JUSTICIA Y EUCARISTÍA

Notas para una espiritualidad social de la eucaristía

 

1. El sempiterno peligro del “culto vacío”

 

            Algo contra lo que han clamado los profetas (Am 5,21-24; Is 29,13; Os 6,6). Pero es algo que persiste en todas las tradiciones religiosas. A la persona creyente le encanta la escenificación cultual hasta embriagarse con ella. Pero le amenaza un grave peligro: que sea una escenificación, que detrás de la máscara no haya casi nada, que sea una realidad vacía. La eucaristía no se ve libre de tal peligro. Los adalides del rito están siempre ahí, amparados por la normativa. Pero la pregunta es persistente: ¿qué hay realmente detrás del rito?

 

2. Sin justicia no hay eucaristía

 

            Resulta todavía elocuente el estudio famoso de J. M. CASTILLO “Donde no hay justicia no hay eucaristía” (verlo en la biblioteca virtual Koinonia). A muchos les molesta el mero enunciado de este trabajo. Y, sin embargo, es cierto: la justicia habría de ser, de una u otra forma, el corazón de la eucaristía. Y ello por una razón muy simple: porque la cena de Jesús es su apuesta más fuerte por construir una vida en justicia entre los humanos. Sin ese afán por el horizonte de la justicia, la eucaristía se convierte en un mero recuerdo benévolo, deja de ser un “memorial”, un recuerdo para la lucha, para la construcción de la fraternidad, para la economía de inclusión.

 

3. Una eucaristía para la justicia

 

            Esta sería la manera de decirlo positivamente. Los temas de la justicia habrían de tener un sitio privilegiado en la celebración de la Eucaristía, un lugar prioritario, por encima de lo ritual. Habría que emplear un lenguaje adecuado, una participación concorde con las situaciones, incluso una simbología que dejara ver que ese asunto de la justicia es el núcleo del sacramento.

 

4. Eucaristías “peligrosas”

 

            La eucaristía es el recuerdo “peligroso” de Jesús. Su carácter “subversivo” habría de ponerlas en el ojo de huracán del sistema establecido. Si es justamente ese sistema quien participa y patrocina esas eucaristías eso habla de que han perdido su carácter de peligrosidad. Una eucaristía inocua no es la de Jesús. Y si hace el juego al sistema, menos todavía. En las eucaristías habrían de fraguarse las “revoluciones” que apuntan a la justicia.

 

5. En los lugares mismos de la injusticia

 

            Las eucaristías se celebran casi siempre en los templos o en lugares sustitutivos pero no de injusticia. Sería un acto profético hacerlo en esos lugares donde la injusticia es dueña como un acto de auténtica denuncia. En lugares de explotación, de violencia, de economía ladrona, de corrupción esclerotizada. Decir en esos lugares la Palabra de la justicia es más necesario que en los lugares asépticos, limpios y oficiales de los templos consagrados.

 

6. El reino de Dios y su justicia

 

            ¿Cómo traducir y entender hoy el famoso dicho evangélico: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia y el resto se os dará por añadidura (Mt 6,33)?

  • Buscad: trabajad, construid procesos, colaborad en modos organizados para que le dignidad pase de ser una realidad pensada a algo vivido. Tarea por delante.
  • Primero: algo prioritario, baremo para medir humanidad y fe, cosa indiscutible, realidad a la que ha de plegarse el resto de la organización religiosa.
  • El reino de Dios: el gran sueño de Jesús, el mismo sueño de Dios, la fraternidad igualitaria, la economía de inclusión, la relación humanizadora, la vivencia de la familia humana y creacional, la utopía de algo que se olfatea pero que aún no aparece.
  • Y su justicia: la amplia justicia que engloba a todas las otras pero que comienza por lo más “corporal” (Mt 25), por lo más histórico. La justicia del Dios que comprender y engloba la realidad en amor. La mirada distinta sobre una historia necesitada de amparo.
  • Lo demás: todo aquello que constituye lo necesario para la vida, las necesidades básicas, lo que se tiene con sobriedad y ayuda a la mejora de la calidad de la vida.
  • Se os dará por añadidura: el pasivo indica que es Dios mismo quien lo da: quien trabaja por la justicia recibe, por otros cauces, las satisfacciones que van construyendo su humanidad de fondo.