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"No dejéis morir a los viejos profetas"

"NO DEJÉIS MORIR A LOS VIEJOS PROFETAS"

La VR ante la actual crisis económica

 

            Como diría 1 Jn 1,18, éste es un "momento decisivo". Más que ante una crisis coyuntural estamos en una encrucijada de caminos: por lado, la dirección que lleva a crecer en humanidad. Por otro, la que puede sumirnos más en un escalofriante egoísmo global que hunda en la miseria económica a más de dos mil millones de personas y en la miseria moral al resto de la humanidad. Los religiosos/as de a pie podemos aducir como parapeto inicial que la cosa es muy complicada, y lo es, de manera que no sabemos decir nada y que, en consecuencia, podemos hacer poco. Esta postura inicial no es buena por dos razones: porque con los datos que nos suministra diariamente la prensa podemos elaborar una opinión, aunque no seamos expertos en economía. Para entender lo que pasa no es preciso conocer todos los recovecos del complicado laberinto de esta crisis mundial. Y, en segundo lugar, porque las escasas ganas de verse involucrado en este torbellino podrían reflejar la actitud de la "razón indolente" de quien ni se ve afectado realmente por la crisis, ni tampoco se considera tocado por el dolor de los pobres. Y esto sería más grave. Si la VR quiere actualizar su componente profético, no puede apartar el rostro de la cruda realidad que nos cerca, que se entrelaza a nuestras vidas y actividades.

            Vamos a describir, de entrada, algunas actitudes que, a nuestro modo de ver resultan casi imprescindibles para comenzar a pensar y a hablar de este asunto:

•a)      Indignación: Una formidable indignación, un enfado monumental por haber llegado a esta situación. Una indignación profundísima por EE.UU. que durante estos últimos veinte años ha consumido bienes y servicios del resto del mundo a crédito por un importe de 7 billones de dólares. No hay que olvidar que USA es el país que mayor deuda externa del mundo arrastra y el que emite el mayor porcentaje de CO2 a la atmósfera. Eso significa que por su alto consumo interno lleva décadas comprando más de lo que ha vendido fuera de sus fronteras, sin hablar de la dura colonización a que, desde el punto de vista económico, ha sometido a amplias zonas del planeta. Todo este "imperio" lo ha hecho, en parte, con el dinero que otros países y organismos le han prestado.

 

Indignación por los banqueros de todo pelaje que, en nuestras propias narices, han estado acarreando beneficios superiores al 35% cada año. En el marasmo de los grandes números que se escapan incluso a nuestra imaginación nos quieren hacer creer que esta crisis financiera les está haciendo perder mucho dinero, aunque, en realidad, ellos siempre ganan más, aunque digan que ganan "menos que otros años". Cuando, por ejemplo, Bankinter, uno de los primeros bancos españoles, presenta cuentas nos dice que sus beneficios han caído en 2008 un 30%. Aun así, han ganado 252 millones. Y, si se descuentan ciertas operaciones extraordinarias, en realidad han ganado un 1,6%. Con cualquier crisis, siguen ganando. Eso sí, siguiendo las recomendaciones de nuestro neoliberal Banco Central, no presumen de beneficios. Disimulan para que creamos que ganan menos, o incluso pierden. Como luego diremos, se impone una revisión de nuestros comportamientos "bancarios".

 

Indignación por nuestro gobierno, además socialista (los populares habrían hecho lo mismo o, incluso, más acentuadamente), que hace esfuerzos increíbles para ir a las reuniones del G-20 y para sumarse a la ideología más neoliberal que pueda haber. Indignación porque es cierto que, dada la tendencia neoliberal, prácticamente única, que impera en nuestras sociedades no han dudado en salir rápidamente al rescate de la Banca con unos volúmenes de dinero que creíamos inexistentes y que arrojan lodo al rostro de los pobres del mundo, esperando aún las migajas del 0,7 o los no menos raquíticos Objetivos del Mileno, incumplidos. Con gran ironía lo dice P.Kraugmann: "La crisis apenas ha hecho mella en la cultura del exceso de Wall Street. ‘Digamos que soy un banquero y que he generado 23 millones de euros. Yo debería recibir parte de ese dinero', comentaba un banquero a The New York Times. ¿Y si eres un banquero y has destruido 23.000 millones? ¡El tío Sam acude al rescate!" (El País, negocios,  8-2-09, p.18).

 

Fraterna indignación por la Iglesia jerárquica, que sale a la calle por cuestiones morales y por la familia, pero casi no se le ve ni levanta la voz por el múltiple deterioro de los empobrecidos cuando esto supone ir contra los poderosos. Es cierto que la doctrina social de la Iglesia, hasta el mismo Juan Pablo II, contiene elementos muy valiosos para denunciar y animar en la dirección de una solidaridad internacional. Pero es en esta coyuntura concreta cuando los creyentes y la sociedad necesitan luz, no solamente lamentos. Es en esta hora de gran duda humana cuando se agradece una palabra de aliento y de esperanza. Más allá de colectivos creyentes que sí han alzado su voz, estamos esperando todavía una palabra, un signo elocuente de solidaridad con las víctimas, de denuncia explícita con todas sus consecuencias y de ánimo para leer esta situación en clave positiva. Incluso hay muchas personas que siguen esperando un cambio explícito de rumbo en las prácticas económicas de las Iglesias. Pende sobre nosotros la dura ironía de Kierkegaard: "En la magnificente iglesia del palacio aparece el predicador oficial de la corte, el elegido de un público cultivado, y predica emocionadamente ante un círculo selecto de hombres prominentes y cultos, sobre la sentencia del apóstol: ‘Dios ha escogido a los pequeños y a los despreciados'. ¡Y nadie se ríe!" (Tagebücher,  1.c.).

 

Y también una indignación contra nosotros mismos, que morimos al palo, que nos quedamos como gatos azotados y que carecemos de imaginación para la alternatividad y de profecía para plantarnos hacia quien nos expolia. Indignación por la carencia de pasión por el hecho humano, por sucumbir al adormecimiento de la rutina, por teorizar sobre la situación siempre que nuestras neveras estén llenas y nuestras casas calientes. Y también, profética indignación por unas estructuras de VR que evolucionan muy lentamente en dirección de las necesidades sociales, más allá de grupos religiosos, y aun Congregaciones concretas, que están de siempre y ahora también en las trincheras de las pobrezas. De un tema como la crisis, solamente se puede hablar con enfado.

 

•b)      Contra el chupar de la teta: Un tal Brzezinski, antiguo asesor del presidente Carter, ideó la palabra y el concepto de "entetanimiento" (tittytainment): chupar de la teta, permítasenos la popular expresión (G.SALA, Panfleto contra la estupidez humana, Ed. Laetoli, Pamplona 2007, pp.21-24). Esto no es otra cosa que una mezcla de entretenimiento mediocre y vulgar, bazofia intelectual, propaganda y elementos psicológica y físicamente nutritivos con el fin de satisfacer al ser humano y mantenerlo conveniente sedado, sumiso y servil a los dictados de la minoría que decide su destino sin permitirle siquiera decidir al respecto. Si no se aparta uno de este mecanismo profundamente neoliberal, se pasará la crisis y antes de ella, durante ella y después de ella, los dueños del mundo (el 1%) no habrán sufrido nada, mientras que el resto del mundo habrán sufrido antes, durante y seguirán sufriendo después (el 19% de los países ricos un poco menos; el 80% de los pobres, como siempre, es decir, mucho más).

 

Es preciso sacudir una inercia que nos inocula la misma sociedad, porque quienes la manipulan tienen intereses sobre nosotros/as. Cuando se plantean grandes problemas sociales respondemos ante ellos, con frecuencia, con la pregunta de ¿qué podemos hacer? Pero, en realidad, hay que preguntarse antes ¿qué es lo que nos pasa? Solamente así podremos formular la pregunta decisiva ¿qué estamos dispuestos a hacer? Sin una sacudida general que nos despierte, sin un schok que nos altere, será imposible. La VR, en su profundo ser, quiere ser esa fuerza de schok en la sociedad y en la Iglesia (J.B.METZ, Las órdenes religiosas, Herder, Barcelona, 1978, p.12).

 

•c)      Meditación sobre las grandes cifras: Entre Europa y USA se van a inyectar al sistema financiero tres billones de dólares. Sobre los 7 millones de personas del planeta eso supondría que tocábamos a 428 dólares por persona. Si diéramos esa cantidad a los 2,5 millones de personas que viven con menos de 2 dólares al día saldría una suma de más de un billón de dólares. La FAO había cifrado el logro del primer objetivo del milenio, erradicar la pobreza, en 30.000 millones de dólares. Para esto, no hay dinero. Los estados consideran que es un peso insoportable para sus economías. Esta es la peor radiografía de nuestro mundo, una macroblasfemia de la que casi nadie se siente culpable, una tragedia que causa más muertes que todas las guerras y más inhumanidad que todas las enfermedades. Si no fuera porque la bondad brota imparable en los lugares mismos de la derrota, habríamos de dar razón a aquel viejo dicho del Gen 5,6: "Se arrepintió Dios de haber creado al hombre sobre la tierra".

 

Lo peor de todo esto es que, al ser cuestiones de macroeconomía y de alta política, nosotros/as, la VR, no nos sentimos concernidos. Todo lo más, cada cuatro años, ejercemos nuestro democrático derecho al voto en la dirección que estimamos más conveniente. Nos falta activar el sentido de la pertenencia política que aspira a creer que intervenir en las cuestiones de Estado es un derecho ejercitable para todo ciudadano/a. Más aún, no terminamos de creer que la política vivida por todos los cristianos y cristianas es "expresión más alta del amor fraterno" (Pío XI). Y si la VR es avance y promesa de las realidades futuras, una de ellas la fraternidad universal, no entendemos por qué no ha de sentirse concernida por cuestiones de alta política, por qué no ha de dejar ahí de escuchar su voz y poner su contribución explícita.

 

•d)      Una evidencia: Aquella que nos dice que debajo, bien a la vista y con unas raíces hondísimas estamos ante la evidencia de una crisis moral de enormes proporciones. Lo dicen muchos analistas del momento presente "Lo que algunos han enunciado como una crisis financiera es mucho más que eso: es una crisis global, pues supone el agotamiento de un modelo de crecimiento que modifica el equilibrio ecológico, que también afecta a los alimentos, la energía y ha sido incapaz de combatir la pobreza, el hambre y la exclusión social...Las privaciones y los costes a pagar son demasiado elevados para sentirse satisfechos de una situación en que la prosperidad de una minoría de la población mundial se asienta sobre el sufrimiento de tantos" (C. BERZOSA, Crisis financiera global,  en El País 10-2-2009, p.24). Lo ha dicho también la profecía: "La gran crisis  económica actual es una crisis global de Humanidad que no se resolverá con ningún tipo de capitalismo, porque no cabe un capitalismo humano; el capitalismo sigue siendo homicida, ecocida, suicida" (P.CASALDÁLIGA, Hoy ya no tengo sueños, Circular 2009).

 

Quizá sea la crisis de siempre, la del egoísmo constituyente del hecho humano, la de su incomprensión de que somos familia y que es un crimen atentar contra quien es de tu carne y de tu sangre. Quizá sea lo de siempre, aunque esta coyuntura muestra las vergüenzas más tapadas con una evidencia a la que casi nos estamos acostumbrando. Si no fuera por la imparable profecía, por la también evidencia de que hay mucha gente en el mundo que no está de acuerdo con todo esto, si no fuera porque hay muchas personas que mantienen la utopía y el anhelo de otro mundo, si no fuera por el número alto de resistentes y centinelas que pueblan este mundo, estaríamos al borde del fracaso humano, que es algo más estremecedor que el mero fracaso económico. La constatación de que la esperanza no muere, de que estamos aquí con ella, nos habría de sostener y animar.

 

            Dicen muchos que esta crisis es una encrucijada, una oportunidad. Así la queremos entender y proponer a nuestra VR, por muy afectada que esté por el envejecimiento, la reducción y, lo que es peor, un marcado alejamiento de las inquietudes sociales y políticas. Una oportunidad que nos ha de empujar, ante todo, a actuar, a movernos, a intentar colaborar no tanto a la salida de esta crisis cuanto a la búsqueda de unos parámetros sociales y económicos distintos. Nos ha de abrir los ojos para valorar correctamente las actuaciones concretas de la VR en materia social y económica y poder así apoyar los caminos mejores y animarnos incluso a nuevas sendas, aunque nuestras fuerzas sean exiguas (como dice VC 61). Luego habría que reflexionar lo más hondamente posible para alimentar la llama de la utopía y para sacudirse las inercias que nos paralizan. De esta manera, el clásico esquema ver-juzgar-actuar quedaría invertido para intentar el cambio, la verdadera conversión a la vida, que nos demanda el Mensaje y, con él, nuestra opción evangélica.

 

            Dice el poeta-místico José A. Valente: "No dejéis morir a los viejos profetas pues alzaron su voz contra la usura que ciega nuestros ojos con óxidos oscuros, la voz que viene del desierto, el animal desnudo que sale de las aguas para fundar un reino de inocencia, la ira que despliega el mundo en alas, el pájaro abrasado de los apocalipsis, las antiguas palabras, las ciudades perdidas, el despertar del sol como dádiva cierta en la mano del hombre" (Obra poética 2,  Alianza, Madrid 1999, p.247). Los "antiguos profetas" de la VR fueron sus fundadores/as carismáticos/as. Ellos/as, a su manera, intentaron actuar en las causas de la pobreza, sus anhelos soñaron una sociedad distinta, se arremangaron ante el sufrimiento humano, pusieron su grano de arena en la construcción de la casa de la vida. No dejemos morir su sueño. No aduzcamos nuestra debilidad, nuestro poco número, nuestra "vejez". Que encuentro eco en nosotros/as aquella hermosa profecía de Joel 3,1: "Vuestros ancianos tendrán visiones". Hacemos nuestra la profesión de utopía de Casaldáliga: "Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una gran mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC...). Nos comprometemos a vivir una «ecología profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de ‘alta intensidad'" (Hoy ya no tengo esos sueños").

 

I. "COMO QUIEN CORRE A APAGAR UN FUEGO"

 

            Esta expresión es de san Vicente de Paúl, hombre que sabía mucho de crisis económicas, de situaciones de dureza (S.VICENTE DE PAÚL, Obras completas. Conferencias/4 1659, Sígueme, Burgos 1972, p.724). Él fue un convertido a la causa de Jesús en la mediación de las pobrezas. La VR, no cabe duda, ha acudido siempre a las pobrezas con la presteza de quien va a pagar un fuego y no se pregunta por las causas en un primer momento. Esa es una buena actitud para empezar, aunque en un determinado momento la pregunta por las causas se hará perentoria. Quizá se pueda decir que la pervivencia de los carismas está muy ligada al tema de la actuación en el mundo de las pobrezas humanas. Por eso, hay que mirar esta actuación no únicamente como una consecuencia de nuestra opción evangélica, sino como algo de lo que depende el sentido, y con él el futuro de nuestra VR. Por eso es tan necesaria y urgente la actuación en estos tiempos de dureza económica global, no solamente por causa de los pobres, sino por nuestro propio sentido en el conjunto de la sociedad y de la Iglesia.

            ¿Qué es lo que realmente nos está pasando en esta formidable crisis económica? Hay maneras técnicas de explicarlo; también las hay morales. El periodista Ignacio Escobar escribió en el diario Público del 26 de octubre de 2008 un artículo titulado Los siete pecados capitalistas.  Con él podemos sistematizar lo que nos está ocurriendo. Ha habido una lujuria especuladora, con las nuevas tecnologías, con la burbuja inmobiliaria, con las hipotecas abaratadas, con mercados sin contemplación de riesgos, únicamente de ganancias. Una euforia psicológica adictiva. Junto a ellos el pecado de la pereza  de los reguladores económicos que no han hecho su trabajo, mirando hacia otro lado. Además ha aparecido, muy vivaz, la envidia de los actores económicos que no se han resignado a vivir moderadamente cuando otros a su lado se hacían ricos. Súmese a todo esto la codicia de los directivos, sus sueldos y su derroche de escándalo. También cuenta la gula de los inversores que da como resultado un sistema en que no se premia al que genera riqueza, sino al que la obtiene rápidamente. Aparece ahora la ira de quien paga los platos rotos, los ciudadanos, en especial los más humildes, a quienes se les dice que no hay dinero para la cohesión social o la erradicación de las pobrezas. Finalmente, la soberbia del mercado que no quería intervencionismos estatales, pero ahora bien que acepta un intervencionismo masivo.

            ¿Qué valoración se puede hacer de una realidad así? Arrogancia, desconcierto, cultura de la impunidad. Arrogancia, lo decía el premio Nobel de economía J. Stiglitz: "Hay una tremenda arrogancia en todo lo que ha sucedido. Banqueros y ejecutivos deberían pensar en lo que han defendido durante años [el libre mercado] y asumir responsabilidades". Desconcierto en los mismos economistas que no veamos que se traduzca en humildad: el economista J.K.Galbraith decía que hay dos clases de expertos en economía "los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso". Esto ha llevado a una cultura de la impunidad en donde, desfachatez máxima, los propios pecadores son quienes quieren imponernos la penitencia.

            ¿Cómo ha de responder, y de hecho está respondiendo, la VR a esta gran inundación? Compasión, solidaridad y denuncia. Compasión para no pasar de largo ante el coro de dolientes que, por causas de esta formidable crisis, se ha acrecentado, ya que la crisis llueve sobre mojado, sobre la realidad de muchas personas que antes ya estaban en crisis, que lo están ahora y que lo seguirán estando si salimos de esta. Pero la VR no puede dejar de estremecerse y actuar ante los más de 900.000 hogares que, entre nosotros, ninguno de sus miembros tiene un puesto de trabajo; ante ese ejército de reserva de 900.000 ciudadanos que no tienen ningún seguro de desempleo. Solidaridad para arbitrar, siquiera en pequeña medida, "empresas", posibilidades de acceso al mercado laboral, que saquen a algunos ciudadanos/as del limbo del desempleo. Denuncia, aunque quizá se haga esto menos (¿están las manos de la VR atadas?), de un sistema que muestra su lado inhumano y egoísta a escala planetaria.

            Por suerte, siempre hay profetas y profetisas en la VR que, como centinelas, atisban el lugar central del pobre en el edificio de la experiencia cristiana y se lanzan, con osadía, por los caminos que llevan a una sociedad nueva. Pero el colectivo, hay que reconocerlo, marcha con lentitud. Nuestras estructuras históricas son un duro peso que nos impide la agilidad, el cambio, la intuición de lo nuevo. Esa es, justamente, la gran pregunta a resolver: ¿Por qué nuestras instituciones de VR van tan lentas ante fenómenos de calado universal? No se puede responder a esta pregunta poniendo por delante la escasez de nuestros recursos. Son los que son (quizás, si no coordinamos, más de los que pensamos). El problema es dónde están o quieren estar invertidos dichos recursos. Todo un reto.

 

II. UNA LUZ ENTRE LA NIEBLA

 

            San Buenaventura dice en el prólogo de la Leyenda Mayor sobre san Francisco que éste fue "una luz entre la niebla" para sus propios coetáneos (SAN FRANCISCO DE ASÍS, Escritos, biografías, documentos de la época, BAC 399, Madrid 19956, p.380). Algo de eso podría ser la VR en esta situación de oscuridad, de "inundación y tsunami" que es la situación en que nos ha metido a todo el mundo la crisis financiera. Una luz, pequeña y humilde, que oriente en este desbarajuste de los valores perdidos, de las referencias desdibujadas. Para ello es preciso analizar las diversas posiciones en las que se enmarca la VR, desde el alejamiento hasta la inserción compartiendo directamente los caminos y la vida de quienes sufren sistemáticamente el despojo de su derecho a la felicidad elemental. Veamos estas etapas:

  • El alejamiento: Algo que la VR ha podido cultivar para que las convulsiones de la sociedad no alteren un ritmo monocorde y sin sobresaltos, aunque empobrecido. El alejamiento deja tranquila a la persona pero le desconecta de los problemas cotidianos reales y difumina los contornos de lo real. Muchas estrategias de la VR (horarios, puertas cerradas con prontitud, tapias y cancelas, horarios sin molestias, ciertos tipos de clausura, incluso) llevan a una desconexión que hace que todo lo que está cayendo en la sociedad prácticamente no toque ni influya el devenir diario de la comunidad. Se sabe que se está en crisis porque lo dicen los telediarios, no por otra cosa.
  • La benevolencia: No se dan pasos concretos pero, por lo menos, se mira con benevolencia y compasión los tragos amargos por los que pasan los desposeídos. Empiezan a sonar nombres de afectados/as y se establece con ello una cierta sintonía. Aunque aún no se decide uno/a a tomar partido concreto, al menos se reza, se habla, se pronuncian nombres. Empieza a entrar en el ámbito comunitario el helador frío de la crisis.
  • La cercanía: Se comienzan a abrir las puertas a personas marcadas por las carencias económicas. Se inicia un proceso de identificación con su situación. Aunque no se termina de ver si la vida personal tiene algo que decir, se actúa prácticamente por una compasión entendida, sobre todo, como socorro puntual, como caridad. Se insinúa, a veces, en la comunidad la posibilidad de actuar en situaciones concretas de pobreza. Si hay rechazo no se insiste, no se enarbola la bandera de la profecía.
  • La actuación: Se abandona, poco a poco, el campo de la teoría para iniciar actuaciones que impliquen a la persona e incluso a la comunidad. Generalmente son asistenciales, pero de ahí puede brotar la pregunta sobre las causas estructurales. Se acoge con más facilidad planes de actuación de otras entidades que tienen más incidencia en el marco social.
  • Inserción: Se plantea la posibilidad de compartir el modus vivendi de quienes están en situaciones carenciales, bien en total inserción en medios de exclusión o en dependencia directa de ellos aunque se viva un estilo de vida comunitaria propio. Se entrevé que esta manera de vivir la VR abre muchas posibilidades a la comprensión del Evangelio y de la sociedad.

Todo este itinerario es el viejo planteamiento que hacía González Faus: "Todos por los pobres, algunos como los pobres, pocos con los pobres". En ese itinerario se enmarca la trayectoria de muchas comunidades religiosas. Si se quiere ser luz entre la niebla de la sociedad de hoy es precio animarse a ir haciendo ese tránsito.

Más aún, cuando se habla de la centralidad del pobre no es cuestión de una disputa entre teólogos. Los hermanos Boff, Leonardo y Clodovis, se han visto encueltos en una disputa teológica sobre la centralidad del pobre. Leonardo sostiene que cuestionar esa centralidad es abandonar el sueño de Jesús y que ese sueño es el núcleo de la misma cristología, del ser de Jesús. Clodovis sostiene que esa centralidad desplaza a la centralidad del mismo Jesús que ha de ser el núcleo de la cristología. Clodovis mantuvo que el error básico de la teología de la liberación es sustituir a Jesucristo con "los pobres" como "principal principio operativo" y apuntó a los censurados textos del jesuita Jon Sobrino, como ejemplo del daño que le hacen a la integridad de la fe cristiana. Primero, estimulan la tendencia a ver a la Iglesia como un "movimiento popular" y los organismos religiosos comienzan entonces a sentirse como ONG militantes.  Y Clodovis se pregunta: ¿Para qué alguien se va a afiliar a una religión que es sólo otra actividad social? ¿Para qué aceptar toda la doctrina católica si el objeto principal de la Iglesia no es salvar almas sino tratar de alcanzar ciertas utopías en este mundo?
Más seriamente, Clodovis sugiere que los teólogos le dan prioridad a los pobres por encima de Cristo, cuyo "resultado inevitable es la politización de la fe, su reducción a un instrumento para la liberación social".  Según él, "el principio de Cristo siempre incluye a los pobres, pero el principio de la pobreza no incluye necesariamente a Cristo". Esa fue una de las críticas hechas, en los Años 80, por el actual Papa Benedicto XVI. Leonardo Boff, en cambio, en su réplica difundida a fines de mayo, se mantiene muy firme en el mismo principio: "Desde el momento que Dios se ha hecho hombre-pobre, el hombre-pobre se convierte en la medida de todas las cosas...No es verdad que la teología de la liberación sustituya a Dios y a Cristo con el pobre. [...] Ha sido Cristo que ha querido identificarse con los pobres. El lugar del pobre es un lugar privilegiado de encuentro con el Señor. Quien encuentra al pobre encuentra infaliblemente a Cristo, además bajo la forma de crucificado, que pide ser depuesto de la cruz y resucitado". Más allá de lo que esta disputa pueda tener de ideológica, refleja el itinerario vital de muchas comunidades religiosas. Las hay quienes de manera religiosa y dogmática, pero no por ello menos creyente, ponen como centro de espiritualidad la persona de Jesús en todos sus atributos salvíficos y divinos. De ahí derivan su vivencia espiritual. Pero hay otras que comienzan a poner en el centro de su experiencia creyente la mera realidad de las pobrezas, que hacen de ello el núcleo de su espiritualidad, el sentido de su propia trascendencia. ¿Meros planteamientos? ¿O reflejo de lo que nos pasa?

Tal vez la Palabra evangélica, por su capacidad inspiradora, pueda ofrecernos esa luz de la que, a veces, carecemos. El Evangelio maneja sueños y realidades, utopías y hechos consumados, anhelos y caminos concretos. Vamos a proponer dos textos que pueden ser considerados el inicio y el fin del camino:

 

•1)      El gran sueño: "Comieron todo lo que quisieron": Jn 6,1-13:

 

El verdadero eje de la narración y el ámbito más propicio para situar el esfuerzo interpretativo es el v.10b donde se dan los verdaderos contenidos del milagro y, por ello, de la entidad salvífica de Jesús ("Se recostaron aquellos hombres adultos, que eran unos cinco mil"). Este verso contiene una serie de elementos que conviene sean subrayados:

 

  • a) "Decid a la gente que se recueste en el suelo": El componente lexemático de anapiptô incluye el matiz de dejarse caer por tierra. Más que de sentarse se trata de recostarse hacia atrás, al modo como se ponen a comer como personas libres. Sólo desde los modos liberadores de Jesús, aceptados como tales, se puede iniciar el camino nuevo de la abundancia en la historia. Así, la libertad es un requisito imprescindible para el nuevo reparto.
  • b) "Había mucha hierba en aquel sitio": Por un lado, el tema de la hierba hace referencia al tema de la fecundidad y de la abundan­cia. Por otro lado, el imperfecto denota una acción abierta e inacabada. Ambos datos apuntan el modo fecundo y persistente que es el de la oferta de posibilidad que abre el hecho de Jesús para la persona.
  • c) "Se recostaron": No es un mero dato de la fuente. Es la verificación de que, según Juan, los hombres aquellos se han fiado de la palabra de Jesús que les ofrece la libertad y la fecundidad en la medida en que se acepta su idea del compartir sobre la base del todo. Se está verificando la verdadera señal de fe.
  • d) "Sólo los hombres eran unos cinco mil": No sólo es una extralimitación para que brille más la singularidad del signo, sino que el dato habla de la universalidad a la que está destinada la señal de Jesús. Además es preciso percatarse del proceso que se da en la multitud dentro del pasaje: polus okhlos (6,5), tous anthropous (6,10a), hoi andres (6,10b). es decir, la multitud pasa a ser "humana" y, finalmente, un colectivo con capacidad jurídica y legal de desposar, personas plenas con todas las atribuciones para serlo. El signo de los panes multiplicados, por haber compartido a la base del todo no siendo obstáculo la pobreza, lo captan personas que viven en modos plenos.

 

                  Con todos estos elementos se pretende mostrar que el verdadero milagro de cara a la fe se da cuando el necesitado, el sacudido por la debilidad de la historia no se enquista en su propia debilidad, sino que reconvierte eso débil en posibilidad de crecimiento vital y creyente para sí mismo y para los demás. Esto no puede darse si no es fiado de la palabra de Jesús que empuja a la entrega y a un modo expreso de vida que incluye el compartir sobre la base del todo como elemento dinamizador insus­tituible. Aducir la pobreza, personal o social, como impedimento a este tipo de reparto demuestra la desconfianza en el mecanismo que propone el Mensaje.

            Desde estos datos podemos formular una posible hipótesis interpretativa: Cuando la persona se adhiere a la palabra de Jesús, que incluye la entrega total y el compartir sobre la base del todo, se genera una abundancia para la historia humana que, más allá de cualquier debilidad, preludia la plenitud a la que está destinada la vida. No se trata, sin más, de una actitud filantrópica o caritativa, sino de una visión fraterna y solidaria del mundo. La convivencia humana puede ordenarse desde la perspectiva del compartir.

            O desde un lado más secular: Las entregas hondas y el compartir que implica lo vivo de la realidad personal son la garantía de que habrá días de abundancia y de gozo para el sector más débil de la historia. Y esto podría vivirse no tanto como virtud sino como situación de vida. Es decir, lo importante es crear un marco social de solidaridad, unas condiciones históricas, económicas, políticas, que propicien la realidad de un mundo distinto.

            Creemos que es aquí donde se está verificando el signo de una verdadera multiplicación de vida y de posibilidad. El motor de toda esta palpitante actividad que bulle en el subsuelo de la vida es la realidad salvadora de un Jesús del todo volcado a la historia.

            Este sueño de la sociedad que se articula sobre el compartir sin que sea obstáculo la pobreza es el que no puede borrarse de quien quiera enfocar creyentemente la realidad social. Si el sueño se abandona, si no es un verdadero revulsivo para los comportamientos de la comunidad creyente, si ya no evoca ni suscita ningún planteamiento osado, se ha perdido el alma del Evangelio, la razón de ser de la obra de Jesús. Por eso, más allá de cualquier dificultad, a la VR le corresponde, por su componente profético mantener vivo y activo este sueño, hacer incluso que vaya cobrando cuerpo en la realidad concreta. Si esto no ocurriera, el sentido mismo de la VR quedaría cuestionado. Si, por el contrario, la VR mantiene vivo el sueño, su razón de ser y su mismo futuro están a salvo.

 

            2) La cruda realidad: ruptura con la civilización de la riqueza: Lc 16,19-31:

 

            Las parábolas evangélicas tienen siempre un punto de acidez del que si se las despoja, pierden gran parte de su vigor. Esta parábola que llamamos del rico epulón es, como todas las demás, una parábola que apunta al más acá, no tanto al más allá (como lo es, en realidad, todo el Evangelio). No se refiere por tanto al tema de la remuneración ultraterrena, sino a desvelar comportamientos históricos.

  • Una convicción: Es la que desvela el texto (la que Jesús tiene) de que entre ricos y pobres hay un formidable muro de separación generado por el lucro desmedido (banqueteaba espléndidamente) y por el reiterado olvido de las situaciones de los pobres (todos los días). El epulón ignora a Lázaro, ni lo mira; mucho menos le socorre. La riqueza es la que ha levantado el muro, ya que la pobreza, por necesidad, se dirige hacia la riqueza sin éxito ninguno (ni las migajas). Por lo tanto, de las riquezas y su civilización no se puede esperar ninguna solución.
  • Un intento cruel: Es aquel que hace la riqueza cuando se ve en apuros: que los pobres, a quienes ha sojuzgado, sean ahora quienes le salven (manda a Lázaro). Lo que ocurre ahora: el Estado, la riqueza común, en cuya construcción participan obligatoriamente los pobres, es la que va a sacar de la crisis las empresas financieras de quienes nos han llevado a este callejón sin salida. Para el Evangelio esto no es de recibo.
  • Imparable egoísmo: Como el epulón percibe la firmeza de los planteamientos evangélicos, quiere que, al menos, saquen partido de su situación, los suyos, los de su casa, su clan, su clase opresora (tengo cinco hermanos). Incorregible, hasta estando en el infierno quieren tener influencias, sacar partido para los suyos. Abrahán se niega en redondo a este juego. El Evangelio es insobornable.
  • La honda conciencia: Podría la riqueza haber seguido la voz de la conciencia que, honda y verídicamente, habla siempre a favor de la justicia (la ley y los profetas). Si tampoco a eso hace caso la riqueza, no lo hará aunque resucite un muerto, aunque se arbitren las medidas más drásticas contra ella.

 

            Queremos incluir aquí algunas frases con las que J.L.Vilanova (Volver a empezar, en Alandar enero 2009, p.3) comenta esta parábola del rico epulón:

  • Aprecio a quienes se rompen la cabeza honestamente con las herramientas disponibles para tratar de minimizar el impacto de nuestras ambiciones y despilfarros. Pero al mismo tiempo espero el punto de locura necesario para proponer otra alternativa, otra forma de vivir diferente a la ávida huida hacia delante.
  • Creo que nada de lo que se haga por apuntalar esta estructura moribunda servirá de algo...llegará un día no muy lejano en que ya no podamos huir más hacia delante.
  • Tampoco creo que los políticos puedan hacer mucho. Lo único que les pido es que sean humildes, tengan un mínimo de pudor y no agiten la bandera de la demagogia.
  • Me pregunto si no sería bueno derrumbarse definitivamente, ser arrasados por esos activos tóxicos que desencadenen una septicemia global de la que terminemos por no levantar la cabeza económica. Y desde cero, desnudos, rotos, humillados y vencidos, volver a empezar. Al menos habremos compartido sufrimientos con los lázaros dolientes, pasaremos hambre y privación, nos curaremos las llagas los unos a los otros y aprenderemos que hay que vivir de otra forma.
  • Si somos capaces de crear bienes abundantes de tal forma que queden a la disposición equitativa y racional de todos y cada uno de los humanos que tiramos de nuestra vida por este viejo planeta, mucho mejor. Pero si esto no es posible, prefiero juntarnos y apretarnos todos en la pobreza, antes que lanzar al mundo toneladas de riqueza al grito de ¡que se jodan los torpes!

 

            La VR, como Jesús, ha de cuestionar lo que casi resulta incuestionable, el sistema y sus modos opresores. Ha de cuestionarlo creando entre ambos una barrera insalvable para que no se confunda el sueño de Jesús con los anhelos de un capitalismo inhumano. Si la VR no logra despegarse del sistema opresor, ¿cómo va luego a hacer creíble el Evangelio. Puede parecer antievangélico el planteamiento rupturista del que hablamos. Pero si no se da, quedará hipotecado el sueño de Jesús y, con él, el sentido mismo de la VR.

 

III. MÍSTICOS DE OJOS ABIERTOS

 

            Para mirar la realidad social en la que se ha producido esta crisis, rostro duro de una realidad que subyace siempre al hecho económico planteado desde presupuestos neoliberales es preciso mirarla "con ojos abiertos". Una mística así es la que describe con estas palabras José A. García (En el mundo desde Dios. Vida religiosa y resistencia cultural,  Santander 1989, p.108): "Para los místicos horizontales, el mundo es el lugar de la adoración de Dios. Estos místicos se resisten a transferir a la oración el encuentro con Dios y a apartarse o negar, del modo que sea, el mundo como condición necesaria o camino a dicho encuentro. Para ellos, Dios emerge en la mismísima densidad de las cosas, personas y acontecimientos, y es ahí donde sienten que quiere ser escuchado, servido y amado. El mundo y la historia, lejos de ser un obstáculo para el encuentro con Dios, se convierten para ellos en mediación obligada". Esta mística es deudora de una trascendencia intrahistórica. Ambas realidades son imprescindibles para una lectura distinta, ahondada, creyente de la realidad socioconómcia en la que se mueve nuestra vida.

            Esto es lo que podrá ayudarnos a poner nombre a los depredadores (Soros, Simons, Paulson, Falcone, Griffin, etc), a verbalizar las situaciones de opresión (desajuste norte sur, pretendida flexibilidad laboral, deslocalización, etc.), a designar dónde se hallan las causas reales de nuestros males. Si no, no terminamos de situarnos bien en la realidad. El lenguaje de las causas, ya lo hemos dicho, le puede ser ajeno a la VR mientras que le es muy familiar el de los efectos. Pero ahondar en la crisis económica y sus raíces empuja a la VR a la pregunta por las causas.

Para hablar de ellas tomemos una definición de señuelo de un manual de pesca: Los señuelos tienen una composición estructural que corresponde a presentar estímulos cuyo fin es incitar o despertar algunos de los sentidos de los peces que están asociados al acto de la alimentación, esto es morder y tragar. O sea, si es que entendemos bien:

  • Los señuelos tiene una "composición estructural": hay alguien que los prepara, que los manipula, que tiene unos planes sobre el resultado de la pesca, unos planes de control, exterminio planificado y utilización en su propio provecho. El "compositor estructural" del señuelo es el pescador y sus planes.
  • Para que el pez pique, el señuelo presenta "estímulos" que despiertan algunos sentidos orientados a la alimentación. Es decir, no muere el pez por la boca, sino por su estómago, porque el señuelo le despierta sus ansias estomacales. El pescador sabe dónde dar: lleno un poco su estómago, pero me quedo con todo el pez.
  • Por eso, el éxito de la pesca está en que el pez "muerda y trague" creyendo que ha comido, cuando, en realidad, es a él a quien se van a comer entero. Creía, con buena voluntad, que mordiendo y tragando procuraba por su vida, cuando lo que ocurre es que le arrebatan la vida a él.

La conclusión es lógica: ojo con los señuelos y, sobre todo, ojo con los pescadores que están detrás de ellos.

Se cumplen 40 años de la Populorum Progressio escrita por Pablo VI en tiempos de descolonización, como apoyo a los países que alcanzaban la libertad y reivindicaban "un nuevo orden económico internacional". Los "pescadores", los países egoístas y desarrollados, celosos de lo que llaman "estado de bienestar" (un bienestar para unos pocos no deja ser una realidad envenenada), han ido lanzado una serie de señuelos para que la gente de buena voluntad, peces inocentes, vayamos picando y, en definitiva, ese nuevo orden económico se posponga hasta el día de la parusía por la tarde. Pueden ser estos y algunos más:

  • El 0,7 %: Fue lanzado por la ONU. Solamente se impuso en países y ámbitos de decisión muy escasos. Pero ha servido de señuelo propagandístico para que muchos de nosotros nos apuntáramos a esa lucha dejando para un segundo momento los trabajos por la modificación de las causas estructurales de la pobreza. En el subconsciente se piensa que eso es imposible, inalcanzable y que, de hecho, no me implica a mí. Aunque se desmarca bastante de la caridad tradicional, la noble lucha por el 0,7, está muy lejos no solamente de conseguirse, sino de apuntar realmente a esas causas estructurales. Más aún, quien tenga implantado el 0,7 corre el peligro de pensar que ya ha llegado a una meta en el tema del desarrollo de los países empobrecidos.
  • Los 8 Objetivos del Milenio: Juan Pablo II volvía en 1987 sobre el tema de los imperialismos explotadores en la Sollicitudo rei socialis que conmemoraba el 20 aniversario de la Populorum. Esta reivindicación caló en ciertos sectores de la opinión mundial y empezaron a llover críticas a la banca internacional, al FMI, al BM e, incluso, a la misma ONU por su inoperancia. A los pocos años, en 2006, de nuevo la ONU lanza un señuelo de mucho mayor calado: conseguir para el 2015 los ocho Objetivos del Milenio, el primero de los cuáles es la erradicación de la pobreza extrema y el hambre. De nuevo parece ser que lo que predomina es cómo reparar los destrozos, atrasos, insuficiencias, carencias, que se manifiestan en el tejido económico y social de los países empobrecidos, pero las preguntas sobre las causas de tales desaguisados (y que apuntan a los "pescadores") quedan de nuevo en la sombra.
  • Los proyectos de desarrollo inmediato: Nos referimos a los pequeños proyectos, cercanos, concretos, que manejan muchas de nuestras ONGs. Hemos dado, ciertamente, un paso de gigante al entender la solidaridad no meramente como acción caritativa (quizá siempre necesaria), sino también como ayuda al desarrollo, a crear posibilidades de emancipación económica. Pero de nuevo el ámbito de las causas parece poco tocado por nuestras ONGs. ¿Será un nuevo señuelo para que ese ámbito quede intacto? ¿Cómo es que, si no, muchas entidades bancarias y administrativas que se significan por su connivencia con las multinacionales que controlan el mercado y por el desarrollo desigual del planeta sean, con frecuencia, las mejores colaboradoras de nuestras ONGs?

Cuando se quiere hablar de la posición de la VR ante la situación de crisis en la que estamos metidos, es justamente de algo de esto de lo que hay que hablar. Si el tema de las causas nos parece ajeno, si creemos que esto no es de la incumbencia de la VR porque ésta se sitúa en "los bienes futuros", si eludimos la implicación que demanda claramente el seguimiento de Jesús, es entonces cuando la pregunta por las causas nos será extraña. Pero si hacemos una lectura correcta del sueño de Jesús, si ponemos el oído al clamor del enorme coro de los empobrecidos del mundo, si el llanto incontenible de los débiles, lo "más terrible que hay sobre la tierra" según Qoh 4,1, nos conmueve, entonces comenzaremos a preguntar por las causas, por la fuente de todo este mal, por el manantial mismo de la injusticia.

 

IV. SOSTENIENDO PREGUNTAS

 

            Quizá otra manera de acercarse de manera aguda a la situación de crisis que vivimos sea el que la VR se haga preguntas incisivas de cuya respuesta puede depender nuestra comprensión y vivencia de una situación como la actual. El valor de estas preguntas reside precisamente en su incisividad, en su mordiente. Por eso, no le conviene a la VR eludir esa "dentellada" relativizando las cosas en un más o  menos que diluya nuestra respuesta y con ella nuestra responsabilidad. Enumeramos algunas de esas preguntas:

•1.      ¿Y si no fuera solamente una crisis?: Porque desde ahí la enfocan generalmente los medios ya que éstos se ciñen al mero ámbito económico o político. Pero, en realidad, como muchos de los analistas lo constatan, quizá sea una encrucijada, una fuerte llamada al nacimiento de otra época, un aldabonazo general a la conciencia humana para que se plantee un modelo de desarrollo y aun de mundo distintos. Sí, habría que pensar si lo que estamos viviendo no es una crisis sino algo permanente, el derrumbamiento del edificio que hemos construido, con sus sótanos húmedos y fríos y sus áticos de lujo. Quizás sea el momento de resucitar la utopía, de intentar lo imposible, creer en la posibilidad de un mundo mejor, exigir que se construya sobre unos cimientos más justos.

•2.      ¿Tiene sentido un lujo construido sobre las víctimas?: Ninguno, por causa de la más estricta justicia. En un mundo en el que diez millones de niños mueren todos los años por causas evitables y relacionadas con la pobreza y en el que las emisiones del efecto invernadero amenazan con provocar millones de refugiados por razones climáticas, el lujo de Occidente es una "macroblasfemia" de muy difícil perdón. La crisis tendría que ser una terapia para volvernos más conscientes de las necesidades de quienes están viviendo en la pobreza real y en condiciones mucho peores que las que tendremos nosotros jamás, con o sin crisis financiera.

•3.      ¿Quién pagará la crisis?: Una pregunta que ha de llevarnos a poner el dedo en la llaga de quienes han causado esta situación. No es una pregunta abstracta, sino central. Conocemos a los culpables de la crisis: mercados financieros ultraespeculativos en los que manipuladores sin escrúpulos y accionistas codiciosos invierten con frecuencia, banqueros sospechosos, que son minoría en el oficio pero que le causan un gran daño, un sistema monetario desconectado de la actividad productiva, etc. Quienes tenían un sentido mínimamente realista de la economía sabían desde hacía tiempo que este sistema iba a reventar. ¿Pero quién les escuchó? Ya se anuncia en todo el mundo uno de los mayores signos del paso de la recesión a la depresión: el aumento de las reivindicaciones salariales y de la pobreza. ¿Qué hacer con este sistema que ha provocado el caos, después de haber pretendido ser en estos últimos decenios el mejor y el único? De alguna manera la han de pagar los banqueros desbancando su falacia de acusar a los estados de intervencionismo y reclamarlo luego. Éstos habría de encontrar mecanismos para obligar a los banqueros a agilizar préstamos y a reducir ganancias. La han de pagar los mercados financieros que, después de llevarnos a situación económica de avaricia y locura, reclaman ahora flexibilidad laboral y ayudas ingentes. Habría que controlar esta sed que les devora y que nos devora. De alguna manera la han de pagar los Gobiernos por ir siempre a la zaga del capital sino hacerle frente en sus enormes desvaríos. La cosecha de votos que creen que recogerán con esta actitud habría de volverse contra ellos. Quienes desde luego no tendrían que pagarla habría de ser los meros contribuyentes y, menos que nadie, los pobres de la tierra cuyo reclamo de justicia es hoy más perentorio que nunca.

•4.      ¿Quiénes son las víctimas?: Una pregunta que ha de estar en el centro del tsunami. Las víctimas cercanas: «Según datos de Cáritas de Madrid, entre junio de 2007 y junio de 2008, se han atendido en los 425 despachos de la capital a 66.804 personas, un 21% más que en el mismo periodo de 2006 a 2007... El 60% de quienes acuden son familias jóvenes, de 30 a 40 años, con dos o tres hijos en edad escolar (Infantil y Primaria), que han formalizado una hipoteca a 30 o 40 años en el último lustro y que ahora no pueden hacer frente a los pagos de la letra. Aproximadamente la mitad de ellos son inmigrantes, y la otra mitad, españoles» (20minutos.es). Y luego, el incomensurable coro de las víctimas lejanas. Intentemos poner el corazón en estas cifras: según la FAO, sólo en 2007 aumentó en 75 millones el número de hambrientos en el mundo, pero la cifra total es de alrededor de 923 millones, y otros 848 millones de personas están severamente desnutridas. Y, según Naciones Unidas, cada día que pasa mueren alrededor de 5.000 niños de sed. Mientras leemos esta reflexión varios niños y adultos, como nuestros hijos y como nosotros, están muriendo por carecer de algo tan básico y necesario como el agua o el alimento.

•5.      ¿Salvar el sistema o salvar la humanidad?: Es una pregunta que se la hace claramente P.Casaldáliga optando, claro está, por la salvación de lo humano, no de un sistema que ya sabemos a dónde nos lleva. "Hoy más que nunca nos debemos radicalizar en la búsqueda de la justicia y de la paz, de la dignidad humana y de la alteridad, del verdadero progreso dentro de la ecología profunda. Y como dice Bobbio ‘hay que instalar la libertad en el corazón mismo de la igualdad'; hoy con una visión y una acción estrictamente mundiales. Es la otra globalización, la que reivindican nuestros pensadores, nuestros militantes, nuestros mártires, nuestros hambrientos..." (Hoy ya no tengo sueños).  Por eso mismo, no puede ser nuestro anhelo tanto el salir de esta crisis si eso va a suponer volver a las andadas, cuanto encontrar caminos nuevos, sendas distintas donde el componente humano prime sobre la pura y dura economía neoliberal.

•6.      ¿Dónde dormirán los pobres, a qué tribunal acudirán?: Son preguntas inmediatas pero que habría de provocar en nosotros/as una convulsión. La primera se la hacía con mucha agudeza G. Gutiérrez en un ensayo teológico (En El rostro de Dios en la historia, CEP-CEIB, Lima 1996).Tengamos en cuenta que casi un tercio de la humanidad tiene problemas relacionados con la vivienda. La segunda es de L.González Carvajal. La evidencia de que los pobres son postergados por la justicia está cada día en las páginas de la prensa. Puede parecer que no son preguntas decisivas pero lo son, porque de ellas depende la vida de millones de personas. No sentirse tocado por esta clase de preguntas, no hacerlas parte del núcleo de la reflexión cristiana, es no haber entendido la primacía que el Evangelio otorga a los pobres.

 

V. LOS "NUEVOS" VALORES MORALES

 

Son nuevos, no porque no hayan sido planteados, sino porque, a nivel global, están por vivirse. En recurrir a ello, en insistir sobre su primacía, radica la novedad. Que se vivan a niveles personales es profecía y respiro. Pero hay que aspirar a que puedan ser vividos socialmente, colectivamente, a nivel de humanidad. Mantenerse en esta utopía es imprescindible para conservar la humanidad y para vivir la fe cristiana. Puede uno sumarse a la "profesión de fe y vida" del creyente Calsadáliga: "Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una grande mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC...). Nos comprometemos a vivir una «ecológica profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de «alta intensidad»" (Hoy ya no tengo sueños).

 

•1)      La persona como bien innegociable: Una economía que destroza personas no puede ser de recibo, sin más. Si algo enseña la espiritualidad evangélica es que la persona es el bien a preservar, incuestionable. Por eso, un sistema que usa a las personas como piezas de recambio en la maquinaria productiva es intrínsecamente perverso e inaceptable desde el lado de la humanidad y de la fe.

•2)      Valorar a la persona por lo que es: Asumir el tema de la dignidad humana con todas las consecuencias, aplicable a toda persona sin distinción. Habría que percibir que la dignidad es una realidad inarrebatable y que persiste, con más brillo si cabe, en las situaciones de pobreza y de opresión. Una mirada profunda al interior de la persona se hace imprescindible en épocas como la nuestra tendentes a la más inmediata deshumanización. En este sentido, las garantías y logros sociales que ayudan a revalorizar la dignidad de la persona habrían de ser ampliados.

•3)      La igualdad irrenunciable: Por muchas que sean las desigualdades hoy. Los abismos de la desigualdad no pueden tragarse el derecho a la igualdad innato acompañante del devenir humano. Los escándalos financieros que establecen desigualdades monstruosas entre los humanos han de ser calificados públicamente como una falta de vergüenza. Como decía el maestro Paulo Freire: "Para mí -al repensar en los datos concretos de la realidad vivida- el pensamiento profético, que es también utópico, implica la denuncia de cómo estamos viviendo, y el anuncio de cómo podremos vivir". Si no hacemos esto hoy, mañana será demasiado tarde.

•4)      La justicia aún por darse: No tragarse ruedas de molino en materia de justicia, hilar delgado. Hay quien dice que los ideales de justicia huelen a mayo del 68. Es posible, pero la realidad es que la conculcación de la justicia en grados gigantescos atraviesa el mapamundi. Hay que negarse a que estos sueños puedan parecer una quimera. Con humildad y coraje hay que mirar de vivir estos sueños en el cada día de la vida. ¿Cómo, si no, vamos a enseñar a los jóvenes las razones verdaderas de la austeridad y de la solidaridad?

•5)      Participar en el devenir de la sociedad: Pensar que se es parte activa de lo que se vive, activar la ciudadanía. No apearse de este mundo, por muchas que sean sus incoherencias y contradicciones. Creer en la capacidad política del amor, de la fuerza interior como herramienta para el cambio social. Organizarse en maneras colectivas que no solamente hagan más rentable "la fuerza", sino que desvelen la verdadera vocación de los humanos: ser familia para bien de todo el hecho creacional.

•6)      Creer en el futuro de lo humano: Como algo que, en parte, depende también de mi actuación, por grande que nos parezca la cosa. Hacerse las grandes preguntas, no solamente las pequeñas, las que más nos tocan. Saber que el futuro será distinto en la medida en que nos adhiramos de hecho a la práctica de la justicia. Tener conciencia de que el día de la plenitud histórica, del reino, se retrasa cuando me afilio a la injusticia. No dejarse caer en brazos de un evolucionismo mecanicista que cree, falsamente, que la nueva era, si es que existe, vendrá por su pie. Como decía Labordeta, "habrá que forzarla para que pueda ser".

•7)      Un sentido de pertenencia histórica: Certeza de que estamos en este mundo para hacerlo más humano. Ver al otro, quien sea, como simple miembro de la misma familia, la única de verdad, la humana. Habría que hacer del ideal de humanidad el gran cimiento de nuestra estructura histórica. Una humanidad que no se constituye como centro único sino que, sabiéndose parte de esta casa de la vida, se abre a ella en fraternidad benigna, en acompañamiento compasivo, en acción de gracias gozosa.

 

VI. ACTITUDES PROFÉTICAS DE LA VR ANTE LA CRISIS

 

            Porque creemos que también para la VR hay caminos de actuación concreta enumeramos algunas actitudes que, posteriormente, puede alcanzar una concreción y un rostro.

 

•1)      Superar el entetamiento: Pensar que fácilmente nos la meten doblada. Los medios de comunicación al servicio del sistema crean nuestro horizonte de pensamiento y deciden los cauces de actuación. Habrá que leer críticamente tales medios, con espíritu de "centinelas". Éstos se convierten en mecanismos de saturazión y de colonización del yo (que hacen menos accesible nuestra interioridad llenando nuestro ambiente fraterno de voces mudas). Activar, por ello, el sentido crítico, profundizar en lo que nos dicen, preguntarse los porqués, las causas, no solamente los efectos de esta crisis. Irse acostumbrado a vivir en la intemperie fuera de los sistemas que nos "amparan" y nos esquilman. Tener el valor de cuestionar lo incuestionable o, al menos, de no hacer el juego a los sistemas ni reírles sus macabras gracias.

•2)      No colaborar a superar una crisis que llevará al mismo estado de cosas: Intentar, en lo que se pueda, ir en otra dirección. O, al menos, desearlo. No suspirar por volver al estado de cosas que nos ha llevado a esta situación. Soñar con "la otra Iglesia posible" al servicio de "otro Mundo posible". Para ello, no temer, apoyados en el Evangelio y confiados en Jesús, emprender caminos de novedad social, más allá de nuestras limitaciones del momento. No repetir los mecanismos que llevan a situaciones de crisis social como la que estamos padeciendo.  

•3)      No angustiarse por una crisis que solamente me afecta en la periferia: Angustiarse por el estado general de la economía de la que yo hago parte con mis comportamientos. Angustiarse por la debilidad de la VR a la hora de ser fuerza de choque en una sociedad que ansía un bienestar egoísta, no universalizado. Asomarse al abismo de esta crisis desde lados reflexivos, no únicamente desde una información de "titulares de telediario". Construir la reflexión comunitaria que derive en tomas de postura comunes.

•4)      Dolerse por las víctimas apoyándoles en su razón: Porque la tienen, por el hecho de ser víctimas. De salida, y si no hay más argumentos, ponerse en la orilla de los débiles. No temer ser "abogados de pobres", de causas perdidas. Con una visión de futuro y de fe, no son causas tan perdidas. No crear estilos de vida que necesitan esclavos y que, además, pretendemos que nos agradezcan el trabajo que les damos (o que les quitamos cuando las cosas no van  bien). Situarse en modos justos y generosos con nuestro personal contratado, tanto en el trato personal como en el económico.

•5)      Redescubrir una ascesis por razones de humanidad y de justicia: Ya que no es de recibo pretender disponer de nuestros bienes a nuestro único antojo. Algo tienen que decir los pobres sobre ellos (ellos los han "producido" en parte). De alguna forma hay que atajar esta congestión de bienestar que nos afecta. Un ahorro no solamente para activar la productividad, sino por razones de justicia. Para ello es preciso percibir que la lógica económica se introduce en nuestros hábitos cotidianos con el cálculo del coste-beneficio restándonos sensibilidad espiritual. Hay que darse cuenta de que la sociedad de consumo y la civilización del ocio nos hacen la vida más fácil, ponen a nuestro alcance todo lo necesario, pero nos traen una sobreestimulación del deseo. La cultura del "usar y tirar" puede sembrar en nosotros/as un fuerte desconcierto. La austeridad no es solamente una virtud, es una cultura. La cultura de un uso inteligente de los recursos y medios para que la solidaridad, la igualdad de oportunidades y la justicia vayan siendo realidades en nuestro mundo.

•6)      Revisión de nuestros comportamientos económicos: Desde la honradez con lo real, pero con decisión. Si no, todo se nos va en palabras. La VR está embarcada en esta empresa desde hace tiempo, pero el camino por recorrer es largo, ya que las prácticas heredadas no son de solidaridad y gratuidad, sino de un notable egoísmo institucional e incluso personal. Por razones evangélicas, tendríamos que haber sido profesionales de la gratuidad y la generosidad, más que de la pobreza. El gran escándalo que la VR sigue dando no es su acumulación de bienes, sino los porqués de tal acumulación. La gente desvela en esos porqués el simple afán de lucro. Y eso, en la medida en que lo es, resulta una siembra de sal sobre la senda del reino, del seguimiento de Jesús. la decisividad de este asunto es clara: una estructura económica que se compagina difícilmente con los planteamientos de Jesús termina volviéndose contra nosotros. Hay quien en la VR piensa que habríamos de funcionar como empresas, que eso es lo que somos. Renunciar a maneras distintas, no empresariales sino altamente fraternas, es recortar el horizonte de la VR hasta los límites del sinsentido.

•7)      Asear las cloacas de la gran sociedad industrial: El dinero sumergido, el trabajo sumergido, los contratos basura, los sin contrato, los pluriempleos no declarados, las estafas a lo público. La mejor manera de asear todo esto es que afecten lo menos posibles al camino diario de nuestras comunidades. Mientras estos caminos oscuros no estén clarificados, hablar de plantar cara a esta crisis inhumana que nos sacude es hablar del sexo de los ángeles. La VR es muy celosa de su intimidad, sobre todo cuando ésta no es presentable. Habría que abrir las ventanas para ver que el bosque de la solidaridad reverdece, que la primavera de la justicia está aguardando.

•8)      No pretender que saneen nuestra economía maltrecha los pobres: No desecharlos como cacharros inútiles ahora que hay menos trabajo. Tratar de ser solidarios con ellos en formas más justas. A la VR le es necesario establecer con los pobres un tipo de relación menor, aquella que trata al otro, más allá de sus pobrezas, con el mismo respeto y atención que merecen toda persona. Por lo tanto, habrá de erradicar de su actividad social la condicionalidad, la superioridad, el menosprecio. Si no, el pobre morderá la mano que le da el pan. Para el logro de este anhelo tal vez haya que empezar por escuchar sus justas demandas y sintonizar su onda de vida. La acción podrá venir después y será más coordinada con sus anhelos y necesidades reales.

•9)      Anhelar una "civilización de la pobreza": Porque ya hemos visto a qué nos ha llevado la de la riqueza. I. Ellacuría definió así la "civilización de la pobreza": "Una civilización...donde la pobreza ya no sería la privación de lo necesario y fundamental debido a la acción histórica de grupos o clases sociales y naciones o conjunto de naciones, sino un estado universal de cosas en que está garantizada la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de las opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás hombres, consigo mismo y con Dios" (El reino de Dios y el paro en el tercer mundo, en  Concilium 180 (1982) p.595). Un anhelo así le es demandado a la VR por causa de su componente fraterno.

•10)  Otra sensibilidad: Ya que  antes que medidas concretas, quizá haya que adquirir una sensibilidad distinta, un ponerse en un lado de la vida, unos deseos diferentes de los tenidos hasta ahora. No basta con cambiar la mente, las ideas; hay que descender a la conversión de los hábitos, de los modos de valorar, de desear, hasta la conversión de la sensibilidad. Lo que acabamos amando y nos acaba organizando la vida es lo que deseamos con las tripas y lo que aceptan nuestros sentidos: ahí está la importancia de la educación de la sensibilidad y del deseo. Lo evangélico tiene que gustarnos de verdad, pues al final es la sensibilidad la que elige.

 

Conclusiones:

 

            Para terminar condensamos lo dicho en cuatro buenos deseos para la VR. Que el anhelo nos mantenga abiertos en esta situación de encrucijada, que moldee nuestra sensibilidad:

  • Que el dolor no nos sea indiferente: Como canta la hermosa canción de León Greco. Que la VR no pase dando un rodeo a los grandes sufrimientos de la humanidad, que le conmuevan las lágrimas de los pobres, que haga suyas las situaciones de la pobrezas, que ampare y abrace a quien camina en profunda soledad, que se vuelque con fidelidad a las necesidades más hondas, que toque las llagas de la vida para curarlas.
  • Que anhelemos otra manera de vivir: Una manera que rechace la razón cínica que decía que no había fondos para cumplir los Objetivos del Milenio o condonar la deuda externa. Que también supere la razón indolente que renuncia a su mayoría de edad y no se atreve a pensar autocráticamente y con reflexividad; que entiende este mundo como fatal y necesario sin atreverse a abandonar los viejos mapas y a dibujar otros cuyas distorsiones de la realidad sean menos arbitrarias e inhumanas. Una manera de vivir que aproveche la experiencia vivida para ejercer la razón crítica, que es la que nos posibilita ejercer de seres humanos libres y responsables.
  • Que soñemos con otra dirección: La de una alternativa "con menos y de otro modo, podemos vivir todos", cosa que pase por un pacto social que asegure la dignidad ciudadana de los excluidos por la crisis y ponga sobre la mesa los esfuerzos productivos que cada sector debe hacer. Y esto, sin denuncia de la realidad no será posible. Nadie cede nada en situaciones de crisis, si no hay denuncia de la realidad, presión popular y pacto democrático. La VR ha de mostrar con su estilo de vida que con menos y de otro modo hay para todos.
  • Que nunca renunciemos a nuestros sueños de un futuro distinto: "Todavía cantamos, todavía soñamos", dice la canción de Víctor Heredia. Nos atenemos a la palabra de Jesús: "Fuego he venido a traer a la tierra; y qué puedo querer sino que arda" (Lc 12,49). No es el fuego de la destrucción, sino el del anhelo por la justicia. En ese fuego habría de arder la VR. Si este fuego se apagara, moriría también la llama que alumbra el corazón de la vida comunitaria. Mientras haya soñadores/as que sueñen en común, un futuro de humanidad es posible.

 

Breve bibliografía:

 

  1. Iglesia vida. Revista de pensamiento cristiano, nº 236: ¿Un nuevo capitalismo? (monográfico sobre la crisis económica), Valencia 2008.
  2. COMISIÓN PERMANENTE HOAC, Reflexión sobre la crisis económica,  Madrid, noviembre de 2008.
  3. A. FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, La crisis financiera: su impacto y la respuesta de las autoridades, Ed. Ediciones Empresa Global, Madrid 2009.
  4. G.SALA, Panfleto contra la estupidez humana, Ed. Laetoli, Pamplona 2007.
  5. Para más información: www.centroellacuria.org; www.ttac.es; www.choice.org/bw2/index2.html.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar

(Logroño)

 

 

 

 

 

 

31/03/2009 11:26 fiaiz #. PUBLICACIONES

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