MATERIALES PASCUA 2017

 

PRESENTACIÓN DE LA PASCUA:

JESÚS, PUENTE PARA UN MUNDO DE GENTE

 

            Pedro Guerra popularizó su canción “debajo del puente” donde nos decía que allí había un mundo de gente, tanto debajo como encima. Jesús de Nazaret, cuando se entrega en su pasión, es puente para un mundo de gente. Todavía lo sigue siendo. Ahora mismo que nos proponemos vivir estos días con él y junto a él se hace verdad lo dicho: pasan los años y Jesús sigue siendo puente para nosotros, sigue uniéndonos, sigue ayudándonos a pasar los ríos, continúa entrelazando nuestras vidas y nuestros corazones.

            Es que ser puente es justamente eso: hacer de la vida un hilo que nos une, una conexión que nos pone en contacto, un unificar caminos que nos llevan a lo mejor de lo que somos. Por eso decimos que Jesús sigue siendo puente. No aparece esta palabra en los evangelios, pero, de hecho, el fue puente para muchos, sobre todo para los que estaban abajo, para los más frágiles.

            Entra en la celebración de estos días con buen ánimo. Alégrate ya de que Jesús sea puente para ti, levanta el ánimo si estás un poco apagado, contagia amistad y entusiasmo. No estás solo. Además de tus amigos y amigas tienes a Jesús que quiere ser puente para ti en esta Pascua, un puente que sirve y une, un puente para pies cansados, un puente que conduce al misterio.

            Si te lanzas, la Pascua de este año tendrá un brillo especial, el brillo de Jesús y su fuerza. El brillo del misterio, de eso que está debajo de la piel, de la interioridad que te habita. Este año la pascua puede ser un descubrimiento para ti.

 

 

JUEVES SANTO:

JESÚS, PUENTE QUE UNE Y SIRVE

 

            Como cada Jueves Santo esta tarde vais a leer el texto de Jn 13,1-15, el lavatorio de los pies. Os lo sabéis casi de memoria de tantas veces que lo habéis escuchado o leído. Pero mirad, hay un proverbio judío del tiempo de Jesús que dice: “No digas: ya he leído cien veces la Palabra, porque en la ciento una te espera el Señor”. Leedlo otra vez, desmenuzadlo, subrayadlo, compartirlo. Quizá esta vez saquéis algo en limpio, quizá en este recodo del camino te espera el Señor.

            Fijaos en algo que puede parecer secundario, pero que da la clave del asunto: Jesús dice a Pedro que si no se deja lavar los pies “no tienes nada que ver conmigo”. O sea, si Pedro no se deja lavar, Jesús y él rompen la baraja, uno por un lado y el otro por el otro. Nada que ver uno con otro. ¿Pues es que el servicio es tan importante? Es decisivo.

            Nosotros los cristianos nos creemos creyentes porque hemos sido bautizados, porque hemos hecho la primera comunión, porque vamos a misa, porque llevamos una cruz, porque leemos el Evangelio, etc. Pero Jesús dice que la vara de medir la fe es el servicio: sirves, eres seguidor de Jesús; no sirves, no eres seguidora de Jesús. Esto es lo que hay.

            Por eso es tan importante mirar al Jesús que sirve y mirarse a sí mismo a ver cómo uno sirve a los demás. Quien quiere ser servido, quien no da palo al agua para ayudar a los demás, quien se cree con todos los derechos y con ninguna obligación, no es seguidor de Jesús. Hay que repetirlo muchas veces.

            Un obispo francés, algo atípico, se llamaba Jacques Gaillot, escribió hace años un librito cuyo título molestó a algunas personas. Era así: “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”. Es un poco duro, pero es verdad: si no hay servicio, la comunidad cristiana pierde su sentido. Podría haberlo dicho de forma positiva: “Una comunidad cristiana que sirve es la comunidad que de verdad vale”. Hay que animarse a ser del grupo de los que sirven y llegar no solamente a encontrar sentido a servir sino, además, a estar a gusto sirviendo. Sirvo con alegría, me gusta servir. En cosas como éstas está la espiritualidad de fondo del Jueves Santo.

            Lo dicho, miremos esta tarde a Jesús como un puente que une sirviendo. Él lo ha dicho bien claro: “¿Quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa, ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como quien sirve” (Lc 22,27). En los cuadros de la última cena Jesús está siempre presidiendo la mesa. Pero, en rigor, habría que pintar y entender a Jesús fuera de la mesa, con un delantal, sirviendo a quienes cenan. Imaginadlo así esta día de Jueves Santo. Estaréis más cerca de la realidad y eso debería animaros.

 

Para preguntarse:

 

  1. 1.      ¿Sirves o quieres siempre que te sirvan?
  2. 2.      ¿Encuentras alegría cuando haces algo por los demás? Explícalo.
  3. 3.      ¿Te parece interesante un Jesús “fuera de la mesa”?

 

 

VIERNES SANTO:

JESÚS, PUENTE PARA PIES CANSADOS

 

            En la celebración de la tarde vamos a leer, una vez más, el hermoso relato de la pasión tal como la presenta el Evangelio de san Juan: un Jesús que, aunque humillado y herido, es el rey, el Señor, el que “reina desde el madero”. A pesar de esta hermosa presentación, el evangelista no puede menos de reseñar lo obvio: Jesús fue un humillado, un herido, sus cansados pies apenas lo arrastraron hacia el patíbulo. Por sus pies cansados puede ser para nosotros un puente por el que vayan nuestros pies cansados encontrando fuerza para caminar cada día.

            Da la impresión de que cuidamos poco nuestros pies. Como el rostro es la presentación de la persona, lo cuidamos más. Pero a los pies los tenemos algo olvidados. Sin embargo nuestros pies son fundamentales: con ellos andamos nuestros caminos, caminaos a hacer el bien o, a veces, a hacer daño. Nos distinguimos de las cosas, de las piedras, de los árboles, incluso de los animales, porque tenemos pies regidos por un cerebro. Habríamos de cuidar más nuestros pies, tenerles aprecio y compasión. Nuestros humildes y escondidos pies nos son totalmente necesarios.

            Nuestros pies desvelan, con frecuencia, nuestros cansancios. Arrastramos nuestros pies cuando estamos cansados. Jesús, él que también anduvo con pies cansados, acoge nuestros cansancios, quiere darles sentido, viene a decirnos que, aunque cansados, nuestros pies nos pueden llevar a la fraternidad y a la dicha.

            Con ello, Jesús reorienta nuestros pasos, les da un sentido nuevo, los dirige hacia el corazón de las personas que es la mejor meta para nuestros pies. Por eso, la entrega de Jesús, su pasión, es la mejor garantía de que nuestros pasos van a llegar a la casa del otro, a la verdad que nos acoge.

            Hay una pregunta sencilla en el Evangelio que Jesús dirige, a veces, a quien, cansado, está al borde del camino, como el ciego Bartimeo: “¿Qué puedo hacer por ti?” (Mc 10,51). Esa es la pregunta que Jesús nos hace; ésa es la pregunta que podemos hacer hoy a quien anda algo cansado, a quien arrastra los pies, a quien le puede la nostalgia. Si yo puedo hacer algo por ti, lo hago. Esto es ser puente para los pies cansados, para la vida cansada.

            En este Viernes Santo sigue a Jesús aunque tus pasos estén algo cansados. Sigue como Pedro y los otros, que le seguían de lejos por miedo, pero le seguían. No te canses de seguirle, porque él acoge tus cansancios y los cuida, les da fuerza y te dice: puedes seguir adelante, puedes seguirme.

            Quizá en este día del Viernes Santo puedes tomar aquella oración que decía el jesuita Teilhard de Chardin:  “Cuando te sientas afligido, triste, cansado, adora y confía”. Adora en este día al Jesús cansado que anda el camino que el Padre le señala. Que de ahí brote la confianza.

 

Para preguntarse:

 

  1. 1.      ¿Dónde encuentras fuerzas cuando te sientes cansado?
  2. 2.      ¿Crees que tus pasos te llevan al corazón de las personas?
  3. 3.      ¿Te reconforta ver a Jesús cansado pero entregado al designio del Padre?
  4. 4.      ¿Qué podrías hacer por las personas que no haces?

 

 

SÁBADO SANTO:

JESÚS, PUENTE QUE CONDUCE AL MISTERIO

 

            El Sábado Santo es un día de mezcla: silencio ante el Jesús muerto, sorpresa y gozo ante el Señor resucitado. Así lo leeremos en el Evangelio de la celebración de la noche. La invitación a la alegría que se hace en él nos abre las puertas del misterio de Jesús. Él es un puente que conduce al misterio, a la espiritualidad, a la música que no se oye, a lo que bulle debajo de la piel.

            Hablar de misterio no es cosa rara, es hablar de espiritualidad. La espiritualidad es una nota del corazón humano, antes de ser algo religioso. Es, como decimos, la certeza de que debajo de la piel bulle la vida. La resurrección es algo de eso: decir que hay vida debajo de lo que vemos, confirmarnos en que, a pesar de todo, vamos a mejor, creer que hay un horizonte hermoso para nuestros días. Por eso, el misterio abre a la esperanza, a la alegría.

            Puede parecer que esto del misterio es algo que nos escapa de las manos, como la arena fina de la playa que se escurre entre los dedos. Pero en realidad, ya lo dijo el Evangelio de san Juan: es como el viento “que no sabes de dónde viene ni adónde va, pero oyes su voz” (Jn 3,8). No lo ves, pero sabes que está ahí. Algo de eso es el misterio de la resurrección, no lo ves, pero sabes que está ahí vivo.

            ¿Quién habría dicho por primera vez que “estaba vivo”? Posiblemente alguna de las mujeres que anduvieron con él, porque quizá ellas fueron las que más lo amaron. Es para entender algo de la resurrección, hay que amar. Si no amas, te quedas en lo de fuera, en las ideas, en lo ritos. Pero si amas, entiendes ese latido de la vida que hay en la resurrección. Por eso, la resurrección más que cuestión de ideas es cuestión de amor.

            Por lo mismo, en este día del Sábado Santo hay que hablar de amor y hay que hablar de vida. Has de ver si la celebración te lleva a querer amar con más intensidad. Incluso has de ver si cada día amas más la vida. La resurrección es un misterio de vida. Quien entiende la resurrección habría de convertirse en apóstol del gusto por la vida. Quien cree en la resurrección agradece cada día el básico don de la vida, el don sagrado de vivir y respirar.

            Es cierto que la resurrección tiene un componente de misterio que no logramos explicar. Pero, ante todo, es un misterio que nos acerca al gozo de vivir, al aprecio de la vida, a la hermandad con todo lo que vive.

            Renueva en este día de Sábado Santo tus deseos de vivir con intensidad, de amar con toda la profundidad que puedas, de sentirte hermano y hermana de todo lo que vive. El corazón del resucitado late en toda nuestra vida. Así, al celebrar cada año la Pascua, Jesús se nos convierte en puente que nos lleva al misterio de la fe y de la vida.

 

Para preguntarse:

 

  1. 1.      ¿Te interesa la interioridad, la espiritualidad, lo que hay debajo de la piel?
  2. 2.      ¿Te parece interesante eso de ser “apóstol del gusto por la vida”?
  3. 3.      ¿Te empuja cada año la fuerza del Resucitado, lo sientes vivo dentro?

 

 

DESIERTO:

MIS PUENTES, MIS RÍOS

 

            Estos días son buenos para tener un rato de desierto. Pensar nos hace bien. Un poco de silencio entre tanto ruido nos sienta de primera. Incluso un poquito de soledad nos centra más en nuestro interior. No hay que tener miedo al desierto, a estar un rato solos para que luego el encuentro sea más gozoso. La soledad habitada es algo muy positivo. Hay que animarse.

            Este rato puede ser bueno para pensar, desde esa espiritualidad de “Ser puente”, cuáles son mis puentes y cuáles mis ríos. Los puentes unen, los ríos separan. Los puentes anudan relaciones. Los ríos pueden marcar grandes distancias entre quien está en una orilla y quien está en la otra. Conviene pensarlo.

            Piensa un poco cuáles son tus puentes, en tu familia, con tus amigos, con los de tu grupo, con la sociedad incluso. Mira si trabajas lo suficiente para crear buen ambiente, para que la relación sea amable y respetuosa, para que el disfrute sea compartido. O ¿andas siempre en plan hosco, desagradable, con cara de pocos amigos? Hablamos mucho de fraternidad, pero esto es la fraternidad: crear lazos de amistad y gozo entre quienes vivimos juntos, ser colaborador con aquellos que la vida ha puesto en tu camino.

            Piensa también un rato sobre cuáles son tus ríos, aquello que separa, aquello que te separa de los otros. La poca paciencia con el lado débil de los demás, las irritaciones porque no piensan o actúan como tú, los silencios tercos, los desplantes, las rupturas que se podrían haber evitado, los distanciamientos que no tienen ningún sentido. Hay que aspirar a que los grandes ríos, las grandes lejanías, se conviertan en arroyuelos en los que se pueda saltar fácilmente de una orilla a otra, en los que la comunicación sea fácil y fluida.

            Los puentes no aparecen en los Evangelios. Pero sí aparece la barca en que Jesús va al otro lado del lago que hay en su tierra: “Vamos al otro lado” (Mc 4,35). A los discípulos les sabía aquello a cuerno quemado, porque en el otro lado estaban los paganos. ¿A qué venía tender puentes con aquellos malditos paganos? Pero Jesús no pensaba así: él creía que el reino era para todos, incluidos aquellos paganos. Por eso tiende puentes, coge la barca y va al otro lado.

            Pide a Jesús ser instrumento de unidad, ser mediador paciente más que instigador de conflictos, ser una persona pacífica y pacificadora, paciente y benigna con el lado débil de los demás e incluso con el tuyo. Dile que quieres ser cada vez más puente que une y no río que divide. Él que sabía de barcas y de unir orillas te acogerá.

 

Para preguntarse:

 

  1. 1.      ¿Eres persona que une o que divide?
  2. 2.      ¿Eres respetuoso y acogedor o, por el contrario, tiendes a aislarte?
  3. 3.      ¿Te parece interesante un Jesús que dice “Vamos al otro lado”?
  4. 4.      ¿Cómo ser puente hoy mismo en este día de Sábado Santo, cómo colaborar?