Retiro en la Cuaresma de 2014

 

 

EN TIERRA DE NADIE

Vivir la Cuaresma como quien espera la aurora

 

        Muchos inmigrantes subsaharianos esperar en el monte Gurugú de Marruecos, durante meses, la oportunidad de saltar la valla de Ceuta. Están en tierra de nadie porque son habitantes de un mundo que les olvida. Pero ellos, a su manera, esperan la “aurora” de una vida mejor.

Estar en tierra de nadie esperando la aurora. Esa es también la situación de bastantes creyentes. Hay quien no necesita esperar nada, porque está bien donde está. Hay quien no espera nada, porque ha desesperado de todo. Pero hay también personas creyentes que están una especie de tierra de nadie, tanto espiritual como práctica, pero no han dejado de esperar una aurora, un tiempo de novedad como el que anunció el Vat.II y que, luego, en gran medida se ha visto truncado. Siguen a la espera, “como centinelas”, atentos y con los ojos abiertos, lúcidos y críticos, benignos más allá de cualquier dolor.

Nos preguntamos si la Cuaresma no podría ayudarnos a vivir este momento no con un sentimiento de derrota, apocamiento y, menos todavía, amargura, sino lo contrario: un tiempo que anuncia la aurora, que habla de atisbos que merece la pena tener en cuenta, que mantiene la utopía de una vivencia de lo cristiano en una razonable actualidad. Lo hacemos en ese afán por dar también un sentido al tiempo de la Cuaresma, tiempo que prepara la Pascua, el gran anuncio de la aurora del Reino.

 

1. La voz de quien anda en tierra de nadie

 

        Que, de alguna manera, somos todos, porque la itinerancia, el peregrinaje, el ser caminante, pertenece a la esencia de lo humano. Y darse por totalmente satisfecho sin necesidad de moverse es algo parecido a una muerte. Lo hacemos escuchando la voz de un poeta:

 

¿Volver? Vuelva el que tenga,

tras largos años, tras un largo viaje,

consciencia del camino y la codicia

de su tierra, su casa, sus amigos.

Del amor que al regreso fiel le espere.

 

Más ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,

sino seguir libre adelante,

disponible por siempre, mozo o viejo,

sin hijo que te busque, como a Ulises,

sin Ítaca que guarda y sin Penélope.

 

Sigue, sigue adelante y no regreses,

fiel hasta el fin del camino y tu vida,

no eches de menos un destino más fácil,

tus pies sobre la tierra antes no hollada,

tus ojos frente a lo antes nunca visto.

 

(Luis Cernuda, Desolación de la Quimera, Ed. Cátedra, Madrid 20097, p.187).

 

  • Sin codicia, y “sin amor”: Quizá esa sea nuestra situación de adultos cristianos, “viejos árboles” que diría Labordeta. No tenemos codicia en el ámbito cristiano (mucho más en el eclesiástico). Y el “sin amor”, sin una especial acogida, sin un reconocimiento grato, quizá sea escaso. Por eso, volver al viejo planteamiento no nos parece adecuado.
  • Sigue libre adelante…no regreses: Ya no estamos para volver a “las ollas de Egipto”. Ya no nos atraen los viejos parámetros, ni los fastos que les suelen acompañar. Por eso, como sea, lo importante es seguir adelante en la búsqueda con la mayor benignidad posible. 
  • Fiel hasta el fin del camino y de vida: Porque esa fidelidad no es terquedad, cabezonería y querer salir triunfador por encima de todo. Es sentir que en esa dirección puedo vivir mejor, que la dicha se hace más palpable ahí, a pesar de todos los interrogantes. 
  • La tierra antes no hollada…lo antes nunca visto: Ya que eso existe, aunque nuestros ojos no lo vean. Pero intuimos que eso está ahí y merece la pena ir en esa dirección de lo nuevo, de la tierra amasada en la novedad.

 

2. La voz de la Palabra: como quien espera la aurora

 

        Igual que el “buen escriba” del reino que saca del arca lo nuevo y lo viejo (Mc 13,52) traemos a la luz un oráculo de Is 21 11-12:

 

Oráculo contra Duma:

Uno me grita desde Seír:

        Vigía, ¿qué queda de la noche?

        Vigía, ¿qué queda de la noche?

Responde el vigía:

        Vendrá la mañana

        y también la noche.

        Si queréis preguntar, preguntad,

        venid otra vez.

 

  • Es un oráculo para quien está en un “silencio mortal” (eso significa Duma), en una gran desolación. Y viene “desde la tormenta” (eso significa Seír). Maneras de decir: gran desolación.
  • El “vigía” es alguien que ve más claro, el “centinela” del pueblo (Ez 3,16), la persona más crítica, la más esperanzada, la más buscadora. Hay que preguntar a ellos para que nos iluminen.
  • La pregunta angustiada: ¿qué queda de la noche? ¿Cuánta noche queda? ¿Cómo ayudar a desbloquear esa pregunta, a que no sea la pregunta más importante a que sea sustituida por esta otra: cómo vivir la noche sin que todo sea noche? ¿Cómo hacer sitio a algo de luz y de gozo cuando las tinieblas pretenden engullirlo todo?
  • La persistencia de la noche es grande (3 veces se dice la noche, una sola la mañana). El vigía no puede negar esa persistencia pero tendría que insistir más en la mañana. Hay mañana, a pesar de cualquier noche.
  • La ironía del final (“preguntad, venid otra vez”) puede ser entendida como una vuelta a la espera: por mucha que sea la oscuridad, la pregunta de la espera es lícita y tiene un sitio.
  • Cuando Jesús dice en Mc 3,15 “se ha cumplido el plazo, está cerca el reinado de Dios” está anunciando la ruptura de ese círculo vicioso que, como una tormenta que vuelve, no puede despegarse de la oscuridad. Con Jesús, eso es posible. Bien lo entendió san Pablo cuando dice en Hech 26,23 que “el mesías…anunciaría un amanecer lo mismo para el pueblo que para los paganos”. Un amanecer, no una filosofía, una moral, una religión: un amanecer (promesa de posibilidades).

 

3. Decir la fe cuando se está en tierra de nadie

 

        Quien está en tierra “oficial” no tiene dificultad para decir la fe (en realidad, otros se la dicen): tiene los documentos, el CIC, el CDC, y otras herramientas que le solucionan el problema. Quien está en tierra de nadie tiene que elaborar una respuesta. ¿Cómo decir, por ejemplo, la centralidad de la persona de Jesús? ¿Cómo elaborar una espiritualidad sobre Jesús útil para quien está en esta tierra de nadie, hermosa, que es la vida social, el momento histórico en que vivimos? Hagamos un intento:

  1. 1.   Jesús, presencia fiable de Dios en la historia: Porque el rastreo de Dios en la historia ha generado mil fantasmas en torno a él hasta llegar a decir que “Dios no es de fiar” (Saramago, mirar Caín). Sin embargo, de Jesús podemos fiarnos por respuesta positiva ante el dolor humano. Su conmoción por lo nuestro es garantía de su fiabilidad (Mc 6,30-34).
  2. 2.   Jesús, acompañamiento de Dios en el camino humano: Por él sabemos que no estamos solos, que “nuestra tierra tiene marido” (Is 62,1-5), que es nuestro buen levir que nos ampara (Jn 1,27). Una historia acompañada: es la nuestra; lo sabemos por el acompañamiento de Jesús inserto en la base de lo humano (Jn 14,23).
  3. 3.   Jesús, el que nos introduce en el Misterio: En ese misterio que es “no otro” y que no tiene límites. Por su ahondamiento en los caminos de la espiritualidad (la oración, la Palabra, el dolor humano, la preocupación por la suerte de los pobres) sabemos que nos lleva bien hacia el Misterio.
  4. 4.   Jesús, disponible para el bien: Porque la bondad, ideal divino, ha brillado de manera eximia en Jesús que pasó haciendo el bien, que creía en un Dios bueno para todos y que propuso a quienes ejercen la bondad como ciudadanos ejemplares del nuevo reino (Mt 5,45; Hech 10,38).
  5. 5.   Jesús, habitante de la profundidad: Porque la profundidad, la verdadera dimensión de lo que somos (en lo bueno y en lo no tan bueno) es el lugar donde él ha puesto su morada. Y, según el argumento de P. Tillich antes citado, porque sabe de la profundidad, sabe también de Dios. En la profundiad del corazón está la verdad de Dios y de la persona (Mt 15,18).
  6. 6.   Jesús, puerta para la experiencia de Dios: Porque muchas son las puertas que llevan a los umbrales del misterio, a la experiencia viva de lo divino. Para el cristiano Jesús es esa puerta que ayuda a franquear lo que la religión considera inaccesible (Jn 10,7). Es puerta que no excluye, sino que abraza y valora las otras puertas.
  7. 7.   Jesús, miembro luminoso de la comunidad de Dios: Con una luz que es capaz de iluminar la senda de lo humano. Es luz en el mundo y para el mundo (Jn 8,12). Tampoco excluye a las otras luces. Es, más bien, luz humilde y menor, pero utilísima y animadora.
  8. 8.   Jesús, eliminador de barreras hacia la total fraternidad: Ya que la historia humana es un continuo elevar barreras a la fraternidad, a la relación, al entendimiento. Jesús es uno que, a su manera, ha tendido a eliminar barreras, a hacer de “los dos pueblos (de toda variedad social) uno” (Ef 2,14). De ahí que una visión de lo cristiano que mantenga viva la barrera de la religión es algo que se aleja del Evangelio.
  9. 9.   Jesús, camino hacia la profunda humanidad: Porque esa ha sido la meta de su descenso, de la kénosis que da sentido a su existencia histórica (Filp 2,6-11). Eso marca la dirección de la experiencia cristiana: ahondar huyendo de la superficialidad hasta dar con la verdad última que anida en los pliegues profundos del alma.
  10. 10.                    Jesús, que hace innecesaria la distancia entre lo humano y lo divino: Como queda claro en el Evangelio al poner como absoluto único no el de Dios, sino el de la persona. No es el “amor más grande” el amor a Dios sino el de quien entrega su vida por amor (Jn 13,18).
  11. 11.                    Jesús, seguridad que nos confirma en la posibilidad de lograr la plenitud: Ya que la dura experiencia histórica lleva a pensar que el logro de la plenitud es una quimera. Pero Jesús confirma a la persona que está destinado a la dicha y que su mayor pecado sería no lograrla. Por eso el suyo es un programa de felicidad (“Dichosos”).
  12. 12.                    Jesús, facilitador de vida: Por lo que la religión no puede ser un impedimento más en la vida sino un cauce facilitador. Eso ha demandado a Jesús una fuerte resituación del planteamiento religioso: allí donde hay conflicto en religión y persona, Jesús opta por la persona asumiendo con valentía el conflicto (Mt 12,1-8). Su propuesta es “ligera”, tiende a facilitar al máximo los duros caminos de los pobres (Mt 11,30).
  13. 13.                    Jesús, revelador de la fuente del ser: Porque sin ser la fuente del ser ha sido un revelador prístino de esa fuente diciendo que se ha quedado en él (Jn 1,32) y en toda persona (Jn 14,23), en toda realidad. Por él sabemos los cristianos que tal fuente mana aunque, al ser gentes de superficie, no la percibamos e, incomprensiblemente, traicionemos al ser.
  14. 14.                    Jesús, profeta de la plenitud del mañana: Ya que la pregunta por ese lugar que llaman el “mañana” surge en la vida de los débiles (E. Dickinson). Y Jesús no ha anunciado doctrinas, ni leyes, ni morales, ni religiones, sino “un nuevo amanecer”, un posibilidad en las manos (Hech 26,23).

 

4. Acompañar a quien está en tierra de nadie

 

        Para “aprender” a situarse mejor en esta tierra de nadie que anhela la aurora un buen ejercicio práctico es animarse a acompañar a quien anda en tales lugares.

  • Acompañar a quien está decepcionado del sistema, de la Iglesia, de la sociedad: Acompañarle tratando de relativizar, matizar, situar mejor, valorar elaborando el conflicto, de manera que el resultado no sea tan demoledor y ayude a levantar los hombros con un poco más de esperanza.
  • Acompañar a quien está marcado desde el punto de vista moral o social: Hacer nuestros sus anhelos; no quitar hierro banalizando su situación. Sembrar la certeza de que la deshonra no la llevan ellas sino quienes les victimiza; abrirles la sonrisa, las manos y la vida lo más que se pueda.
  • Acompañar a quien camina sin estructuras familiares, sociales, psíquicas: Intentar si no entenderles, al menos no cargarles de más peso. Respetar sus para nosotros “extrañas” decisiones. Implicar al hecho social en el asunto: son parte del hecho social.
  • Acompañar a quien vive en la tierra de nadie de la soledad, el silencio, la vida vivida con disgusto, el dolor siempre presente: No dar ánimos insensatos; estar ahí de la manera más callada posible; intentar aportar algo de luz de la manera más sensata y ceñida a la realidad posible; aguantar con ellas que son quienes más aguantan.
  • Acompañar a quien ha olvidado cómo se canta, cómo se disfruta, cómo es la alegría simple: Hacerlo con el mejor talante posible; asumir esa pena sin contagiarse de ella; insistir mil veces en que hay zonas de sol y de disfrute sencillo.

No son acompañamientos sencillos, ni “agradables”. Pero esta es la verdadera “penitencia”, el cambio real que se nos demanda en la Cuaresma. Hay que creer que estos comportamientos contribuyen al acercamiento de la “aurora” anhelada.

 

5. Itinerario cuaresmal

 

1ª semana: Toma como texto de la semana Jn 10,10 y trata de no colaborar a la decepción de quien está quemado.

2ª semana: Toma como texto Jn 8,11 y no digas palabras duras contra quien no vive la moral que vives tú.

3ª semana: Toma como texto Mc 3,21 y trata de ser fraterno con quien vive en desestructura social.

4ª semana: Toma como texto Mc 7,37 y comparte un poco el silencio obligado de los sin voz.

5ª semana: Toma como texto Jn 3,29 y trata de sembrar en tu entorno gusto por la vida.