Curso de Teología para sacerdotes

Pamplona, 27 de mayo de 2015

 

 

EVANGELIZADORES CON ESPÍRITU

Una lectura valorativa y crítica del capítulo V de la

Evangelii Gaudium

 

Introducción

 

            Dicho de manera simple, la EG se asienta sobre dos grandes convicciones que subyacen a todo el documento:

a)      No puede haber evangelización sin encuentro con Jesús. Para la EG es fundamental. Si no existe este encuentro podrá haber doctrina, catequesis, pensamiento, cultura religiosa. Pero no habrá verdadera evangelización. En este mismo cap.5 se alude a esto: “El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que trasmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie” (266). Puede parecer algo obvio, pero hay que decir que el Papa sitúa esto en la mística, en los dinamismos de lo cristiano y por ello en los de la evangelización. La secuencia de va completando: imitación de Cristo-seguimiento de Cristo-encuentro con Cristo-vuelta a él. Este último punto no está formulado así de claramente (porque eso supondría aceptar que nos hemos “alejado” de él; es pedir demasiado), pero se atisba algo de esto.

b)      Una segunda convicción, por elemental que parezca, es: no puede haber evangelización sin alegría. Todo este tema de la alegría es mucho más que una mera actitud emocional superficial. Es un talante que apunta a lo profundo de las actitudes personales y creyentes. Es un dinamismo estructural. En formas muy gráficas (cara de funeral, cara de cuaresma…) se dice que la evangelización que no integra el desaliento no tendrá futuro: “No es lo mismo cuando uno, por cansancio, baja momentáneamente los brazos que cuando los baja definitivamente dominado por un descontento crónico, por una acedia que le seca el alma” (277). Se habla, pues, de una alegría de profundidad, “inarrebatable” (Jn 16,22; EG 5).

Por otra parte, se intuye en la EF una actitud evangelizadora que se sitúa en un modo muy específico, si consideramos las tres maneras básicas de hacer evangelización que podrían ser contempladas:

1)      Hacer misión con los que vienen a nosotros: La mayor parte de las parroquias, grupos y personas evangelizadoras se sitúan, básicamente, en este primer modo. Se trabaja con las personas que vienen a nosotros. Con ellas se hace la obra evangelizadora que mejor se sabe hacer. Pero el hecho secular hace que los que vienen son una franca minoría ya que, aunque en España todavía un 75% (34,7 millones) y el de bautizados, aunque ha descendido, se sigue manteniendo (estamos en el 92%), e incluso haya aumentado la práctica dominical un 23,9% ¿por el “efecto Francisco”?, el hecho que solamente el 13,3% de los creyentes participan en la eucaristía semanal. Basta ver cómo es la asistencia de la mayoría de nuestras sencillas eucaristías parroquiales. Pero ahí es donde los evangelizadores echan el resto e invierten lo mejor de personas y de medios. Lo que ocurre con el 87% de la ciudadanía que llamamos “alejados” queda fuera de los anhelos evangelizadores. No hay cauces para una conexión que pueda apuntar a otro tipo de misión.

2)      Habría otra forma de hacer misión: ir a los areópagos sociales para ofrecer la alternativa del Evangelio. El Papa Francisco quiere situar la evangelización en este otro ámbito. Por eso, en la EG habla sin cansarse de “salir” (nºs 20-24; 261). Él está convencido de que los valores evangélicos son ofertables, que pueden enganchar con la profundidad de la persona y de la sociedad. “Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo. Es la verdad que no pasa de moda porque es capaz de penetrar allí donde nada más puede llegar. Nuestra tristeza infinita solo se cura con un infinito amor” (265). No se menciona nada de cómo salir, con qué herramientas, apuntando a qué objetivos, con qué dialéctica. A veces se habla en maneras generales de “ser pueblo” (como lo veremos a partir del nº 268), pero no hay mecanismos concretos para salir de la “burbuja” de quienes vienen a nosotros. El mero planteamiento es valioso y hasta encomiable. Pero nos tememos (el mismo Papa se lo teme: nº 201) que este buen deseo no sea suficiente para ello. Quizá el apartado 2º del cap.4º (La inclusión social de los pobres) sea el más lúcido para indicar actuaciones concretas en el plano social que es donde se juega la conexión con el mundo, imprescindible para que la oferta pueda ser aceptada. En este sentido, consideramos que es un gran avance y, ciertamente, una propuesta válida para ir cambiando el modelo de evangelización imperante.

3)      Pero hay una tercera manera posible de enfocar la evangelización: ir a la sociedad para aprender de ella. La vieja teoría de los “aprendizajes sociales” de A. Bandura, aún vigente, puede ser de gran utilidad. Gran parte de la conducta humana se elabora por el aprendizaje social que, mediante la observación, por la retención y elaboración de imaginarios, lleva a conductas determinadas. En este sentido la sociedad es maestra decisiva para la persona. ¿Podría ser entendida la sociedad como un lugar de aprendizaje para las opciones creyentes? ¿No está enseñando la sociedad muchas cosas, valores, posiciones, demandas, que conectan con los anhelos del Evangelio? Desde ahí: ¿no podría entenderse la misión como un “ir para aprender”? En la medida en que se ha aprendido, ¿no podrían ser los valores evangélicos una reafirmación y contribución a los mejores sueños sociales? Este es terreno aun casi por explorar pero, a nada que se piense, está ahí.

Quizá estas tres posiciones puedan coincidir. Dada la realidad secular en la que nos estamos moviendo parece que un itinerario en la dirección esbozada, de la primera posición a la tercera, podría ser útil. Como hemos indicado, el Papa Francisco se sitúa idealmente en la segunda, aunque el peso de la primera es evidente y, viniendo de él, parte y se sitúa espiritualmente en él. Para pasar a la segunda de manera decisiva habría que hacer grandes transformaciones personales y estructurales.  Muchas más para imaginar la tercera como una posibilidad real.

Desde estos planteamientos iniciales queremos hacer una lectura valorativa y crítica. Valorativa pues, tanto en la forma como en el fondo, este documento contiene, así lo creemos, muchas cosas positivas. Aunque el lenguaje oscila entre el formato eclesiástico de siempre y la novedad que sugiere otro modo expresivo, creemos que prima una indudable novedad. Algo parecido ocurre en cuanto al fondo: frente a planteamientos que suenan a nuevo (por ejemplo el nº 278 sobre el tema “creer al Evangelio”), en otros creemos que resuena la espiritualidad de siempre (toda la mariología del final: nºs 285 y ss). Cuando ponemos la “novedad” como eje de discernimiento estamos queriendo decir que si un planteamiento no suena con una cierta capacidad de sugerencia, ¿cómo se va a convertir en una certeza para la evangelización? Viniendo de donde viene (jesuita, eclesiástico de edad avanzada, desde hace muchos años en el aparato eclesiástico, etc…) es encomiable el afán explícito por “tirar del carro”. Pero tampoco se le puede pedir más de lo que puede dar, dicho sea con todos los respetos y agradecimientos. Vayamos pues a esa lectura valorativa y crítica.

 

  1. 1.      Introducción (nºs 259-261)

 

Aunque mucho del vocabulario de estos números suena a una espiritualidad ya conocida a la que no sabemos darle base (¿Qué quiere decir en concreto eso que “evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo”? ¿Quién teme la acción del Espíritu Santo? ¿Qué es esa acción? ¿Qué es esa parte de la “metáfora trinitaria”?), creemos ver en el nº 261 algo muy interesante: nos parece intuir que el Papa habla de que la evangelización (y la misma vida cristiana) ha de tener una cierta mística: “Cuando se dice que algo tiene ‘espíritu’ esto suele indicar unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria”. Es decir, la evangelización necesita una mística, algo que se sitúa en otro terreno que el de las meras ideas, la simple ideología, la estructura mental. Ha de tener vida, pasión, anhelo, sueño, utopía, todos los dinamismos propios de lo vivo. Si no, se transmitirá ideología, pero no vida.

 

  1. 2.      Las motivaciones para un cierto impulso misionero (nºs 262-283)

 

  • En todo este apartado nos parece interesante percibir que la evangelización (la misma vida cristiana) tiene un componente místico y otro político (según la definición de seguimiento de Jesús de J. B. Metz). Y aunque se sigue poniendo el acento en el acrecentamiento del componente místico como se ha hecho siempre (con las formas tradicionales de siempre, incluida la adoración eucarística), y aunque se mencionen los “riesgos” de las prácticas religiosas, se esboza (sobre todo en los números del “El gusto espiritual de ser pueblo”: 268-274) la importancia insustituible del componente político.
  • También es sugerente el tema de la resistencia activa en un presente en que vivir la fe no es ni más fácil ni más difícil que en otras épocas, sino algo distinto (263).

 

El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva

 

  • El nº 264 habla de que Jesús tiene que “volver a cautivar” al evangelizador. Es cierto que lo hace en propuestas harto religiosas (“estar frente a un crucifijo”, etc.). Pero en este cautivar queremos leer nosotros el famoso volver a Jesús de Pagola y tantos otros: reconducir la lejanía a la que nos ha llevado el mecanismo religioso y acercarnos lo más posible al Jesús del Evangelio en sus planteamientos más elementales y directos (Recordar la frase atribuida a Rhaner: “Si Jesús volviera, habría que explicarle todo). Lo básico del Evangelio es lo que coincide con “las necesidades más profundas de las personas” (265). Plantear esta vuelta a Jesús en modos vivenciales es un valor si no deriva en una mística de meros sentimientos piadosos. “El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo von él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que trasmite, le falta fuerza y pasión” (266).

 

El gusto espiritual por ser pueblo

 

  • Por un lado resulta interesante que esto de “ser pueblo” haga parte de las “motivaciones” para el impulso misionero. Por otro lado el que esto se diga que es la Palabra la que “nos invita a reconocer que somos pueblo” le quita fuerza al simple argumento de que por trayectoria humana, porque somos humanos, somos pueblo (268). La Palabra es argumento que se suma, pero sobre la simple base de lo histórico. Además, persiste ese viejo esquema de pueblo-sacado del pueblo-vuelto al pueblo (“nos toma de en medio del pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esa pertenencia”). “Deseamos integrarnos a fondo en la sociedad” (269). ¿Es que hemos sido sacados de ella? A nuestro modo de ver, le falta pathos social a esta clase de pensamiento. Es cierto que apunta a la evidencia del distanciamiento clerical (“Mantenernos a distancia del nudo de la tormenta”: 270). Pero, como decimos, algo falla aquí a nivel de pensamiento.
  • A veces, suena más nítido el anhelo del Papa en este punto: “Queda claro que Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo. Ésta no es la opinión de un Papa ni una opción pastoral entre otras posibles; son indicaciones de la Palabra de Dios tan claras, directas y contundentes que no necesitan interpretaciones que les quiten fuerza interpelante. Vivámoslas «sine glossa», sin comentarios” (271). Poner tanto énfasis es reconocer la lejanía de la acción evangelizadora del vocabulario, de los intereses reales, de la problemática cruda, de las angustias-esperanzas de la ciudadanía (término que no aparece en el texto).
  • El nº 273 evidencia la idea de misión que el Papa anhela y que se corresponde con la segunda propuesta que señalábamos en la introducción: ir a…para ofrecer: “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar”. Este planteamiento arriesga mucho: desclase, conciencia de superioridad, autorreferencialidad (cosa que tanto cuestiona el Papa (nº 8), etc. ¿No habría posibilidad de plantear el tema desde otra perspectiva? Ser misión para acoger todas las luces que brotan de lo humano, para saberse bendito por las personas, por la sociedad, para acoger la vida que brota a borbotones en nuestro derredor, para saberse apoyado por muchas instancias sociales que no nos dejan caer, para saberse curado, en cuerpo y alma, por la sociedad y sus mediaciones, para acoger con gozo las múltiples liberaciones que la cultura moderna va sembrando en nuestro imaginario y en nuestras conductas. En ese marco podríamos verter nuestra experiencia cristiana como una contribución más al acervo de humanidad del que hacemos parte. Todo esto trasformaría el imaginario religioso poniéndolo al servicio de la vida y no considerándolo como dueño a quien hay que servir. Todo ello llevaría a una fe en medio de la vida, no en los extremos que marca el mecanismo religioso.

 

La acción misteriosa del Resucitado y de su Espíritu

 

  • En el conjunto de una espiritualidad más bien conocida en torno a la resurrección, se vislumbran elementos interesantes. El primero de ellos es que creer en el Resucitado es “creerle a Él” (278). No se trata tanto de dar adhesión a ideas, sino a una persona. Más aún, el Papa habla de “creer al Evangelio”. Se intuye la paradoja que es creer en ideas religiosas, cosa compatible con el increencia con el Evangelio (?). Es la “vuelta al Evangelio” de la que, como decimos, suele hablar Pagola. Relativizar en la misión el Evangelio para dar por sentado que la idea religiosa es la que indiscutiblemente manda es una aberración de quien se dice seguidor de Jesús.
  • Esa adhesión al Jesús evangélico es lo que podría conjurar y reorientar los peligros de la misión: “La misión no es ningún negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco ninguna organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda; es algo mucho más profundo, que escapa a toda medida” (279). Escapa a toda medida y queda en lo difuso, en lo incontrolado, en lo diluido. Habría que evaluar para saber por dónde andamos; la humanitariedad tendría que ser medida ineludible; la conexión social, no tanto el número, habría de ser un interrogante permanente de la misión.

 

La fuerza misionera de la intercesión

 

  • Aquí nos volvemos a sumergir en el tradicional mecanismo religioso, como si hubiera que interceder ante un Dios que nos ama. Una de cal y otra de arena. Lanzar mensajes nuevos en marcos tradicionales para que nadie se soliviante. Esto merma el vigor de lo nuevo.

 

  1. 3.      María, Madre de la evangelización

 

El regalo de Jesús a su pueblo

 

  • La espiritualidad de siempre en torno a María. No se supera el historicismo indiscernido (desde el punto de vista textual e histórico) de los textos evangélicos. El guiño a la piedad popular es socorrido, pero de cara a un planteamiento de novedad evangelizadora, nada, a nuestro modo de ver. Las atribuciones de ternura, cariño etc., son tópicas. La oración final va en ese sentido.

 

Conclusión

 

            Concluimos este recorrido reflexivo con tres asertos:

 

1)      No hay duda que el documento contiene valores y sugerencias para un nuevo estilo de evangelización y de vida cristiana. Lo hace, con frecuencia, entre tópicos y lugares comunes. Quizá sean los caminos de la Institución: abrir camino manteniendo lo de siempre. El peligro es que lo novedoso se quede en nada, que el documento sea solamente, a lo más, para ser citado, que no llegue a influir en planes concretos en la opción cristiana.

2)      Por eso, quizá haya que tomar como instancia iluminadora solamente algunos aspectos. ¿Es legítima una lectura “parcial”? Creemos que sí, porque de lo que se trata es de alimentar itinerarios de fe, no de dar adhesiones totales a textos magisteriales.

3)      De cualquier manera, nosotros creemos que este texto es una confirmación de lo que podríamos llamar “misión social”, aunque, como decimos, persista el parámetro religioso.

 

Tres preguntas:

 

  1. Subraya un aspecto del texto que te haya resultado evocador, sugerente, con una pizca de novedad.
  2. ¿Es posible un tipo de evangelización que aprenda de la sociedad y sume a ella los valores del Evangelio?
  3. ¿Cómo conjugar una evangelización religiosa con otra social?