el distanciamiento, la crítica, la reorientación, la ruptura. Es delicado este terreno, pero la relación familiar también entra en el discernimiento cristiano.
  • Por otra parte: la frase sobre “coger la cruz” no hace relación a “las cruces de cada día” que algunos dicen que las manda Dios (Dios no mando sino amor; las cruces son el precio de nuestro ser histórico). Alude a algo radicalmente distinto: dibuja el horizonte al que tiende el seguidor: estar dispuesto a vivir como vive uno que lleva la cruz al patíbulo, vivir como un excluido de la tierra, vivir como un rechazado por amor, vivir con un amor sin esperanzas. Es el horizonte. Algunos han llegado ahí (el mismo Jesús y otros). Aunque no podamos llegar al horizonte, tenerlo ahí, entre ceja y ceja, puede ser interesante. Esta sí que es ruptura fuerte, la más profunda.
  • Y para terminar, ese otro dicho también “escandaloso” y paradójico: ganar la vida es perderla; perderla, ganarla. ¿Qué es ganar y qué es perder? ¿Ganar es tener mucho, poseer mucho, mandar mucho, tener un prestigio, dejar huella en la historia, estar en el candelero? ¿Puede ser ganar el servir, el entregarse por amor, el ser generoso, el pensar bien del otro para acertar, el hablar con benignidad, el hacer el bien sin mirar a quién, el estar contento con poco? ¿Qué ganancias nos da el evangelio? No hay ganancia, empresa ruinosa.                                                          

 

Derivaciones

 

  • Espiritualidad de ruptura: en nuestro itinerario de vida cristiana no nos hemos visto precisados a “romper” con nuestros modos de vida habituales. Hemos sido cristianos de manera casi natural, sin grandes sobresaltos, sin situaciones difíciles en las que hay que elegir un camino u otro. Nuestra opción cristiana ha sido “benigna”, bienintencionada, generosa incluso, pero no se ha visto casi nunca entre la espada y la pared, en la encrucijada de tener que elegir. A veces sí que hemos notado, respecto a nuestra familia o nuestra sociedad, una ruptura religiosa y moral: nosotros participamos en actos religiosos que ellos no aprecian o tenemos posiciones morales distintas a las suyas. Pero nunca han significado una gran ruptura. Podría haber una “solución” si el camino evangélico nos va llevando a una cierta “ruptura social”: que tomáramos ciertos caminos y comportamientos sociales como exigencias del evangelio (la solidaridad, la paz, los pobres, la justicia, etc.), que las viviéramos y explicáramos desde ahí. Nuestra fe sería más evangélica y más “explicable”.
  • Un pacifismo activo: casi todo el mundo está por la paz; quisiéramos vivir en un mundo sin guerras ni violencias. Incluso muchos de nosotros rezamos por la paz con frecuencia. Pero, a la vez, somos muy lentos para enrolarnos en una actividad de paz, la que sea. Porque los problemas de la paz no se solucionan ni con oración (por más que esta ayude) ni con meros deseos. Es preciso implicarse en algo. Eso nos cuesta hasta imaginarlo. Pero quizá todo sea comenzar y uno irá viendo que se abren puertas: participa en una actividad de paz y justicia sencilla (¿por qué no hay “círculos del silencio” en Logroño?), no seamos remisos a la hora de apoyar a quienes construyen la paz (¿qué nos impide ser, por ejemplo, socios de Amnistía Internacional?). Para esta clase de actividades hay que amar la paz de dentro (la personal) y la de fuera (la social). Ambas son importantes y necesarias. Y no creamos que no van con nosotros las grandes cuestiones de la paz: informémonos, valoremos, si hay manera de colaborar, colaboremos. Cualquier paso es importante, por sencillo que sea.

 

5

«LOS PUBLICANOS Y LAS PROSTITUTAS OS LLEVAN LA DELANTERA EN EL REINO DE LOS CIELOS» (Mt 21,31b-32)

 

         «Os aseguro que los recaudadores y las prostitutas os llevan la delantera para entrar en el reino de Dios. Porque Juan os enseñó el camino para ser justos y no le creísteis; en cambio, los recaudadores y las prostitutas le creyeron. Pero vosotros, ni aun después de ver aquello habéis sentido remordimiento ni le habéis creído».

 

Reflexión

 

  • El contexto del pasaje es la gran disputa del final en el Templo entre Jesús y las fuerzas vivas del país, el partido saduceo (la aristocracia sacerdotal y seglar). El desencuentro es grande; por eso se llega a extremos dialécticos. La comparación de los notables con publicanos y prostitutas es ofensiva para ellos que se creen los fieles, los buenos, los justos.
  • Efectivamente, son las dos categorías de personas más odiadas, más despreciadas, más injuriadas: los corruptos sociales (recaudadores), las corruptas morales (prostitutas). Gente “necesaria” y despreciada: necesaria para que funcione un sistema económico neoliberal y necesarias para dar salida a desahogos sexuales que no se elaboran en la relación matrimonial. Despreciados los recaudadores por su corrupción conocida; despreciadas porque se considera un pecado nefando la venta del cuerpo, no su compra.
  • Un sistema social montado sobre la hipocresía que Jesús pone de manifiesto: se creen fieles y sostienen modos de vida que ellos censuran y usan. Jesús desnuda tales planteamientos de manera severa. Algunos traducen “os llevan la delantera” por “ellos entran y vosotros, no”.
  • Además, subraya el texto que, viviendo en ese doble juego de vida, viven “sin remordimientos”. No hay ni pizca de interés en cambiar, menosprecian a quien, como Jesús, les pone las cosas claras delante. Por eso menospreciaron al Bautista que iba en la línea que marca Jesús (o quizá Jesús lo aprendió de él).

 

Derivaciones

 

  • Fieles, pero infieles: el evangelio tiene una alta capacidad para poner en evidencia las paradojas de nuestra vida. Por eso sus palabras, duras a veces, siguen estando vivas. Nos hace ver que somos fieles al hecho religioso, nos importa y lo valoramos; pero, a la vez, somos infieles al hecho humano manteniendo divergencias, agravios y hasta odios. Nos hace ver que somos fieles a una moral establecida, pero somos duros con quienes piensan distinto, viven distinto o practican una “rebeldía” que no podemos aceptar (“Un sistema que habla de libertad pero persigue la rebeldía no es sano”, decía E. Fromm). Nos desvela que somos fieles a muchas tradiciones, pero duros para la benignidad, la bondad, y la certeza de que en el fondo de las personas anida el bien. Fieles, pero infieles.
  • Humanizar la prostitución: está abierto el debate social sobre si legalizar o no la prostitución. Más allá de esto que lo tendrán que solucionar las instancias de gobierno de nuestra sociedad, el cristiano habría de intentar humanizar esta realidad  que, nos guste o no, está ahí. ¿Qué es humanizar? Primero, aplicar parámetros de justicia a este sector frágil: no son ellas (o ellos) las malas de la película; quizá lo sean más los usuarios que, socialmente, se van de rositas. El problema es social, no de unas pocas personas. Además tener palabras ajustadas, compasivas, benignas, comenzado por si designación (prostitutas, o peor, putas), por los chistes sobre ellas, por el menosprecio que indica nuestra manera de hablar de este asunto. Jesús no hubiera hablado mal de ellas, ni se hubiera reído, ni las hubiera menospreciado. También aprecio por los colectivos (religiosos o no) que trabajan por humanizar, en la medida de lo posible, este sector frágil; hacerles un sitio en la mesa de la sociedad; no protestar porque se destinen recursos (pocos) para ellas; quizá, si viene a la mano, colaborar con esos grupos.

 

6

«MUCHOS SON LOS LLAMADOS

Y POCOS LOS ESCOGIDOS» (Mt 22,11-14)

 

«Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta, y le dijo: -Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta? El otro no despegó los labios. Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

 

Reflexión

 

  • Estamos ante una frase de gran dificultad de interpretación. Los autores salvan el escollo como pueden. El contexto es la gran disputa del final con el judaísmo oficial. Para Mateo, los judíos, primeros destinatarios del banquete del reino, han quedado fuera; han sido llamados, pero no escogidos.
  • Sin embargo, el dicho es más complicado porque viene después del pasaje de quien ha sido expulsado por no llevar vestidura adecuada. Algunos dicen que la frase estaría al final de la parábola del banquete, no al final del relato del expulsado. Pero hoy está donde está.
  • ¿Qué ha ocurrido en la comunidad de Mateo? Estamos en los años 80-90. Han pasado más de 50 años de la muerte de Jesús. Su recuerdo permanece, pero las comunidades empiezan a instalarse, a elaborar una cierta normativa religiosa. Se viene a decir: el cristiano ha sido llamado al banquete del reino; pero hay que cumplir unas normas religiosas. De lo contrario, serás llamado, pero no escogido.
  • Es decir: se percibe la realidad de que las comunidades cristianas que empiezan a afianzarse en el Mediterráneo no podrán sobrevivir sin una cierta normativa. ¿Se dan cuenta de que eso puede alejarles del Evangelio? Quizá sí. Pero sin normas, el riesgo es mayor: que se llegue a difuminar el recuerdo de Jesús porque el cristianismo desaparezca.
  • Si esta lectura es correcta, ¿podría ser un pensamiento propio de Jesús? Creemos que no, porque la propuesta de Jesús no tiene en cuenta normativas específicamente religiosas; más bien lo contrario. Aun así: ¿fue correcta la postura de los primeros cristianos de normatizar el evangelio? Esto habría de valorarse haciendo una lectura del itinerario eclesial.

 

Derivaciones

 

  • ¿Una fe sin exigencias?: es algo que nos resulta casi impensable porque nuestra experiencia religiosa ha estado moldeada por las normas, y sigue estándolo (pesa más en la estructura de la iglesia el Derecho Canónico que el Evangelio). Muchos cristianos piensan que precisamente lo que mantiene a la iglesia son las normas claras. La postura de Jesús no parece ser esa: para él lo más básico es el amor; sin eso no hay nada. Las normas, si es que surgen o se necesitan, tienen que ser elementos derivados y por ello consensuados entre todos. Y en cualquier caso, no habrían de sofocar el amor. Por eso mismo, si la norma termina por empoderarse, nos estamos alejando del evangelio. Una fe sin exigencias previas no es un desbarajuste porque hay “exigencias” evangélicas (el amor, la compasión, el amparo, la hondura, la bondad). Algo raro nos ocurre si, al relativizar las normas, creemos que todo esto se vendrá abajo. ¿Es que no hemos logrado dar fe a la palabra de Jesús que pone como distintivo del cristiano el amar como él ha amado?
    • Caminos de reparación creativa: Se puede leer el pasaje evangélico con el deseo de reparar el camino que ha recorrido la iglesia. Se trataría de no “cambiar” para dejar las cosas como están porque, al ser tan compactas, se las considera incambiables o, peor todavía, por un cansancio vital que empuja a vivir en la indolencia sin afrontar los problemas de frente. Habría que intentar reparar creativamente la Iglesia, es decir, no simplemente reparar para que todo siga como antes, sino reparar para dar a luz una realidad nueva. Siempre hay oportunidades de reparar recreando porque algunas heridas históricas tienen curación (divisiones religiosas, desajustes económicos, lugar de las religiones en la sociedad, etc.). La mejor curación es dar el salto hacia algo de creciente calidad. «La resiliencia humana frente a la adversidad no deja de sorprendernos y siempre podemos recomponer nuestras ilusiones por vías alternativas». La sociedad de hoy, el momento presente, nos ofrece esas vías alternativas que eran impensables en otras épocas (diálogo fe-cultura, diálogo interreligioso, espiritualidades de hondura, caminos sociales más cultivados, etc.).

 

 

7

«DONDE ESTÉ EL CADÁVER, SE JUNTARÁN LOS BUITRES» (Mt 24,26-28)

 

         «Por tanto, si os dijeren: “Mira, que está en el desierto”, no vayáis; “Mira, que está en el sótano”, no os lo creías. Porque, igual que el relámpago sale del levante y brilla hasta el poniente, así ocurrirá con las llegada del Hombre. Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres».

 

Reflexión

 

  • El contexto del pasaje es la disputa final en el templo, pero esta vez la forma es lo que se llama literatura apocalíptica, una manera de escribir propia de la época, algo así como la ciencia ficción para nosotros. Siempre se quiere como entrever o adivinar el futuro que ignoramos, leer los signos de lo que nos puede acontecer.
  • Hay quienes quieren signos claros pasa saber algo que los primeros cristianos creían que podía acaecer de un momento a otro (Jesús mismo llegó a creerlo: “No habréis pasado por las ciudades de Israel, antes que esto suceda”: Mt 10,23): la llegada final del Mesías. Sobre esto corrían mil bulos, inquietantes siempre. Parece que el pasaje quiere sosegar el ánimo de los cristianos viniendo a decirles que se verá con claridad que se está en el momento final (se mantiene el asunto, pues, aunque son sosiego).
  • El texto aleja de Jesús alguno de esos bulos: 1) que sería un rebelde: en el desierto se fraguaban siempre las rebeldías; 2) que sería un clandestino que actúa en los sótanos (a los bulos siempre les ha gustado lo enigmático).
  • El texto dice que no vendrá un “Mesías” sino un “Hombre”. Es decir, lo que tenga que ser al final estará caracterizado por los calores de lo humano: el amor, la paz, la plenitud. Por lo tanto, nada de catastrofismo, sino paz y plenitud. Con esto se desactiva cualquier mesianismo raro.
  • Por eso, el dicho que nos ocupa puede ser una simple metáfora para indicar que se verán las cosas claras cuando llegue el caso. Pero es una metáfora negativa que no puede aplicarse a Jesús: él no será carroña que reúna a buitres, sino, como hemos dicho, bondad final, plenitud última en la forma que sea, sosiego definitivo para el caminar de la historia.

 

Derivaciones

 

  • ¿Habrá momento final?: a las religiones siempre les ha gustado este tema. Quizá ahora lo tenemos un poco más apagado porque nos hemos hecho menos crédulos. Pero todo esto que vemos, nosotros incluidos, ¿a dónde camina? La palabra y los teólogos han dicho con claridad que esto camina a la plenitud en Cristo. ¿Pero qué forma va a tomar esa plenitud? ¿Se puede pensar tal plenitud en los presupuestos que maneja la ciencia hoy? La ciencia dice que el universo se expande caóticamente hasta su apagamiento definitivo. ¿Puede entenderse ese apagamiento (todo ese itinerario colmado) como la plenitud de Jesús, como el día del Hombre? ¿No tiene sentido algo que se plenifica terminando? ¿Puede ser esto motivo de alegría más que de frustración?
  • Religión y mesianismos: esta ha sido también otra constante en la historia de las religiones. Lo sigue siendo ahora con una fuerza inusitada: las religiones tienen lugar preponderante en las opciones sociales y políticas, por más que los estados se digan laicos. Líderes políticos se amparan en las religiones, de uno y otro signo. Grandes masas de personas buscan en las religiones una orientación de vida que les sostenga, aunque a veces sean cosas pintorescas e incluso deshumanizadoras. La necesidad de mesianismos sigue vigente, la enorme necesidad de que alguien de fuera solucione lo que yo no sé solucionar. ¿Es posible vivir una fe sin mesianismos, a pelo? ¿Es de peor calidad una fe que no recurre a soluciones externas al camino humano? ¿Se empobrece la fe si se la priva de esos mesianismos que nos atraen?

 

 

 

 

 

8

«NO HE VENIDO A LLAMAR A JUSTOS,

SINO A PECADORES» (Mc 2,15-17)

 

         «Sucedió que, estando él recostado a la mesa en su casa, muchos recaudadores y descreídos se fueron reclinando a la mesa con Jesús y sus discípulos; de hecho, eran muchos y lo seguían. Los fariseos letrados, al ver que comía con los descreídos y recaudadores, decían a los discípulos: -¿Por qué come con los recaudadores y descreídos? Lo oyó Jesús y les dijo: -No tienen necesidad de médico los que son fuertes, sino los que se encuentran mal. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

 

Reflexión

 

  • El pasaje se inscribe en el primer período de la actividad de Jesús, cuando quiere dibujar las características de lo que él llama el reinado Dios. Una de ellas: la comunidad ha de abrirse a aquellos que la sociedad de la época excluye, a los pecadores sociales, los que tiene comportamientos u oficios que están mal vistos. Las religiones piensan que para acceder a Dios, cuanto más puro se sea, mejor. Jesús dice que se accede a Dios, al reino, acogiendo a los que no son puros, algo difícil de entender a quien siempre le han dicho lo contrario.
  • Solo una comunidad mezclada (discípulos y seguidores) podrá ser capaz de acoger a quien anda por los márgenes. Una comunidad elitista, o dominada por una élite (clero) tendrá muy difícil el integrar a los excluidos. Quizá hable a favor de ellos (no está mal), o les socorra con parte de sus medios (tampoco está mal). Pero incluir, es otra cosa. Ya lo decía González Faus: “todos por los pobres, muchos como los pobres, nadie con los pobres”.
  • Un planteamiento así solo será posible con una gran libertad. Dice el texto que estaba “recostado” a la mesa y que muchos “se fueron reclinando”. Era la posición pagana de comer, aquella que los identificaba como hombres libres. Sin libertad es difícil generar acogidas amplias. Si la acogida está supervisada por la norma, al final se termina acogiendo muy selectivamente.
  • La conducta de Jesús es considerada como impropia de un maestro: ¿qué va a enseñar alguien que se mezcla con la gentuza? Cuando en otras partes del evangelio se diga que Jesús habla “con autoridad” (Mc 1,27), a este tipo de experiencias se refiere: solo podrá hablar de acoger quien realmente y en la medida en que uno ha tenido experiencias de acogida.
  • Los que se siente fuertes se entiende como “justos”. Su fortaleza derivada de su poder les hace creerse acreedores al reino. Los que son considerados pecadores por los demás, en esa desconsideración se halla su pasaporte para el reino. El menosprecio habla de su valor. Esto es lo que tendrá que hacer visible la nueva comunidad de Jesús: acogiendo a pecadores te haces acreedor de ese menosprecio que lleva al reino. Lo paradójico de la situación habla de su verdad.

 

Derivaciones

 

  • Valorar bien la limitación de la comunidad cristiana: No se trata de valorar la comunidad de Jesús cargando las tintas sobre los fallos históricos de la Iglesia. Esos fallos han de ser valorados ecuánime y críticamente. Pero el anhelo no se sustenta en el fallo, sino en la posibilidad que se abre hoy a soñar con la comunidad de Jesús creyendo que hoy es un tiempo más propicio para ello. Por eso mismo, además de, como hemos dicho, ser críticos, habría que agradecer a la estructura eclesiástica lo bueno que ha aportado para que hoy entreveamos la posibilidad de dar un paso más próximo al sueño evangélico de «uno es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos». Paradójicamente, es la imperfección la que permite la evolución y no se deben interpretar los fracasos como catástrofes insuperables.
  • ¿Cuál ha de ser el lugar del pobre en la comunidad de Jesús?: es cierto que los pobres tienen cada vez más cabida en el discurso y en la solidaridad de la comunidad cristiana. En eso hemos avanzado notablemente, por más que haya que seguir en ello con intensidad. Pero quizá se sigue pensando y actuando como si eso fuera una consecuencia de la fe y no una parte esencial de la fe. Esto no es solo una cuestión mental, sino que tiene muchas consecuencias concretas. Las comunidades cristianas no se ha formulado aún la pregunta sobre las pobrezas. Los pobres siguen siendo algo fuera de la realidad del templo o propio del despacho de Cáritas. Estos tiene que abrirse camino en la misma comunidad parroquial; solo un sector conecta con su trabajo de manera importante. Hacer que las pobrezas hagan parte de la comunidad cristiana es una tarea de futuro.

 

 

9

«QUIEN TENGA OÍDOS PARA OÍR, QUE OIGA»

(Mc 4,3-9)

 

         «¡Escuchad! Una vez salió el sembrador a sembrar. Sucedió que, al sembrar, algo cayó junto al camino; llegaron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en el terreno rocoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida, pero cuando salió el sol se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra cayó entre las zarzas: brotaron las zarzas, la ahogaron, y no llegó a dar fruto. Otros granos cayeron en la tierra buena y, a medida que brotaban y crecían, fueron dando fruto, produciendo treinta por uno y sesenta por uno y ciento por uno. Y añadió: -¡Quien tenga oídos para oír, que oiga!».

 

Reflexión

 

  • El contexto es la conocida parábola del sembrador referida en los tres sinópticos. Es la parábola sobre el crecimiento del reino y su expansión por encima de dificultades. Son textos que quieren suscitar confianza (se les llama “parábolas de la gran confianza”). La comunidad cristiana siempre ha necesitado palabras que la animen porque el desaliento ronda el camino cristiano.
  • La parábola termina con ese reto que resulta un tanto enigmático. Si se reta a oír es algo que en el relato de la parábola no se quiere oír o, por lo menos, se tiene más dificultad. Ciertamente es agradable y animador saber que habrá una cosecha abundante, que el reino triunfará, que la fe se Jesús sobrevivirá espléndidamente (en una buena cosecha una espiga puede tener entre 40-50 granos, sesenta y cien es imposible). Lo que se corre el peligro de obviar es la frustración de la semilla con los pájaros, el terreno rocoso, las zarzas, que constituyen el grueso narrativo de la parábola. Es decir: la comunidad puede estar tentada de ignorar que el éxito del reino se construye en la zozobra de la historia, en el fracaso que, en algún modo, es el camino histórico. Los indudables éxitos que tuvo la misión primitiva cristiana no deben hacer perder la perspectiva: la plenificación de la historia es un trabajo de larguísimo alcance que pasará por miles de avatares, de fracasos, que será necesario ir asimilando.
  • Una cosa es oír y otra escuchar. Para oír el tema del éxito del reino hay que escuchar el del fracaso histórico. Hay que discernir mucho, hay que darle muchas vueltas, hay que hacer acopio de resiliencia para no hundirse en la tempestad que es la vida. Se necesita un ahondamiento reflexivo y orante para entender bien estos textos.

 

 

 

Derivaciones

 

  • El fracaso de la oferta cristiana: Hasta hace no mucho se había creído que el régimen de cristiandad era el éxito social de la religión cristiana. La secularidad nos está enseñando cuán equivocados estábamos. Cuando vemos en occidente la deserción de colectivos significativos como los intelectuales, los obreros, los jóvenes, etc., podemos percatarnos de fracaso que, socialmente, ha constituido para la fe el haberla entendido en los parámetros de un régimen de cristiandad. Ese fracaso se refleja en los fracasos de la oferta cristiana en esta sociedad nuestra que son: el Evangelio no ha frenado la desigualdad, los países cristianos ha manifestado claramente su cobardía ante la deuda externa, la Iglesia ha claudicado ante el neoliberalismo y la globalización, y se ha plegado a los dictados del imperio norteamericano y lo que significa. Pero todo ese cúmulo de desenfoques no ha logrado que decaiga el vigor del evangelio y la ilusión por la persona de Jesús. Se verifica en muchas comunidades cristianas, ocultas pero vigorosas, aquel poemilla de J.A.Valente: “Detrás de la biblioteca de la escuela/ aparecían en otoño flores amarillas/ cuyo nombre aún ignoro”. Una de esas flores sin nombre, amarillas, de otoño, pero flores al fin y al cabo que rebrotan sin parar es el sueño de Jesús, la utopía de su fraternidad universal. Ese es su éxito, más allá de toda ausencia.
  • El éxito cristiano un éxito en beneficio de otros: El aguijón venenoso que tiene el éxito entendido como éxito personal o nacional queda desactivado en el Evangelio. El suyo es un éxito para otros, para la plenitud de todos, singularmente para beneficio de los débiles. Jesús lo ha sentido con una enorme viveza: “Bendito seas, Padre, porque si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 10,25). Eso que se ha revelado a los sencillos no es ninguna realidad arcana, sino la elemental certeza de que el horizonte de la vida es la dicha de pertenecer a una sola familia y la verdad clara de que nadie puede quedar excluido, por nada del mundo, de esa fiesta común.

 

 

10

AL QUE TENGA SE LE DARÁ, Y AL QUE NO TENGA, AUN LO QUE TENGA, SE LE QUITARÁ (Mc 4,24-25)

 

         «¡Atención a lo que vais a escuchar! La medida que llenéis la llenarán para vosotros, y con creces, pues al que tenga se le dará, y al que no tenga, aun lo que tenga, se le quitará».

 

Reflexión

 

  • El contexto es el de la colección de parábolas. Por el aviso inicial se quiere llamar la atención no solamente sobre lo que se va a decir, sino sobre lo que dice el conjunto de parábolas: que se puede confiar en la promesa de Jesús de que caminamos hacia el horizonte del reino. Si no vamos a mejor, si las promesas de dicha y gozo de Jesús no se cumplen, estamos dando asentimiento a un programa que no funciona.
  • ¿A qué “medida” se refiere el texto? Según el contexto de la colección de parábolas, la medida es la confianza. Por eso se podría leer: si llenas de desconfianza la vida de los demás, la tuya será una vida en gran desconfianza. Por el contrario: si generas confianza en los demás, tu misma vida será más confiada y gozosa
  • El mismo criterio puede aplicarse a la paradójica frase siguiente: si tienes confianza, si produces confianza, se te dará confianza. Si no la produces ni la tienes, la confianza abandonará tu vida, tu corazón se ahogará en una vida pobre.
  • Puede parecer la frase algo amenazante, debido a esa pedagogía negativa que emplean los textos evangélicos. Pero podemos volverla en positivo: cuanta más confianza produzcas en tu vida, más confiado será el camino de tu vida, habrá en él menos temores, tus valores esenciales serán más guardados.  Cuanto más instales tu vida en la desconfianza, más deshilachada tu vida, más temerosa, menos fuerte aunque creas lo contrario.
  • ¿Es posible dar fe a estos planteamientos del evangelio? ¿No conectan con la vida real? Si es así: ¿qué significa, entonces, creer en Jesús? ¿Aceptar un conjunto de verdades que no son las que aparecen en el evangelio sino en la teología? Si torcemos el morro cuando se nos dicen cosas tan simples y tan verdaderas como estas, ¿dónde está asentada nuestra identidad cristiana?

 

Derivaciones

 

  • Construir la confianza: esta no es algo que se tenga sin más, es una construcción humana, algo que se elabora con esfuerzo, algo que produce situaciones de perplejidad y de dolor. ¿Cómo seguir confiando cuando se ha visto con los propios ojos el fallo, personal y ajeno? ¿Cómo mantener la fe en la confianza (más difícil que la fe en Dios) cuando se ha experimentado la traición y el engaño? ¿Cómo romper el caparazón de retraimiento cuando se cree que ser desconfiado es mejor garantía de supervivencia? ¿Cómo vivir en una confianza discernida, no a lo loco? Muchas preguntas se agolpan en este valor evangélico y humano de la confianza. Los que apreciamos a Jesús no deberíamos apearnos de él, por la simple razón de que él hizo de la confianza un puntal de su relación con los demás y con el Padre.
  • Vamos a mejor: muchas personas tienen argumentos para decir justo lo contrario. Pero muchos análisis dicen que, efectivamente vamos a mejor, en el campo de la educación, de la igualdad de género, del belicismo, de la sanidad, etc., por mucho que lo negativo sea enorme. Como esto es indemostrable científicamente y se trata de una apreciación espiritual, hay muchas personas, creyentes entre ellas, que aseverarán justo lo contrario: que la humanidad camina a su suicidio. Si se mantiene esa postura y se es cristiano, se tiene un problema: porque si la profecía del bien, que es la Jesús, camina al abismo, ¿para qué su evangelio? ¿para qué la práctica religiosa? ¿para qué la misma figura de Jesús? Tal vez el creyente sencillo habría de tomar como un apostolado el subrayar los aspectos bondadosos de su vida y de su entorno (no se preocupe por los negativos que tendrá muchos subrayantes). Quizá frecuentando el bien se filtre en nuestro corazón ese rayo de luz que dice que vamos a mejor. Esa luz estaba en el corazón del mismo Jesús.

 

 

11

«SI TU MANO TE PONE EN PELIGRO, CÓRTATELA»0

 (Mc 9,42-47)

 

«A quien escandalizare a uno de estos pequeños que me dan su adhesión, más le valdría que le encajaran en el cuello una rueda de molino y lo arrojasen al mar. En consecuencia, si te pone en peligro tu mano, córtatela; más te vale entrar manco en la vida que no ir con las dos manos al quemadero, al fuego inextinguible. Y si tu pie te pone en peligro, córtatelo; más te vale entrar en la vida cojo que no con los dos pies ser arrojado al quemadero. Y si tu ojo te pone en peligro, sácatelo; más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que no ser arrojado con los dos ojos al quemadero, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga (Is 66,24)».

 

 

 

Reflexión

 

  • El contexto de este extraño pasaje es claro: es la tercera de las catequesis de la enseñanza de Jesús a sus discípulos (esta enseñanza solo la trae Mc aunque los pasajes están disperdigados en otros lugares de los sinópticos). Los temas de esta catequesis no son religiosos, sino más bien sociales. Eso muestra que la pretensión del evangelio es modificar nuestra vida de cada día.
  • Todo parte del tema del escándalo. ¿A qué se refiere? Un “pequeño”, posiblemente haya que entender un “pagano”, un ajeno a la comunidad de seguidores, viene a ella harto del comportamiento inhumano de la sociedad pensando que en el grupo de creyentes las cosas serán distintas. Y al llegar, se encuentra con que también los cristianos manejan los criterios de los paganos. Y se “escandaliza”. Es algo tan fuerte que la hipérbole de la rueda de molino encajada en el cuello da una idea de la gravedad.
  • ¿Es posible pensar a la manera de Jesús, de forma alternativa, distinta? ¿Cómo hacerlo? El evangelio propone tres fuertes discernimientos. El primero “cortarse la mano”. La persona fabrica, crea, trabaja con las manos. Hay que discernir y reorientar los trabajos: si lo que trabajas construye humanidad, adelante; si no, hay que “cortarlo”, hay que reorientarlo.
  • El segundo gran discernimiento es “cortar el pie”: con los pies caminamos, hacemos las sendas de nuestra vida desvelamos nuestras intenciones. Hay que hacer un gran discernimiento sobre nuestras intenciones, nuestros planes, nuestros propósitos vitales, nuestras sendas. Si se orientan al corazón humano, vale; si no tienen corazón ni buscan el amor, sino el lucro egoísta, hay que “cortar” esos pies, hay que reorientar nuestros caminos.
  • El tercer gran discernimiento versa sobre el “sacarse el ojo”. En el ojo está la ambición (los “ojos insaciables” de 1 Jn 2,16), el afán de poseer sin límites, el tener más para dominar más. Por eso, hay que discernir sobre nuestras ambiciones: ¿ambicionamos el bien del otro o el propio, la ganancia común o la egoísta, el aumentar nuestro caudal o aumentar nuestra buena relación? Si fuera lo primero, habría que “sacarse el ojo”, reorientar esa tendencia a la apropiación desbocada.

 

Derivaciones

 

  • Una fe cristiana alternativa: una de las razones de la pérdida de significatividad en la vida cristiana es que, diciéndonos cristianos, en la mayoría de las cosas (quizá no en la práctica religiosa) somos como todo el mundo. De la política, del dinero, de las relaciones sociales, de los pobres, de las relaciones de género, etc., pensamos, más o menos, como todo el mundo. No tenemos un modo de pensar y de actuar que sea suficientemente alternativo. Quizá aquí radique una fuente de debilidad. Nuestra misma esperanza es como la de todo el mundo. No esperamos cosas distintas. En la medida en que esto fuera así, tendrían que encajarnos la rueda de molino esa. Pero, ¿se puede generar alternatividad? Sí que se puede poco a poco, en pequeñas cosas, en pasos sencillos, en tomas de postura distintas. Quizá todo sea comenzar, abrir brecha, hacer pequeñas prácticas que lleven a algo de más calado. De hecho, hay personas y grupos que tienen más marcado el componente alternativo. Luego se puede.
  • Necesitados de discernimiento: para saber qué es lo que más conviene hacer. Hay cauces de discernimiento personales (lectura, silencio, oración, consulta, etc.). Pero quizá los que más nos ayudan son los cauces comunes, sociales. El cauce del grupo comunitario: porque lo que se habla en común es lluvia que entra dentro ya que no se hace desde la imposición sino desde la oferta. El cauce de los grupos sociales es otro muy bueno. Estamos quizá troquelados para replegarnos en nuestra casa (Cada uno en su casa…). Pero los grupos sociales (políticos, laborales, culturales, etc.) son espacios muy buenos de discernimiento. Pertenecer a ellos puede ayudarnos mucho a saber qué es lo que hay que hacer cuando estamos delante de una encrucijada.

 

 

12

«MÁS FÁCIL ES QUE UN CAMELLO PASE POR EL OJO DE UNA AGUJA QUE NO QUE ENTRE UN RICO EN EL REINO DE DIOS» (Mc 10,23-25)

 

«Jesús, mirando [a los discípulos] en torno, dijo a sus discípulos: -¡Con qué dificultad van a entrar en el reino de Dios los que tienen el dinero! Los discípulos quedaron desconcertados ante estas palabras suyas. Jesús reaccionó diciéndoles de nuevo:-Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios para los que confían en las riquezas! Más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el reino de Dios».

 

Reflexión

 

  • El contexto es la última de las instrucciones de Mc sobre las riquezas (después del episodio del joven rico), algo a lo que le dedica mucho espacio (se ve que este era un tema estrella en la cabeza de Jesús, o de la primera comunidad). Estamos en culturas mucho menos monetaristas que la nuestra. Lo que quiere decir que ese tema sigue siendo prioritario hoy para la conformación de la fe.
  • La religión judía considera que los bienes son signo de la bendición de Dios. El dinero es una realidad bendita. Por eso, aspirar a tenerlo es algo espiritual (no ve la incongruencia de que los tiranos ricos serían los más benditos porque son los que más tienen). Para Jesús el dinero es “mamón de injusticia” (mamón es la riqueza divinizada). Por eso, lo más que se puede hacer con él es ganarse amigos siendo solidarios con generosidad (Lc 16,9). ¿De dónde le viene a Jesús tal aversión?
  • Si los discípulos se “desconciertan” es que ellos aspiraban a un estilo de reino de Dios donde el dinero estuviera presente. ¿Cómo llegaron a reelaborar esto? ¿Cómo llegaron a aprender que con el mensaje de Jesús no iban a acumular dinero sino que se trataba de entregarse a los demás? Un itinerario difícil, para ellos y para nosotros.
  • Al fondo de todo está el tema de la confianza: el reino exige una confianza plena en el Padre y en el corazón de la persona. Una confianza compartida (entre el reino y el dinero) ha de ser reelaborada para que sean las directrices del reino las que vayan marcando los caminos del dinero y no al revés.
  • Termina con esa frase exagerada del camello que no puede pasar por el ojo de la aguja. Algunos la han querido mitigar (una soga: kamel). Pero no hay que darle vueltas: significa la enorme imposibilidad de trabajar este tema (los mismos rabinos decían que es imposible que un elefante pase por el ojo de una aguja. Pues lo mismo). Hay un cierto desencanto, como si nos empeñáramos en algo imposible.

 

Derivaciones

 

  • Correcto tratamiento del dinero: de esto hemos hablado muchas veces. Pero estamos casi seguros que Jesús, que era tenaz en sus caminos, nos animaría a hablar una vez más. Lo primero es que sin dinero no se puede vivir. Toda persona debería tener el dinero suficiente para vivir con dignidad. Además, el dinero no es una realidad sucia cuando se gana con justicia y decencia: es el fruto del trabajo, algo muy digno. El problema empieza cuando acumulamos dinero. Una cierta acumulación también sería de recibo: aquella que nos permite hacer frente a gastos de vida o que nos asegura un amparo en momentos más difíciles. Pero si pasamos de eso tan normal entramos en el problema. Por ser algo tan personal, nadie se siente capacitado para meterse en ese asunto. Pero el evangelio sí se mete y viene a decir que, de alguna forma, esa realidad se ha de ver influenciada por la propuesta de Jesús que es generosidad, solidaridad y amparo para los frágiles. No estamos acostumbrados a esto. Quizá no queremos acostumbrarnos. Pero el evangelio sigue, terco, ahí.
  • Ingreso mínimo garantizado: es algo que está en la prensa y en la sociedad: la posibilidad de que el gobierno unifique el maremágnum de ayudas a la pobreza de las comunidades autónomas y que establezca una única renta mínima nacional para combatir la pobreza, otra manera de repartir el dinero de un país. Pues bien, en contra del criterio de Cáritas que está por ello, la Conferencia Episcopal, por boca de su secretario, dice que mientras dure la crisis del coronavirus, bien, pero “pensar en una permanencia de grupos amplios de ciudadanos que vivan de manera subsidiada no sería un horizonte a largo plazo para el bien común”. Nos quedamos atónitos. ¿Qué amparo van a tener las familias y personas más pobres del país? ¿No es justamente el mejor modo de gastar el dinero público el de ayudar a quien anda mal hasta que llegue, si llega, a andar bien? ¿Cómo compaginar una actitud así con el evangelio? Nos quedamos perplejos.

 

 

13

«MÁS LE VALDRÍA  A ESE HOMBRE NO HABER NACIDO»

(Mc 14,17-21)

 

         «Caída la tarde fue allá con los Doce. Mientras estaban reclinados a la mesa comiendo, dijo Jesús: -Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar, uno que está comiendo conmigo. Dejando ver su pesadumbre, le preguntaban uno tras otro: -¿Seré yo acaso? Repuso él: -Es uno de los Doce, uno que está mojando en la misma fuente que yo. Porque el Hombre se marcha, según está escrito acerca de él, pero ¡ay del hombre que va a entregar al Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido».

 

Reflexión

 

  • El contexto del relato es, evidentemente, la pasión. Está puesto en los inicios y se profetiza de ella (“el Hombre se marcha”). Es muy difícil saber cómo se construyeron los relatos de la pasión. Tomarlos tal cual, parece excesivo. Tienen que ser relatos reelaborados a base de recuerdos marcantes. Pero adornar los relatos es natural a la hora de contar. Por desgracia, no podemos saber hasta dónde llegó el “adorno” y todo son conjeturas, mejor o peor fundamentadas (o sin fundamento).
  • Es una escena en la mesa. Reclinados: como personas libres. Van a tratar un caso de máxima “opresión”. ¡Cómo los humanos somos capaces de sumar contrarios: sentado a la mesa quien le va a traicionar! El primitivo cristianismo nunca asimiló los hechos: que uno que estuvo en el grupo hasta el final fuera capaz de “señalar” a quien había que arrestar (porque eso es lo que hace según Mc 14,45). A partir de ahí, tanto en el NT, como en la historiografía posterior la imagen de Judas encarnó todos los males. ¿Qué hay de verdad en todo esto? Todo son conjeturas, por más que se intenten adornar. Lo más lacerante es que quien parece que le entregó o lo señaló fue “uno de los Doce” (14,10.43). Eso fue lo que Mc nunca entendió. Y luego, la rueda de la imaginación se puso a rodar.
  • Por eso, el interrogante pende sobre la frase final: “Más le valdría a ese hombre no haber nacido”. ¿Es de Jesús esa frase? ¿No lo es? ¿Qué quiere decir exactamente? Unos, más benignos, dicen que es un lamento de compasión en boca de Jesús; otros que no deja de ser una explícita condena. Y los hay incluso que hablan de la condenación eterna de Judas. Apreciaciones que se topan con el silencio o con el interrogante de qué papel jugó Judas en todo esto de la pasión.
  • Volvemos a decir que la pasión de Jesús fue un algo convulso, esperado en parte, y en otra gran parte que desbordó las previsiones de Jesús y, por supuesto, las de sus seguidores. Nunca sabremos por qué se le condenó al peor de los suplicios; nunca sabremos el desarrollo exacto de un proceso sumarísimo de unas pocas horas; nunca sabremos exactamente el tema del enterramiento; nunca conoceremos con exactitud la reacción de los discípulos y su dispersión; nunca sabremos cómo encajó esto su madre. Quizá el no saber todos estos aspectos esenciales nos lleve a la síntesis más elemental: murió por sus opciones, por sus ideales, por sus sueños.

 

Derivaciones

 

  • Elaborar traiciones: todos experimentamos en la vida una serie de traiciones. Todos somos protagonistas de ellas. Es la limitación en estado puro: ¿cómo un humano puede traicionar a otro humano? Es algo de difícil respuesta, pero ahí está. Tal vez sea más útil preguntarse si podemos reelaborar nuestras traiciones, si hay maneras de repararlas. Y sí que las hay, a base de reconocimiento, de perdón y de certeza de que una traición enmendada con buena intención puede abrir nuevos caminos a la relación y puede paliar el mordisco de los recuerdos. De cualquier manera, el romper los puentes quizá sea la peor manera de responder a una traición. Y desde el lado cristiano, mantenerse en la testarudez de no perdonar choca con la espiritualidad del evangelio. 
  • Judaísmo/sionismo: mucho se ha hablado de Judas y los judíos en la historia. Las más de las veces negativamente (todavía persisten resabios: los judas, judiadas, etc.). Desde el Vat.II (con el documento Nostra aetate) la relaciones entre cristianos y judíos son mejores que nunca en toda la historia. Pero ahí está el sionismo moderno, ese imperio impositivo de los judíos modernos aliados con EEUU que se saltan las leyes internacionales como quieren, que masacran al pueblo palestino, que ocupan territorios a placer, etc. Dicen los judíos de Israel que oponerse a esa barbarie es antisemitismo, odio a los judíos. No. Es oponerse a un modo de comportamiento avasallador que no tiene que ver con ser judío sino con ser sionista de una determinada manera, con ser un neoliberal opresor. Para el debate.

 

 

14

«DIOS MÍO, DIOS MÍO,

¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO? (Mc 15,33-34)

 

«Al llegar el mediodía la tierra entera quedó en tinieblas hasta media tarde. A media tarde clamó Jesús dando una gran voz: -¡Eloí, Eloí, lemá sabaktaní! (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) (Sal 22,2)».

 

Reflexión

 

  • El contexto del pasaje es, evidentemente, los relatos de la pasión. Ya dijimos que estamos en un terreno problemático porque, hoy por hoy, no podemos saber cómo fueron construidos tales textos y tomar así, tal cual, como cosa histórica objetiva lleva a muchas situaciones sin salida. Hay que aprender a leer el NT en la “oscuridad” que le acompaña.
  • Mt y Mc dicen que Jesús citó el primer versículo del salmo 22 cuando estaba en la cruz. Este salmo, largo, tiene dos partes: la primera es muy desgarrada y desesperada, pero la segunda se convierte en una oración de profunda confianza: “Comerán los desvalidos hasta saciarse y alabarán al Señor los que le buscan: ¡no perdáis nunca el ánimo!” (v.27). ¿Recitó Jesús solo la primera parte o también la segunda? ¿Estaba para recitar tan largo salmo? Preguntas sin respuesta.
  • Recitara este verso Jesús o lo pusieran los evangelistas, lo que ese está indicando es que la muerte de Jesús tuvo un alto componente de abandono: Jesús, en el tremendo sufrimiento del suplicio, cree que Dios le ha abandonado, que se ha vuelto de espaldas, que no mira su situación. Es un Jesús de fe herida, de fe tambaleante, casi a punto de caer. De cualquier manera, aunque él no lo supiera, su fe se mantenía viva, porque sus caminos habían sido caminos de fe.
  • Tal vez Jesús pensara que Dios lo había abandonado. Pero la certeza espiritual es la de que Dios nunca estuvo tan presente en la vida de Jesús como cuando estuvo en la cruz. No es obstáculo que él, hundido en el dolor, no lo viera así ni lo sintiera cerca. Pero Dios no sería padre abandonando a Jesús a su suerte. ¿Cómo estaba Dios presente? En las reacciones de su cuerpo, en el pequeño hilo de vida, en la penumbra del sufrimiento que no dura, en la mirada de las mujeres que estaban a distancia, en el desconcierto de los discípulos, en el amor que iba a suscitar su muerte en miles de generaciones posteriores, etc.
  • ¿Es el texto un “adorno” bíblico de los evangelistas? Puede que sí. Pero la realidad de abandono, expresada de esta manera o de otra, estaba ahí. Eso es lo que hay que captar: un Jesús que se siente profundamente abandonado, pero que en realidad no lo está. Eso es lo que es preciso creer porque eso es lo que nosotros podemos experimentar, de una manera u otra, en nuestra vida.

 

 

Derivaciones

 

  • Construir amparos: es algo que nos cuesta mucho porque el desamparo es materia dura de roer. La persona necesita, desde niño, múltiples amparos para poder sobrevivir, física y vitalmente. Por eso los buscamos. Por eso hemos de trabajar por construirlos y poder elaborar así nuestros muchos abandonos. Construir amparos es una manera hermosa de decir el sentido de la vida. La espiritualidad puede ayudarnos mucho a construir amparos personales siempre que no genere fugas de la realidad. Incluso puede animarnos a potenciar los amparos que podemos dar a los demás. Pero la gran fuente de amparos reside en el fondo del corazón, en la bondad básica, en ese lugar de bien que todos tenemos. Darle salida, hacerle caso, no bloquearlo por egoísmos o por prejuicios, es una tarea que nos puede aportar mucho sentido a nuestras vidas. Situarse en ese lugar de bondad esencial puede ser la mejor herramienta para construir amparos.
  • Acercarse como tarea espiritual: La soledad lleva emparejado el sentimiento de lejanía. Cuando uno siente a los demás lejos, se siente solo. Por eso mismo, acercarse, ponerse a tiro, aprender a estar ahí, puede ser una hermosa tarea espiritual. Dice Prov 27 que “más vale vecino cercano que hermano lejano”. Eso es la cercanía: la simple disposición a interesarse por el otro y a echarle una mano si fuera preciso. Lc 10,34 dice que el samaritano compasivo “se acercó” al caído. Fue lo primero que hizo y el desencadenante de toda una cadena de amparos posteriores. Acercarse demanda un corazón abierto que es capaz de mirar a un corazón necesitado. En esa “mirada entre corazones”, por raro que nos suene, es donde se juega la verdad de la relación humana y cristiana.

 

 

15

«EL QUE CREA Y SE BAUTICE, SE SALVARÁ;

EL QUE SE NIEGUE A CREER, SE CONDENARÁ» (Mc 16,16)

 

«Y añadió: -Id por el mundo entero proclamando la buena noticia a toda la humanidad.  El que crea y se bautice, se salvará; el que se niegue a creer, se condenará.  A los que crean, los acompañarán estas señales: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en la mano y, si beben algún veneno, no les hará daño; aplicarán las manos a los enfermos y quedarán sanos».

 

Reflexión

 

  • Los evangelios son “edificios literarios” a los que se le han añadido, en el decurso de los siglos, apéndices con una u otra intención. Eso ocurre en el evangelio de Mc: tiene nada menos que dos apéndices: uno corto (quefigura en pocos testimonios y por eso las ediciones lo ponen al final, como fuera del texto) y otro largo (vv.9-20). En este segundo se inscribe nuestro texto. Hay que decir que este apéndice es un sumario tardío. Probablemente del siglo II, fundado en las narraciones de los evangelios que añadió porque se echaban en falta texto de las apariciones y para la misión. Pero este añadido ha tenido mucha importancia para el tema bautismal y para la mística de la misión cristiana. Por eso merece la pena detenerse en él.
  • Notamos que la misión se presenta como algo ofertable a todo el mundo, a toda la humanidad. ¿Subyace la idea de que el ideal sería que toda la humanidad fuera cristiana? ¿Dónde queda aquello de la levadura en la masa (Lc 13,20-21)? ¿Se pretende que todo sea levadura? De ahí se ha derivado la misión como algo intrínseco al mensaje ¿lo es, de no ser la misión que se desprende de un estilo de vida? ¿Jesús ha hecho misión en plan religioso u oferta de vida en plan humanizador?
  • La pedagogía bautismal es discernible al menos. Se basa en dos aspectos: el bautismo necesario y la salvación como logro. Si no hay bautismo no hay salvación: pero eso puede llevar a cosificar el rito: quien es bautizado es cristiano, quien no está bautizado no es cristiano (ni casi hijo de Dios). El bautismo se convierte en un documento acreditativo, cuando, en realidad, es un estilo de vida. Y luego está la salvación como logro pleno de la fe, cuando el logro que demanda el evangelio es el de la sociedad nueva. Si a eso añadimos la pedagogía negativa que emplea el texto, casi mejor sería dejarlo de lado.
  • Quizá lo más positivo sea que, entre las señales de esa misión, se mantienen, mal que bien, las dos principales de los evangelios: expulsar demonios y curar a los enfermos. Es decir: reconstruir el corazón de la persona y trabajar por la salud integral del prójimo e, incluso, de la creación. Eso es lo que puede mantener a raya una misión de componente meramente religioso.

 

Derivaciones:

 

  • La misión peligrosa: la misión cristiana vivida en maneras hermosas, pocas, y cuestionables, bastantes, a lo largo de los siglos nos ha hecho ver los dos grandes peligros de la misión: mi fe es la verdadera, la tuya no; como es la verdadera, te la impongo como sea. Una verdad que no se propone, sino que se impone. Ese ha sido el peligro en el que se ha caído muchas veces y que ahora, hasta la misma iglesia oficial, trata de corregir. Pero las espiritualidades no se cambian como se cambia uno de camisa. Quedan resabios: la dificultad para el diálogo interreligioso, el sentimiento de persecución cuando los poderes públicos sitúan a las religiones en el marco de la ciudadanía, las exigencias de libertad religiosa donde se me persigue y la mirada torcida sobre la libertad que los modernos estados otorgan a otras religiones, la misión entendida como adoctrinamiento (10 millones para 13TV) y menos como trabajo social (6 millones para Cáritas), etc. Aún hay tareas a las que aplicarse.
  • Redescubrir el bautismo: nos lo dieron cuando no teníamos uso de razón y está en el baúl de los recuerdos. ¿Se podría recuperar? Será necesario abrir este baúl y airear algunas cosas: a) que el bautismo no es, propiamente hablando, lo que nos hace hijos de Dios (aún dice eso la teología del Vat.II). Lo que en realidad nos hace hijos de Dios es la creación (si no, ¿de quién son hijos los no bautizados?); b) la idea de que nacemos con pecado, cuando en realidad nacemos con bendición (aunque el pecado nos acompañe en nuestra vida); c) la idea de que “imprime carácter” y no se borra porque es cierto que no se recibe más que una vez (no tiene sentido estar entrando en la Iglesia muchas veces), pero se borra con el comportamiento: no vives como Jesús, no vives como bautizado (por eso quienes apostatan quieren que su nombre se borre del libro de bautismos, pero el bautismo se borra con el comportamiento insolidario).

 

 

16

«FORCEJEAD PARA ABRIROS PASO

POR LA PUERTA ESTRECHA» (Lc 13,23-24)

 

         «Camino de la ciudad de Jerusalén enseñaba en los pueblos y aldeas que iba atravesando. Uno le preguntó: - Señor, ¿son pocos los que se salvan? Jesús les dio esta respuesta: -Forcejead para abriros paso por la puerta estrecha, porque os digo que muchos van a intentar entrar y no podrán».

 

 

 

Reflexión

 

  • El contexto viene dado por el mismo pasaje: es en el viaje último de Jesús a Jerusalén. Ahí se hace más densa la enseñanza de Jesús sobre los valores profundos del reino. Aprender el reino no es aprender una doctrina. Es aprender un modo de vida y empezar a vivirlo, siquiera tímidamente. Por eso mismo no son aprendizajes fáciles. No hay que desanimarse.
  • La eterna pregunta de las religiones es cómo salvarse, cómo ir al cielo, etc. No parece ser una pregunta viva para el evangelio. A este le interesa más cómo amar con una generosidad capaz de ir transformando la sociedad. Al preguntar si serán “pocos” se está indicando que la salvación que maneja quien hace la pregunta es elitista. Da por evidente o por hipótesis que van a ser pocos.
  • ¿A qué se refiere la metáfora de la puerta estrecha? No resulta fácil saberlo. Yendo a Jerusalén quizá se pueda pensar en los dos portillones sin nombre que estaban a los lados de la puerta llamada de Nicanor (rico judío que pagó una puerta hermosa), cerca del lugar donde los leprosos curados eran rehabilitados.  Puerta cercana a las pobrezas. Quizá la puerta estrecha tenga que ver con el socorro, la compasión y la piedad, con los valores evangélicos.
  • Cuando se habla de “forcejear”, quizá se esté ironizando, pues por los portillones de Nicanor no había mucha afluencia y menos cerca de los leprosos curados. El seguidor ha de empeñarse en un camino que no recibe el consenso mayoritario. Los valores del evangelio demandan un forcejeo, un indudable empeño.

 

Derivaciones

 

  • ¿Salvación o sociedad nueva?: ya hemos aludido a esto en otras ocasiones. Las religiones han considerado como un éxito llegar a la salvación (“Para salvarte” del P. Loring, un millón y medio de ejemplares vendidos, reza en su portada). ¿Es esta la prioridad de los evangelios? Claramente no: la prioridad es el reino de Dios, la sociedad nueva, la fraternidad humana y cósmica, las nuevas relaciones económicas. Por eso es razonable preguntarse si una fe evangélica habría de desplazar de su imaginario (aunque nos cueste aún) el tema de la salvación y situar en su centro la colaboración por el logro de una sociedad nueva. Este cambio nos llevaría a una fe más anclada en los valores de la persona, más social y no menos espiritual. Todos los elementos de la espiritualidad (idea de Dios, oración, Palabra, doctrina incluso) quedarían resituados y potenciados. Y ello porque sería caminar en la dirección del sueño de Jesús, la humanidad nueva.
  • La fuerza de lo humilde: contagiados por la sociedad, pensamos que la transformación social solamente se podrá hacer por las grandes medidas políticas y económicas. De ahí que no se valore la fuerza que hay en los pequeños, en los humildes, en quienes no cuentan en los grandes parámetros sociales. El evangelio tiene otra manera de ver las cosas: cree que en los valores humildes (la compasión, la piedad, el servicio, el amor) anida una fuerza transformadora capaz de ir llevando a la sociedad a un mundo distinto. No se arredra por el menosprecio que sufren tales valores. Tiene fe en ellos porque esa ha sido justamente la fe que tenía el mismo Jesús. Para convencerse de ello quizá haya que mirar muchas veces al Jesús sencillo de los evangelios (mucha oración) y mirar también mucho a los sencillos de este mundo para ir aprendido la lección que nos dan en sus extraños modos de supervivencia, solidaridad y anhelo de justicia. Creer en la fuerza de los pequeños es mucho más difícil que creer en Dios. Pero esa fe es la que demandan los valores del evangelio.

 

17

«QUIEN COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE,

TIENE VIDA DEFINITIVA» (Jn 6,54)

 

         «Los judíos aquellos discutían acaloradamente unos con otros diciendo: -¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Les dijo Jesús: -Pues sí, os lo aseguro: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida definitiva y yo lo resucitaré el último día, porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Quien come mi carne y bebe mi sangre sigue conmigo y yo con él; como a mí me envió el Padre que vive y, así, yo vivo por el Padre, también aquel que me come vivirá por mí».

 

Reflexión

 

  • El texto pertenece al largo discurso del cap.6 de san Juan donde se dice cuál es el ser de Jesús, qué sentido ha tenido su vida, para qué han valido su participación en la existencia. El evangelista dice: Jesús es el pan para la historia, el alimento del que se nutre la vida, el combustible por el que funciona la existencia. Por eso dirá luego que comer de ese pan hace vivir.
  • No se está hablando de antropofagia (comer carne) o de vampirismo (beber sangre), sino de una honda identificación con Jesús. Por eso emplea el verbo “devorar”, para indicar más gráficamente la honda identidad con lo que se come. Hay que abandonar la idea de que comulgando comemos a Jesús y sustituirla por una metáfora de profunda identificación: comulgando te comprometes a identificarte cada vez más con los valores que han sustentado la vida de Jesús.
  • Quien hace eso va entrando en la vida definitiva que no es la vida del cielo, sino la vida de este ahora nuestro leído y vivido desde la perspectiva de Jesús. Podemos ir viviendo en modos definitivos viviendo ahora, cuanto podamos, con los valores de Jesús. Esto es comer su “carne”, identificarse con sus modos históricos. La plenitud del “ultimo día” confirma la orientación del camino histórico de ahora.
  • Nosotros creemos que de alguna manera los valores del evangelio son los que verdaderamente mueven el mundo: el amor, la entrega, la interdependencia, el cuidado, la compasión. Esos valores son vida para el mundo. Esos valores son el “pan” que es Jesús.

 

Derivaciones

 

  • Recuperar la eucaristía: El pueblo cristiano ha entendido a lo largo de los siglos que sin eucaristía no podía haber vida cristiana ni seguimiento de Jesús. Por ello, este sacramento ha sido muy “usado”. Y, como todo lo que se usa mucho, ha caído con frecuencia en la rutina y la manipulación.  A ello hay que añadir que lo que ha calado en gran parte del pueblo cristiano es la “obligación” dominical de la eucaristía. No ha calado tanto la necesidad, cuando es ésta la que motiva la práctica eucarística. Esto pervive todavía. De todo esto se deriva la necesidad obvia de recuperar cada día este sacramento para que no se “pervierta”, para que no se lo coma la rutina o no lo envolvamos en mera piedad y quede esbafado el recuerdo vivo (memorial) de la cena del Señor. Estamos en una época eclesial inmejorable para trabajar y vivir la eucaristía. Contamos con ayudas de todo tipo y la renovación que inició el Vat.II se mantiene viva. Hay que seguir trabajando con ilusión.
  • El corazón de la eucaristía: la justicia: cuanto más vueltas le damos, más claro se ve que el meollo de la eucaristía es la justicia. Sin ella no hay eucaristía (ya lo dijo J. M. Castillo hace muchos años). Por eso la justicia ha de estar presente en la celebración, en la intención y en el compromiso. Habría de sonarnos mal una celebración donde la palabra “pobres” no aparezca; no es la celebración que dimana del evangelio (es la gran crítica al misal de la que habla Santiago Agrelo). Una eucaristía que no nos interroga, en paz pero insistentemente, sobre las situaciones pobreza, no es la eucaristía del evangelio. Celebrar constantemente la eucaristía sin experimentar que el mundo de las pobrezas me es más cercano, no es la eucaristía evangélica. Por eso “comer la carne de Jesús”, identificarse con él, es un trabajo hermoso pero exigente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] La idea para este curso nos la ha dado el libro de Domingo Montero, Palabras «escandalosas» de Jesús, ed. CCS, Madrid 2011, aunque nuestra propuesta es diversa.