CVMc

Domingo,  25 de setiembre de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

28. Mc 4,24-25

 

Una reflexión inicial:

 

            La sabiduría popular dice que “a la hora de dar, hasta las campanas tiemblan”. Hace referencia al “temblor” que nos ataca cuando damos algo, porque creemos que, al dar, yo pierdo y los otros ganan. ¿Habría alguna manera de entender y practicar la certeza de que, si me doy a los demás, yo también gano algo bueno (o quizá mucho)?

                Hay quien dice que esto es imposible dado el presupuesto del que parten: yo antes que nadie. ¿Y si se partiera de otro presupuesto: nosotros a la vez, sin postergar a nadie? ¿Si se partiera de que cuando el colectivo gana todos ganan y que cuando gana uno solo de alguna manera los demás pierden, incluido quien cree que gana?

                Estas utopías antropológicas hacen sonreír a cualquiera que tenga sentido común, pero ¿funcionan o no funcionan? ¿Hay ejemplos de ello o no los hay? ¿No se asienta en este tipo de certezas el bienestar de la familia, e incluso el de la sociedad? ¿No es mejor una sociedad donde el colectivo gane? ¿No tiene mejor salud un pueblo donde no se dé una lucha encarnizada entre quienes quieren ganar ellos solos y los que se ven abocados a perder siempre?

                Hay que decirse una y mil veces: si los demás ganan, yo también gano. Las buenas certezas demandan miles de estímulos. Por eso hay que estar machacando siempre sobre el mismo clavo.

 

El texto:

 

24Y siguió diciéndoles: -¡Atención a lo que vais a escuchar! La medida que llenéis la llenarán para vosotros, y con creces, 25pues al que produce se le dará, pero al que no produce le quitarán hasta lo que había recibido.

  • Este texto es un enseñanza a los discípulos, en la intimidad, palabras dichas al corazón, más que a la cabeza.
  • Es cierto que la formulación no es pedagógicamente de nuestro gusto porque utiliza la “amenaza” para animar. Pero se le puede dar la vuelta: una medida generosa genera más generosidad. Os conviene ser generosos: siempre se gana.
  • Se produce bien cuando se produce para todos. Si se produce para unos pocos, el egoísmo roe las relaciones humanas y estas se quiebran. Producir para otros, es producir para todos.
  • Apropiarse e aquello que se produce, guardarlo con celo egoísta, mirarlo únicamente desde el propio lado es darle el peor de los horizontes. La vida lo confirma en no poca ocasiones.

 

Para pensar u orar:

 

  1. 1.       ¿Conforme pasan los años eres más generoso/a o más tacaño/a?
  2. 2.       ¿Te alegra ver que los colectivos débiles progresan algo?
  3. 3.       ¿Cómo hacer una ciudad más generosa?

 

Un valor: Creer en el valor de lo gratuito

 

Hay personas que creen y dicen que lo gratuito no es valorado y, por ello, todo ha de tener un precio. No creen que el valor de lo gratuito es, precisamente, la gratuidad. Ese sí que es un valor de primera magnitud.

  • Lo gratuito tiene valor porque procede del corazón. Y todo lo que brota de esa fuente no puede ser sino algo positivo.
  • Lo gratuito tiene valor porque apunta al bienestar amplio de la persona y no solamente a la parcela de lo económico que, aunque necesaria, no lo es todo.
  • Lo gratuito tiene valor porque une corazones, crea redes de amor, teje vidas y situaciones. Sobre ese tejido de vida se forjan los caminos de las personas.
  • Lo gratuito tiene valor cuando es gratuito hasta el fondo, cuando no crea dependencias, cuando no exige contraprestaciones ocultas, cuando no tiraniza ni ata a nadie.
  • Lo gratuito tiene valor porque, para los creyentes, ayuda a entender la gratuidad de un Dios que no exige nada a cambio, ni siquiera que seamos más buenos, sino que se da a todos para hacer brotar así la bondad que él mismo ha sembrado en todo corazón.

 

Una foto:

 

Las últimas olimpiadas nos dejaron gestos de auténtica generosidad. Uno de los más celebrados ha sido el de Meghan Vogel, alumna de la West Liberty-Salem de Ohio (EE UU) que no dudó en colocar su brazo sobre el hombro de su rival y la cargó hasta la meta. Era en la carrera de 3200 m. Los jueces decidieron no penalizar a las dos corredoras por lo generoso del acto. El gesto provocó un aplauso espontáneo del público. Son gestos de gratuidad que encuentran eco en el corazón de las personas. Prueba evidente de que ahí se encierra un valor social.

 

Un poema:

 

A cambio de mi vida nada acepto.

¿Qué se puede ofrecer que valga más

que el calor de la llama, que la espiga

convocada a ser grano, que la noche

que dentro ya contiene el joven día?

 

Escucho mis pisadas sobre el suelo.

A lo lejos, alguien también las oye.

Tañido lastimero de campanas

en su oído. Eco de brasas tiernas

en el mío, que todavía es temprano

y en el cuerpo palpita el pulso errante.

 

Me pongo por testigo en esta hora,

cuando la lluvia lava más que riega

y los libros liberan más que nutren.

 

¿A qué esperáis? Encended los caminos,

que empapen bien los ojos. Recorredlos

mientras haya una lumbre en los pulmones,

mientras un niño aguarde su ocasión

de convertirse en hombre, mientras verbos

de orígenes distantes desemboquen

en una voz unida, mientras reinen

las noches que nos prenden, abrazad

el destello arcilloso de la tierra

que es nuestro hogar común,

el verdadero. 

 

Raquel Lanseros

 

 

Con esta hojita comenzamos el Curso 2016-2017. La utilizaremos en nuestra convivencia del 25-9-2016.