¿CÓMO HACERNOS PRÓJIMOS?

(12 preguntas de la Fratelli tutti)

Notas para una semana de ejercicios en 2022

 

 

         La FT se publicó en octubre de 2020. Desde entonces vamos comprobando que este texto es un pozo de espiritualidad sin fondo porque no solamente encierra la vivencia espiritual del Papa, sino también los contenidos esenciales del Evangelio. De ahí que recurrir a ella para cubrir la necesidad de reflexión en una semana de ejercicios es del todo pertinente.

         La espiritualidad social es una puerta abierta hoy al misterio. Logra devolver a la Palabra un brillo que, quizá, ha perdido por causa de la rutina y, a la vez, consigue echar luz sobre nuestras situaciones de vida. Doble beneficio. Pero, además, puede alimentar una espiritualidad saludable, menos propensa a las disfunciones de la mera religiosidad. Todo beneficios.

         A lo largo del documento se hacen muchas preguntas (más de 41 han consignado los lectores minuciosos). La pregunta es un dinamismo muy útil para la espiritualidad porque activa el anhelo y mantiene abiertas las puertas del pensamiento. Reflexionar y orar desde las preguntas puede ser un camino productivo.

         Conectaremos las preguntas del papa con la Palabra para recabar de ella luz y ánimo como lámpara que es para nuestros pasos (Sal 118,115). Y desde ahí sacaremos unas derivaciones para nuestra vida. De esa manera, la semilla de la Palabra encontrará el campo de la vida y habrá posibilidad de fruto.

         Hacer esta clase de trabajos espirituales en comunidad, en grupo de fe, es garantía de acierto y de mayor provecho. La fe de unos ayuda a la debilidad de otros. Misterio del compartir cristiano. Que la doctrina, la Palabra, la oración y el silencio nos ayuden a tan buen fin.

 

 

1

¿CÓMO HACERNOS PRÓJIMOS?

 

  1. 1.   FT 81

 

«La propuesta es la de hac0erse presentes ante el que necesita ayuda, sin importar si es parte del propio círculo de pertenencia. En este caso, el samaritano fue quien se hizo prójimo del judío herido. Para volverse cercano y presente, atravesó todas las barreras culturales e históricas. La conclusión de Jesús es un pedido: «Tienes que ir y hacer lo mismo» (Lc 10,37). Es decir, nos interpela a dejar de lado toda diferencia y, ante el sufrimiento, volvernos cercanos a cualquiera. Entonces, ya no digo que tengo “prójimos” a quienes debo ayudar, sino que me siento llamado a volverme yo un prójimo de los otros».

 

         FT es un texto creyente, asentado sobre la Palabra y concretamente, como eje vertebrador de la reflexión, en la parábola del samaritano compasivo (Lc 10,25-37). A ese tema dedica un largo capítulo (el II) y se hace continua referencia en el texto.

         El gran hallazgo bíblico de Papa es cambiar la clásica pregunta de “¿quién es mi prójimo?” por la de “¿me voy haciéndome prójimo del caído en el camino?”.

         Atina el Papa porque el acento de la narración lucana termina en el cortante aserto final de Lc 10,37: “Pues anda, haz tú lo mismo”. Al final, la comprensión correcta de la parábola está determinada por la actitud personal.

         Según el texto del Papa, el ir haciéndose prójimo es todo un itinerario con estos pasos:

1)   No importa que no sea alguien del propio círculo de pertenencia. Hay que tener miras amplias.

2)   Hay que atravesar las barreras culturales e históricas. Cosa que está muy en pañales.

3)   Hay que volverse cercano: hay que inclinarse, preocuparse, acercarse, interesarse, mirar a los ojos y a la realidad del otro. Mirar más allá del propio ombligo.

4)   El resultado: volverme prójimo con los otros. Encontrar la “projimidad” en mi vida.

En FT 69 dice de manera contundente: «La inclusión o la exclusión de la persona que sufre a la vera del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos». Es decir, la validez de un proyecto de vida cristiana se mide por el nivel de “projimidad” de la persona.

 

  1. 2.   Lc 10,25-37

 

«25En esto se levantó un jurista y le preguntó para ponerlo a prueba:- Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar vida definitiva? 26Él le dijo:- ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo es eso que recitas? 27Éste contestó: - “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,5; Lv 19,18). 28Él le dijo: - Bien contestado. Haz eso y tendrás vida. 29Pero el otro, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: - Y ¿quién es mi prójimo? 30Tomando pie de la pregunta, dijo Jesús: - Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y lo asaltaron unos bandidos; lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon dejándolo medio muerto. 31Coincidió que bajaba un sacerdote por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 32Lo mismo hizo un clérigo que llegó a aquel sitio; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. 33Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, al verlo, se conmovió, 34se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino; luego lo montó en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.35Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta”. 36¿Qué te parece? ¿Cuál de estos tres se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos? 37El jurista contestó: - El que tuvo compasión de él. Jesús le dijo: - Pues anda, haz tú lo mismo».

 

  • Nada se dice de este samaritano, solo que era samaritano. No sabemos si cumplía con la ley o no (pentateuco samaritano), si pagaba impuestos o no, si era amante de su familia o no, si rezaba o no. Andaba por posadas (negativo en la época). Solamente se dice que se hizo prójimo con sus consecuencias.
  • Superó los estrechos cauces culturales de la época: el que baja de Jerusalén es lógicamente judío. El samaritano compasivo no repara en eso: es un caído y merece su atención.
  • Se hace prójimo: se acercó y al verlo se conmovió. Mira, se inclina, se curva, se apresta a cogerlo. Sin acercamiento, imposible la projimidad.
  • Y luego, las consecuencias: gasto (vino,aceite); el dueño de la caballería a pie, el otro montado. No se trata solo de caridad, sino también de cuidados. Y cuidado continuado, porque promete volver.
  • La parábola no logra atravesar la coraza del jurista: en lugar de decir “el samaritano”, sin más, dice “el que tuvo compasión de él”.
  • El “personaje” Dios está subyacente en la narración: invita a la solidaridad al sacerdote y al levita (no hacen caso), da fuerzas al caído para que no muera, suscita la compasión en el samaritano (le hace caso), acompaña a esa caravana de pobres a la posada, suscita generosidad para volver si hace falta. Dios en el subsuelo de todo trabajo de projimidad.
  • Golpetazo final: “anda, haz tú lo mismo”. Cortante, no se hable más. No mareemos la perdiz.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Bondad esencial: que es algo anterior a la fe. Es la bondad de fondo, los valores del corazón y de los sentimientos, las conmociones del interior. Son muy importantes. No deberían secarse. La fe tendría que regar ese interior para que brotaran más fácilmente los gestos de bondad. 
  • Una fe con consecuencias: si la fe no tiene consecuencias aún no ha llegado a madurez. Consecuencias de cara al otro, acogida, amparo, solidaridad. Creer sin consecuencias es sospechoso.
  • Ayudarnos a la projimidad: porque tal vez nos conmovemos, pero no nos movemos. Nos falta un impulso final, un decidirnos, un liarnos un poco la manta a la cabeza y animarnos a andar caminos de projimidad. Además, para todo esto hace falta un poco de ilusión y hasta de imaginación. Y eso lo podemos contagiar. La fe en la comunidad no es solamente para la celebración, sino también para caminos de vida.
  • Sendas cotidianas: mucho de todo esto de la projimidad se construye en las sencillas sendas del día a día. Las prácticas que se hagan de este camino son siempre cosas elementales de la relación diaria y con las personas que se entrecruzan en nuestra vida. Es verdad que la situación de quien está lejos también nos incumbe. Pero es en el kilómetro cuadrado donde se desarrolla la vida de uno donde habrá que construir la projimidad. Hay que animarse.

 

  1. 4.   Para orar

 

Dios nuestro, Trinidad de amor,
desde la fuerza comunitaria de tu intimidad divina
derrama en nosotros el río del amor fraterno.
Danos ese amor que se reflejaba en los gestos de Jesús,
en su familia de Nazaret y en la primera comunidad cristiana.

Por Jesús, nuestro hermano. Amén

 

 

2

¿QUÉ ESTOY DISPUESTO A HACER YO?

 

  1. 1.   FT 75

 

«Hay una triste hipocresía cuando la impunidad del delito, del uso de las instituciones para el provecho personal o corporativo y otros males que no logramos desterrar, se unen a una permanente descalificación de todo, a la constante siembra de sospecha que hace cundir la desconfianza y la perplejidad. El engaño del “todo está mal” es respondido con un “nadie puede arreglarlo”, “¿qué puedo hacer yo?”. De esta manera, se nutre el desencanto y la desesperanza, y eso no alienta un espíritu de solidaridad y de generosidad. Hundir a un pueblo en el desaliento es el cierre de un círculo perverso perfecto: así obra la dictadura invisible de los verdaderos intereses ocultos, que se adueñaron de los recursos y de la capacidad de opinar y pensar».

 

Antes de responder a la clásica pregunta de “¿yo, qué puedo hacer?” hay que ver si uno está en ese modo de “descalificación de todo”, si todo lo ve negro, si “siembra sospecha” de todo. Hay cristianos así, sobre todo cuando el color de los gobernantes no es de su gusto o cuando, sin más, entiende que una manera de situarse socialmente es cuestionar todo. Esa es una pantalla de humo que lo bloquea todo. Porque, en el fondo, no se sabe si se quiere cuestionar todo o, simplemente, lo que uno está queriendo decir es que el no está dispuesto a moverse ni un milímetro.

Hay que vigilar si uno colabora a nutrir el desencanto y la desesperanza. Porque todo se contagia. Y sembrar desencanto, desilusión y grisura es debilitar el hecho social e, incluso, hacer imposible el sueño del reino de Dios que solamente se logra con una dosis fuerte de ilusión. Por eso, quizá haya que decir que es más importante en la vida cristiana vivir en ilusión que vivir en gracia.

La generosidad es en los Evangelios salsa para todos los guisos. Sin la percepción del Dios generoso, resulta difícil ser generoso con la sociedad, con las personas cercanas, con los frágiles sociales (Mt 20,15).

Hay que andar con cuidado con quienes se adueñan de la capacidad de opinar y piensan porque, a la larga, lo que buscan es que nadie se mueva, que todo esté paralizado. Así actúan ellos mejor.

Por todo lo dicho, la clásica pregunta “¿yo, qué puedo hacer?” habría de ser cambiada por esta otra: “¿yo, qué estoy dispuesto a hacer?”. Esta segunda remite a la ilusión, a la generosidad y, en definitiva, a responsabilidad. La disposición a hacer no paraliza, sino que espolea la imaginación y encuentra cauces de colaboración.

 

 

 

 

  1. 2.   Mc 6,1-6

 

«1Y salió de aquel lugar. Fue a su tierra, seguido de sus discípulos.2Cuando llegó el día de precepto se puso a enseñar en la sinagoga; la mayoría, al oírlo, decían impresionados:- ¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste y qué clase de fuerzas son esas que le salen de las manos? 3¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban de él.4Jesús les dijo:- No hay profeta despreciado, excepto en su tierra, entre sus parientes y en su casa.5No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza; sólo curó a unos pocos postrados aplicándoles las manos.6Y estaba sorprendido de su falta de fe. Entonces fue dando una vuelta por las aldeas de alrededor, enseñando».

  • El imaginario religioso de la época de Jesús había llevado a creer que el Mesías no tendría familia (aunque sí conexión genealógica con David). Y, menos, una familia pobre. La pobreza de Jesús es su problema. Por eso, conocer su familia es un obstáculo definitivo a su propuesta. Los de su pueblo no están dispuestos a colaborar con uno que es tan pobre como ellos. En esa pobreza se escudan.
  • Y en su familia conocida. Una familia como las demás, con padre, madre, hermanas, hermanos. Si su familia es como la nuestra no merece la pena colaborar, porque terminaremos todos tan pobres como él. Bloqueos de colaboración. El “qué puedo hacer yo” es, en el fondo, un “contigo no quiero hacer nada porque eres tan pobre como yo”. No se ha intuido la fuerza de la pobreza, el vigor de lo pequeño.
  • El “escándalo” se da ante la alternativa del reino: se escandalizan de que el reino sea para los pobres; ellos quieren un reino para poderosos y que ellos sean contados entre los tales. Escandalizarse de quien anhela una mejor suerte para los pobres y, encima, no hacer nada para ello.
  • Jesús es un profeta despreciado por su pobreza, por su origen común, por ser uno cualquiera. No se ha llegado a ver que, dentro, hay una posibilidad. Y no se ha llegado a ver eso porque se está inmovilizado, porque no se quiere dar un paso, porque se hace parte de instituciones esclerotizadas. Mientras no se salga de ahí, no habrá nada que hacer.
  • La sorpresa de Jesús no es por falta de fe ideológica. Los de su pueblo creen, están dentro de la institución. Eso les impide percibir la situación del débil y, más todavía, animarse a echar una mano. Tiene fe ideológica, pero les falta la fe del reino que es una fe práctica. Jesús se extraña que viniendo y viviendo en la pobreza no se les haga presente el mundo de las pobrezas.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Cristianismo que espolea o cristianismo que paraliza: tendría que ser la primera de las opciones: una fe con mística horizontal, de ojos abiertos, sintiendo el acicate y la mordedura de lo real. Si nos paraliza ante las situaciones de la vida es que, quizá, nuestra fe es una fe ideológica, que es valiosa pero que puede estar desorientada, que puede dar una importancia a banalidades, mientras que lo decisivo se oscurece.
  • Necesitados de ilusión social: tan necesitados como de ilusión personal, familiar o comunitaria. Tener ilusión por ver que hay sectores sociales frágiles que mejoran, no mirar reaciamente que en esos sectores se inviertan medios económicos, no discriminar entre personas necesitadas, alegrarse con la alegría de los humildes. Mantener la ilusión de que las utopías evangélicas vayan realizándose (la justicia (universal), el hambre (por debajo del umbral del 10%), la muerte legal (pena de muerte, etc.).
  • Actuar con otros: porque solo es más difícil, no solamente porque los medios sumados cunden más, sino también porque con otros se contagia más fácilmente la ilusión y se aguanta mejor el desaliento. Es el milagro de la comunidad: los valores se suman y los desvalores menguan.
  • Activar el sentido crítico: porque la buena disposición para actuar no puede hacer el caldo gordo a la desidia de las instituciones o a la voracidad de los que buscan solo su beneficio. Por eso, es preciso activar el sentido crítico, la prudencia y el discernimiento. Utopía y sentido crítico pueden ir unidos.

 

  1. 4.   Para orar

 

Concede, Señor, a los cristianos que vivamos el Evangelio
y podamos reconocer a Cristo en cada ser humano,
para verlo crucificado

en las angustias de los abandonados
y olvidados de este mundo
y resucitado en cada hermano que se levanta.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

 

3

¿NOS INCLINAREMOS PARA TOCAR

Y CURAR LAS HERIDAS DE LOS OTROS?

 

  1. 1.   FT 70

 

«Hay dos tipos de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo; las que se inclinan reconociendo al caído y las que distraen su mirada y aceleran el paso. En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y nuestros disfraces se caen: es la hora de la verdad. ¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros? Este es el desafío presente, al que no hemos de tenerle miedo». 

 

Siguiendo con la reflexión sobre la parábola del samaritano compasivo deriva el texto en una tipología peculiar: el mundo se divide en dos clases de personas: las que se hacen cargo del dolor y las que pasan de largo. Coincide el Papa con el aserto del filósofo R. Mate: “la respuesta que damos al sufrimiento del otro nos hace sujetos morales”, dice qué clase de personas somos: ¿nos importa el sufrimiento del otro?, somos buenas personas. ¿No nos importa?, no lo somos. Incluso más: ¿nos importa?, somos seguidores/as de Jesús. ¿No nos  importa?, no lo somos. Esto funciona así.

Dicho de otro modo: hay dos tipos de personas: las que se inclinan y las que miran para otro lado. Inclinarse supone abandonar la propia rectitud (el error de entender lo recto siempre como lo bueno) y mirar en la dirección del otro. Escuchar, empatizar y actuar. Esta tipología elemental remite Evangelio: en él, todo es “curvo”, vuelto al otro, abandonando lo recto (se volvió, se inclinó, lavó pies, etc.). Lo recto queda sin justificar (puesto en pie oraba: Lc 18,11-14).

Y aún una tipología más: o se es un “salteador” o se es “un herido que pone sobre sus hombros a otro herido”. Sanadores heridos, eso nos hace falta. Gente que haya experimentado la propia herida y que se anime a hacerse cargo de heridas ajenas.

Ante un planteamiento así, las excusas quedan vacías, la palabras hueras se muestran sin valor, la pregunta “¿tú, qué haces?” recobra todo su vigor y su capacidad de denuncia. Efectivamente, es la hora de la verdad pura y dura. La verdad desnuda. No hay que temerla. Hay que animarse.

Y ahora las preguntas esenciales: “¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros?”. ¿Es posible hacer de los dolores ajenos dolores propios? Jesús salió a los caminos por los dolores de otros. Muchas personas han hecho suyos sufrimientos que no eran los suyos. Estamos ante el misterio denso de las relaciones humanas: unos que cargan con la debilidad del otro (Rom 15,1).

 

  1. 2.   Jn 20,24-24

 

«24Pero Tomás, es decir, Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25Los otros discípulos le decían:- Hemos visto al Señor en persona.Pero él les dijo:- Como no vea en sus manos la señal de los clavos y, además, no meta mi dedo en la señal de los clavos y meta mi mano en su costado, no creo.26Ocho días después estaban de nuevo dentro de casa sus discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando las puertas atrancadas, se hizo presente en el centro y dijo:- Paz con vosotros.27Luego dijo a Tomás:- Trae aquí tu dedo, mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.28Reaccionó Tomás diciendo:- ¡Señor mío y Dios mío!29Le dijo Jesús:- ¿Has tenido que verme en persona para acabar de creer? Dichosos los que, sin haber visto, llegan a creer».

 

  • Lo que se va a decir es con Jesús “en el centro”. Es decir: va a ser algo nuclear de la fe, no algo relativo que quede al arbitrio de cada cual. Si se quiere ser seguidor/a de Jesús habrá que conectar con ello. Máxima atención.
  • Es otra escena de reconocimiento del EvJn (la otra había sido la de reconocer por el nombre: María, Rabbuní): se reconoce al resucitado al tocar sus llagas. Es decir, el llagado de entonces tiene que ver con el triunfante de ahora. La manera de conectar con él en el ahora de la historia es tocar llagas, curar. Esa es la manera de vivir la resurrección en la historia: tocando llagas, curando, ya que la vida plena, resucitada, será una vida sin heridas, sin llagas. El creyente comienza ahora.
  • Hay un cierto matiz de insistencia: toca las llagas con insistencia, repetidamente, muchas veces, sin cansarte. Las llagas, sobre todo las ajenas, cansan, se hacen pesadas, creemos que nos incumben. Vivir la resurrección es insistir en tocar llagas para curarlas. La fe en la resurrección no es cuestión de ideologías, sino de tocar llagas.
  • La escena pretende provocar alguna reacción en el lector (no interesa tanto lo pasado con Tomás). Creer sin haber visto, haber curado llagas sin ver a Jesús, simplemente viendo llagas y su urgencia (“¿Cuándo te vimos…?”: Mt 25,37), ver la herida y su profunda necesidad. Conmoverse por las heridas, propias, ajenas sobre todo (cercanas y lejanas).

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Curar: A veces se podría resumir todo el Evangelio en una sola palabra: curar, por ejemplo. ¿Curas?, eres seguidor/a; ¿no curas?, aún no lo eres. Curar las heridas múltiples del caminar humano, empezando por las del cuerpo y terminando en las más recónditas del alma.
  • Algo que se va aprendiendo: se aprende haciendo pequeñas experiencias de vida, pequeños caminos, sencillos intentos. No se trata generalmente de opciones radicales y convulsionantes, sino de gestos que se suman, apuestas pequeñas que solamente uno conoce, generosidades envueltas en silencio. Pero siempre se aprende con la práctica.
  • Hacer al otro un sitio en mi yo: porque creemos que el yo se reafirma si lo ocupa todo, en su tiránica soledad. Pero si el otro, los otros, se aposentan en mi centro, yo no salgo limitado. Por un misterio insondable de amor el yo se amplía, se fortalece y la vida sale potenciada. La entrada de los otros en mi yo no es un asalto a mi huerto, es la ampliación del propio ser hasta extremos que se desconocían.
  • No es una reprimenda: puede ser que leamos FT 70 como si fuera una reprimenda. Pensamos que es otra cosa: un deseo urgente de animar, de empujar a la solidaridad, a la corresponsabilidad, a la certeza de que nos salvamos juntos. Tal vez no sea el tono adecuado, pero la intención es inapelable.

 

  1. 4.   Para orar

 

Ven, Espíritu Santo, muéstranos tu hermosura
reflejada en todos los pueblos de la tierra,
para descubrir que todos son importantes,
que todos son necesarios, que son rostros diferentes
de la misma humanidad que amas. Amén.

 

 

 

 

 

 

4

¿DESEAS HONRAR EL CUERPO DE CRISTO?

 

  1. 1.   FT 74

«Una persona de fe puede no ser fiel a todo lo que esa misma fe le reclama, y sin embargo puede sentirse cerca de Dios y creerse con más dignidad que los demás. Pero hay maneras de vivir la fe que facilitan la apertura del corazón a los hermanos, y esa será la garantía de una auténtica apertura a Dios. San Juan Crisóstomo llegó a expresar con mucha claridad este desafío que se plantea a los cristianos: “¿Desean honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecien cuando lo contemplen desnudo […], ni lo honren aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonan en su frío y desnudez”. La paradoja es que a veces, quienes dicen no creer, pueden vivir la voluntad de Dios mejor que los creyentes».

 

Educados en la fe religiosa, se puede dar el caso, dice el Papa, de que alguien se considere creyente (y por ello superior a otros, como el fariseo de Lc 18,11-14) sin tener en cuenta las exigencias de esa fe que dice tener. El peligro de construir una fe sin exigencias sociales es muy real, porque lo hemos trabajado poco. Y de ahí que nuestra identidad cristiana esté puesta en cuestiones religiosas (prácticas religiosas, devociones, pertenencia al cristianismo sociológico) y no en cambios sociales (justicia, igualdad, amparo a los frágiles). Es preciso vigilar siempre estos comportamientos para evitar desenfoques que luego no hay quien los enmiende.

El mejor camino para tener acceso al corazón de Dios, dice el Papa, es acceder al corazón del hermano y sus necesidades. Querer puentear al hermano, a lo social, para tratar los asuntos de la fe directamente con Dios puede ser, en el mejor de los casos, una fantasía (“Yo soy de Dios, qué dulce pensamiento) y en el peor, un engaño. Por eso, la prueba del vigor de nuestra fe es el nivel de nuestras relaciones humanas, personales, comunitarias y sociales. Desde ahí hay que mirar, por ese baremo hay que medir.

La cita de san Juan Crisóstomo (347-407) sigue vigente: es equívoco el verter tanto entusiasmo en imágenes y aderezos y tan escaso en las pobrezas. Si eso está descompensado, se corre el riesgo de una fe alejada del evangelio. En todas esas cuestiones de ritos e imágenes siempre hay que hacerse la misma pregunta: ¿qué tiene esto que ver con el Evangelio? De la respuesta a esta cuestión depende su valor real para la vida cristiana.

Se apunta el Papa a un argumento manejado por muchos creyentes: a veces los no creyentes cumplen mejor la voluntad de Dios que los creyentes. Bueno, también es difícil para los no creyentes se justos, honrados y solidarios. Ciertamente los hay y, sí, nos dan sopas con honda a los que nos decimos creyentes. Pero no son tantos ni todos.

 

  1. 2.   Sant 2,14-17

 

«14¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? 15Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, 16y que uno de vosotros les dice: "Dios os ampare, abrigaos y llenaos el estómago", y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? 17Eso pasa con la fe; si no tiene obras, está muerta por dentro. Alguno dirá: "Tú tienes fe y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras y yo, por las obras, te probaré mi fe"».

 

  • La carta de Santiago empuja mucho al discernimiento: no se puede vivir la fe de manera indiscernida, rutinaria, sin pensar y reflexionar. Porque si no, se termina asentando la fe en cosas relativas, cuando no nimias y haciendo de ellas una bandera discutida que engendra no pocos conflictos.
  • La fe de calidad es para Santiago una mezcla de confianza en Jesús y de obras. Estas (como en 1 Jn) tienen una cierta primacía porque se ven, lo otro no se ve. De ahí el énfasis de su texto en las obras. Una fe sin obras es una fe muerta, irreal, sin cimiento, porque el Espíritu sopla sobre el cimiento de la bondad y sobre él se construye el edificio de la experiencia cristiana.
  • De ahí ejemplo claro y un tanto irónico: despedir al hermano necesitado con simples bendiciones religiosas es exponerlo al desamparo. Esto es retrasar el día de la llegada del reino porque este se adelanta cuando hay socorro humano y se retrasa cuando tal socorro no brota (el tiempo del reino es “manipulable”).
  • La conclusión es clara: una fe sin obras de fe es un cadáver. Más gráfico no se puede ser. La fe que está lejos de las necesidades del hermano es una fe “cadavérica”. Puede que la rutina religiosa le haga creer a uno que está espiritualmente vivo. Pero, si se mira dentro, verá un vacío que solamente puede llenarlo las obras de buena relación, de amparo, de solidaridad, de preocupación real por el otro.

 

  1. 3.   Derivaciones:

 

  • Valores identitarios: son aquellos que provienen del Evangelio: que nada se pierda, que avance la justicia, que las desdichas de los pobres mengüen, que los frágiles tengan un puesto en la sociedad, que la dignidad de la persona ocupe el centro. Las actividades religiosas (sacramentos, oración, Palabra, piedad, etc.) servirían para ayudar a que se desarrollen mejor esos valores identitarios.
  • Satisfacciones sociales: son necesarias para entender que fe y vida van mezcladas. ¿Cuáles son? Que los humildes vayan saliendo a flote, que los descartados sean los menos posibles (ninguno a poder ser), que las alegrías se acerquen a las personas heridas, que alguien recoja de alguna manera las lágrimas de los pobres (recordar Qoh 4,1).
  • Fe pensada/fe vivida: las dos cosas son necesarias, pero la primacía se la lleva la fe vivida (entre ortodoxia y ortopraxis, el Evangelio se apoya más en la segunda). Quien piensa bien la fe es útil a la comunidad cristiana; quien la vive, es más útil, imprescindible. Colmar el foso entre ambas realidades existentes es una tarea continua (es más importante “vigilar” la fe vivida que la pensada).
  • Buenos vecinos/as: ese, por simple y humilde que parezca, podría ser un ideal de vida cristiana. Son las buenas relaciones en el marco de lo cotidiano. Se trata de ser bueno, ideal divino (Mc 10,17) y de ser vecino, cercano a las necesidades del otro. Es el ámbito de la buena relación, escenario donde quiere situarse el Evangelio.

 

  1. 4.   Para orar

 

Señor y Padre de la humanidad,
que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad,
infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.
Inspíranos un sueño de reencuentro,

de diálogo, de justicia y de paz.
Impúlsanos a crear sociedades más sanas
y un mundo más digno.
sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

Por Jesús nuestro hermano. Amén.

 

 

5

¿ME PIDES DE BEBER A MI?

 

  1. 1.   FT 83

 

«Esto explica [la rivalidad entre judíos y samaritanos] por qué una mujer samaritana, cuando Jesús le pidió de beber, respondió enfáticamente: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?” (Jn 4,9). Quienes buscaban acusaciones que pudieran desacreditar a Jesús, lo más ofensivo que encontraron fue decirle “endemoniado” y “samaritano” (Jn 8,48). Por lo tanto, este encuentro misericordioso entre un samaritano y un judío es una potente interpelación, que desmiente toda manipulación ideológica, para que ampliemos nuestro círculo, para que demos a nuestra capacidad de amar una dimensión universal capaz de traspasar todos los prejuicios, todas las barreras históricas o culturales, todos los intereses mezquinos».

 

Las razones de la hostilidad entre judíos y samaritanos las da claramente la misma FT 82: «Los samaritanos habitaban una región que había sido contagiada por ritos paganos, y para los judíos esto los volvía impuros, detestables, peligrosos. De hecho, un antiguo texto judío que menciona a naciones odiadas, se refiere a Samaría afirmando además que “ni siquiera es una nación” (Si 50,25), y agrega que es “el pueblo necio que reside en Siquén”» (v. 26). Esa extrañeza revela la pregunta de la mujer: un judío que pide a una samaritana es un judío distinto, no abducido por el exclusivismo judío. Una persona de mente abierta.

No es de extrañar que Jesús sea tildado de “samaritano”, que es lo mismo que impuro, hereje, destinado al infierno, despreciable (además de aquella condena nunca desmentida de “comilón y borracho, amigo de pecadores”: Mt 11,19). Jesús no renuncia a ese insulto porque en realidad es uno así: estaba a gusto con los pecadores (Lc 19,7).

Se trata de “ampliar el círculo” que tiende a cerrarse en la persona exclusiva, en mis intereses personales, en mis problemas únicos (ya venía esto desde Is 54,29). Es el problema de autorreferencialidad, como dice muchas veces el Papa Francisco: solo me interesa lo mío. Romper esa coraza de hierro es decisivo para entender la postura de Jesús y la orientación del seguidor/a. La lucha contra el egoísmo es acompañante sempiterno del caminar humano. Ahí se juega mucho de la verdad de la persona y de la verdad de la fe.

Desde ahí pide FT una dimensión universal que traspase prejuicios, barreras e intereses. Los prejuicios bloquean la solidaridad, la tendencia a poner al otro en nuestro centro. Las barreras dividen artificialmente a las personas y las encasillan sin posibilidad de salir de ahí. Los intereses (el poder, la economía) son una siembra de sal sobre cualquier planteamiento amplio. Todo un trabajo que hay que ir haciendo todos los días.

 

  1. 2.   Ef 2,13-18

 

«13Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. 14Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, 15anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, 16para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad. 17Vino a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. 18Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu».

 

  • Efesios dice que el secreto designo de Dios es reconciliar todo en Cristo. Hacer obra de reconciliación sería el distintivo del cristiano, su forma de amar. Eso es lo que ha hecho el milagro de hacer una comunidad cristiana donde convivan los paganos que estaban lejos y los judíos que estaban cerca. Si se puede reconciliar cosas tan dispares es que la obra de reconciliación se está haciendo. Si esto se realiza por el Mesías, no es sin más, sino aceptando los valores de ese Mesías, los valores del Evangelio. O sea: quien dice seguir el Evangelio ha de distinguirse por su mentalidad amplia, reconciliadora, universal.
  • Jesús ha abolido toda hostilidad para que nosotros sigamos por esa senda. No se hace nada con alabar la tarea reconciliadora de Jesús si luego nosotros no trabajamos ese campo. Pretender vivir la fe sin reconciliación es un imposible. En esto habría que ser lo más animosos posible. Que no nos coma el desamor, la desunión, la lejanía con quien tenemos dificultades de relación. Porque, repetimos, vivir en ruptura contradice nuestra opción por el Evangelio.
  • De ahí surge la humanidad nueva, la relación distinta, la fraternidad igualitaria. Quitar esto del horizonte de la vida cristiana sería empobrecerla. Hay que tratar que el desaliento, el anquilosamiento, el cansancio no hagan mella en nosotros y demos ya por perdida esta batalla de una vida reconciliada.
  • Los frutos de una vida reconciliada y de amplias miras son la paz y el acceso al corazón del Padre, el sosiego de vida y la fe vibrante, la serenidad lograda y la fe madura. El horizonte amplio enriquece la vida y la hace más gozosa; el horizonte estrecho deriva en muchos puntos de fricción y en indudable disgusto de vida.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Reconciliaciones sociales: la fe religiosa ha trabajado mucho el campo de la reconciliación religiosa. A veces lo ha desligado del campo de la vida y ha creído que pidiendo perdón a Dios (Dios siempre perdona) ya estaba todo arreglado (aunque sabemos que el Evangelio demanda antes el perdón con el hermano: Mt 5,24). Quizá una manera de mejorar esto sea potenciar las reconciliaciones sociales: familiares, laborales, políticas incluso. Ahí es donde se juega con frecuencia la verdad de esa mentalidad universal y amplia de la que nos habla FT.
  • Raíces y horizonte: en una mentalidad amplia y universal pueden ser compatibles las raíces y el horizonte, las raíces de la propia cultura y el horizonte de la universalidad, el aprecio de los propios orígenes y la aceptación de modos culturales distintos. Unas y otro se asientan sobre la dignidad y la certeza de que somos familia humana.
  • El sueño de una fe común: hoy cada religión tiene su propia fe y eso es, ciertamente, un valor. Pero quizá sea compatible con ello el sueño de que un día las religiones tengan la certeza de una fe común, en un Dios común. Se cumplirá entonces, en modos de amplitud total, la certeza de Efesios de haber hecho no solamente de dos un solo pueblo, sino de todos los pueblos un solo pueblo creyente. Los grandes sueños no están prohibidos en el Evangelio, libro de sueños él también.
  • Una Iglesia común: lo mismo decimos de las Iglesias, hoy numerosas (existen más de 4.200 religiones en el mundo). No cabe duda que todas ellas tienen un gran valor. Pero ¿por qué no soñar una iglesia única, englobante, democrática, unificada en sus causas de fe y en sus trabajos sociales? Sería una revolución que cambiaría el curso del planeta. Quizá los grandes sueños comienzan por elaborarse en el interior de cada uno/a.

 

  1. 4.   Para orar

 

Que nuestro corazón se abra
a todos los pueblos y naciones de la tierra,
para reconocer el bien y la belleza
que sembraste en cada uno,
para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes,
de esperanzas compartidas. Amén.

 

 

 

 

 

 

6

¿QUÉ OCURRE SIN LA FRATERNIDAD?

 

  1. 1.   FT 103

 

«La fraternidad no es sólo resultado de condiciones de respeto a las libertades individuales, ni siquiera de cierta equidad administrada. Si bien son condiciones de posibilidad no bastan para que ella surja como resultado necesario. La fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad. ¿Qué ocurre sin la fraternidad cultivada conscientemente, sin una voluntad política de fraternidad, traducida en una educación para la fraternidad, para el diálogo, para el descubrimiento de la reciprocidad y el enriquecimiento mutuo como valores? Lo que sucede es que la libertad enflaquece, resultando así más una condición de soledad, de pura autonomía para pertenecer a alguien o a algo, o sólo para poseer y disfrutar. Esto no agota en absoluto la riqueza de la libertad que está orientada sobre todo al amor».

 

De los tres grandes valores que consagró la revolución francesa (¿dónde quedan?), la fraternidad es el menos trabajado. Sin embargo, la fraternidad da un brillo y contenidos nuevos a la libertad y a la igualdad. La fraternidad incluye ambos valores (vivir en fraternidad supone un libertad aumentada y una igualdad mayor precisamente porque se han puesto en común). La fraternidad es un valor siempre con futuro porque engloba a los otros valores.

La fraternidad, para que verdee, ha de ser cultivada. No brota por generación espontánea. Es un cultivo, una construcción espiritual. Abandonar el cultivo de la fraternidad es caer en el individualismo más tiránico. Los grupos cristianos habrían de brillar por el cultivo de los valores comunitarios (no sectarios, que es otra forma de individualismo). El testimonio primero del grupo cristiano habría de ser la fraternidad. Siempre es una asignatura pendiente.

Educar para la fraternidad no es solamente cuestión de los comienzos infantiles o de los inicios de procesos de fe adulta. La educación para la fraternidad ha de ser constante, continua, siempre actualizada. Y habría de ser una educación de tipo práctico, más que ideológico. Educarse viviendo como hermanos/as, experimentando las dificultades inevitables y los gozos indudables. Mantener viva la llama de la fraternidad es, con frecuencia, tarea ardua, aunque hermosa si se logra lo más fundamental: ser uno mismo ante el otro.

Describe muy bien FT las “asignaturas” de ese curso sobre la fraternidad que habría que aprobar: el diálogo, el descubrimiento de la reciprocidad y el enriquecimiento mutuo. Diálogo incansable y constructivo, sabiendo que el otro también sufre, que tiene parte de razón y que se puede llegar a acuerdos, siquiera sobre mínimos. Descubrir que somos nosotros cuando somos el otro, la reciprocidad como mejor manera de vivir en gozo y paz. Saber que todos podemos aportar algo a la realización del otro y que la riqueza nos viene del darse y recibir.

Si no se hacen estos trabajos, la libertad “enflaquece”, se tambalea, se esfuma. Y la igualdad se convierte en poco más que un baremo uniformador. La soledad comienza a instalarse en el corazón y el amor llega a ser un ingenuo desiderátum, nada más. Del cultivo de la fraternidad depende en gran parte el sentido de nuestra vida cristiana.

 

  1. 2.   Mt 23,8-12

 

«8Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.9Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.10No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.11El primero entre vosotros será vuestro servidor.12El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

 

  • La tensión con la avanzadilla del fariseísmo (los escribas de después de Yamnia) termina en este pasaje positivo dirigido a los seguidores de Jesús. Primera recomendación: no llamarse maestro porque este tiene una cierta superioridad cobre los alumnos. Aquí no hay maestros y alumnos, sino solamente hermanos. En la comunidad nadie es más que nadie y nadie es menos que nadie. De ser alguien “más” lo serían los frágiles: a ellos habría que ponerlos en el centro (Mc 3,3).
  • Segunda recomendación: tenéis un Padre común, el del cielo. Eso os hace hijos iguales, familia común. De ahí la responsabilidad de unos con otros. Salirse del marco de la fraternidad es alejarse de la paternidad de Dios, vaciarla de contenido.
  • Tercera recomendación: dejarse aconsejar por Cristo, por sus valores y criterios. Él es el mejor consejero; el Evangelio es nuestro mejor consejero. Discernir ante el Evangelio es aprestarse a acertar; hacerlo con otros criterios es un riesgo.
  • Conclusión primera: si uno aspira a ser mayor que crea que puede serlo sirviendo, La paradoja aumenta el sentido: se puede estar contento sirviendo, se puede ser en verdad primero cuando se sirve porque te unes al servidor Jesús, el que está fuera de la mesa (Lc 22,27).
  • Segunda conclusión: la incorrecta autoestima que se pone por encima del otro Dios la pondrá en su sitio (pasivo divino) porque él mira la realidad de la persona, lo que en verdad es uno (1Cor 13,12).

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Contra la fatiga fraterna: dado que el conflicto, en mayor o menor grado, acompaña la vida comunitaria y familiar, quizá estemos tentados de abandonar la mística de la fraternidad, cansados y fatigados de ella. No habría que apearse de ese anhelo. Y, aunque haya momentos bajos, ser ágiles para volver de nuevo a la senda de la fraternidad, camino único para acceder al secreto del Padre.
  • Fe en el otro: quizá sea más fácil tener fe en Dios que tenerla en el hermano. Porque para construir la fraternidad es precio “creer”  en el otro como posibilidad mayor de fe. Y eso resulta muy difícil cuando se experimenta la propia debilidad y la del hermano. Pero es justamente ahí donde se halla la prueba del vigor de nuestra fe. Descreer del hermano es, no le demos más vueltas, descreer en Dios.
  • El primer apostolado: ya lo hemos insinuado: el primer apostolado de un grupo, una comunidad, una parroquia, etc., es la fraternidad. Más que una actividad, que tiene su gran valor, por la fraternidad viva se puede entender lo que pretende el Evangelio. Decía el Hno Roger que el mundo de hoy puede entender la fe con comunidades buenas de corazón y de vida simple. Es el gran apostolado del viejo “ved como se aman” tantas veces citado.
  • ¿Muchos hermanos, pocos amigos?: eso suele decirse de la vida religiosa y podría decirse también de la vida cristiana en general. Si la fraternidad solamente nos da numerosos miembros de la congregación o de la iglesia, pero no unas pocas personas en quien confiar, es que quizá la fraternidad no ha hecho su obra. La fraternidad tiende a lo universal, pero no puede ser genérica. Ha de pasar por experiencias concretas de vida, por caminos andados juntos, por experiencias compartidas. De la experiencia concreta al horizonte, ese es el camino.

 

  1. 4.   Para orar

 

Señor Jesús,
por tu gloriosa pasión,
vence la dureza de los corazones,

prisioneros del odio y del egoísmo;
por el poder de tu resurrección,
arranca de su condición

a las víctimas de la injusticia y de la opresión;
por la fidelidad de tu venida,
confunde a la cultura de la muerte

y haz brillar el triunfo de la vida.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

7

¿HAY PEREZA PARA BUSCAR LOS VALORES?

 

  1. 1.   FT 209

 

«Tenemos pruebas de sobra de todo el bien que somos capaces de realizar, pero, al mismo tiempo, tenemos que reconocer la capacidad de destrucción que hay en nosotros. El individualismo indiferente y despiadado en el que hemos caído, ¿no es también resultado de la pereza para buscar los valores más altos, que vayan más allá de las necesidades circunstanciales?». 

 

En la persona, lo sabemos, lo vemos, anida lo mejor y lo peor. Somos capaces de entregas admirables y de comportamientos destructivos sin límites. Reconocer con paz ambas cosas habría de llevarnos a potenciar lo bueno y a ser muy cuidadosos con el “Caín” que llevamos dentro (como dice Rom 7,14ss). La bondad es la mejor forma de control de la maldad. Darse al bien es tarea que todos aprecian y que nadie cuestiona, aunque, a veces, se ironice e incluso se ridiculice. Pero el bien es apreciado por todos.

Es cierto que hemos caído en un individualismo indiferente y despiadado. No sabemos si más o menos que en otras épocas. Tal vez los medios modernos de comunicación los han acentuado. El ver los males ajenos en tiempo real, es posible que nos hayan vacunado de individualismo. Pero el escenario actual también es propicio para el bien. Quizá el Papa, como buen clérigo, tenga una visión un tanto derrotista del momento. ¿Habría sonado de otro modo la FT desde una puesta en evidencia del bien innegable que hoy se da en la sociedad?

Sí, tal vez nos envuelva una pereza antropológica (mezcla de desilusión, sabérnoslas todas, cansancio, etc.) para incorporar los valores de fondo de lo humano, que son los mismos valores evangélicos (la fraternidad, la paz, la generosidad, la preocupación por el frágil, la humildad, la mansedumbre, el corazón entregado). Algo nos dice que ese camino tan trillado ya no es rentable. Pero, en realidad, es un camino cada día por estrenar. Porque la bondad es como el amanecer: cada día es nuevo. Los buenos de verdad, los que creen en el bien, son quienes no se cansan de ser buenos/as.

Nos atosigan las circunstancias y perecemos bajo su influjo. De ahí que busquemos soluciones inmediatas y que lo queramos todo al instante y ya. La bondad es un horizonte y tiende a mirar más lejos que las inmediatas circunstancias. Para ello es precisa una dosis de confianza fuerte, y la fe necesaria en el futuro como para no reclamar los frutos de manera instantánea.

  1. 2.   Gál 3,1-4

 

«1¡Gálatas estúpidos! ¿Quién os ha embrujado? ¡Después que ante vuestros ojos presentaron a Jesús Mesías en la cruz! 2Contestadme solo esto: ¿recibisteis el Espíritu por haber observado la Ley o por haber escuchado con fe? 3¿Tan estúpidos sois ¿Empezasteis por el Espíritu para terminar ahora en la materia? 4¡Tan magníficas experiencias en vano!, suponiendo que hayan sido en vano».

 

  • Como sabemos y como lo muestra este texto, Gálatas es uno de los textos más “volcánicos” del NT (junto con Jn 7-8). Pablo pierde los papeles y llega, como se ve, al puro insulto. Es que, según él, la vuelta a las prescripciones de la Ley, tras haber dado el paso hacia Jesús, anula y quita el sentido al mismo Evangelio. Y ante el peligro de perder el Evangelio, Pablo reacciona con la fuerza de un “fanático”. Todo se ha tirado por la borda.
  • Pablo piensa que es un “embrujamiento” el que han sufrido los gálatas. Pero, en realidad, es más posible que hayan experimentado un cansancio, una decepción, un vacío. Y entonces el recurso es volver a lo conocido. Se han cansado tan pronto de los valores del Evangelio. La cruz ha dejado de ser algo interesante y han dirigido su mirada a valores más satisfactorios. La decepción, la rutina y la pereza han hecho su obra.
  • El Espíritu es el sentido. ¿Lo han recibido por la Ley o por la fe? Posiblemente los gálatas respondan: estamos cansados, la fe en Jesús nos aburre, ya no tenemos ilusión. La vuelta a la Ley no es porque se quieran lanzar de nuevo a la experiencia religiosa del judaísmo, sino que es mero fruto del cansancio. ¿Cansados de creer, cansados de la religión, cansados de la cruz? Cansados, al fin y al cabo.
  • Y el cansancio lleva a la “materia”, al materialismo, al consumismo decimos nosotros. El consumo ocupa el lugar de los valores del Evangelio y nos satisface con creces: vamos a los templos del consumo, compramos hasta lo que no nos hace falta, pagamos y salimos tan contentos que estamos dispuestos a volver. El cansancio ha triunfado y el lucro se beneficia de ello. Y todos tan contentos. Los valores se han esfumado.
  • ¿Pero ha sido un camino en vano? Quizá no. El Evangelio siempre nos espera y es posible volver a él. Pablo reniega a los gálatas. Pero el Evangelio es casa abierta y nadie nos va renegar. Podemos volver siempre y siempre seremos bien recibidos. De ahí que ni un minuto vivido al amparo del Evangelio es una pérdida. Siempre hay posibilidad, cada día es una oportunidad.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Una fe que aburre: quizá lo que nos aburre no es tanto la fe, sino una religiosidad cansina y repetitiva. ¿Cómo sacudirse el aburrimiento? ¿Cómo hacer que el brillo vuelva a los ojos? ¿Cómo no abandonar el enamoramiento de Jesús? Hay que cuidar todos los días ese amor, hay que renovar cada mañana la búsqueda, hay que estar en estado de “excitación creyente”, hay que controlar a todos los “bomberos” que quieren apagar ese fuego (consumo, olvido, rutinas religiosas, falta de conmoción social, etc.). Una fe que aburre es como un aburrido, tan paradójico y tan empobrecedor.
  • La sobriedad feliz: es un movimiento sociológico que pretende una saludable austeridad para hacer sitio a los valores humanos de fondo (y en nuestro caso también a los valores de la fe). Moderando el consumo hay muchas más posibilidades de que los valores evangélicos estén activos en nuestra vida y de que ocupen el sitio que pueda dar sentido a nuestros pasos. Consumo excesivo y valores evangélicos son dos realidades que se repelen.
  • Revitalizar por la práctica de la bondad: la fe se puede revitalizar si se hacen prácticas de bondad (bondad en obras) porque las obras del Evangelio tienden al corazón de la persona y fortalecen las mejores opciones. Cuando más se practica el bien, cuantas más experiencias de bondad se acumulen (por sencillas que sean) se estará más cerca de los valores del Evangelio y se alejará el fantasma de la pereza por vivir los valores.
  • Frutos ya: es lo que, a veces, queremos. Y como resulta que los valores son siembra a largo plazo, nos desalentamos y nos cansamos. Pero asentar la vida en los valores humanos de fondo y en los evangélicos que son los mismos es algo que va moldeando el interior de la persona. Quien asienta su vida en ellos descubre, con frecuencia a toro pasado, que vive posturas y opciones que antes no habría tenido. Es el Evangelio que va haciendo su obra. Los frutos llegan a su tiempo.

 

  1. 4.   Para orar

 

Señor Jesús,
une a tu cruz los sufrimientos

de tantas víctimas inocentes:
envuelve con la luz de la Pascua

a quienes se encuentran profundamente heridos:
las personas abusadas,

despojadas de su libertad y dignidad;
haz experimentar la estabilidad de tu reino

a quienes viven en la incertidumbre:
los exiliados, los refugiados

y quienes han perdido el gusto por la vida.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

 

8

¿AMAMOS A NUESTRA SOCIEDAD?

 

  1. 1.   FT 230

 

«El esfuerzo duro por superar lo que nos divide sin perder la identidad de cada uno, supone que en todos permanezca vivo un básico sentimiento de pertenencia. Porque “nuestra sociedad gana cuando cada persona, cada grupo social, se siente verdaderamente de casa. En una familia, los padres, los abuelos, los hijos son de casa; ninguno está excluido. Si uno tiene una dificultad, incluso grave, aunque se la haya buscado él, los demás acuden en su ayuda, lo apoyan; su dolor es de todos. En las familias todos contribuyen al proyecto común, todos trabajan por el bien común, pero sin anular al individuo; al contrario, lo sostienen, lo promueven. Se pelean, pero hay algo que no se mueve: ese lazo familiar. Las peleas de familia son reconciliaciones después. Las alegrías y las penas de cada uno son asumidas por todos. ¡Eso sí es ser familia! Si pudiéramos lograr ver al oponente político o al vecino de casa con los mismos ojos que a los hijos, esposas, esposos, padres o madres, qué bueno sería. ¿Amamos nuestra sociedad o sigue siendo algo lejano, algo anónimo, que no nos involucra, no nos mete, no nos compromete?”».

     Aunque sea difícil concretar, preguntarse por nuestro amor a la sociedad sin un “básico sentimiento de pertenencia” resulta imposible. ¿A qué sentimiento nos referimos? Al que hace brotar la alegría a los ojos cuando se entiende que vivir con otros es una suerte, cuando se considera que ser familia humana es una bendición, cuando surge la comprensión paciente con los caminos muchas veces errados de nuestra sociedad. Se trata de algo místico: entender, por no sabemos qué caminos, que el sentido de lo humano es vivir con y para el otro (como decía Z. Baumann). Si vivir con otros produce un resquemor, estamos todavía lejos. Y hablar de amor a la sociedad, es hablar chino.

Este sentimiento no es algo frío: es la certeza de “sentirse en casa”, de saber que tenemos un hogar, que no es otro sino el corazón de las personas, por mucho que a veces la puerta de ese hogar no dé en las narices (¿Qué se puede esperar de quien no tiene hogar?, dice el refrán). Nuestro hogar es el corazón, personal y colectivo, de los seres humanos. Si lo sintiéramos nuestro, no tiraríamos piedras contra nuestro propio tejado. Es un sin sentido y una crueldad ser inhumano con la propia familia. La espiritualidad de la “casa común” comienza por sentirse bien con los inquilinos humanos de esa casa.

Las dificultades habrían de crear lazos de unidad, no barreras que separan. La creación de barreras comienza en el corazón de la persona, antes de que se levante muros o vallas. Por eso, hasta las “peleas”, los conflictos sociales, habrían de tener una elaboración cordial, aunque no se llegara a solucionarlos (no es lo mismo solucionar que elaborar). Amar la sociedad no es un angelismo creyendo que “todo el mundo es bueno” sin más. Se trata de hacer humano un camino de convivencia que no es fácil, que para alguno es “casi” imposible (hasta para el Génesis), pero donde se juega el sentido de nuestro ideal de humanidad (y el mismo sentido de la fe).

         Y hay que tener en cuenta que toda contribución es necesaria e importante para el proyecto de vida social común. No somos imprescindibles, pero sí necesarios. La contribución no se puede medir por la cantidad de dinero que se aporta, o de ciencia, o de cultura. Se mide por el amor con que se hace. Por eso mismo, las aportaciones más sencillas, menos relevantes, menos brillantes tienen su indudable valor. ¿Cómo pasar de la orilla enervante del propio egoísmo a la otra del sentirse parte de un proyecto común? ¿Cómo generar una espiritualidad de la hermosura del proyecto común?

Puede resultar ingenuo decirlo. Pero mirar a la sociedad con los mismos ojos con los que miras a quien amas es un ideal hermoso y posible. Efectivamente, en toda esta mística de amor social es cuestión también de un cambio de mirada, de encontrar otra manera de volver los ojos, los de la cara y los del alma a quienes hacen parte de tu vida e, incluso, a los que no hacen parte de tu realidad cercana. Una mirada distinta, hecha de agradecimiento, de verlo como una suerte, de paciente tolerancia.

Amar a la sociedad generando un movimiento de cercanía. No verla solamente como algo fuera de mí, algo distinto a mí, algo en mi contra. El amor a la sociedad, por lejano que parezca, puede ser fuente de otros amores más “tocables”. ¿Puede uno enamorarse de otro desde el desasosiego social, desde una visión negativa del mundo del que hacer parte?

 

  1. 2.   1 Pe 3,13-17

 

«13Y además, ¿Quién podrá haceros daño si os dais con empeño a lo bueno? 14Pero aun suponiendo que tuvierais que sufrir por ser honrados, dichosos vosotros. No les tengáis miedo ni os asustéis; 15en lugar de eso, en vuestro corazón reconoced al Mesías como a Señor, dispuestos siempre a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida una explicación, 16pero con buenos modos y respeto y teniendo la conciencia limpia. Así, ya que os difaman, los que denigran vuestra buena conducta cristiana quedarán en mal lugar. 17Más valdría padecer porque uno hace el bien, si tal fuera el designio de Dios, que por hacer el mal».

  • 1 Pe es una carta dirigida “inmigrantes dispersos”, creyentes que, posiblemente por razones económicas, han tenido que abandonar su patria y, al ser una minoría, se encuentran perdidos en el ancho mar del paganismo. El autor les anima a no cerrarse, a mantenerse abiertos a la ciudadanía, aunque tengan que pasar ciertos apuros. No se les demanda explícitamente que amen a la ciudad, pero, al menos, que no se cierran a ella.
  • Darse a lo bueno es garantía de que se va a convivir mejor. Si no se cree en la bondad básica de la ciudadanía, más allá de sus limitaciones, el amor social es imposible. Estar siempre en una actitud de desconfianza ante los comportamientos ciudadanos aleja del amor a la sociedad, lo enfría, termina por desecharlo.
  • Es posible que haya que sufrir por ser honrados. Son los sufrimientos que comporta el amor. No se puede descreer del amor a la ciudad solamente por el comportamiento cuestionable de algunos de sus miembros. Es preciso hacer acopio de paciencia ciudadana.
  • Siempre habrá personas que se sientan tocadas por los comportamientos bondadosos. Si se puede, si conviene, si viene al caso, habría que decir qué sopone la fe como actitud básica de comportamiento ciudadano, porque se cree que los valores del Evangelio son valores sociales. Una sociedad con los valores evangélicos activos es una sociedad de mayor calidad humana.
  • Los buenos modos son importantes. No se trata solamente de ser educado, sino de ser respetuoso y tolerante. Si se propone la fe desde la confrontación, el disgusto y la exclusión, es difícil que la propuesta cristiana tenga visos de ser valorada.
  • Padecer por el bien es algo que está en el horizonte cristiano y el humano. Quizá no se pueda llegar porque queda lejos aún. Pero tender hacia él puede ser saludable. No se trata de vivir encogido, sino de crear un espíritu resistente, resiliente, que no tira la toalla a la primera dificultad de cambio.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Los muchos niveles de la pertenencia social: todos ellos habrán de ser cultivados: el nivel familiar, comunitario, vecinal, social. Quizá haya que comenzar por los más cercanos y tender hacia los más lejanos. De cualquier manera, dice FT 32, “nadie se salva solo”. La necesidad del otro, en cualquier situación de vida, es evidente. Eso habría de animarnos a vernos como sociedad, manera mejor de verse como persona individual.
  • Ciudades humanas: es preciso contribuir a la construcción de las ciudades humanas (como decían ya los monjes del desierto). Cualquier aportación que se haga, hasta la más pequeña (no tirar un papel al suelo), resulta útil. Desentenderse de la vida ciudadana es uno de los rostros que más cuestionan la fe cristiana porque el Evangelio no se desentiende de la ciudad, sino que construye el reino en ella.
  • Escapar de la amargura: porque hay creyentes (incluso de alto nivel) muy marcados por una especie de amargura social que enfoca todo desde lo negativo y todo lo ve mal. Es un camino muy esterilizante, que lleva a refugiarse en lo religioso como ámbito limpio de polvo. No habría que dar pábulo a una vivencia tal.
  • Los beneficios del proyecto común: porque no lleva a nada la confrontación entre proyecto personal y proyecto común. Más aún, si el proyecto común tiene una dosis aceptable de fraternidad es el mejor aliado del proyecto personal. Ambos se complementan y se potencian. Por eso mismo no habrá que temer al proyecto común sino, sobre todo, a la ausencia de proyecto.

 

  1. 4.   Para orar        

 

Señor Jesús,
extiende la sombra de tu cruz

sobre los pueblos en guerra:
que aprendan el camino de la reconciliación,

del diálogo y del perdón;
haz experimentar el gozo de tu resurrección

a los pueblos desfallecidos por las bombas:
arranca de la devastación a Irak, Siria y Ucrania;
reúne bajo la dulzura de tu realeza

a tus hijos dispersos:
sostén a los cristianos de la diáspora

y concédeles la unidad de la fe y del amor.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

 

9

¿PERDONAR EN NOMBRE DE LOS DEMÁS?

 

  1. 1.   FT 246

 

«A quien sufrió mucho de manera injusta y cruel, no se le debe exigir una especie de “perdón social”. La reconciliación es un hecho personal, y nadie puede imponerla al conjunto de una sociedad, aun cuando deba promoverla. En el ámbito estrictamente personal, con una decisión libre y generosa, alguien puede renunciar a exigir un castigo (cf. Mt 5,44-46), aunque la sociedad y su justicia legítimamente lo busquen. Pero no es posible decretar una “reconciliación general”, pretendiendo cerrar por decreto las heridas o cubrir las injusticias con un manto de olvido. ¿Quién se puede arrogar el derecho de perdonar en nombre de los demás? Es conmovedor ver la capacidad de perdón de algunas personas que han sabido ir más allá del daño sufrido, pero también es humano comprender a quienes no pueden hacerlo. En todo caso, lo que jamás se debe proponer es el olvido».

 

El perdón es siempre algo gratuito. No obedece a ninguna ley, sino solamente al corazón. Por eso es algo que ennoblece a quien lo da y a quien lo recibe. Pero no es algo exigible, debido, obligatorio. Hay quien lo da con generosidad y es admirable. Otros lo dan con reticencias y también hay que valorarlo. Hay quien se resiste a darlo y es preciso esperar y respetar. Y hay quien no quiere darlo y hay que entenderlo, por más que choque con el ideal cristiano del perdón pronto y generoso (Mt 18,21-35). Perdonar es un misterio que nos acerca a lo divino y aparece cuando el Espíritu sopla (recordar Gen 33).

Es un “milagro” que uno pueda perdonar un agravio grande aun cuando ese perdón no interfiera en la justicia y la pena consiguiente. Pero es un milagro mayor que alguien renuncie a un castigo legal y perdone por pura generosidad. De todo se da. Y los cristianos tendríamos que entender esto y, más aún, tender a esto último (Mt 5,38-42). En esta clase de amor asimétrico es donde dice el Evangelio que se ha de reconocer al seguidor/a (Jn 13,35).

Hay que temer el manto del olvido si bajo él no anida la reparación y la justicia. Las heridas ocultas siguen siendo heridas a perpetuidad. Se sanean aireándolas, valorándolas, penándolas en su caso y reparándolas. El olvido general lo postulan los vencedores, quienes no quieren que su situación se vea zarandeada o quienes por el dolor o la rutina no quieren enfrentarse a la cruda realidad. Si algo queda claro en todo esto es que el olvido sin más, el que pretende que aquí no ha pasado nada, es inaceptable. Pero, aun así, ya lo hemos dicho, el perdón sigue siendo no exigible, generoso, gratuito, salido del corazón.

Nadie puede perdonar en nombre de los demás. Cada uno personalmente ha de tomar su propia decisión. Perdonar en nombre de otros es suplantar al corazón llamado a perdonar. De ahí que el perdón no se impone por decreto, sino que brota lentamente del fondo del corazón de cada uno. Hay que seducir a ese corazón para que perdone, pero jamás habrá que atraparlo u obligarlo.

Conmueve quien perdona y nos hace preguntarnos de dónde brotan el bien y la dulzura, de qué secreta fuente surgen (pregunta tan potente como la pregunta por el mal, tan recurrente). Precisamente porque eso no se sabe de dónde viene, hay que ser muy respetuoso con quien le cuesta perdonar. Es preciso esperar con paciencia y amor que esa fuente pueda llegar a manar algún día Mientras tanto, espera respetuosa.

 

  1. 2.   Ef 4,25-30

 

«25Por tanto, dejaos de mentiras, hable cada uno con verdad a su prójimo (Zac 8,16), que somos miembros unos de otros. 26Si os indignáis, no lleguéis a pecar (Sal 4,4), que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo; 27no dejéis resquicio al diablo. 28El ladrón, que no robe más; mejor será que se fatigue honradamente trabajando con sus propias manos para poder repartir con el que lo necesita. 29Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno; así hará bien a los que lo oyen. 30No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo».

 

  • La carta a los Efesios dice que el secreto designio de Dios era el de reconciliar todas las cosas en Cristo. Esa tarea de reconciliación es la tarea del cristiano: reconcilias, eres seguidor/a; no reconcilias, estás en esa medida lejos del Evangelio. De ahí que este asunto sea vital para la comunidad cristiana. No estamos hablando de algo secundario.
  • La reconciliación pasa por hablar con veracidad. De eso depende mucho. Las palabras torticeras son un obstáculo insalvable para cualquier pretensión de reconciliación.  Por eso dirá más tarde, explícitamente, que se controlen las malas palabras y que el hablar sea bueno y constructivo. Mucho del éxito de la relación depende de las palabras; el bien que nos hacemos y el mal que nos inferimos depende en gran medida de las palabras. Es verdad que la reconciliación ha de manifestarse en obras. Pero las palabras buenas son la puerta para la reconciliación en obras.
  • Pero si, aun así, hay fallo, el autor da una medida altamente eficaz para arreglar las cosas, sobre todo los fallos cotidianos que es donde se juega la reconciliación: no terminar el día en el enojo, en el distanciamiento, en el enfado. Si esta medida se aplicara, muchos de los conflictos fraternos, familiares y aun sociales, se esfumarían como la niebla al amanecer. El perdón cristiano ha de ser generoso y rápido, para que no es enquiste.
  • Todo el coro derivado de una actitud no reconciliada (amargura, ira, enfados, insultos) habría de ser desterrado, mandado al “exilio” de fuera del corazón. Un rictus de amargura predispone al distanciamiento; los desplantes y las palabras gruesas, enojan y alejan; los insultos son plantas del jardín de la violencia (Mt 5,22).
  • La bondad, la comprensión y el perdón no son solamente valores humanos, sino que es hacer la misma obra de Cristo. Es decir, valores como el perdón entroncan con la vocación filial de Jesús: es hijo del Padre porque perdona como el Padre. Su divinidad le viene de su honda humanidad.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Recuperar el perdón cristiano: quizá haya que decir que el sacramento del perdón ha perdido su vigencia por su banalización, por su superficialidad. Habría que intentar recuperarlo dándole una intensidad que no parece tener. Dos caminos: la celebración del perdón en comunidad (con o sin sacerdote, pero con fe en el valor reconciliador del sacramento); la derivación del perdón hacia los perdones sociales (fraternos, familiares, sociales, políticos) que es donde está el problema y la posibilidad. Una hermosa tarea por delante.
  • El recuerdo compasivo: aquel con el que se enfoca los fallos pasados: recordar, para no olvidar, pero metiendo en él la compasión que, quizá, no se tuvo en su momento. No se trata de pretender olvidar sin más lo que no se puede olvidar. Se trata de recordar con compasión y de aportar hoy la reparación que en su día no se dio y que hoy quizá, al menos en parte, puede estar más a la mano. Hay que repetirse mil veces el dicho de Lc 6,36: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. No se trata de algo voluntario; estamos en el meollo del Evangelio.
  • El perdón seduce: para muchas personas, el perdón es sinónimo de debilidad. Pero la mayoría queda seducido por alguien que perdona y, sobre todo, cuando el agravio ha sido irreparable. Seduce su fortaleza, su fuerza para contener el rechazo, sus lágrimas sin venganza, su deseo enorme de no permanecer en el odio. Estas personas nos reconcilian con lo humano y siembran esperanza en la desesperanza de muchos de poder llegar algún día a vivir como hermanos.
  • Beber de la fuente del perdón: no sabemos de dónde brota esa fuente. Pero conocemos sus aguas: mesura, paciencia, contención, respeto, creer en el sufrimiento del otro, etc. Bebamos de esas aguas y la reconciliación será más posible, el perdón no será extranjero en nuestra casa.

 

  1. 4.   Para orar

 

Santa María, reina de la paz,
tú que estuviste al pie de la cruz,
tú que nunca dudaste

de la victoria de la resurrección,
sostén nuestra fe y nuestra esperanza;
tú que has sido constituida reina en la gloria,
enséñanos el perdón, el servicio y la gloria del amor.

Amén.

 

 

10

¿QUÉ SIGNIFICAN HOY

LAS GRANDES PALABRAS?

 

  1. 1.   FT 14

 

«Un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es vaciar de sentido o manipular las grandes palabras. ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción».

 

Las grandes palabras (justicia, libertad, paz) nos producen desconfianza. El mismo Papa dice que han sido “manoseadas y desfiguradas”. Pero resulta que el Evangelio está basado en esas palabras, aunque Jesús le dé contenidos espirituales y sociales nuevos. ¿Cómo superar el hartazgo que nos provocan? ¿Cómo recuperar una visión utópica, no angelical, de tales términos? ¿Cómo seguir creyendo que, por muy estropeadas que estén, cuando hablamos del futuro de lo humano estamos hablando de ellas?

La manipulación de las grandes palabras es un hecho. Por eso, como dice FT, hay que mirarlas con espíritu crítico. Éste no es el mero rechazo, sino que se trata de una actitud de interés, de discernimiento, de búsqueda, de información, de pequeñas vivencias. Renegar, sin más, de la evidencia de la manipulación no es sentido crítico, sino inútil rechazo que lleva a una amargura inoperante (la inútiles críticas a los políticos, al sistema, al consumo, a los poderes económicos). Lograr un espíritu crítico es algo trabajoso y no se nos va a dar sin más, por ser ácidos y amargados en conversaciones de bar.

Las grandes palabras siguen vivas, aunque maltrechas. Muchas personas se percatan del uso torticero de esas grandes palabras y de los intereses espurios que encubren. El engaño recubierto de grandes palabras siempre ha estado ahí. Pero hoy nos percatamos de ello mejor que nunca. No dejarse llevar por ese engaño es ya un gran paso. Pero hay que engendrar una nueva fe en esas palabras que nos son necesarias para el mantenimiento de la utopía, el sentido y el horizonte. Si no superamos el desengaño que nos producen, nos quedamos a medio camino. Esa nueva fe ha de estar hecha de compromiso personal. Porque hablar de todo esto desde la misma injusticia, opresión y división es un fraude que se añade al otro fraude.

Lo sabemos todos: el enemigo agazapado en esas palabras tiene un nombre: ansia de poder. Eso es lo que esconden. Ese ansia es acompañante del ser humano desde el primer paso que dio en la historia. Eso se cuela en todos los corazones. El Evangelio tiene una gran pretensión: cambiar el ansia de poder en servicio al otro. Si nos parece algo fuera de la realidad, angelical e inservible, estamos desactivando el Evangelio. Nosotros veremos.

 

 

 

 

  1. 2.   Mt 6,33; Gál 5,1; Ef 4,39; Mt 23,8

 

         «Buscad primero que reine Dios y su justicia, y todo lo demás se os daría por añadidura» (Mt 6,33). «Para ser libres nos liberó el Mesías; con que manteneos firme y no os dejéis  uncir de nuevo al yugo de la esclavitud» (Gál 5,1). «Esforzaos por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz» (Ef 4,39). «Vuestro maestro es uno solo y vosotros todos sois hermanos» (Mt 23,8).

 

  • El reino de Dios, en su etapa histórica, está asentado sobre la justicia divina que es el horizonte de la justicia humana, una justicia donde toda persona sea considerada en su dignidad y donde los más desvalidos, por su desvalimiento, tengan un plus de consideración. Sin justicia el reino no amanece. Por eso, la búsqueda de la justicia es tarea mayor del seguidor/a. Su abandono por desilusión sería como desertar del Evangelio.
  • La libertad, inherente a la persona, se refuerza por la obra de Cristo Jesús. La suya fue una obra de libertad honda. Sin libertad no se puede ser persona, no se puede ser creyente. La religión que ha engendrado mucha sumisión tendría que  haber engendrado mucha libertad. El voto de obediencia es, en el fondo, un voto de libertad: la libertad personal puesta en fraternidad sale potenciada y ampliada.
  • La unidad demanda un esfuerzo y el vínculo que la posibilita es la paz. Si no se trabaja cada día la unidad, la mística de lo común, la fraternidad, la unidad se esfuma o se transforma en uniformidad que es una mueca de la unidad. Sin el anhelo de una vida en paz, no crecerá la unidad porque  la discordia es una siembra de sal sobre la unidad comunitaria, familia o social.
  • La fraternidad es comunión, más que una democracia. Por eso mismo es, al menos, una democracia. Sin el componente democrático, la fraternidad deriva en autoritarismo, el liderazgo en dominio. Hacer prácticas cotidianas de democracia (rotación de cargos, decisiones tomadas en común, vivencia del liderazgo como servicio real, etc.) es algo muy saludable para la vida en comunidad.  Lo que es de todos, es responsabilidad de todos.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • Nuevo contenido: ese el que habría que ir buscando para las grandes palabras. La postura no es desecharlas sin más, por su mal uso, sino buscarles esos nuevos contenido: primero, no avergonzarse de ellas porque, aunque maltratadas, son el corazón de nuestra opción vital y cristiana. Además, mantener la evidencia de que hay personas que las viven, otras no. Se publicita la conculcación de esas grandes palabras, como si fueran un engaño. Pero hay personas que las viven y a veces en niveles muy altos. Y finalmente, el nuevo contenido vendrá de una constante implicación porque si se vacían de contenido es porque nos llamamos andana y no las vivimos con entusiasmo.
  • De criticones a críticos: porque criticar sin arrimar el hombro es ser un criticón, alguien que hace de la crítica escudo para que lo dejen en paz. Ser críticos exige discernimiento, información, aclaración de otros y, sobre todo, exige tomas de posturas que avalen, de alguna manera, la crítica que hago. ¿Cómo va a ser de recibo mi crítica al consumo si soy consumidor indiscernido y compulsivo? ¿Cómo va a ser válida mi crítica a “los políticos” si mis opciones son superficiales, poco trabajadas? ¿Cómo va a ser de recibo mi crítica a la sociedad si mis relaciones familiares, laborales, cercanas son frías?
  • En lo cotidiano: porque la grandilocuencia de las palabras grandes puede hacernos pensar que no constituyen parte de mi camino cotidiano. Pero no es así: resulta imprescindible traducir estas palabras a caminos de cada día: ser justo en las cuatro paredes de tu casa; fomentar la unidad en tu parroquia; activar la libertad en tu barrio con el respeto delicado; creer en la democracia cumpliendo exquisitamente tus obligaciones ciudadanas.
  • Dejarse cantar las verdades: hay personas que se glorían de cantar las verdades al lucero del alba. No está mal, pero también hay que dejarse interpelar, que le canten a uno sus verdades, recibir la corrección con buen talante. Cuando se habla de grandes palabras da la impresión de que quien habla no está tocado por esa disfunción que has hace vacías. Pero todos tenemos que coger vela en este entierro. Por eso, si te cuestionan, harías bien en aceptar la corrección.

 

  1. 4.   Para orar

 

Dios de amor que nos has creado

y nos llamas a vivir como hermanos,

danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz;

danos la capacidad de mirar con benevolencia

a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino.

Haznos disponibles

para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos

que nos piden transformar nuestras armas

en instrumentos de paz,

nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón.

Mantén encendida en nosotros la llama de la esperanza

para tomar con paciente perseverancia

opciones de diálogo y reconciliación,

para que finalmente triunfe la paz.

Y que sean desterradas del corazón de todo hombre

estas palabras: división, odio, guerra.

Señor, desarma la lengua y las manos,

renueva los corazones y las mentes,

para que la palabra que nos lleva al encuentro

sea siempre «hermano», y el estilo de nuestra vida

se convierta en shalom, paz, salam. Amén.

 

 

 

11

¿IGUALDAD DE DERECHOS?

 

  1. 1.   FT 22

 

«Muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos. El respeto de estos derechos es condición previa para el mismo desarrollo social y económico de un país. Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común. Pero observando con atención nuestras sociedades contemporáneas, encontramos numerosas contradicciones que nos llevan a preguntarnos si verdaderamente la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias. En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados. ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?».

 

Si los derechos humanos no son iguales para todos, se desvirtúa toda su mística, quedan anulados en su sentido más profundo. Es la primera condición. Una mentalidad que entiende que mis derechos son intocables pero los demás (los pobres, los extranjeros, los de lejos) no tienen esos mismos derechos es una mentalidad perversa. Creer que por ser español, blanco, occidental, etc., se tiene derechos que se niegan a otros, es, lo repetimos, algo perverso.

La vigencia de los derechos es requisito necesario para la correcta evolución de la persona y de la sociedad. Ver al otro como sujeto de derechos nos habría facilitado mucho la vida comunitaria. Porque una vida fraterna sin derechos elementales se convierte en algo muy alejado del Evangelio. Derechos como la intimidad, la presunción de inocencia, la libertad, la no discriminación, los modos de vida democráticos, la igualdad. Parece que esto  no es necesario en la vida familiar o comunitaria. Pero sí lo es porque a veces hay carencia. Y ampararse en las espiritualidad cristiana sin que esos derechos estén presentes, es construir sobre falso.

Observamos en el mundo “numerosas contradicciones” con los derechos humanos, sobre todo en el tema de la igualdad. Fomentar la espiritualidad de la igualdad es siempre necesario porque las personas nos autoafirmamos en la desigualdad, en la diferencia, en la jerarquización. El Evangelio propugna justamente el camino contrario: no eres más cuando eres más distinto, sino cuando eres igual. Evitar contradicciones en materia de igualdad es acercarse al corazón del Evangelio (Mt 23,8).

La fuente mayor de desigualdades, dice FT, es una economía de expectativas de ganancias por la que la persona pasa a un segundo plano y las ganancias ocupan el primero puesto generando así grandes disfunciones. Es la economía que no solo desiguala sino que mata, arrasa con todo. Por eso, si se quiere generar igualdad, es preciso mirar en primera instancia a la economía generando una economía justa, inclusiva y compasiva,

Las profundas divisiones en la tierra entre gente con derechos y personas sin ellos es la gran cuestión a interesarse y resolver. Ver todo esto como algo fuera de mí, donde yo no tengo nada que decir y que, por supuesto, no es mi culpa es echar cortinas de humo, escaquearse y, hablando en cristiano, malograr el Evangelio. Esta espiritualidad social es la carne del Evangelio y desecharla es arriesgar a que lo cristiano sea una realidad sin “carne”.

 

  1. 2.   1 Jn 4,1-2

 

«1Amigos míos, no deis fe a cualquier inspiración; sometedlas a prueba para ver si vienen de Dios, pues ya han salido en el mundo muchos profetas falsos. 2Esta es la señal de la inspiración de Dios: toda inspiración que confiesa que Jesús es el Mesías venido en carne mortal procede de Dios».

 

  • La verdadera inspiración, según 1 Jn, viene de la “carne mortal” de Jesús, de su honda humanidad. Para comprenderlo habrá que conectar con esa “carne”, con su ser histórico, con sus básicos valores humanos. Explicar y entender a Jesús por su honda humanidad.
  • Esa carne contiene los valores propios de la dignidad:

-         La libertad para hacer siempre el bien (Mt 12,1-8).

-         La dignidad de toda persona (Jn 8,1-11).

-         La igualdad como modo de vida de su comunidad (Mt 23,8).

-         El respeto y la tolerancia sin previos a cambio (Lc 19,1-10).

-         La no discriminación por razones étnicas o religiosas (Mc 7,24-30).

  • Y a la base de todo ello, su lejanía de una economía opresora y de su insensatez (Lc 12,13-21), su ruptura con el amparo que proviene del poder (Lc 20,20-26). Murió tan pobre como vivió. No se lucró jamás de nadie (Jn 10,1).
  • Pretender puentear la “carne” porque la conocemos bien y buscar espiritualidades sublimes lejos de ella, que no quieren “mancharse” con el barro de la vida es no haber entendido al Jesús de la historia. A veces se pide (a gritos) “menos derechos humanos y más conversión”. Pero justamente la conversión apunta a esos derechos humanos.
  • Si la espiritualidad de los derechos humanos, de la igualdad sobre todo, aún está lejos de nuestra sensibilidad cristiana es que nos queda trecho todavía para alcanzar el núcleo del Evangelio.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • ¿Fe en los derechos, fe en Dios?: siempre hemos situado la fe en otro terreno que los derechos humanos, un terreno más espiritual. Era una fe en Dios con poca fe en los derechos humanos. Vamos aprendiendo que, según el Evangelio, el Dios de Jesús en el que creemos está más preocupado por la dicha que por el pecado, por la justicia de hoy que por la gloria del mañana, en la igualdad de la comunidad que en su jerarquía. Por eso se nos pide ir modificando el imaginario y sus consecuencias.
  • ¿Y las obligaciones?: es la pregunta que hacen muchos cristianos cuando oyen hablar de derechos. Dios nos crea con derechos; las obligaciones las ponen nuestras leyes y también hay que cumplirlas. Más aún, quien entiende bien el tema de los derechos, entiende bien así mismo las obligaciones. Y al revés. Por eso, incidir en los derechos nos hace más responsables con nuestras obligaciones porque apelar a los derechos para esconder el propio egoísmo es ir contra ellos.
  • Cuidadosos con los derechos, cuidadosos con el hermano/a: son cosas que también van emparejadas. A muchos cristianos todo esto de los derechos les parece teoría social que no va con ellos. Pero quien está interesado por la buena relación, familiar o comunitario, encontrará en la espiritualidad de los derechos un verdadero aliado, un apoyo y un horizonte.
  • La persistente desigualdad: porque persiste a todos los niveles. Hay quien dice que más agudizada que en otras épocas. Habrá que intentar dejarle el menos sitio posible en nuestro marco diario de vida. Será bueno, si se la descubre, atajarla de inmediato y con decisión. Si la desigualdad persiste en la comunidad cristiana, ¿cómo vamos a creer y a presentar a quien dijo que estaba “como quien sirve” (Lc 22,27).

 

  1. 4.   Para orar

 

Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.

Por Jesús, nuestro hermano. Amén.

 

 

12

¿Y SI HUBIERA GANADO LA VENGANZA?

 

  1. 1.   FT 71

 

«La historia del buen samaritano se repite: se torna cada vez más visible que la desidia social y política hace de muchos lugares de nuestro mundo un camino desolado, donde las disputas internas e internacionales y los saqueos de oportunidades dejan a tantos marginados, tirados a un lado del camino. En su parábola, Jesús no plantea vías alternativas, como ¿qué hubiera sido de aquel malherido o del que lo ayudó, si la ira o la sed de venganza hubieran ganado espacio en sus corazones? Él confía en lo mejor del espíritu humano y con la parábola lo alienta a que se adhiera al amor, reintegre al dolido y construya una sociedad digna de tal nombre».

 

La historia del samaritano se repite a gran escala: no hay uno tirado al borde del camino, sino millones de samaritanos (53 guerras activas en el mundo, 82 millones de desplazados fuera de sus hogares, etc.). Un escenario desolado lleno de violencia. Hemos de entender que ahí pueda anidar el espíritu de venganza (del que habla mucho la FT) y que los más negros nubarrones se ciernan sobre pueblos enteros que no han conocido otra cosa que la guerra y el exilio. Es un milagro que el mundo no estalle en una lucha fratricida a nivel mundial.  Debe ser por el contrapeso de los buenos, porque hay quien renuncia a una vida en odio y venganza. Valorémoslos.

¿Qué pasa cuando la ira o la sed de venganza se adueñan del corazón? Todo se ennegrece y se puede temer lo peor. Las cavilaciones del vengativo pueden ser un torbellino de maldad. ¿Cómo controlarlo, cómo ponerle diques? Solo la compasión puede ser medicina adecuada. Sin compasión, la venganza campa a sus anchas. Suscitar compasión por la situación del otro (el otro también sufre, también tiene corazón, también llora) puede hacer que el vengativo salte la valla de su propia maldad y se vea libre de las tremendas ataduras de la venganza.

El Papa marca un itinerario para que la venganza no se adueñe de la persona: 1) adherirse al amor, recurrir a la posibilidad de amar de quien quiere vengarse porque la venganza puede que no ocupe el todo del corazón; 2) reintegrar al dolido, mirar en la dirección de aquel a quien se quiere destruir para desvelar en él la humanidad en peligro; 3) saber que la venganza tiene consecuencias sociales, para bien y para mal.

 

  1. 2.   Mt 5,38-45

 

«38Habéis oído que se dijo: ``ojo por ojo y diente por diente" 39Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. 40Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. 41Y cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con él dos. 42Al que te pida, dale y al que desee pedirte prestado no le vuelvas la espalda. 43Habéis oído que se dijo: “amaras a tu prójimo y odiarás a tu enemigo". 44Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, 45para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque El hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos».

 

  • La llamada “ley del talión” nos parece inhumana pero, en realidad, trata de controlar la sed de venganza. Pide un venganza “proporcional” (si es que la hay) y no una venganza desmesurada que es a la que tiende quien se ha sentido agraviado. Frenar la venganza, toda una tarea personal y fraterna.
  • La bofetada en la mejilla derecha supone que se abofetea con el dorso de la mano derecha, lo que multiplica el agravio. La venganza nace muchas veces de acciones que se consideran agraviantes. Muchas veces ocurre que el agravio está más en la mente del agraviado que en la intención del agraviador. En cualquier caso, el Evangelio anima a resistir el agravio (es un texto de resistencia, más que de humillación).
  • El Evangelio dice que la venganza se controla con la generosidad, que ésta desarma a quien viene con las armas de la violencia. Es un ideal de máximos, pero no nos conviene quitarlo del horizonte de la vida, porque se empobrece. Eso sí, habrá que obrar con sensatez y discernimiento.
  • El amor a los enemigos es el horizonte de la relación según el Evangelio. No se puede pretender llegar ahí en directo. Hay que dar todos los pasos necesarios que demanda una vida entregada. Quizá se podría comenzar por orar por ellos (oramos poco por quien nos cae mal). La oración “ablanda” actitudes de dureza.

 

  1. 3.   Derivaciones

 

  • No está tan lejos: puede parecer que hablar de venganza en la vida comunitaria o en la familiar es algo desproporcionado. Pero, en realidad, la cosa no está tan lejos, aunque a veces se haga de maneras sutiles (desentendimientos, abandonos, pequeñas traiciones, etc.). La retirada de la confianza es muchas veces “vengativa” (me has hecho una, pero no me harás la segunda).  Los encasillamientos, muchas veces a perpetuidad, son una forma de venganza fraterna.
  • Venganza guardadas: los ordenadores tienen una “papelera” que, de vez en cuando, se puede vaciar. Hay hermanos/as que no vacían nunca su “papelera”. Tienen ahí guardados agravios viejos que sacan a la luz cuando llega el momento adecuado. Es una venganza en forma de recuerdo y aviso: no olvido lo que me hiciste y lo utilizo cuando me conviene. Alguna vez habría que vaciar la papelera.
  • Autoritarismo vengativo: es otra forma de venganza que habrá que cuidar: si algún día me hacen superior/a, entonces te recordaré lo que me hiciste. Y desde ahí se ejerce la autoridad no como liderazgo para el Evangelio, sino como modo de anular al otro. Hay que tener mucho cuidado con estos movimientos negativos del corazón, porque en ellos se agazapa la venganza.

 

  1. 4.   Para orar

 

Dios de amor,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz,

para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.

Te lo pedimos por Jesús, nuestro hermano. Amén

CONCLUSIÓN

 

         Podría parecernos que esta orientación de una semana de ejercicios es demasiado social. El magisterio de Papa nos enseña que hemos de ir incorporando todo esto a la espiritualidad cristiana. Y nos dice todavía algo más: que esta espiritualidad conecta con el fondo del Evangelio. Solo por eso merece la pena. Que caminemos en la esperanza de crear un mundo fraterno y solidario, el sueño de Jesús para todo creyente y para toda comunidad cristiana.