CVMc

Domingo, 10 de abril de 2016

 

 

VIDA Y EVANGELIO:

UN MISMO CAMINO

Plan de oración con el Evangelio de Marcos

 

21. Mc 3,22-30

 

Una reflexión inicial:

 

            Sumar siempre es positivo; dividir es negativo. Todo aquello que en la vida nos lleva a sumar produce frutos positivos. Por eso, no hay que temer a las sumas; habrá que temer a las divisiones.

                A veces tenemos reticencias para sumar porque creemos que eso arrebata nuestra peculiaridad, porque nos parece que perdemos nuestros lugares conocidos y queridos. Pero sumar siempre será positivo y en modo alguno nos hará perder nada bueno que hayamos adquirido.

                Por otra parte, llegamos a creer en nuestro desvarío, que alejarnos, apartarnos, excluir, dividir puede reportarnos un plus de identidad. Es un error garrafal, porque dividir debilita, excluir empequeñece, alejarse mina los valores más hermosos. Cuando algo entre los humanos parte de una división, generalmente se cosechan lágrimas y fracaso.

                De ahí que el camino de la entrega, de la generosidad, de la comunión, de la donación es la senda buena que construye lo humano., Mientras que el sendero del aislamiento, de la defensa a ultranza de lo que me diferencia no suele traer casi ningún fruto positivo. En aprender esto radica no poco de la dicha que pueden aportar los caminos humanos.

                Los caminos que suman son caminos de futuro; los que dividen, miran al pasado y llevan a la grisura de lo que no tiene futuro.

 

El texto

Unos letrados de Jerusalén decían: -Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios. El los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones: -¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir.  Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. 

            En los Evangelios, los demonios son lo que podríamos llamar las “ideologías opresoras”, esa manera de ser que llevamos todos dentro de querer imponernos a los demás, de pretender tener siempre razón, de situarnos por encima del otro, de medrar a costa de los demás. Esto, llevado al extremo es una fuerza “demoníaca”. Nadie está libre de eso.

                El Evangelio quiere transformar esa fuerza destructora en modos de servicio y de fraternidad. Esa es su gran pretensión.

  • Jesús no puede estar en connivencia con esas actitudes porque su vida va en otra dirección. La evidencia de que un reino dividido se arruina dibuja la actitud de Jesús: él quiere arruinar al “endemoniamento” de la persona porque trabaja por lo contrario, por la construcción de lo humano.
  • Quererse imponer al otro es dividir la familia humana, sembrar la discordia entre quienes deberían respetarse y amarse. Jesús pretende unir a los humanos en el amparo de una sola familia. Su obra es “anti-demoníaca”.
  • Poner palos en las ruedas de quienes quieren construir lo humano y quitar poder al “Satán” que la persona lleva dentro es una “blasfemia” imperdonable mientras no se salga de tal actitud. O de otro modo: permanecer en la actitud de medrar a costa del otro es situarse en el lado del “Satán”. Mientras no se salga de ahí, no habrá nada que hacer.

 

Para pensar un momento:

 

  1. ¿Me refirmo a costa de los demás?
  2. ¿Quiero imponerme siempre?
  3. ¿Robo el corazón a las personas?

 

Un valor: El pacto

 

            Lo estamos viendo en estos últimos meses: el país necesita un pacto pero no hay manera de alumbrarlo. Hacer un pacto significa estar dispuesto realmente a negociar, a perder, a ceder, para poder ganar aquello que se considera suficiente. El pacto es el rostro visible del afán de sumar que anida en la persona. Para llegar a pactos cotidianos se requiere:

  • Interés por la otra persona y sus situaciones. Que el otro entre en el propio horizonte.
  • Ver en la otra parte valores que, aunque no sean los míos, tienen interés para otros.
  • Percibir el deseo de construir juntos un camino y no excluir por razones ideológica u otras.
  • Entender que hay marcos de mayor importancia que los propios a los que merece la pena entregar una parte de la razón que uno cree tener.
  • Valorar las propuestas del otro al menos como posible camino de encuentro.
  • Estar deseosos de un lugar de confluencia porque se considera que la confluencia aporta más que la diferencia.

Lo que ocurre en política ocurre en la vida diaria: el logro de pactos desvela la calidad del interior de la persona, no solamente su astucia para ganar. Por eso decimos que el pacto nos humaniza.

 

Una foto:

 

                Este es el director de cine  Fernando León de Aranoa que en la última gala de los premios Goya dijo que las películas no compiten entre ellas y los actores tampoco, nosotros sumamos”. Es de un gran acierto enfocar una fiesta del cine no como una competición, sino como una suma de aportaciones de diversas maneras de ver el arte y la sociedad. Esto hace que todos puedan contribuir a la hermosura de la creatividad artística. Un ejemplo a seguir para quienes, como los cristianos, queremos asentar la vida sobre la fraternidad, misterio de suma, más que ámbito de individualidades.

 

Un pensamiento

 

”El Bien acaba siempre por perder: es su manera de ganar”.

 

(Ch.Bobin)