Retiro en la Pascua 2014

 

 

 

TU DELICADA PERPENDICULAR HECHA SOLO DE AMOR

 

 

        Un poco “al vuelo”, pero siempre con ilusión proponemos este tema de reflexión y de retiro en la Pascua de Jesús. La gran novedad del tema de la resurrección desde el punto de vista cristiano, a nuestro modo de ver es que Jesús pretende que la resurrección se viva ya en el ahora de la historia, sin posponerla hasta el incierto más allá. Vivir como resucitados ahora. Esa es su gran pretensión. El Evangelio dará pistas para ello, muchas veces.

        Por otro lado, ¿cómo pasar de una creencia en la resurrección a un dinamismo? ¿Cómo enfocar el tema de la resurrección en otro terreno distinto al que lo aprendimos, más vivencial, más dinámico, más arrastrador a posiciones de vida? Si no, no salimos del frío del raciocinio.

        Vamos a intentarlo desde ahí.

 

1. Para animarse, un poema hermoso

 

        La poesía, la buena, la profunda, siempre nos anima.

 

No los viajes. No el sexo.  

No aventura ninguna. No el deporte. 

No los libros. Ni el arte. Ni la música.  

¿Quién nos redime 

de la totalidad de la melancolía, 

de la totalidad de la tristeza, 

de la totalidad 

del dolor en el alma, sino Tú,  

tu delicada perpendicular

hecha sólo de amor?

 

Juan Antonio González  Iglesias (Del lado del amor, Madrid 2010)

 

Breve comentario: la “delicada perpendicular” de Jesús resucitado, su mirarnos desde su triunfo, su amor volcado todos los días a nuestra vida, su preocupación por nosotros, su acompañarnos sin desfallecer, su compartir lo nuestro, su anidar en el fondo de la vida, su no dejarnos solos, su amor leal, su increíble cercanía…eso es lo que nos redime, lo que da fuerza, lo que nos puede devolver la estabilidad.  Esto es lo que nos puede sacar de la melancolía, de la tristeza, del dolor del alma que es el peor de todos.

 

2. Una reflexión inicial

 

¿Cómo fue posible un nuevo comienzo?

 

        Es una pregunta que se hacen muchos teólogos (H. KÜNG en Ser cristiano lo plantea con mucha claridad).

 

  • Hay que medir lo que supuso, personalmente para Jesús y para su grupo, el trallazo de la muerte en cruz, muerte ominosa, vomitable, para no recordar. Nosotros que venimos de una tradición religiosa de una cruz “loable” y venerable nunca llegaremos a sentir las arcadas que tuvo Pablo ante la cruz. Desde ahí hay que medir la densidad de la pregunta.
  • El testimonio Flaviano (de Flavio Josefo y que casi todos los estudiosos consideran básicamente histórico, no una interpolación) nos da una pista: "Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en verdad se le puede llamar hombre. Fue autor de hechos sorprenden­tes; maestro de personas que reciben la verdad con placer. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Este era el Cristo (el Mesías). Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo. Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de él ésta y otras mil cosas maravillosas. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido." (Ant., 18, 3, 3). “Quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo”. Es decir, el amor es el que abre la posibilidad no solamente de un recuerdo benigno, sino de la certeza de una presencia de vida.
  • Es preciso flexibilizarse en el tema de las presencias: no solamente la presencia es física. Hay presencias no físicas que tienen objetividad, entidad humana, certeza espiritual. La resurrección de Jesús pertenece a esa clase de presencias no físicas, no hay que olvidarlo.

 

3. Una lectura social de Jn 20

 

        Ya hemos dicho que leer la resurrección desde posiciones dogmáticas es un trabajo que ya se ha hecho muchas veces. Para algunos cristianos es un modelo “agotado”. ¿Y si lo leyéramos desde una perspectiva social? Esta es aquella que trata de desvelar los valores sociales del texto, no tanto los religioso, para iluminar el camino de hoy. El resultado no es exactamente el mismo que de la lectura dogmática porque la iluminación se hace, como decimos, desde un desvelamiento antropológico y social del testo. Intentémoslo.

 

1. Resurrección y liberación

 

20 ,1El primer día de la semana, muy de mañana, Cuando aún esta­ba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada del sepulcro. 2Fue corriendo adonde estaba Simón Pedro con el discí­pulo a quien quería Jesús y les dijo: Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.

 

El v.1 es el texto más antiguo sobre la resurrección, por el estilo escueto, por los datos iniciales, por la ausencia de mensaje específico (la resurrección no hace parte de fuente Q; G. Vermés lo tiene por tal). Y tiene que ver algo con la realidad del cadáver y la tumba, no específicamente con la desaparición del cuerpo. Más específicamente con “la losa quitada”. El v.2 ya empieza a correr por otros derroteros. En Jn 11,41 se habla de este tema metafóricamente: quitar losas es vivir ya el hecho resurreccional. ¿Lee desde ahí Jn 20 el problema con el cadáver?

Lectura social: Entender la consumación como problema final es lo que priva de dinamismo a la propuesta evangélica que dice que la resurrección se puede vivir ya desde ahora en la medida en que se quitan losas. Todo el esfuerzo humano por quitar losas, por no ponerlas, es esfuerzo resurreccional. Una religión que pone losas está alejada de la propuesta evangélica. La losa social de la exclusión sistémica, la de quienes no tienen sitio en el banquete de la vida, la mayor de las losas. La vigencia de la liberación necesaria.

 

2. Apuntarse a la vida

 

3Salió entonces Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepul­cro. 4Echaron a correr los dos jun­tos, pero el otro discípulo se ade­lantó, corriendo más deprisa que Pe­dro, y llegó primero al sepulcro. 5Asomándose al sepulcro, vio puestos los lienzos, pero no entró. 6Llegó también Simón Pedro siguiéndo­lo, entró en el sepulcro, y contem­pló allí los lienzos puestos 7y el sudario, que había cubierto su cabeza, no puesto con los lienzos, sino do­blado aparte, envolviendo determinado lugar. 8Entonces por fin entró el otro discípulo, el que había llegado el primero al se­pulcro, y vio y creyó. 9Porque hasta entonces no habían entendido lo que dice la Escritura, que tenía que resucitar de la muerte. 10Los discípulos se volvieron a casa.

 

El discípulo cree cuando percibe que el sudario y los lienzos están en sitios distintos. Los “lienzos” aluden al lecho nupcial, a la vida. El sudario a la muerte. Este envuelve “determinado lugar”. El “lugar” es la institución del Templo. El Templo, toda institución, tiene un sudario encima, está muerte. Los lienzos, signo de vida, están aparte. Dos instancias opuestas: lienzos y sudario, vida y muerte. Cuando el discípulo ve, contempla, ahonda, como incompatibles una posición de muerte y otra de vida, cree. O sea: se cree en la medida en que se apunta uno a la vida. Quien más se apunta a la vida es quien más cree.

La defensa de la santidad de vivir (J. Sobrino), de ese estilo de ser que engendra vida en los escenarios mismos de la derrota y de la muerte. La verdadera vocación es vivir y dar vida. La apuesta por la vida, por el señorío de la vida con todos sus riesgos y posibilidades. Esto ha de manifestar con claridad mayor en las cuestiones éticas y económicas.

 

3. Reconocer por los nombres: el valor de la dignidad personal

 

11María se había quedado junto al sepulcro, fuera, llorando. Sin de­jar de llorar se asomó al sepulcro 12y vio dos ángeles vestidos de blan­co sentados uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había estado colocado el cuerpo de Jesús.

13 Le preguntaron ellos: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Se han lle­vado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.

14Dicho esto, se volvió hacia atrás y ve a Jesús allí presente, pero no se daba cuenta de que era Jesús. 15Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dice: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré.  16 Le dice Jesús: María. Ella se volvió y le dijo en su lengua: Señor mío (que equivale a “Maes­tro”). 17 Le dijo Jesús: Suéltame, que aún no he subido con el Padre para quedarme. En cambio, ve a decirles a mis hermanos: "Estoy su­biendo a mi Padre que es vuestro Padre, que es mi Dios y vuestro Dios". 18María fue anunciando a los discípulos: He visto al Señor en persona. Y contaba lo que le había dicho.

 

La primera escena de reconocimiento viene a decir que se reconoce a Jesús por su manera de pronunciar los nombres. ¿Cómo los pronuncia? Con amor. Esa evidencia es la que da paso a la certeza de ser familia de Dios (“mi Padre vuestro Padre, mi Dios vuestro Dios”).

Imposible reconocer los nombres con amor sin un cultivo explícito de la dignidad humana que debe abarcar los ámbitos del pensamiento, pero también los de la economía: un empresa desde la dignidad, una banca desde la dignidad, un planteamiento solidario desde la dignidad.

 

4. Tocar las llagas para sanarlas

 

19 Por la tarde, aquel día primero de la semana, estando atrancadas las puertas del lugar donde estaban los discípulos, por miedo a los diri­gentes judíos, llegó Jesús, se puso en el centro y les dijo: Paz con vosotros.

20Y dicho esto les mostró las ma­nos y el costado. Se alegraron mu­cho los discípulos de ver al Señor. 21 Les dijo de nuevo: Paz con vosotros. Igual que el Padre me ha envia­do a mí, os mando yo también a vosotros. 22Y dicho esto soplo y les dijo: Reciban Espíritu Santo. 23A quienes declaréis libres de los peca­dos, quedarán libres de ellos; a quie­nes se los imputéis, les quedarán im­putados.

24 Pero Tomás, es decir, Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuándo llegó Jesús.   25 Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor en persona. Pero él les dijo: Como no vea en sus manos la señal de los clavos y, además, no meta mi dedo en la señal de los clavos y meta mi mano en su costa­do, no creo.

26Ocho días después estaban de nuevo dentro de casa sus discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús es­tando las puertas atrancadas, se puso en el centro y dijo: Paz con vosotros. 27 Luego se dirigió a Tomás: Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costa do, y no seas incrédulo, sino fiel. 28 Reaccionó Tomás diciendo: ¡ Se­ñor mío y Dios mío!. 29 Le dijo Je­sús: ¿Has tenido que verme en per­sona para acabar de creer? Dicho­sos los que, sin haber visto, llegan a creer.

 

Segunda escena de reconocimiento: la dificultad no es tanto ver al resucitado sino la de unir al llagado de entonces con el triunfador de ahora. Uno y otro no solamente se relaciones sino que entrelazan su verdad: si el resucitado es verdadero, el llagado también lo es, y viceversa. Por eso, tocar las llagas es el camino en la historia para tocar al resucitado.

Tocar las llagas históricas es la manera de tocar al resucitado, de vivir en modos resurreccionales. Tocar las llagas para curarlas, claro está. La fe en la resurrección de verifica en la historia por la capacidad y resultados del tocar las llagas sociales.

 

 

 

5. Creer para tener vida

 

30Hay que saber que Jesús realizó todavía otras muchas señales en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro. 31 Pero éstas quedan escritas para que lle­guéis a creer que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y, creyendo, ten­gáis vida unidos a él.

 

        Este es el epílogo natural del texto: creer para tener vida. El dinamismo de la resurrección es verificable en la capacidad para engendrar vida, para la fecundidad humana en todas sus variantes.

 

 

4. En el metro cuadrado de tu vida, el kilómetro de tu pueblo

 

  • Trata de liberar: palabras liberadoras, ideas liberadoras, consuelos liberadores. No pone más peso sobre nadie, ni sobre ti mismo.
  • Apúntate a la vida: lenguaje positivo, lectura positiva de los acontecimientos, optimismo razonable, buen talante, mira los acontecimientos, la ciencia, desde su potencial de vida.
  • Favorece la cultura de la dignidad: en los más pobres, en aquellos menos considerados, míralos como señores/as, como personas, no como pobres.
  • Toca las llagas sin cansarte: interésate por las llagas y los llagados con discreción, con cuidado. Trata de verter un poco de bálsamo en las heridas. Cura lo que puedas.
  • Una fe para la vida: para mejorar la vida, la relación, la economía, la política. El hecho religioso como palanca para eso mismo.

 

ORACIÓN

 

1. Canto:

 

 

Victimae paschali laudes
immolent Christiani.

Agnus redemit oves:
Christus innocens Patri
reconciliavit peccatores.

Mors et vita duello
conflixere mirando:
dux vitae mortuus,
regnat vivus.

Dic nobis Maria,
quid vidisti in via?
Sepulcrum Christi viventis,
et gloriam vidi resurgentis:

Angelicos testes,
sudarium, et vestes.
Surrexit Christus spes mea:
praecedet suos in Galilaeam.

Scimus Christum surrexisse
a mortuis vere:
Tu nobis, victor Rex, miserere.

Amen. Alleluia.

 

 

2. Lectura laica

 

“Desde el centro del mundo, en el que Jesús se adentró a  morir, construyen las nuevas fuerzas una Tierra Transfigurada. En lo más profundo de toda realidad ya han sido vencidos la banalidad, el pecado y la muerte; pero se requiere todavía el pequeño tiempo que llamamos “Historia después de Cristo”, hasta que en todas partes, y no sólo en su Cuerpo, se deje ver lo que ya ha acontecido realmente. Porque Él no comenzó a curar, a salvar y a transfigurar el mundo en los síntomas de la superficie, sino en las raíces más internas; y nosotros, gentes de la superficie, pensamos que no ha pasado nada. Porque aún siguen corriendo las aguas del sufrimiento y de la culpa, suponemos que aún no se les ha vencido en el manantial del que brotan. Porque la maldad sigue trazando arrugas en el rostro de la tierra, deducimos que en el corazón más profundo de la realidad ha muerto el amor. Pero todo es apariencia, aunque la tomemos por la realidad de la vida. El Resucitado está en el esfuerzo anónimo de todas las criaturas que, aún sin saberlo, se esfuerzan por participar en la glorificación de Su Cuerpo. El Resucitado está en cada lágrima y en cada muerte, como júbilo y vida escondidos, que vencen cuando parecen morir. Por eso nosotros, hijos de esta tierra, tenemos que amarla. Aunque sea todavía terrible y nos torture con su penuria y su sometimiento a la muerte. Tenemos que amarla...” (K. Rahner).

3. Oración común (dos coros)

 

HAY que hacer trasparentes las lágrimas vertidas.

Hay que labrar jardines en los surcos del alma.

Hay que ensartar los besos que murieron sin darse.

Hay que alcanzar los cielos con escalas de abrazos.

 

Hay que vencer las noches con luces de miradas

encendidas de amor, cual luceros gigantes,

que nos hagan arder en nuestro ser más puro

como soles de un mundo nuevo, resucitado.

 

4. Lectura evangélica

 

20 ,1El primer día de la semana, muy de mañana, Cuando aún esta­ba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio la losa quitada del sepulcro. 2Fue corriendo adonde estaba Simón Pedro con el discí­pulo a quien quería Jesús y les dijo: Han quitado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.

 

5. Compartimos la mañana

 

6. Oramos recordando

 

  • Resucitar no es volver a esta vida, pero sí llevar esta misma vida a la plenitud de sus propios valores
  • La Resurrección está ya presente en este mundo como fuerza de ascensión de todo lo auténticamente humano
  • La Fe Cristiana consiste fundamentalmente en celebrar y secundar mediante nuestra actividad temporal la Obra de Renovación Universal que Cristo Resucitado no deja de realizar en las entrañas de la realidad viva
  • Toda defensa de la vida es en sí misma Comunión con el Resucitado
  • Creer que la muerte ha sido vencida, significa, ante todo, vivir de acuerdo con el Amor como valor supremo de la vida y destino eterno de la misma
  • Creer en la Resurrección de la Carne es afirmar el valor sagrado de la materia de que estamos hechos como parte del Universo en marcha
  • La Resurrección de Cristo es ahora el lugar por excelencia para encontrarnos con Dios, para hacer la experiencia de Dios.
  • ·

7. Padre nuestro y bendición aaronítica

 

8. Canto final

 

 

Aleluya, aleluya,
es la fiesta del Señor.
Aleluya, aleluya,      
el Señor resucitó.
 
1.-Ya no hay miedo,
ya no hay muerte,
ya no hay penas que llorar,
porque Cristo sigue vivo,
la esperanza abierta está.
2.-Cuando un hombre a tu lado
ya no sabe caminar,
no le dejes de la mano,
dale tu felicidad.