CVJ 

Domingo, 27 de enero de 2013

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

131. Jn 19,23-24

 

Introducción:

 

                Hace unos años había personas que se autodenominaban “ciudadanos del mundo”, gente generalmente de mentalidad abierta, supuestamente universalistas. Hoy parece que el universalismo está en baja por los nacionalismos excluyentes o por un localismo no bien asimilado. Sin embargo multitud de indicios empujan a la universalidad: el fenómeno de las adopciones, la inmigración que mezcla, los modos de viajar de los jóvenes, el trabajo que se encuentra en países lejanos, la formación y las lenguas que empujan a otras culturas, etc. Quedarse hoy cerrado en lo pequeño, en lo local, en lo mío es un empobrecimiento. El universalismo, la mentalidad abierta, la evidencia de que somos familia humana, de que la bondad anida en cualquier rincón del planeta, se impone.

                Es que el pasaje de esta semana, en el fondo, habla de universalismo, rompe la barrera que las mismas religiones han forjado: mi Dios es el verdadero, mi fe la única, mis costumbres las mejores. El Evangelio sostiene que todo el mundo, sea de cualquier parte, puede involucrarse en el movimiento humanizador que representa Jesús y que por eso mismo, toda puerta de acceso a la realidad de Dios es válida. No hay una única puerta, sino muchas. Algo de eso significa la metáfora de las vestiduras repartidas “en cuatro partes”, en las mismas que se divide el todo del mundo. Este universalismo solamente podrá darse en la medida en que se esté dispuesto a repartir, en la medida de la generosidad. Efectivamente, la generosidad abre las puertas al universalismo, la tacañería y la ramplonería las cierra.

 

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Texto:

 

                23Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron las ropas, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo.

24Y se dijeron:

                -No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca.

Así se cumplió la Escritura:

                “Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica”.

Esto hicieron los soldados.

 

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Ventana abierta:

 

 

                Este es el cartel de unas Jornadas de Diálogo Interreligioso que tendrán lugar en Valladolid en febrero. Un intento modesto, como tantos otros, de trabajar el universalismo desde el lado de la espiritualidad. Las religiones tendrían que haber contribuido al universalismo, al abrazo universal, a la aceptación del distinto. Pero, con frecuencia, ha ocurrido lo contrario. Por eso, hay que empujar en la dirección contraria, en la del Evangelio: universalismo generoso.

                Oramos: Que abramos nuestro corazón y nuestra mente a la realidad diversa; que ampliemos los límites de nuestra tienda para acoger al distinto; que sepamos apreciar lo bueno de toda persona y de toda realidad.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Las vestiduras de Jesús se reparten en cuatro partes, en las mismas partes en que se divide el mundo (norte-sur-este-oeste). Si Jesús no hubiera sido generoso en su vida y en su muerte, si no hubiera querido repartir nada, hablar de universalismo es hablar de algo imposible. El universalismo, en cualquiera de sus acepciones, demanda la generosidad, la entrega. A más generosidad, más universalismo; a más tacañería, menos universalismo.

                Oramos: Gracias, Señor, por tu generosidad tenaz; gracias por tu amplitud de corazón; gracias por tu mirada que envuelve.

 

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Ahondamiento personal:

 

                Para hacer “cuatro partes” de lo que uno es, para estar dispuesto a la acogida amplia, se requiere mirar el fondo del corazón de la persona, ese más allá del muro de las limitaciones y las apariencias. Sin esa mirada a la bondad esencial de cada persona, de cada realidad, pretender ser universal es una quimera. La mirada que desvela la bondad del corazón es, junto con la generosidad, requisito de cualquier pretensión de universalidad.

                Oramos: Que no nos detengamos en el muro de las limitaciones de la persona; que no quedemos enganchados en la red de las apariencias de la persona; que sepamos mirar la bondad esencial que anida en el corazón de toda persona.

               

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Desde la comunidad virtual:

 

                En muchos detalles comprobamos la generosidad de unos para con otros en nuestra comunidad virtual. Esa humilde generosidad es la que nos abre al corazón del otro hasta crear una pequeña red de acogida y aprecio. El logro del universalismo para por esta acogida primera, básica, cercana. Pretender lo mucho de la ciudadanía universal sin el trabajo de una ciudadanía, de un aprecio, más local y cercano es algo imposible. Hasta en eso nos hace bien estar cerca unos de otros.

                Oramos: Que nos interesen los caminos de los demás; que nos demos en lo sencillo y cotidiano; que nos amparemos para prender los caminos de la acogida.

               

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Poetización:

 

Siempre había sido generoso,

siempre se dio,

siempre repartió.

Por eso tuvo la pretensión

de acoger a toda realidad,

a toda persona,

a todo corazón.

Sin esa generosidad esencial

habría sido imposible

hacer sitio a todos

en su corazón de hombre.

Y, además,

consiguió mirar

el fondo del corazón

saltando la cerca

que rodea y oscurece

los corazones.

Y descubrió que en toda persona,

buena o mala,

creyente o pagana,

aceptada o rechazada,

había una bondad básica,

una sed inapagable de amor,

una potencialidad para el bien.

Aprendió a mirar

con la mirada del Padre bueno.

Por eso el universalismo,

la aceptación general,

el abrazo amplio,

el amparo sin distinciones,

brotaron en él

con una pujanza

que ni en la hora de su muerte trágica

habría de abandonarle.

 

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Para esta semana:

 

                Trata de mirar con amplitud aquellas situaciones o personas que no encajan bien, a primera vista, con tu manera de ser.

 

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