DE ALDEA EN ALDEA

Los caminos políticos del Evangelio

(Notas para una semana de reflexión y diálogo)

 

 

Introducción

 

         Hay que reconocer que cuando, en muchos temas concretos, se trata de preguntas que se hacen a los Evangelios (por ejemplo la cuestión política) entramos en una nebulosa. Por muy agudos que sean nuestros análisis, se tiene la impresión de que no damos con el quid. La disparidad de opiniones de los biblistas es la prueba evidente. La ausencia de datos ajenos a los Evangelios con los que contrastar las cosas es total.

         Hay gente que lo ha visto claro: F. BELO (Lectura materialista del Evangelio de Marcos) tiene por cierto que los Evangelios son libros políticos desviados al terreno religioso. O. CULLMAN (Jesús y los revolucionarios de su tiempo) hace de Jesús prácticamente un celote de la época. C. TÓIBÍN (El testamento de María) sostiene que fueron los discípulos quienes arrastraron a Jesús al terreno político y a su perdición.

         ¿Es inútil, entonces, tratar de rastrear los caminos políticos del Evangelio? Se puede rastrear y se puede sacar luz, siempre que se sea modesto en las pretensiones y que, al final, se oriente la posible luz sobre las actitudes personales, comunitarias y sociales. Preguntarse únicamente para enterarse daría poco juego; preguntarse para intuir caminos de conducta, esa sería la buena postura. Si la reflexión y el diálogo salen potenciados habremos logrado algo; si lo hacemos con mesura, mejor.

         Dice Lc 8,1 que Jesús iba proclamando “de aldea en aldea” el reinado de Dios. En esos reductos de la intolerancia política que eran las “aldeas” es donde Jesús muestra su posición política de un reino de Dios que es la sociedad nueva, igualitaria, fraterna. Quizá nos sea útil acercarse a esos ámbitos “oscuros” a través de las líneas del Evangelio.

         En Hech 20,11 se dice que los cristianos hablaban de Jesús “hasta el alba”. En esas conversaciones largas aprendieron a Jesús. Quizá ese cauce pueda ser también interesante para nosotros.

 

I. DE LA CLASE DE LOS OLVIDADOS

 

         La evidencia de que Jesús pertenece a la clase de los empobrecidos es total. El moderno fenómeno de las clases medias no existía en aquella época. Los pobres eran la mayoría, los ricos, como siempre, una minoría. La pobreza iba unida al analfabetismo, a la falta de salud, a la mala alimentación. La media de edad no superaba los 25 años.

         Pero dentro de la pobreza había también niveles.  Los más bajos de la pirámide social (según la pirámide de Lenski) eran los mendigos, viudas, esclavos, enfermos crónicos, huérfanos, etc. que malvivían desechados de la sociedad. Por encima de ellos están los peones, los agricultores sin tierra propia, etc. Ahí está Jesús. En la parte de abajo, aunque no abajo del todo. Pasar al fondo era, a veces, lo normal.

         Esta pertenencia troquela el interior de la persona. Es ahí donde se engendra el ansia de liberación y la amargura de la pertenencia a un ámbito social del que es prácticamente imposible escapar (el escape de la cultura queda descartado). Este es el telón de fondo.

 

1. Texto inicial: Lc 2,22-24:

 

         “Cuando llegó el tiempo de que se purificasen conforme a la Ley de Moisés, llevaron al niño a la ciudad de Jerusalén para presentarlo al Señor (tal como está prescrito en la Ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor) y ofrecer un sacrificio (conforme a lo mandado en la Ley del Señor: Un par de tórtolas o dos pichones)”.

 

  • El rescate de los primogénitos, prescrito por la Ley hasta para los animales, se solucionaba con el pago de cinco monedas al templo. En el texto de Lc el acento está puesto sobre la purificación (de María y de José). Esa ceremonia no se conoce ni en el AT ni en los textos judíos. Lc se la saca de la manga.
  • Lo que nos interesa es que se ofrecen  dos tórtolas o dos pichones, una ofrenda de una familia que no puede ofrecer un cordero porque ni tiene tierra donde criarlo. Las tórtolas podía ser salvajes. O sea: es la ofrenda de los más pobres, de la clase de abajo.
  • Pero más que lo económico, lo que cuenta es otra variable: ser pobre es estar indefenso y expuesto a perder el estatus del nacimiento, porque siempre hay posibilidad de descender más en la escala social. Lo que hace a una persona pobre es más el infortunio social que el económico. En el caso de Jesús se trata de una persona de economía frágil y estatus social amenazado de pérdida total.
  • ¿Cómo influyó en el imaginario de Jesús esta situación social? ¿Cómo fue elaborando el paradigma del trato con las pobrezas desde esta experiencia de pobre? ¿Cómo pudo elaborar la amargura y la rebeldía de la pobreza, o la sumisión y aceptación pasiva a la que le podía haber llevado? ¿Cómo influye esto en la visión de la sociedad que él tiene, en la comprensión del hecho político? ¿La opción de clase es en Jesús algo elaborado o una ineludible vivencia personal?

 

2. Reflexión:

 

a)   Lo ineludible del componente político: El seguimiento con Jesús, como decía J.B.Metz, tiene dos ingredientes: el componente místico y el político. Pero tal vez estén, por tradición religiosa, descompensados: se lleva el gato al agua el componente místico (aunque en realidad sea una mística “religiosa” más que espiritual). Si esto fuera así, habría que trabajar más el componente político. Y habría que hacerlo en toda su amplitud, no solamente en el tema de opción de partido. Asuntos como la amistad cívica, la participación ciudadana, las responsabilidades fiscales, etc. habrían de estar sobre la mesa. Que cada uno resuelva esto a su manera está indicando que la comunidad no funciona como tal en este aspecto. El sempiterno recurso a que no hemos sido educados para esto, con ser verdad, no parece suficiente. 

b)   El estatus social: una experiencia primigenia: Los que somos ya muy adultos provenimos de una España que fue pobre. No hay que olvidarlo. Y en ese marco muchos de nosotros hemos elaborado, consciente o inconscientemente, nuestra experiencia de estatus social. Ha sido una experiencia primigenia. El modo de elaboración ha sido dispar: escapar de un estatus bajo y abrazar uno más alto, cosa que nos ofrecía la organización religiosa; ampliar el estatus por vía de acercamiento a quien está más arriba; mezclar anhelos de opción por estatus sencillos sin abandonar el deseo y la práctica de estatus altos; perseverar en el estatus inicial retrabajando evangélica y espiritualmente los componentes; llegar a elaborar la tendencia como una vocación sentida. La pluralidad de opciones, la conexión de unas con otras está demandando una clarificación.

c)   Amargura, dialéctica, transformación: Sería, quizá, interesante medir el dinamismo personal que cada uno utiliza para enfocar el tema. Podría ser: a) una cierta “amargura” no elaborada del todo contra los de las clases pudientes, al ver que no se pertenece a ellas, aunque la cosa nos “tire”; b) una cierta dialéctica que busca la confrontación aunque casi siempre sea más de palabra que de obra; c) un deseo y un trabajo por la transformación social que lleve, de hecho, a una sociedad más igualitaria (lo que conlleva la promoción del frágil y el control del fuerte para desbancarlo, en la medida de lo posible, de sus posiciones de poder).

d)   ¿Está la opción de clase desfasada?: Muchos dicen que esto es volver a mayo del 68 y que las herramientas de análisis de corte marxista están ya en el baúl de los recuerdos, después de la caída del muro. Y que, por tanto, espiritualidades como las de la teología de la liberación son un arcaísmo. Pero resulta que los pobres sigue ahí, los desheredados siguen llamando a nuestras puertas, los descartados tienen sus defensores (como el papa Francisco), los desplazados, aunque no los veamos, están sobre la tierra (el campo rohinyá de Kutupalong en Bangladesh tiene más de 700.000 acampados, sin identidad, sin patria, sin salud, sin alimentación, sin agua, sin letrinas, etc). Es decir, póngaseles el adjetivo que se quiera, pero las clases están ahí. La de los superpudientes (esas 8 personas que concentran más poder que 3.600 millones de personas, según Oxfam) y las otras.  Y quien diga que las clases han desaparecido es que está en un lado o tiende hacia él. No hay ningún pobre que lo diga. Merece la pena, al menos, reflexionarlo.

 

3. Para el diálogo:

 

  • La posibilidad de una opción de clase: Si se considera la cosa desfasada, no hay nada que hablar. Si aún se le ve la punta a la cosa, ¿tiene la VR posibilidad de elaborar una mentalidad cercana a la clase social de los empobrecidos? ¿O es sólo retórica? ¿Cómo enfocar el desclasamiento que, quizá más en otras épocas que en esta, ha conllevado la VR? ¿Cuál es la “tendencia” de nuestras comunidades: hacia los que están bien o hacia lo que están mal?
  • Las relaciones con las clases sociales: La comunidad religiosa ha de preguntarse cómo se relaciona con las diversas clases sociales, cuáles son sus amistades, quién se sienta a su mesa, cuáles son sus anhelos (aunque, hoy por hoy, no se puedan realizar). ¿Es realmente cierto eso de que las VR se relaciona con todos? ¿Cuál es la presencia real de los frágiles sociales en nuestras comunidades? ¿Cómo elabora la VR eso del papa Francisco de estar con los “descartados”?
  • Clasismo dentro de la VR: La VR, quizá antes más que ahora, reflejaba la misma o parecida estratificación social que la que veíamos en la sociedad. ¿Es cuestión de otra época o existen vestigios todavía que hay que pulir? ¿Cómo convivir fraternamente personas de visiones políticas dispares? ¿Es la mejor solución no tocar el asunto?
  • La elaboración del componente político de la vida: Quizá impere en la VR un apoliticismo que no lo es tanto porque, en general, la VR se escora a la derecha. El componente político, incluso la visión política expresa del país, se elabora en las “cavernas” de nuestras casas. La información que reciben las comunidades, en general, proviene prensa y radio de la derecha más marcada. El discernimiento en torno a temas políticos es casi nulo (de no ser que se haga con seglares). ¿Hay posibilidad real de revertir esta tendencia? ¿O hay que dejar la cosa por imposible, por el bien de la paz? ¿Hay experiencias de conexión y participación en ámbitos de pensamiento político o simplemente nuestra opción se concreta en el voto que emitimos cuando toca?

 

II. ERA UN TEKTON

 

         Que las opciones de vida, las maneras de pensar e, incluso, la ideología política dependan mucho del oficio que haga cada uno, es una obviedad. Que los oficios de la mayor parte de la población en tiempos de Jesús, mayoría de analfabetos y de no cualificados, haya de ser un tipo de trabajo manual, otra. Que las revoluciones sociales, aunque sean promovidas por intelectuales, cobran fuerza histórica cuando “el proletariado” (así se decía antes) se moviliza, una tercera.

         Por otra parte, todo lo laboral, como lo familiar, etc., está enmarcado en la sociedad de Jesús en el marco global de sociedades con base en el honor. El honor es el estatus que alguien reclama de la comunidad, junto con el necesario reconocimiento de tal pretensión por parte de los demás. El honor sirve así para indicar la posición social, que capacita a las personas para tener tratos con sus superiores, iguales o inferiores en los correctos términos definidos por la sociedad.

         Es fácil pensar que los trabajos manuales de la base de la pirámide social rozaban, en muchos casos, el deshonor. Por lógica, eso habría de contribuir a definir el paradigma de comprensión política de la realidad. Parece desprenderse de muchos pasajes del Evangelio (como por ejemplo Lc 16,19-31) que con los ricos no hay nada que hacer. Van a lo suyo. Un cambio social ha de conllevar algún tratamiento del asunto (alejamiento, cuestionamiento del almacenamiento, etc.).  ¿Contempla el Evangelio la revolución social en sentido estricto, técnico? Creemos que es pedir demasiado.

 

1. Texto inicial: Mc 6,3:

 

“¿No es éste el tekton, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas (Tomás) y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él”. 

 

  • Un tekton es un obrero, un peón, que trabaja en asuntos de madera y de piedra. Uno sin tierra propia que, para sobrevivir, se ve urgido a trabajar en obras públicas, generalmente, en los entramados de madera (entonces no había hormigón armado) y en cantería. Obrero de la construcción de modo general, ya que la especialización de hoy no se daba tan fácilmente entonces.
    • En tiempo de Jesús se hicieron muchas obras públicas donde se empleó el campesinado en tierras de galilea (Cesarea marítima, Séforis). Todavía se conservan ruinas de las magníficas construcciones. Que Jesús trabajase en ello es altamente probable. Lo que cuesta más explicar es por qué Jesús ofrece el reino en las aldeas, lejos de estas ciudades  (que no aparecen en los Evangelios).
    • El trabajo agrícola también puede ser contemplado (de ahí las muchas parábolas de aire rural). La “industria” del pescado que había en torno al lago, lo mismo. De hecho, algunos de sus discípulos estaban en el negocio de la pesca.
    • Es cosa curiosa que, desde muy pronto, hay quien ha visto esto de Jesús fuera un tekton, un peón manual, como un desdoro. Celso lo usaba para denigrar a Jesús y Orígenes le respondía que en ninguna parte del Evangelio se dice que Jesús hubiera sido obrero manual (se ve que no había leído bien los textos). Entre los judíos no era así: uno de los deberes del padre era enseñar un oficio manual a sus hijos; los mismos maestros de la ley debían saber un oficio manual para no vivir del texto sagrado (san Pablo, fariseo, dice que era fabricante de tiendas de campaña y que trabajó de ello, según Hech 18,13).

 

2. Reflexión:

 

a)   Ampliación del concepto de proletariado: El “viejo” concepto de proletariado se ha ampliado y muchas personas, con oficios liberales altamente cualificados, se consideran trabajadores. Quizá el concepto haya de guiarse más que por el tipo de trabajo por la sensibilidad e ideología de quien realiza una tarea. En ese sentido, habrá que medir la proletariedad de los trabajos que realiza la VR por la ideología que manejan al hacerlo sus componentes: ¿Qué piensan del trabajo? ¿Cómo enfocan la relación pobres-ricos? ¿Qué aspiraciones laborales manejan? ¿Cómo se organizan en el uso del dinero fruto del trabajo?

b)   Tipología del trabajo: Hasta ahora los esquemas eran o manual o intelectual. Esto tiene muchas fisuras. ¿Por qué no implantar otras tipologías? Trabajo hecho en favor de los demás o a beneficio del sistema o institución; trabajo de provecho económico o trabajo de provecho humano; trabajo alienante o trabajo que lleva a la profundidad; trabajo que conecta con el hecho social o trabajo que no tiene en cuenta para nada el hecho social; trabajo que lleva a una conciencia de trabajador o trabajo que destruye esa conciencia de trabajador; trabajo que se pospone al disfrute o que se antepone al disfrute; trabajos que apuntan a la economía o trabajos que apuntan al amor (por extraño que parezca).

c)   Trabajo e ideología: Parece fuera de duda que el trabajo engendra ideología, la que sea, y que esa ideología depende del tipo de trabajo, de su contexto, de su remuneración económica o no, de su situación en el campo de la honorabilidad social. De ahí que si se quiere lograr una ideología política determinada, el trabajo ha de ir lo más en consonancia posible con ella. Pretender una ideología política aquilatada sin discernir sobre el trabajo (incluso aunque se esté fuera del paradigma social, aunque se sea jubilado).

d)   ¿Revolución o reorientación?: ¿Qué se pretende cuando se pone en conexión la ideología política y el trabajo? ¿Una revolución o una reorientación? Muchos han pretendido lo primero, con diversos resultados (negar que los ha habido ni es exacto ni es justo). Podría pretenderse una reorientación: aquella ideología que, en conexión con una vida de trabajo seria y humana, va optando por el sueño y la utopía de una sociedad igualitaria, fraterna, donde los bienes estén repartidos en modos lo más correctos posible. La ideología política unida al tema del reparto ha tenido y tiene muchas dificultades. Pero quizá ahí esté uno de los quid de la cuestión.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Cuestionamiento del trabajo en la VR: No cabe duda de que la VR recibe un cuestionamiento directo sobre el trabajo, quizá más que por su cantidad, por orientación. Dice J. M. Castillo que no puede entender que los gestores de la riqueza se formen en centros educativos de los profesionales de la pobreza. Y algo parecido podría decirse de otras áreas (sanidad, etc.). El cuestionamiento viene, en gran parte, por causa del componente político de la VR: a tal componente, tal estilo de trabajo. ¿Persiste hoy esta clase de cuestionamientos? ¿Ves otros que podrían ser puestos sobre la mesa?
  • El trabajo como medida de vigor en la VR: Siempre se ha alabado a quien, en la VR, es persona trabajadora. Se ha hecho un axioma en muchas comunidades religiosas (sobre todo de mujeres) que la VR no nos ha enseñado sino a trabajar. Por eso cuando una persona en la VR es destinada a una comunidad en la que no se le dice concretamente qué trabajo va a realizar, se encuentra “perdida”. Habrá que medir el alcance exacto de estos sentimientos. Pero el trabajo, con ser importante, decisivo si se quiere, no puede ser el único parámetro, ni siquiera el más importante, del vigor de la VR. ¿Qué otros parámetros habrían de manejarse?
  • Alejamiento del trabajo manual (y dependencia de otros trabajadores) en la VR: Esto lo va imponiendo la situación de las comunidades: cada vez dependemos más de personas que trabajen para nosotros y, lógicamente, tanto por edad como por situación de vida, el alejamiento del mundo del trabajo manual (necesario absolutamente para la vida) queda más lejos. ¿Es correcto este comportamiento? ¿Habría que ponerle algunas variables que lo hagan más en consonancia con la opción de vida comunitaria?
  • Sintonía con los intereses de los trabajadores: Quizá el mundo clásico de los trabajadores esté en declive por el mismo declive de los sindicatos tradicionales que tratan de renovarse en el sentido dentro de un marco de sociedad nueva. Pero no se puede dudar que ese mundo maneja una ideología de izquierdas, solidaria, reivindicativa, etc. Los mismos grupos de trabajadores cristianos que aún existen lo ven así. ¿Qué tipo de ideología genera nuestro trabajo en la VR? ¿Hay acercamientos positivos con aquella ideología? ¿Hay acciones concretas, aunque sean sencillas?

 

III. DESVENTAJAS DE SER GALILEO

 

         Todos lo sabemos: la Galilea, la tierra de Jesús, alejada del centro que era Jerusalén y tierra de paso hacia el medio oriente , siempre tuvo fama de revoltosa políticamente. Por eso, ser galileo era una desventaja. Aunque está comprobado que en los años públicos de la vida de Jesús no hubo ninguna clase de celotismo armado (fuera de alguna pequeña revuelta o el terrorismo urbano de los sicarios), Galilea era patria de Judas el Galileo, el fundador del celotismo, aquel que decía que era mejor la muerte por la libertad que estar sometido al yugo de Roma. Aunque terminó mal, su semilla quedó sembrada. Y cuando la guerra judía, hacia el 70, volvió a aparecer con fuerza, aunque Jesús ya hacía mucho que había muerto. Pero ser galileo y ser revoltoso parece que eran cosas relativamente próximas.

         La Galilea, al norte, parece que era una sociedad más abierta, más “romana”. De hecho, los gobernadores vivían allí. Y se trasladaban a la hosca Judea únicamente para controlar las revueltas. Para eso se había construido la torre Antonia. Pero vivir, vivían en el norte.

La misma comprensión de la Ley en Galilea parecía algo espuria, ya que los grandes maestros estaban en Jerusalén.

         Se puede suponer que la mentalidad política de los galileos era más flexible y “avanzada” que la de los “fachas” de Jerusalén. Hay que tener, claro está, la diferencia de mentalidad entre los habitantes de las ciudades galileas y los de las aldeas, seguramente más conservadores. Jesús era de una aldea. Y en aquel tiempo, donde se nacía se pacía. Aunque él “viajara”.

 

1. Texto inicial: Mt 26,73:

 

         “Pedro estaba sentado fuera, en el patio; se le acercó una criada y le dijo: -Tú también andabas con Jesús el galileo…Al poco rato se acercaron los que estaban por allá y le dijeron:  -Tú también eres de ellos; se te nota en el habla”.

 

  • Jesús hablaba arameo occidental: El arameo era como el inglés de la época. Había matices. Jesús habló arameo occidental, una variante del arameo. Todavía se habla en la localidad siria de Malula. Que Jesús tenga un habla específica lo sitúa en el camino humano. Que no fuera la lengua oficial de la religión (el hebreo), ni del imperio (el latín) ni de la sabiduría (el griego), sino una lengua marginal, puesto esto en conexión con el imaginario político, quizá esté indicando que sus opciones estaban marcadas por la marginalidad, ya que la lengua conforma decisivamente la estructura mental y vital de la persona.
  • No es un texto legendario: El texto de las negaciones de Pedro no es un texto legendario ya que no se ve cuál podría ser el origen cultual o apologético de un texto semejante. Por ello habrá que tomar por una certeza que la lengua de Jesús en conjunción con su ser galileo lo situaba en un contexto político determinado: el de los rebeldes galileos a los que había que someter o, cuando menos, despreciar. Construir un imaginario político desde la marginación es algo que Jesús ha padecido. Hay que preguntarse si lo han de “padecer” sus seguidores/as.
  • Una promesa no cumplida: Muy en consonancia con los valores mediterráneos de la época, Pedro practica el engaño para conservar su honor e independencia frente a los desafíos. Mentir a otros sobre su relación con Jesús no sería considerado una mala acción. El problema es que Jesús le había anunciado a Pedro que se comportaría de ese modo, aunque el apóstol había insistido en lo contrario. Lo que resulta vergonzoso para Pedro es el hecho de no haber cumplido la palabra de honor dada a Jesús en presencia de los demás. En este caso, la legua aramea es la que establece los criterios de verdad. La manera de hablar delata el interior, descubre los planteamientos personales y políticos: se abandona al que habla como yo.
  • “Porque el habla de ti evidente te hace”: Esta es la traducción literal de la expresión griega. Se subraya la evidencia. La manera de habla evidencia lo que eres. Algo parecido ocurre en los conceptos políticos: la manera de hablar delata enseguida los posicionamientos ideológicos. ¿Tenía Pedro la misma orientación política que Jesús aunque hablara la misma lengua? ¿O pensaban diferente? ¿Cómo integra, por ejemplo, la ambición (según Mt 19,27) que Jesús no tiene?

 

2. Reflexión:

 

a)   Maneras de hablar e ideología política: Ya lo hemos dicho: las maneras de hablar denotan la posición política. Las maneras duras, descalificadoras, exageradas, que solamente subrayan lo negativo de una actuación política, están indicando la desafección,  cuando no el menosprecio. Otras maneras desvelan la voluntad de tolerar todo, hasta lo que resulta intolerable, con tal de estar siempre del lado de aquella posición por la que se ha optado a priori y contra toda posible crítica. Hay que decir que una manera humana, razona y cordial de hablar de la política no merma, para nada, las posiciones que uno tiene derecho a tomar y desde ahí es posible conectar con quien tiene otras maneras de enfocar el tema.

b)   ¿Un problema de comunicación?: El componente político, como todos los valores importantes de la vida, conllevan un problema de comunicación. Habrá que esforzarse en hacerse entender lo mejor posible por el otro, sobre todo por quien piensa distinto. Por eso mismo, el diálogo continuado debería ser herramienta imprescindible para la elaboración (si no es posible la solución) de los conflictos políticos. El fracaso no es no haber llegado a una solución, sino no haberse sentado a hablar.

c)   Aprendizajes lingüísticos: Si las posiciones políticas de las personas están tan ligadas a la lengua, hay que decir que los aprendizajes lingüísticos son muy útiles para la comprensión de la ideología política. Detestarlos, denostarlos, cerrarse en banda a ellos es el mejor modo de cerrarse a la comprensión global del problema político. Para “sentir” ciertas posiciones lingüísticas, es preciso “sentir” el idioma, valorarlo y, si se puede. gustarlos, es decir, hablarlos.

d)   Aprendizajes culturales: Quizá no sea posible aprender la lengua porque, tal vez, ya no tenemos edad para ello. Pero eso se puede suplir, en parte, por los aprendizajes culturales: maneras de comer, de viajar, de vestir, de celebrar los ritos sociales y religiosos, de entender la creación artística, de valorar los modos familiares. Todo esto moldea el imaginario político.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Mejorar la manera de hablar de política en la VR: No cabe duda que las comunidades, en general, tienen por delante tarea para hablar mejor de los políticos en general, de ciertos políticos en concreto, de hermanas que manifiestan sus posiciones políticas. Hablar mejor no solucionará las discrepancias (si es que deben ser solucionadas) pero puede abrir una pequeña puerta al entendimiento. ¿Es realmente este un problema en la vida diaria de las comunidades? ¿O no hay cuestión?
  • Problemas lingüísticos en las nuevas entidades religiosas: Las nuevas entidades de VR que nacen de las fusiones en esta hora de reducción levan, con frecuencia, a englobar territorios con peculiaridades lingüísticas distintas a la mayoritaria. ¿Cómo se asimila esto? ¿Porque no hay más remedio? ¿Hay maneras benignas de entrar a este tema? ¿No existe problema?
  • Fomento de lenguajes comunes: No nos referimos a idiomas, sino a maneras de entenderse. La VR tiene un truco para funcionar cuando no hay entendimiento: pasar por alto el asunto y decir que es por el bien de la paz. ¿Es el mejor modo de enfocar una diferencia, por ejemplo política? ¿No se podrían encontrar lenguajes comunes (el arte, la música, el paisaje, la comida) para poder entrar a hablar de una diferencia que pesa sobre la vida de comunidad?
  • Tu lengua será mi lengua: Habríamos de valorar a los hermanos y hermanas que aprenden lenguas de grupos descartados de la historia, pequeñas comunidades indígenas, nómadas, lenguas de países sin relevancia social. Nosotros no las aprenderemos, pero podríamos agradecerles y animarles a quienes han tenido el humilde y fuerte coraje de enfrentarse a ellas y a la cultura marginal que les sustenta. Son como Jesús ¿Te lo parece?

 

IV. DISCÍPULOS/AS QUE CREAN PROBLEMAS

 

         Todos los movimientos sociales se hacen más peligrosos cuando hay seguidores. Las fuerzas represoras siempre buscan a los cómplices porque en ellos se prolonga el discurso, la subversión. Cuando las ideas sociales o políticos arraigan en colectivos amplios es cuando son peligrosas. Es verdad que también la colectividad tiende a ser olvidadiza. Pero crear escuela es el éxito de una revolución porque eso le permite prolongarse en el tiempo.

         A veces ocurre (como, quizá, ocurrió en el movimiento cristiano con Pablo) que es un seguidor el que termina por dar forma “definitiva” al movimiento. El iniciador es semilla, el seguidor es quien lleva a término la obra. Por eso el tema de los seguidores es tan importante. Aunque en cuestión de ideología social y política parece que en el NT ocurre una cosa singular: los seguidores retroceden en comparación con el iniciador. No hay más que mirar cómo los escritos paulinos y sobre todo los posteriores enfocan los códigos domésticos y el tema de la autoridad civil.

         De cualquier modo, el movimiento cristiano nos ha venido a través de sus seguidores. Desde el principio han creado problemas. Pero es, tal vez, el vehículo necesario para que nos llegue el Mensaje.

 

1. Texto inicial: Jn 18,19:

 

         “Entonces el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina”.

 

  • Es curioso que sea el sumo sacerdote quien interrogue sobre los discípulos. Pilato no pregunta sobre eso. Es esa instancia la que considera un riesgo que la doctrina, que a priori consideran desviada, se propague en sus discípulos. Parece que las autoridades ignoran ambas cosas, la doctrina y su influencia. Pero consideran que ahí está el quid de la cuestión, lo que hay que controlar y, en su caso, extirpar.
  • El discipulado de Jesús es un discipulado vital. Ser discípulo en aquellos tiempos era una convivencia estrecha con el maestro, no una mera relación escolar. La cabeza y el corazón del maestro modelaban la cabeza y el corazón del discípulo. Los comportamientos de ambos eran similares. De ahí que el peligro que genera la trasmisión no era solo el que viene de las ideas sino el que procede de una vida similar. ¿Cómo recuperar algo de esto para que el discipulado con Jesús no sea entendido meramente como cuestión de ideas?
  • El tema de los doce: Es una parte de la nebulosa. Está claro que ese grupo ejerce una función representativa (las nuevas doce tribus) que le ha dado el autor de los evangelios. Otra cosa es que los hechos fueran tan claros. Sería bueno mantener la función representativa más allá del número y del género (que se supone que son hombres, pero que es mucho suponer). Y en todo caso, la función representativa no es para mandar sino para servir, como queda claro en muchos textos del Evangelio (Mt 20,26, por ejemplo).
  • El tema de las mujeres: Que había mujeres en el movimiento de Jesús queda fuera de duda (Lc 8,1); que esto cobró un rostro concreto en la primera misión cristiana, también (1 Cor 9,5; Rom 16). Que la sociedad de la época no podía asimilar esto, quizá. Pero todo ello no habla sino en la dirección de la mera aceptación: el movimiento de Jesús es un movimiento de discipulado igualitario con todas las consecuencias. Y en la medida en que no lo fuere por el peso histórico, hoy debería serlo. Esto no tiene vuelta de hoja.
  • Prolongadores del movimiento: Hay un texto de Flavio Josefo que dice: “Por ese tiempo existió Jesús, un hombre sabio. Era, en efecto, hacedor de obras extraordinarias y maestro de hombres que acogen con placer la verdad. Atrajo a sí a muchos judíos y también a muchos griegos. Aunque Pilato, por denuncias de los hombres principales entre nosotros, lo castigó con la cruz, no lo abandonaron los que desde el principio lo habían amado. Ellos dijeron que estaba vivo. En efecto, todavía ahora sigue existiendo la tribu de los que por éste son llamados cristianos” (AJ XVIII 63-64). Seguimos siendo de la “tribu”; y se pertenece a ella por ideas y, sobre todo, por comportamientos. Como prolongadores del movimiento habrían de interesarnos los componentes del seguimiento. Y de manera lo más equilibrada posible.

 

2. Reflexión:

 

a)   Los componentes del seguimiento: Ya hemos dicho que J. B. Metz afirma claramente (en “Las órdenes religiosas”) que el seguimiento tiene dos componentes: el místico (oración, Palabra, sacramentos, pertenencia religiosa, etc.) y el situacional o político (ciudadanía, responsabilidad social, participación ciudadana, etc.). Ambos deben estar siempre, y tendrían que estarlo de la manera más equilibrada posible. Ningún plan de vida cristiana habría de obviar uno u otro. También hemos dicho que el componente político es, a nuestro juicio, el que más riesgo corre de ocultamiento y desaparición.

b)   Ideas y comportamientos  políticos que han pasado a medias al discipulado: Hay asuntos “políticos” en el Evangelio que pasan a medias entre los seguidores de Jesús. La utopía de una sociedad nueva, la certeza de que el sufrimiento de los pobres tendrá fin, la seguridad de que los empobrecidos tienen un sitio en el centro de la sociedad, la conciencia de que la acumulación es la causa de muchas disfunciones sociales y políticas, etc. ¿Han pasado estas ideas a los seguidores? Sí, pero, tal vez, a medias, o menos. Mantener vivas estas utopías hace parte del legado cristiano, porque un Evangelio sin utopías es una realidad casi muerta.

c)   La continua recuperación, descubrimiento, del paradigma de Jesús tarea de actividad cristiana: No se puede caer en el error de creer que la identidad de fe viene directamente del paradigma religioso. Viene del Evangelio y sus certezas, que creemos que recoge, básicamente, las certezas de Jesús. Por eso se necesita un trabajo continuado de recuperación y redescubrimiento del paradigma de Jesús que, con frecuencia, queda ensombrecido por el hecho religioso. Pues bien, en ese paradigma entra de lleno el tema social y aun el político. Los evangelios están más preocupados por ello que por la religión o la moral sexual. De manera que dejar de lado este aspecto es empobrecer la experiencia de seguimiento y, con ello, la de la fe.

d)   Seguidores de un disidente: La palabra “disidencia” no existe en los documentos de la Iglesia, de no ser para censurarla, para decir que es lo que atenta a la comunión, valor máximo del grupo cristiano. Y, sin embargo, somos hijos de un disidente, social, religioso y político. No somos seguidores de uno que se acomodó al sistema imperante. El judaísmo antiguo, con lógica, entendió el movimiento cristiano como una disidencia, como una herejía del judaísmo. El ejercicio de la disidencia, hecho con humanidad, puede ser saludable. Habría que preguntarse si precisamente por abandonar el talante disidente hemos construido una comunión adocenada, mortecina, de mero nombre, sin aguijón apocalíptico, como diría Metz.

 

 

 


3. Para el diálogo:

 

  • Cómo rellenar el déficit político: Un déficit que no se ha tratado en la formación para la VR, que se ha poco vivido en las comunidades, que cada uno ha debido rellenarlo como ha podido. ¿Hay posibilidad hoy de llenar ese vacío, siquiera parcialmente? ¿Puede hacerlo uno solo o el socorro de la comunidad es totalmente necesario? Como en otras cosas, ¿podrían ayudarnos en esto los laicos?
  • ¿Hace la VR política?: Oficialmente se dice que no. Pero realmente la hace y, en general, de derechas. ¿Habría manera de hacerla de una manera más plural, más honesta, más declarada, arrostrando todas las consecuencias? ¿Por qué cuesta tanto unificar a los grupos de la VR para efectuar declaraciones conjuntas, pronunciamientos, valoraciones sociales o políticas en público?
  • Pretensiones globales y caminos concretos: Mantener utopías globales respecto al cambio político de la sociedad es necesario, pero hacer signos concretos en el kilómetro cuadrado en el que se vive es igualmente preciso. ¿Qué valor da la VR a los pequeños signos de opción política? ¿Por qué le cuesta participar? ¿Cómo se ve esto en la comunidad? ¿Sería un amparo, justamente, el hacerlos en comunidad?
  • Un discipulado político: Es algo que se aprende de muchas maneras: en la formación de la vida diaria (el periódico leído con hondura, no solo titulares de telediario), en la formación más específica (cursos, conferencias, congresos), en el contacto con personas más implicadas, en las experiencias de práctica política, etc. Pretender revalorizar los contenidos políticos del Evangelio sin esta clase de experiencia nos parece complicado. ¿Estamos en disposición de entrar por estas sendas? ¿Dónde podríamos encontrar ánimo para ello?

 

V. DE ALDEA EN ALDEA

 

         Las ideas no están quietas, se propagan. Los métodos varían: antes era la octavilla y el cartel (aunque esto aún sigue). Ahora son los platós de televisión. Las ideas políticas siguen funcionando, sean cuales sean. Hay gente que dice (siempre de derechas) que no se mete en política. Pero se meten cuando peligra su estatus. Hay gente que dice que el tiempo de las utopías ha acabado (aquel Fukuyama). Pero las utopías siguen bien vivas. Hay gente que no quiere ver que las ideas van de un lado a otro con mucha mayor velocidad que hace 50 años.

         Por eso hay quien ha creído (los papas incluidos) que en la propagación de las ideas (la misión) estaba el éxito. Pero tal vez se ha reparado menos en los contenidos que se quieren propagar y por eso se ha puesto énfasis en los métodos y se ha obviado los contenidos reales, las propuestas, las implicaciones en un proyecto, la asunción de las consecuencias que puede traer para un cambio estructural real. En esto último creemos que está el quid de la propuesta del reino de Jesús. De tal manera que la propuesta de Jesús es espiritual y política, antes que religiosa y estructural.

 

1. Texto inicial: Lc 8,1:

 

         “A continuación fue también él caminando de pueblo en pueblo y de aldea en aldea, proclamando la buena noticia del reinado de Dios”.

 

  • Hombre de caminos: Eso es lo que fue Jesús. Él no fundó una academia desde la que enseñara el reinado de Dios. Él se echó a los caminos y allí hizo lo que pudo. Y con sus gestos sencillos, humildes signos que dice J. Sobrino, habló de otra posibilidad, de otro horizonte. Y, al menos en ciertos momentos, parece que eso conectó con los que andaban en los caminos, los más tirados de aquella sociedad. Por eso mismo, hacer de la fe una cuestión de escuela no deja de ser algo extraño.
  • Las aldeas, reductos de ideología mesianista: Así parece que lo entienden algunos autores. La sociedad del tiempo de Jesús tiene en las ciudades el asentamiento de los imperialistas romanos. Por eso, la ideología mesianista que ansía la liberación de Israel, la centralidad del judaísmo, y el sueño imposible de la primacía política de ese pequeño pueblo que son los judíos, se refugia en las aldeas apartadas de los grandes núcleos de población. Da la impresión que Jesús opta por ellas, que escoge a sus amigos entre sus pobladores, que les ofrece su Mensaje a ellas, y no a las ciudades. Quizá lo haga porque la aldea refleja la última caverna de nuestro pensamiento y de nuestro corazón humanos (no en vano ya Platón habló del mito de la caverna).
  • Buena noticia del reino: Jesús no se inventa lo del reinado de Dios. De la cosa se hablaba en la época. Vistas las deficiencias en los modos de gobierno de entonces (casi todos dictatoriales), se soñaba con un tipo de gobierno como el de Dios: igualitario, fraterno, antijerárquico, humano. Eso era el reinado de Dios. Una utopía tan inmediata que había que vivirla y y tan potente que se creía extenderse hasta la plenitud del más allá. Esto sonaba bien a los oídos de los de las aldeas. Lo que no sonaba tan bien era que ese reino no iba a venir llovido del cielo, sino que era preciso implicarse personalmente en el asunto, que habría que forzarlo para que pudiera ser (como diría J. A. Labordeta).
  • Proclamación con acciones, más que con palabras: Aunque los Evangelios se parecen más a una enseñanza y el título de Maestro es el que mejor parece cuadrar a Jesús, de hecho la verdadera enseñanza del reino de Dios que Jesús hace se apoya y evidencia en signos, en acciones, en comportamientos concretos. El lenguaje del reino no es la doctrina, sino los hechos. La opción de Jesús antes que ortodoxia es ortopraxis.  Aquel “pasó haciendo el bien” de Hech 10,38 sigue siendo la mejor manera de sintetizar el perfil de Jesús.
  • No ha de extrañar que digamos que la propuesta del reino tiene un componente político en cuanto que aspira a otro tipo de sociedad y colateralmente interactúa con los planteamientos políticos de opresión social. ¿Fue Jesús percibido como un revoltoso político y por ende como un enemigo del imperio romano? Posiblemente no. Su irrelevancia social hizo que, tal vez, ni se enteraran de sus pasos los dirigentes romanos, aunque Lc 9,9 dice que Herodes sí se enteró y que quería verlo. Pero, hasta el final, en el caso de Pilatos, no parece que su predicación del reino tuvo incidencia social (recordar el libro de Theissen “La sombra del galileo”). Quizá esto marque tendencia: el seguidor no es necesariamente un político pero no puede dejar de lado la participación política.

 

2. Reflexión:

 

a)   Recuperar la itinerancia: Es un componente de los orígenes de la fe, en una sociedad muchos menos itinerante que la nuestra. La itinerancia no es una realidad meramente física. Es también algo mental y espiritual. Se trata de la cualidad que lleva a ductilidad, de mente y de corazón, a la flexibilidad en ideología y práctica, al ecumenismo vital, a la valoración amplia, global, a un modo de ser holístico, como decimos ahora. En este valor, muchas veces olvidado está la raíz de no pocos conflictos sociales y políticos.

b)   Lejos de los mesianismos políticos: Aunque parezca que no pero la tentación de los mesianismos es acompañante del caminar humano. Ante nuestros duros problemas, ponemos la esperanza en alguien de fuera que venga y nos lo resuelva. Antes y ahora. Sin embargo, el Evangelio viene a decir que los únicos mesías somos nosotros mismos con el amparo y la ayuda de Jesús. Nadie va a hacer por nosotros lo que nosotros no hagamos. La desimplicación política que ha conllevado la experiencia cristiana no tiene nada que ver con el Evangelio. El abandono de “las cosas temporales” por las espirituales es una falacia que no se sustenta de ningún modo, pura hipocresía.

c)   Buenas noticias reales: Eso es lo que el reino propone. Por ello, las noticias del reino no pueden ser primordialmente espirituales en sentido religioso. Tienen que ser noticias de componente duramente histórico (vivienda, agua, trabajo, tierra, dignidad, bienestar, etc.) Y de ahí, en otro nivel: paz, sosiego, amor, alegría, espiritualidad, trascendencia, etc. Los mecanismos religiosos habrían de ser herramientas que impulsen estas buenas noticias. Un apartado de tales buenas noticias serían las políticas: dignidad, justicia, igualdad, equidad, estructuras de humanidad.

d)   Más sociología y antropología, menos religión: Quizá necesitemos algo de eso porque la religión sin arraigo antropológico o sin conexión social se convierte en un fantasma, algo sin carne. Hasta a nivel de formación necesitamos menos teólogos y más sociólogos, antropólogos, analistas del hecho político. Mezclar todo esto a la espiritualidad es la mezcla que puede ser renovadora.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Diques contra la itinerancia: Como los pantanos que remansan los ríos y los “paran”. La VR ha levantado diques contra la itinerancia: las obras, el “fundar”, la fidelidad al pueblo, los axiomas de que estamos aquí “desde siempre”, lo que me dice la gente, etc. El asunto es que, una vez apalancados, nos cuesta mucho la itinerancia hasta el punto que, interiormente, llega, a veces, a desestabilizarnos. Y, sin embargo, hecha con mesura y discernimiento, la itinerancia puede ser una forma muy buena de renovación personal y estructural, e incluso un acercamiento muy vital a la dinámica del Evangelio. ¿Observas estos diques en tu entorno de VR?
  • Huyendo de la negativización social: No hay posibilidad de conexión política con la sociedad si, en nuestro corazón y en nuestro discurso, predomina la negativización social. Se da cuando, tanto en el lenguaje como en la valoración, se viene a entender que estamos rodeados de mal y que todos los estamentos sociales está inficionados por él (a veces se excluye a mis estamentos). Eso bloquea la conexión y, en concreto, derrama mucho acíbar sobre el tema político. ¿Cómo son tus maneras de hablar de la sociedad? ¿Cómo mejorar esas maneras en nuestra propia comunidad?
  • La pequeña propaganda: La difusión de las ideas políticas siempre ha contado con grupos y medios, a veces sencillos, más lanzados. Convencidos de que personalmente no es fácil la concientización política, habría que buscar el amparo de los grupos. Creer que la reflexión en grupo es una herramienta sencilla y buena de concientización puede ser un gran acierto. Trabajar materiales de concientización (por ejemplo los cuadernos de Cristianismo y Justicia) puede ser hoy una gran ayuda. ¿Hay experiencias de pqueños trabajos de componente social en grupos de VR o con laicos?
  • Una escuela social: La mayoría de los centros de formación de la Iglesia explican lo mismo (Biblia, Liturgia, Espiritualidad, Dogmática, Moral, etc.). Esto parece necesario. Pero no estaría mal que abundasen más las escuelas de formación social. Es un déficit. Para el tema de espiritualidad política, conexión social, mediación, etc., serían buenísimas. Sin llegar a algo tan reglado, los Secretariados Sociales de las diócesis son útiles, siempre que se usen. La afluencia de la VR suele ser escasa. ¿A qué se debería? ¿Qué sitio tiene la espiritualidad política en los planes de formación de los candidatos/as o de la formación de adultos en la VR?

 

VI. “MALAS” COMPAÑÍAS

 

         De niños nos decían en casa que había que huir de las malas compañías como de la peste. Son los  “aprendizajes sociales” que hay que evitar. Pero, en realidad, estás malas compañías nos enseñaron cosas sobre la vida más decisivas que las reflexiones oficiales (la libertad, la aventura, la disidencia, la autonomía, etc.). Por eso, a la larga, estas triunfaron y aquellas no.

         Por otra parte, hemos comprobado muchas veces que tales compañías no son tan malas como nosotros decimos. La persona, hasta la que consideramos “mala”, encierra posibilidades de humanidad. Por eso resulta que estas son las que, algunas veces, nos han sacado las castañas del fuego (Lutero, la teología de la liberación, etc.)

 

1. Texto inicial: Lc 8,1b-2a:

 

         “Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres curadas de malos espíritus y enfermedades: María, la llamada Magdalena, de la que había echado siete demonios”.

 

  • Los Doce: En los Evangelios no son una realidad pura, sino que, moralmente hablando, todos está muy “tocados”: violentos (Santiago y Juan, hijos del trueno, Pedro espada), ambiciosos (los mismos, Pedro que pregunta lo que le va a tocar, los otros discípulos que se mosquean), gente que desconfía de Jesús (Felipe, con qué podríamos comprar, dónde vas), gente de colmillo retorcido (Judas Tadeo), personas que traicionan (Iscariote). No son, ciertamente, una compañía muy recomendable. Y, sin embargo, los necesitaba, no tanto para la predicación del reino, sino por las necesidades de su propio corazón “para que estuvieran con él”: Mc 3,14).
  • María la Magdalena: De ella había echado “siete demonios”. No es la pecadora de Lc 7. Los demonios son, en los evangelios, las ideologías opresoras, singularmente la ideología del mesianismo político. Si María, que es de Magdala (galilea, peligrosa), tiene siete demonios, quiere decir que es una mujer extremadamente nacionalista, una yihadista, vamos. Jesús logra echar sus demonios, hacerla entrar en un proyecto del reino que demanda dignidad, respeto, paz, amor, servicio. Lo contrario, justamente, del mesianismo político. Tan fuerte fue el cambio que María reunió todas las notas para ser apóstol, más que Pedro.
  • Si Jesús frecuentaba a estas personas no era porque fueran malas, sino porque él veía valores. Lograba saltar el muro de las deficiencias morales y daba con el quid último de la persona. Y ahí descubría un valor. El valor del amor (tú sabes que te quiero), de la generosidad (lo servían con sus propios bienes), de la cercanía al reino (no estás lejos), de la extraña colaboración (hazlo pronto). Todo un mundo por dentro que merece la pena considerar sin dejarse escandalizar, sin más, por lo externo.
  • Algunas mujeres curadas de enfermedades: Porque la enfermedad refuerza la debilidad social de las mujeres; no eran buenas compañías para un itinerante. Para él son mujeres curadas, hijas de Abrahán, con idénticos valores que cualquier otra persona. El estigma de ser mujer enferma ha quedado superado. Ya vemos en nuestros días las consecuencias sociales y políticas que puede tener una actitud así.

 

2. Reflexión:

 

a)   El nexo de la común dignidad: Ese es el nexo de fondo de estas personas “malas” y de toda persona en su mal acompañante: la dignidad básica de toda persona, de todo ser creado. Si Jesús ofrece a Zaqueo el reino no es por su bondad oculta (indudable), sino por su dignidad manifiesta. Si es digno, y lo es, el reino puede ser para él. La moralidad se arreglará mejor (en esta caso es así) o peor (el cuadro de Caravaggio de la conversión de Zaqueo es, en esto, magnífico).

b)   Saltar el muro de la maldad moral: Un muro que en muchos casos se nos hace insalvable (criminales, gente pillada in fraganti, etc.). Para intentar saltar el muro hace falta respeto, consideración de la dignidad, generosidad, trato directo, cercanía que no humille, aguante de los caminos que no nos convencen, espera paciente, puerta abierta (parábola franciscana de los ladrones de Borgo san Sepolcro). Las consecuencias políticas de esto son manifiestas (derogación de la prisión permanente, trato a los no rehabilitados, a quien no pide perdón, etc.).

c)   El valor político de los malos; no de los malos políticos: Es decir, se valora no su mala política, sino la  buena aunque sean considerados “malos” (por serlo o por tenerlos). Tal es así que, a veces, se han convertido en personajes legendarios, más allá de su marginalidad (Ciro, Robin Hood, Gordillo). Sus actuaciones buenas no justifican su supuesta maldad, pero justo es reconocer lo que hayan hecho de bien objetivamente. Sus actuaciones globales puede que no sean correctas, pero está ahí lo positivo que se podría reconocer como valioso.

d)   Desconfiar de los políticos vencedores: Porque el triunfo político no les da más razón. La razón viene del comportamiento humano. Aliarse con quien ha vencido es siempre arriesgado. Construir una visión de la historia desde el lado de los vencedores nada tiene que ver con los planteamientos de Jesús, quien construye el relato histórico desde el lado de los vencidos.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Contra el etiquetaje de las personas: La VR es especialista en etiquetar a la persona. Y una vez que te ha caído encima una etiqueta no te lava ni el agua del Jordán. Quizá las etiquetas tengan parten de verdad pero, ciertamente, no tienen toda la verdad. Por eso es muy malo etiquetar, sobre todo cuando se etiqueta mal (que es la mayor parte de las veces). ¿Persiste este fenómeno en la VR? ¿Cómo controlarlo mejor?
  • Qué políticos se acercan a nuestras casas, proyectos: Los políticos, a veces, asoman su nariz en nuestras casas y proyectos. Por lo que sea, les interesan. ¿Qué tipo de políticos nos visitan? ¿Con qué intenciones? ¿Qué valoraciones hacen los/as hermanos/as?
  • Apertura de nuestras casas a los “malos”, a los que no controlamos: A quienes no son de nuestra tierra-cultura-religión, a quienes no entran en nuestros parámetros ordenados, a quienes no podemos sacar ninguna “ganancia”, a quienes “molestan”. ¿Vamos mejorando en flexibilidad y acogida? ¿Cómo ayudarnos a ello?
  • Trato a los hermanos marcados: Hay hermanos/as que, quizá con razón, si es que hay razón para eso, han quedado marcados negativamente. Es fácil que ese estigma se les haga muy pesado; es fácil que generen mucha amargura y que se la tragan como pueden; es fácil que se les retire la confianza de la que antes gozaban. ¿Cómo trabajar esto? ¿Cómo mantener confianza generosamente y discernidamente?

 

 

VII. ALTERNATIVOS FRENTE AL SISTEMA

 

         El “sistema” es como el Guadiana: aparece y desaparece. Pero, en realidad, siempre está ahí. Son las normas, de todo tipo, que nos damos para establecer la convivencia. En realidad es algo, quizá, necesario. Pero lo que tenía que ser una ayuda, una herramienta para el logro de una vida más dichosa, termina volviéndose, por su carácter devorador, una cárcel, una coraza, un peso insufrible, una opresión, una dictadura.

         El sistema es muy amparador para quien está dentro, para quien le hace el juego, para quien le sirve y hasta que le sirve, porque en cuanto deja de servirle, el sistema lo desecha. Y es tremendamente duro para quien no le hace el juego, para quien lo cuestiona, para quien le baila las normas y las pasa por alto.

         En esta ambivalencia nos movemos: hacemos parte de un sistema que nos devora y, a la vez, queremos vernos libres de él. Tarea difícil. Eso es lo que queremos decir cuando hablamos de ser alternativos. Por eso es tan difícil serlo. Pero, viniendo al tema político, ser alternativos, o intentar serlo, es la única puerta de salida honrosa que uno tiene ante los sistemas políticos excluyentes que son la mayoría. Es aquello de Jn 17,11 : estar en el mundo sin ser del mundo, estar en el sistema sin ser del sistema.

 

1. Texto inicial: Mc 12,13-17:

 

“Y envían hacia él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?» Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.» Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él”.

 

  • Jesús sabría lo que era el dinero si había trabajado de tekton en las obras de Cesarea y Séforis. Por eso, cuando pide que le enseñen una moneda y pregunta por la inscripción es algo deíctico ya que, por supuesto, que lo sabe. Y, más allá de su pobreza, y en una sociedad de bienes limitados, él había intuido algo: el dinero es peligroso cuando se acumula; si tienes mucho es que se lo has quitado a otros. Por eso, ha elaborado una espiritualidad de prevención, distanciamiento y censura del dinero muy fuerte.
  • Ahora bien, el César no es nada sin dinero, el poder político no es nada sin dinero. Por eso, tomar un camino alternativo en temas de dinero le lleva directamente a tener que tomarlo en temas de política. No puede estar de acuerdo con el sistema político romano por razones de mera opresión política, sino porque, como todo sistema, ignora la vida de los pobres. Contribuir con un impuesto a sustentar eso es un crimen contra los pobres.
  • La única alternativa es devolver y arrostrar las consecuencias. Porque “devolver” es el verbo clave. No se trata de distribuir poderes (el del César, el de Dios, y la Iglesia que lo asume), sino de aprestarse a la alternatividad y sus, a veces, fuertes consecuencias. No puede esperar que, siendo alternativo, le ampare ese sistema (él fue el que lo condenó. Qué le importaba a Roma, a Pilato, un paria, un don nadie). Pero esa “devolución” es el único camino para generar alternatividad.
  • Hay una posibilidad para entender que hay que pagar: con libertad y con fines sociales. Si eso no está claro, hay que situarse en el margen, en lo alternativo, lo más fuera de la corriente posible del sistema. Este ponerse al margen de una actuación económica conlleva hacerlo de la correspondiente actuación política. No tiene sentido objetar en economía y no en política.

 

2. Reflexión:

 

a)   Sistemas y política: Ya hemos dicho que la conexión y la carga de sistematicidad en los ámbitos de la política es algo sempiterno y muy marcado. A pesar de ello, y por razones de actuación para evitar, entre otras cosas, la desafección política y la falta de colaboración, habrá que creer que, dentro del sistema político, puede haber un margen para la alternatividad, aunque sea a niveles de signos, de profecía, de pequeño fuego que hoy no incide en la gran corriente de la política general. Las actitudes discernidamente abstencionistas y las meramente significativas pueden ser lenguaje alternativo en el panorama político actual

b)   La economía en el centro: Eso lo sabemos todos, aunque ni los mismos partidos políticos terminen de reconocerlo. ¿Cómo generar alternatividad con un presupuesto tal? Lo hemos dicho: pagando con la mayor libertad posible (ejerciendo lo más posible la objeción) y dando a los impuestos la mayor finalidad social posible. Todo esto, dentro de lo que posibilite el sistema que, lógicamente, no va a ser mucho. De esa manera quizá se logre desplazar un tanto la economía del centro y que la persona y sus valores lo ocupen algo más.

c)   La renuncia al estatus y la reorientación de la economía: Siempre han sido herramientas valiosas para generar alternatividad. Pero no es resulta fácil ponerlas en pie. El estatus está muy ligado a la imagen que el otro tiene de mí y que se quiere preservar a toda costa (el buen nombre del Instituto). Por eso mismo, renunciar al rango social cuesta mucho. Y la reorientación económica apuntando a las necesidades sociales demanda poner en cuestión el egoísmo constituyente de la persona y de las instituciones.

d)   Posibilidad de desplazamiento: ¿Es posible desplazarse hacia márgenes de “pobreza” económica y social? Lo es si se encuentran motivos vitales para ello (no hablamos de motivos evangélicos). Toda actividad humana, toda institución, toda presencia puede ser orientada hacia los márgenes o hacia el núcleo del sistema. Por eso lo importante no es tanto en qué niveles de pobreza económica o social se está, sino cuál es la dirección de la tendencia.

 

3. Para el diálogo:

 

  • El mayor hándicap de la VR: Su pertenencia sistémica y la consiguiente imposibilidad de generar caminos alternativos. La VR como estructura necesita tener apoyos. Y, lógicamente, se vuelve hacia quien apoya más porque tiene más fuerza, el sistema. Pero este le pasa su pesada factura. ¿Podríamos imaginar una VR más alternativa, menos ceñida al sistema? ¿Pasa eso por una reducción en las obras que demandan mucha ayuda oficial?
  • Contra la tentación de creerse inmunes: Es posible que uno se crea inmune a la “esclavitud” del sistema. Es preciso desvelar su presencia en la ideología de la VR, en sus propuestas de misión y, por supuesto, en los modos personales de vivir. ¿No percibo la presencia del sistema en mi vida? ¿Constato un déficit de alternatividad? ¿Tiene que ver este déficit con el debilitamiento del sentido de la actual VR?
  • La sintonía con los caminos políticos alternativos: Que los hay, tanto a gran nivel (partidos minoritarios, movimientos contraculturales) como a pequeño nivel (ongs de solidaridad, grupos de ecología, movimientos de no violencia, etc.). ¿Tiene la VR, en general, deseo de caminar por estos derroteros? ¿Le resultan ajenos y son censurados en público?
  • Ajustar las necesidades, caminar en los márgenes: Quizá sea ese un posible camino para vivir en alternatividad: ir, con los años, ajustando las necesidades a los caminos reales que vive la persona. Todo lo que se haga en esa dirección, aunque sea cosa pequeña, nos facilita la comprensión y la vivencia de la alternatividad. ¿Cuánto mayores somos, observamos que ajustamos nuestras necesidades? ¿Ponemos cada vez más el acento en las necesidades espirituales y relativizamos más las materiales?

 

VIII. SALUDABLE UNIVERSALISMO

 

         El localismo exagerado no es bueno para nada, tampoco para una correcta comprensión del hecho político. Deriva, con frecuencia, en nacionalismos excluyentes y en grandes tropelías, aunque hoy, debido a la globalización, la cosa esté más controlada al tener noticias de ello en tiempo real.

         Una mentalidad universalista, amplia, que se ha asomado a otros ámbitos, que llega a valorar lo positivo de otros sistemas de vida es algo muy saludable porque rompe la conciencia de verdad y bondad únicas a las que tienden los sistemas cerrados.

         Sobra decir que muchos planteamientos políticos están afectados de esa verdad única: se cree que la sociedad solamente puede ser según el imaginario del propio grupo. Los demás grupos la llevan a la ruina. Dicen que es parte del juego político. Pero se tiene la impresión de que la pérdida de fuerzas es muy grande. ¿No se podría mantener la pluralidad manteniendo, a la vez, una cierta dosis de apertura al otro?

         En ir aprendiendo el universalismo se halla una de las claves de una nueva manera de percibir y participar en el hecho social y político.

 

1. Texto inicial: Mc 7,24-30:

 

“Y partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa no quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era griega, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.» Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.» Él, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.» Volvió a su casa y encontró que la chiquilla estaba echada en la cama y que el demonio se había ido”.

 

  • A un judío no se le había perdido nada en tierras de paganos, en tierras de aquellos que, de raíz, estaban destinados al infierno. Pero Jesús fue: ¿quién le empujó a ir? ¿Dónde le convencieron? Mc 1,35 dice que Jesús se levantaba por la noche a orar en despoblado. Quizá en esa áspera oración que se hace en el monte es donde llegó a entrever el deseo del Padre de que también a los paganos se les había de ofrecer el reino (algo insólito).
  • De cualquier manera, y aunque el diminutivo “perrillos” que se refiere a los perros de casa por contraposición a los vagabundos atenúa la dureza de la expresión (el perro es animal poco apreciado en el AT), la frase “no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos” denota un indudable desasosiego interior. Sea como sea, Jesús ha ido a tierras de paganos, ha ampliado el tremendo localismo en el que vive un judío pueblerino en aquella época. La mudez de los discípulos en la escena denota su correspondiente disgusto: no quieren saber nada con paganos y, menos aún, con paganas.
  • La mujer también sale beneficiada con el universalismo (por pobre que se quiera) de aquel judío: pasa de considerarla como “hijita” (usa un diminutivo) a considerarla como una “hija” (persona adulta) que luego es “chiquilla” (una que ya come en la mesa de los adultos). Es decir, hay que ver si el verdadero “demonio” no es la sobreprotección de la madre que anula la personalidad de su hija. El milagro no sería tanto curar a la hija cuanto curar a la madre. El universalismo, la mezcla de judíos y paganos ha sido beneficiosa para ambos.
  • Jesús ha aprendido la difícil lección para un judío de que el reinado de Dios y los paganos son realidades conectables. Esto es un caballo de batalla en todo el NT. La misión primitiva cristiana se encargará de demostrarlo. Más aún, será el paganismo el que dé oxígeno al movimiento cristiano. Posiblemente esta clase de textos fueron decisivos para el incipiente cristianismo.

 

2. Reflexión:

 

a)   Universalismo y política: La actividad política tiende a ser local, a favorecer a “mi” país, región, pueblo, etc. De ahí que todas las iniciativas por globalizar la política parecen destinadas al fracaso y a la ineficacia. Y sin embargo, es en la política universal, en las decisiones consensuadas a nivel mundial, en donde hay algo de esperanza para este planea. Es en la justicia universal (la que tanta marcha atrás ha dado últimamente en este país) donde muchas víctimas pueden tener alguna esperanza. Es verdad que lo local tiene cuenta más al detalle de la necesidad concreta,. Pero el egoísmo le ronda y, con frecuencia, sucumbe a él.

b)   Un escenario que va cambiando: El escenario vital de muchos de nosotros ha sido muy local. Y, por ello mismo, es lógico que estemos muy apegados al terruño y que creamos que si se nos saca de él perecemos. Pero las futuras generaciones tienen otro escenario, más ancho, más universal desde su formación (pensemos en los Erasmus) hasta en la relación (variedad de opciones matrimoniales) o la colaboración entre países (trabajos de las ongs). Un escenario que va cambiando y que, de alguna manera, habríamos de promover y apoyar. Cuanto más global el escenario, más global puede ser también el trabajo de los actores.

c)   Responsabilidades adquiridas: Nuestro localismo nos deja en evidencia cuando, ante planteamientos de universalismo, decimos que “cada uno en su casa…”, que bastante tenemos con lo nuestro, que hay mucho trabajo para arreglar nuestra casa, etc. Con ser verdad, también es cierto aquello que decía W. Benjamin de que nacemos con responsabilidades adquiridas. Es decir, la pertenencia a la básica familia de lo humano no es mera lírica: tiene sus consecuencias. Y eso nos lleva a creer que el devenir de los pueblos, sobre todo el de los empobrecidos, en parte, siquiera mínima, depende de nosotros. Creer esto es, tal vez, tan importante o más que creer en Dios.

d)   Ampliar la mesa de la vida: El hecho de haber sido creado da derecho a sentarse en el banquete de la vida. Dado que son aun muchos quienes no tienen tal derecho, se hace necesario ampliar la mesa de la vida. Y eso se puede hacer a gran escala y a pequeña escala, en tierras lejanas y en el metro cuadrado de la propia vida. Se necesita para ello, mentalidad abierta, generosidad explícita, capacidad para disfrutar con los gozos del otro.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Afectada de localismo: No nos ha de extrañar que la VR esté afectada de localismo, aunque vamos dando pasos en la dirección del universalismo. El localismo empequeñece los horizontes. El universalismo los abre. ¿Crees que esto es así o no le ves punta a la cosa?
  • La misión nueva: La que se ha venido desarrollando desde el Vat.II: no verdad única, no imposición, inculturación. Lo mismo habría de ser en nuestros ambientes: tendría que darse el cultivo de un ecumenismo social que desplaza lo religioso a una faceta de vida o a su mero olvido. ¿Convivimos a gusto en ese ecumenismo social? ¿Quedan vestigios por aclarar?
  • Una relación de ida y vuelta: es la que habríamos de tener con los países o regiones que no son la nuestra. Creer que siempre la dirección tiene que ser de aquí hacia allá es caer en la dinámica Norte-Sur, cosa que constituye una de las mayores causas de desequilibrio social y político de nuestro tiempo. ¿Cómo va siendo tu mentalidad: Norte-Norte, Norte-Sur, Sur-Norte?
  • La internacionalidad llama a la puerta: La mayoría de los institutos religiosos en Europa eran muy localistas (a veces hasta geográficamente) y, por ello, casi cerrados a la construcción de comunidades internacionales (fuera, lógicamente, de los países de misión). Esto, quizá debido a la carencia vocacional, está cambiando: la internacionalidad llama a la puerta. Para construir bien esto hay que elaborar mentalidad. ¿Creemos que esto es un beneficio o no? ¿Puede alguien narrar una experiencia vivida en esta línea?

 

IX. NO TOCAR EL MERCADO

 

         Ya hemos dicho que el dinero y la política van de la mano. Pues bien, el mercado va cogido de la otra mano. Los mercados, lo sabemos, condicionan y sojuzgan a la política. Los dueños del mercado son, en realidad, los dueños de la política. Más aún cuando los mercados van bien, la política queda en segundo término; cuando van mal, la política acude en ayuda de los mercados, como hemos visto en la última crisis. De una u otra manera, los mercados siempre quedan arriba, como el aceite sobre el agua.

         Por eso mismo, tocar los mercados es la máxima osadía. Apuntar hacia ellos y denunciarlos es arriesgarse al menosprecio. Cuestionar a los mercados como estimuladores de la demanda es aprestarse a ser tachado de cavernícola. Cuestionar leyes sagradas de la economía de mercado (lo que pide el mercado es bueno para la economía) es marginarse social y políticamente. Atreverse a tocar los mercados es la mayor osadía en el marco del capitalismo neoliberal. Es, quizá, también una fuente de alternatividad.

 

 

 

1. Texto inicial:

 

         Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: "¿No está escrito: “Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes?”    ¡Pero vosotros la tenéis hecha una “cueva de bandidos! Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Cuando anocheció, salieron  fuera de la ciudad.

 

  • El mercado del templo: Era un mercado grande y cerrado (nos referimos al mercado del templo en el tiempo de la Pascua). Grande porque (según J. Jeremías) hubo Pascua en la que llegaron a venderse y matarse 25.000 corderos. Un negocio enorme para una pequeña ciudad (30.000 habitantes en tiempos normales). Y un mercado cerrado, porque solamente podían vender allí las familias sacerdotales. La policía del templo hacia rondas fuera de las murallas para espantar a los vendedores furtivos (los “manteros” de la época). Por eso, tocar ese mercado es tocar esa clase social y política dominante.
  • Tocar el mercado: por razones religiosas o políticas. Quizá por ambas. Es cierto que dice que no permitía que nadie transportase cosas por el templo (transportar era uno de los 39 trabajos prohibidos en día de fiesta), pero quizá la razón principal está en haber convertido la casa del Padre, la casa de todos, en una cueva de ladrones. Tendrían que haberla convertido, según el sueño de Zacarías 14,21-22, en una casa de ollas comunes, de amparo para los más excluidos de la mesa. Pero el mercado tiende a ser clasista a tope y el que queda fuera, fuera queda. Razones religiosas y sociales. Y también de algún modo políticas: contra un sistema que tolera las diferencias, los robos, el aprovecharse de la posición social. Un sistema, como el romano, que permite estas tropelías para mantener la pax romana.
  • De ignorado a conocido: Esta escena es la que hace que el ignorado Jesús salte a la primera página. Es ignorado (los que van a prenderle parecen no saber a quién van a coger, por eso Judas tiene que indicarlo) y, para su desgracia, sale a la luz. No es que el sistema fuera únicamente duro con Jesús (aunque nunca entenderemos por qué se le dio la muerte en cruz). Era duro con todos los que lo amenazaban. El sistema no es manco.
  • Causa real de su muerte: Podemos decir que este episodio del mercado es la gota que colmó el vaso y que llevó a Jesús a la ruina. Mientras sea cuestión de ideas, el sistema puede ser más o menos tolerante. Pero como se toque el dinero, se está perdido. Si Jesús no hubiera hecho este gesto (porque quizá no fue más que un mero gesto) no le haría salido la muerte al paso, y de una manera tan brutal.

 

2. Reflexión:

 

a)   En la dinámica del mercado: consumidores. Eso es lo que somos para el mercado, consumidores. Esa es nuestra debilidad (necesitamos del mercado) y nuestra fuerza (podemos unirnos para presionar en una determinada dirección). No hacemos nada con maldecir de los mercados injustos si no elaboramos estrategia de respuesta, si no las secundamos. Es preciso estar despiertos, ágiles para sumar esfuerzos, confiados en que los signos pueden tener una fuerza importante aunque no expropien las cuevas de Alí Babá, como decía E. Galeano (tiene lo suyo que el gran mercado chino on line se llame Alibabá).

b)   Los riesgos de enfrentarse al mercado: Tiene sus riesgos personales y grupales. Cuanto más grupales más fuerza y más riesgo. Riesgo de incomprensión hasta la rechifla; riesgo de singularidad, de rareza; riesgo de hacer el juego a otras fuerzas del mercado, sin saberlo. Pero sería imperdonable que se lo hiciéramos sabiéndolo. Riesgo de cansancio, de creer que esto no vale para nada. Riesgo de contradicción personal, que será preciso asumir del mejor modo posible.

c)   Desde una visión política: Nunca has sido el mercado menos libre que ahora. Las fuerzas políticas luchan con el mercado (la guerra que está desatando Trump tendrá grandes consecuencias). Por eso, hay que animarse a apoyar a aquellas fuerzas políticas que abran más los mercados a los países, pobres, menos acogidos en nuestros mercados. La compra de productos de tales países habría de estar privilegiada por nosotros. Y si, además, el precio de producto es ajustado a la justicia, pues mejor. Los productos de comercio justo interrogan a nuestras actitudes ante el mercado.

d)   Las múltiples direcciones del mercado: Ya lo hemos dicho: puede ser Norte-Sur, Norte-Norte, Sur-Norte. No vamos a dar cifras, pero podemos sospechar que la dirección mayoritaria es Norte-Sur y luego Norte-Norte. La Sur-Norte es la pagana, por más que las materias primas vengan con frecuencia del Sur. Pero, absorbidas por la economía del Norte, se convierten en valores económicos de las economías occidentales. Como dijimos antes, y en la medida que se pueda, siquiera en signos, habrá que apoyar la dirección más débil cuestionando la dura ganancia de las economías que fagocitan a las pequeñas de los países empobrecidos.

 

3. Para el diálogo

 

  • Estrategias comunitarias para hacer frente al mercado: Ya hemos hablado del comercio justo. ¿Hay más? ¿Podría organizarse un seminario de lectura de etiquetas? En ellas, por ley, viene el origen y las características del producto. Quien hiciera preguntas al producto ¿podría obtener respuestas del mercado?
  • Opciones políticas y mercado: No solamente a la hora de votar habría que hacer a los programas políticos la pregunta por su visión del mercado. Habrá que ver cómo lo han desarrollado en el tiempo de su mandato. ¿Crees que esto serviría para algo? ¿Es cosa que nos supera? ¿Alguien de nuestros hermanos/as podría hacernos el favor de ayudarnos?
  • Apoyo a los otros mercados: Nos referimos a la economía alternativa, ciudadana, de trueque, de intercambio, de reutilización, de préstamo. ¿Hay experiencias que intercambiar en este sentido? ¿Podrían inspirar programas de espiritualidad economías como la del bien común de Ch. Felber?
  • Mercado y religión: La religión ha estado siempre cerca del mercado, del dinero. Quizá sea productivo económicamente, pero la religión sale siempre perdiendo. ¿Habría maneras de separa un poco ambas realidades? ¿Cómo hacerlo, por ejemplo, en el caso de la eucaristía?

 

X. LOS CAMINOS DE LA VIOLENCIA POLÍTICA

 

         En nuestra propia carne, en nuestro propio país, hemos experimentado durante muchos años los insensatos caminos de la violencia política. Ahora parece que nos vemos libres de esa pesadilla que, por desgracia, es abundante en otras latitudes del planeta.

         La violencia política no solamente son los muertos, sus familias, sus víctimas en general. Es también la sociedad herida, las mentalidades deformadas, las cloacas que nunca se abrirán porque a nadie conviene, la hipocresía de clamar y celebrar la paz cuando, en realidad, se hizo muy poco por ella.

         La violencia política es uno de los peores rostros de la debilidad humana, ya que su estela se mantiene durante generaciones y, de alguna manera, pasa a ese fondo de lo humano que es muy difícil de controla e imposible, según parece, de borrar. De ahí su enorme decisividad.

 

1. Texto inicial: Jn 18,10-11:

 

“Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole el lóbulo la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: —Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?”.

 

  • Está probado, desde el punto de vista histórico, que, en tiempos de Jesús, se había apagado el celotismo de Judas el Galileo de principios de siglo que luego se reavivará en la guerra de los 70. Si exceptuamos el caso de los sicarios (guerrilla urbana), no había grupos violentos organizados en tiempos de Jesús. Eso añade una dificultad al hecho de que unos discípulos que, a la hora del prendimiento (se ve que fue algo violento, por más que los Evangelios diluyan la cosa), tienen una espada (o machete, no sabemos bien si es espada larga, intermedia machete, o puñal. Pero ¿qué hacen ahí con una espada? En Lc 22,38 son dos machetes. Y no solo eso, sino que están dispuestos a utilizarlo, a la resistencia armada. Es uno de los puntos complicados de los Evangelios que no se puede eludir sin más.
  • Dice que el tajo fue “en el lóbulo de la oreja derecha” (en la “orejilla derecha”). ¡Hace falta puntería o precisión para relatarlo! Mirando al AT (norma hermenéutica básica) se dice en Ex 29,20 y Lev 8,23 que en el ritual de consagración del sumo sacerdote se le untará con la sangre del segundo carnero en el lóbulo de la oreja derecha, en el dedo gordo de la mano derecha, y en el dedo gordo del pie derecho. ¿Se está queriendo decir que la época del sacerdocio religioso ha terminado, que ya no tiene sentido untar de sangre el lóbulo? Eso se confirma más con el nombre del sujeto: Malco: rey. Se acabó la realeza, no tiene sentido una realeza de raíz religiosa. Es la hora del tiempo nuevo. La misma violencia, insensata, lo pone de manifiesto.
  • La violencia engendra violencia: Queda expresado en el dicho de Mt 26,52: “el que hierro mata a hierro muere”: Tal como está, el Evangelio y la figura de Jesús conforman un perfil de pacifismo activo (más allá de Mt 10,34-36 que quiere desatar el malentendido irenista que dimana de la dura experiencia de la misión cristiana).
  • El Padre no manda el cáliz, por más que lo diga san Juan. El cáliz es el resultado de las opciones que Jesús ha ido tomando a lo largo de su vida a favor de los pobres y en contra de los sistemas, religioso o político. Si se quiere decir que Dios está ahí, que no le es ajena en modo alguno la suerte de Jesús, que no lo va abandonar en la hora final, bien. Pero Dios no necesita que Jesús sea víctima de nadie. No es eso un precio requerido para una supuesta salvación.

 

2. Reflexión:

 

  • Un lenguaje curativo: “Si las palabras curan, que hablen...”, dice M. Rosell. Porque las palabras, cuando van llenas de verdad y de amor, tienen un gran valor terapéutico. Los caminos de la violencia y del hondo sufrimiento que genera necesitan palabras ajustadas, verdaderas, amables, perdonadoras, curativas. Muchos de los conflictos humanos tienen en su origen la realidad de palabras duras e hirientes que activan el problema y desencadenan una ola de sufrimientos que amenaza con anegar el todo de la vida.
  • Desde una vida apasionada: A las grandes violencias no se les ataja con argumentos mediocres; los sufrimientos de hondo calado no se curan con rutinas. Por eso mismo, la pasión ha de animar todo el trabajo por la justicia y la paz. Todas las familias religiosas reconocen que la espiritualidad de la justicia y paz no hace todavía parte del acervo espiritual de nuestros colectivos. Honrosas excepciones nos reconcilian con esa percepción. Por eso, mientras no abramos la cabeza, el corazón y nuestros planes de vida a esta espiritualidad, lo que podamos decir serán poco menos que palabras al aire. Aquí la pasión es la medida de nuestro verdadero interés y sin ella todo esto queda desleído.
  • La fuerza política del amor: Ninguna formación política incluirá en su propaganda el amor como eje central de su manera de ver la vida. Sería impopular y no produciría ningún voto. Y, sin embargo, el amor tiene una fuerza imparable y, de hecho, lo más válido del mundo se mueve gracias a él, aunque los opresores crean que es la fuerza y el dominio quienes controlan las vidas. Habríamos de creer, como lo hicieron Gandhi y otros “políticos del amor”, que amar no es solamente un acto de virtud sino de política. Es decir, activar el amor lleva a elaborar planes concretos de actuación capaces de perforar la coraza de la violencia y de limitarla disminuyendo así su capacidad destructora.
  • La imaginación al servicio de la paz: Una evidencia de que un movimiento social o religioso es una realidad viva es que sus actuaciones sorprenden por su alto contenido imaginativo. Analicemos, por ejemplo, las actuaciones del profético grupo Greenpeace. Nos sorprenden por su forma y, sobre todo, por su contenido que supone un claro posicionamiento y un análisis muy lúcido de lo que ocurre. Por esa línea habrían de caminar  los grupos religiosos que, muchos de ellos, han tenido fundadores/as altamente imaginativos para acercarse al dolor y para mediar en situaciones de violencia. Sin imaginación no puede florecer la paz y tampoco el amor.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Las buenas palabras: No es cuestión solamente de buenos modales, aunque también. Se trata de generar un discurso, un relato, curativo y compasivo. ¿Tiene esto su importancia? ¿Hay caminos abiertos para ellos?
  • La espiritualidad de Justicia y Paz: Abundan las comisiones, pero no terminamos de ver que esto enganche a los hermanos/as de a pie. ¿Por qué? ¿Habría alguna forma de caminar en tal dirección?
  • Amar es un acto político: No es solamente algo que toca la afectividad de las personas. Una sociedad en la que las personas se aman, es una sociedad más dichosa. ¿Puede ser un objetivo político que la sociedad sea más dichosa? ¿Cómo concretar eso de que amar es un acto político? ¿Cómo encajar la pregunta que harán las futuras generaciones a la VR: qué hicisteis por la paz?
  • Déficit de imaginación: No ha sido tradicionalmente la imaginación un valor apreciado y cultivado (la loca de la casa). Y sin imaginación no se puede amar, ni creer, ni construir el difícil camino de la paz. ¿Qué caminos políticos nos parecen imaginativos?

 

 

XI. CONTRA EL SERVILISMO DE LA POLÍTICA

 

         No descubrimos nada del otro mundo cuando decimos que en política hay altos niveles de servilismo. Primeramente porque lo exigen todos los sistemas; además porque quien se mueve no sale en la foto; y porque median muchos intereses por los que conviene respetar el escalafón. A veces, el servilismo abre la escotilla de las cloacas y se intuye una lucha intestina por estar en la cúspide.

         Pensamos que no todo el mundo de la política es así y que existen también políticos libres y honestos. Quizá prefieran dimitir (es un signo claro) antes que servir a una ideología en contra de sus convicciones. Esto quiere decir que tiene que haber maneras de hacer frente a algo que parece irremediable.

 

1. Texto inicial: Jn 19,4-8

 

“Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo —Aquí lo tenéis. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: —¡Crucifícalo, crucifícalo! Pilato les dijo: —Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él. Los judíos le contestaron: —Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más”.

 

  • ¿Quién era Pilato?: A partir del año 6, depuesto Arquelao, Judea está administrada por gobernadores. Siete en total. Pilato es el que más ha durado: 10 años, del 26 al 36. Vivía en Cesarea. Tenía pocos soldados, tropas auxiliares (la provincia de Siria de la que dependía tenía cuatro legiones, casa una seis mil hombres). En las pascuas los concentraba en la torre Antonia.  Las fuentes por las que se le conoce: Flavio Josefo, Filón, Tácito. No coinciden con el perfil que dan los evangelios: La burla de los estandartes (Josefo), el robo del tesoro para construir un acueducto (Josefo), juicios demasiado rápidos (Filón), mero nombre (Tácito). Un represor, un oportunista y, sobre todo, un menospreciador de los judíos a los que consideraba raza inferior.
  • El régimen de gobernadores: Era un modo subalterno de Gobierno, dependiendo antes que del emperador, del cónsul de Siria y de otras instancias menores. Que a Pilato le entrara miedo no es raro. Si quería mantenerse en el poder había de rendir cuentas a sus jefes superiores. Por eso, se ve que ejerció un férreo control y supresión de problemas en los años que estuvo de gobernador (recordar de nuevo “La sombra del galileo”).
  • De cualquier manera, la figura de Jesús como peligro político no debía serle de gran dificultad. Pero si se juzga por el suplicio que le dio, la cruz, algo fuerte había que le hacía temer. No sabemos cómo se han construido los relatos de la pasión. En la medida en que fueran ciertas sus noticias (cosa imposible de saber) Pilato sigue siendo él mismo (ironía, superioridad, menosprecio, violación de la ley que manda no crucificar a más de dos, pertinacia en que sigan los cadáveres en la cruz, etc.). Servil pero con un margen de arbitrariedades que quieren demostrar que él manda.
  • Si Pilato se mosquea con la expresión “Hijo de Dios” es que, a su juicio, eso tiene contenidos políticos. Si el pagano lo ve así, es que en ciertos círculos era así. Despojar de eso al reinado de Dios según Jesús es, quizá, desplazarlo demasiado al terreno de lo religioso. En ese sentido tendrían su razón autores como Belo o Cullman. ¿Cómo trasladar esto a la espiritualidad cristiana? ¿Cuál es el componente político del reino? ¿Un reino supuestamente no político es el reino de Jesús de Nazaret?

 

2. Reflexión

 

a)   Los sistemas se hacen temer: El miedo siempre ha sido una formidable herramienta para los sistemas político y otros. A veces el miedo es muy fuerte y contagia todo el hecho social. Escapar de él resulta prácticamente imposible. Es entonces cuando los utópicos (los cristianos entre ellos) habría de encontrar pequeñas estrategias para sobrevivir. Esto no estará exento de riesgos y, por supuesto, la marginalidad será el lugar de quien actúe así.

b)   Obrando bien, no hay que temer: Eso dice san Pablo: “Los que mandan no son una amenaza para la buena acción” (Rom 13,3). Muchas veces esto no es así, lo sabemos. Pero, ciertamente, para obrar frente al empuje de los sistemas hace falta un cierto valor, por las consecuencias a que puede llevar a la persona. De cualquier manera, es cierto que el bien obrar es, como la coherencia, un arma formidable para vivir en libertad.

c)   El servilismo en los sistemas religiosos: Existe, como en los demás sistemas, también en la VR. Además de la jerarquización, de la que no sabemos desprendernos, hay muchos pequeños intereses que juegan en el asunto. Esto, como se comprenderá, es una siembra de sal en el campo de la fraternidad. Por eso mismo, cuanto más se controle el servilismo, cuanto se obre por pura fraternidad, cuanto más se apropie uno de aquella máxima paulina de que “para ser libres nos libertó Cristo el Señor” (Gal 5,1), mejor.

d)   Conquistar la libertad, tarea diaria, no se es libre, se va siendo: Es algo que es preciso conquistar (H. Küng, “Libertad conquistada”). Es decir, como todos los valores humanos es algo que nos se nos va a dar por el mero hecho de reclamarla. Es preciso trabajarla día a día, construirla artesanalmente. Y además hemos de saber, lo sabemos, que la libertad es una realidad articulada con la libertad del otro, no a costa de la libertad del otro. Reclamar libertad para uno, conculcando la del otro no tiene sentido.

 

3. Para el diálogo:

 

  • Extraño servilismo: Ocurre que, en relación con las fuerzas políticas, tanto un sector la ciudadanía como la VR, hace voto de fidelidad a una fuerza política que, quizá, encierra un profundo servilismo. Ya puede ese partido cometer todas las tropelías demostrables que, basado en que los demás también las hacen o simplemente negándolas, esos ciudadanos seguirán votándoles hasta la parusía. ¿Por qué ocurre ese fenómeno? ¿Por qué, en el caso de la VR, el Evangelio no modifica nada el esquema? ¿Por qué no hay itinerancia política?
  • Servilismo colectivo: Además, en el caso de la VR, se da la circunstancia de que la mayoría, siempre en general, vota a la derecha. Pero ya votaba en otras épocas. ¿Siempre ha sido así? ¿Por qué? ¿Por qué se cree que esas formaciones están más cerca de la religión, porque amparan mejor nuestros intereses? ¿No nos percatamos de la “factura” que hay que pagar?
  • Cada vez más libres: La libertad no es algo estático, sino que es preciso irla construyendo poco a poco, cada día. Hay que conquistarla. Las personas mayores deberíamos ser expertos en ello, no tanto en hacer lo que nos venga en gana. ¿Te sientes más libre con los años? ¿En qué campos de la VR hay que trabajar todavía en temas de libertad?
  • Aprendizajes del siempre perdedor: Es posible que quien se plante ante el sistema político y sus gestores y abogue por una libertad sea un perdedor en toda clase de eventos políticos (elecciones, decisiones judiciales, etc.). Será preciso no tanto acomodarse a esta condición de perdedor, pero sí saber que, hoy por hoy, el sistema es más fuerte que la libertad, lo que no quiere decir que lo vaya a ser siempre. ¿Es esto así? ¿Cómo mantenerse en talante utópico?

 

XII. POLÍTICA Y POSVERDAD

 

         Dicen que estamos en la época de la posverdad. La wikipedia la define así: Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales.

         Lógicamente esto está muy ligado a la política. Sigue diciendo nuestra amiga wikipedia: En cultura política, se denomina política de la posverdad (o política posfactual) a aquella en la que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas ―los hechos― son ignoradas.

         Dicho de manera más llana: estamos hablando de mentira, falsedad y estafa. ¿Hay posibilidades de sanear estos niveles de limitación que estando en el ámbito de lo público hablan de la fuente del corazón de cada persona? Creemos que sí, siempre que se sea lúcido y se trabaje por ello.

 

1. Texto inicial: Mt 28,11-15:

 

“Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia llegaron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos jefes se reunieron con los ancianos para, de común acuerdo, dar mucho dinero a los soldados y advertirles: –Decid que durante la noche, mientras dormíais, los discípulos de Jesús vinieron y robaron el cuerpo. Y si el gobernador se entera de esto, nosotros le convenceremos y os evitaremos dificultades. Los soldados tomaron el dinero e hicieron como se les había dicho. Y esa es la explicación que hasta el día de hoy circula entre los judíos”.

 

  • Este es un relato, fruto de la pluma de Mateo, altamente improbable. Que Jesús fuera sepultado ya es un problema (¿insepultura?). Que pusiese una parte de la guardia ante su tumba, algo increíble. Que así se tratara de frenar el impacto de la resurrección, totalmente imposible porque esta se fue gestando, sin duda, con mucho tiempo.
  • El modo de narrar judío no es como el nuestro. Para nosotros sería este pasaje una historia inventada, mentirosa incluso. Para ellos no: es la lucha dialéctica en los medios mateanos entre quien cree en la resurrección y quien la denigra con una historieta: vosotros decís que los discípulos robaron el cuerpo, pues yo digo que es una patraña inventada por las autoridades judías. Lo que está en juego es la posibilidad, la verdad, de la resurrección. Pero el modo dialéctico de tratar el asunto es, para nosotros, infantil.
  • La posverdad no da buenos frutos. Porque esos relatos inventados no contribuyen al fin que se pretende: ofrecer la resurrección como una posibilidad espiritual para la persona. Al contrario, como la historia lo ha demostrado, lo que se ha logrado es que las posturas se empecinen y se llegue a posiciones irreconciliables.
  • Obran en esta posverdad una serie de prejuicios mateanos que son los que habría que tratar: la certeza de que el judaísmo mateano odia a Jesús, la seguridad de que jamás podrán entender la resurrección, la evidencia de la mala fe de las autoridades, la condena a la que se ven sometidos los judíos por su pertinaz increencia. Si no se desmontan tales prejuicios, el diálogo, el acercamiento, es absolutamente imposible. Así fue por parte de la comunidad mateana e idéntica fue la respuesta del judaísmo (maldición a los “minim y nosrim” de las 18 bendiciones de Yamnia).

 

2. Reflexión:

 

a)   El auge de la posverdad: Mentiras y falacias ha habido siempre. Pero las llamadas redes sociales les han dado tal vuelo que una mentira global termina por convertirse en una verdad global. Ahora dicen las grandes marcas mediáticas (facebook) que van a luchar contra las llamadas fake news. Por eso, mantenerse en esta vorágine sin exagerar, sin deformar, sin subrayar un aspecto y ocultar otro, sin la intención de llevar a uno por donde no quiere, es un milagro. Es ser alternativos. Pero se puede hacer, al menos a nivel personal y en el ámbito cercano. ¿Servirá para algo? Creemos que sí. Por mucha que sea la fuerza de las redes sociales, que la es, mantenerse en lo que uno cree como verdad, rectificar si se da cuenta que no lo es, construir la sociedad en base a lo cierto, es algo que tiene su valor también hoy.

b)   Una política sin contenidos de verdad: A veces se construye este tipo de política, aunque, más bien a la corta, termina por venirse abajo. No han perdido las sociedades el sentido de la verdad, por mucho que las manipule. Hay algo logrado a través de la historia humana y es que lo que hecho con intención de engañar no es humano. Por eso, apoyar opciones políticas que manipulan la verdad en grado alto es algo a replantear por antihumano, no tanto por su posible fragilidad policía.

c)   ¿Es posible una política verdadera?: Sería aquella a la que no solamente no se le pilla en mentiras sino la que se vuelca a las necesidades verdaderas de la sociedad que son las necesidades de los más frágiles (las necesidades del poder son muy cuestionables). De ahí que la verdad de una tarea política haya que medirla por el crecimiento de los beneficios sociales para quien está más lejos de ellos. La verdad de la política es la equidad, los trabajos por rellenar los fosos que aún separan a los empobrecidos de quienes disfrutamos de todo.

d)   ¿Puede haber políticos verdaderos? Queremos creer que sí. Nos amparamos en ese sueño utópico de papa Francisco que viene en la EG 205. “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común. Tenemos que convencernos de que la caridad «no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos. ¿Y por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes? Estoy convencido de que a partir de una apertura a la trascendencia podría formarse una nueva mentalidad política y económica que ayudaría a superar la dicotomía absoluta entre la economía y el bien común social”.

 

3. Para el diálogo:

 

  • La relativa verdad: Ni en el pensamiento ni en la vida existe una verdad absoluta. Siempre será relativa. Pero dentro de esa relatividad hay que preguntarse si la verdad beneficia al poder y perjudica a los frágiles o, por el contrario, relativiza las pretensiones del poder y aúpa a los empobrecidos. Esta segunda postura, por muy relativa que se quiera, es la que apoya el mensaje cristiano. ¿Todavía creemos en esto, o descreemos de ello?
  • No banalizar la posverdad política: No todo da igual; no es razón suficiente el generalizar, el decir que todos son iguales. Nos habría de doler la mentira política y habría de movernos a obrar en consecuencia. ¿Hacemos chistes de las mentiras políticas o nos duelen?
  • Discernimiento en la maraña de verdades: Porque, en verdad, es una maraña de muy difícil esclarecimiento. ¿Pero hacemos algo por aclararnos?  ¿Leemos, hablamos para aclararnos, nos interesa saber lo que hay dentro de los acontecimientos, escuchamos a quien más conoce el tema, o funcionamos con nuestros propios prejuicios?
  • Anhelar una vida personal en la mayor verdad posible: No solamente por coherencia personal, sino para tener una herramienta de análisis social. ¿Cómo hablar de verdad en esta época nuestra si no nos azuza la necesidad de vivir personalmente en la mayor verdad posible?

 

 

CONCLUSIÓN:

 

         Con los datos que ofrecen los relatos evangélicos no se puede construir una teoría política ni desvelar la intencionalidad de Jesús en este tema. Pero, al menos, hay rasgos suficientes para, enmarcándolo en la espiritualidad del reino, funcionar en modos de seguimiento.

         Una cosa queda clara: no es un tema baladí. El que no haya sido tratado en profundidad, el que no haya pasado al pueblo cristiano, no quiere decir que sea un tema sin relevancia. De alguna manera, ampliando el concepto de política, es uno de los puntos más importantes de la espiritualidad evangélica.

         Por eso mismo, la VR tiene delante un campo para ir ahondando cada vez más y aquilatar así su opción de seguimiento con Jesús.