CVF 

Domingo 22 de febrero de 2015

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

18. Filp 4,8-9

 

Introducción:

 

                Se insiste mucho en que esta crisis larga que estamos viviendo es una crisis de valores, como si antes de estos años los valores habrían estado ahí. La lucha por los valores es una realidad de siempre. Más aún, quizá nunca como hoy los apreciemos, aunque haya que trabajarlos siempre. Vivir sin valores es llevar el camino humano al abismo. Por eso en la sociedad, por muy insolidaria que se la quiera, tiene en su fondo valores de toda índole que son los que hacen que la vida sea vivible. Contribuir a que tales valores vivan es contribuir al sentido de lo humano. Los valores hay que llevarlos al terreno de lo cotidiano porque sin esa cercanía, los valores son mero sueño, mera utopía inalcanzable. Cuando los valores cobran rostro cercano es cuando brota la esperanza sobre esta vida nuestra.

                Pablo habla en este pasaje de los valores que él aprecia: lo verdadero, lo respetable, lo justo, lo honrado, lo estimable, la buena fama, etc., valores todos ellos de rango humano. Es que la verdad de los valores se juega en el cimiento de lo humano. Pretender construir valores espirituales sobre un cimiento humano frágil es construir sobre arena. De tal manera que cualquier actividad espiritual ha de lleva a hacer más sólido el cimiento de los valores humanos. Ahí está la clave de su valor y de su verdad.

 

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Texto:

 

                8Por último, hermanos, todo lo que sea verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo honrado, todo lo estimable, todo lo de buena fama, cualquier virtud o mérito que haya, eso tenedlo por vuestro; 9 y lo que aprendisteis, y recibisteis, y oísteis, y visteis de mí o en mí, eso llevadlo a la práctica; así el Dios de la paz estará con vosotros.

 

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La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

            Ha sido noticia en estos últimos días el “Proyecto Gloria”: una señora de Madrid ha abierto su casa durante años a personas sin techo y marginadas, más de 180 han pasado por su casa. Con días buenos, y con días duros. Es algo especial; incluso se pueda decir que estas maneras personales de ejercer la solidaridad tienen sus pegas. Pero no deja de ser algo admirable. Ahí, los valores más básicos (dignidad, respeto, solidaridad, amparo) están activos. De lo contrario, no sería posible llevar tal cosa adelante. En la sociedad de la conciencia aislada como la nuestra, surgen estos movimientos de profundos valores.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes mantienen vivos los valores de lo humano; gracias por quienes se sienten responsables de los frágiles; gracias por quienes se estremecen ante las situaciones ajenas.

 

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Volver al Jesús del Evangelio:

 

                No cabe duda: el gran valor de Jesús ha sido la persona, ni siquiera Dios. Él ha supeditado todo a la persona: la religión, las costumbres, los comportamientos sociales, la moral, todo ha de quedar por debajo y al servicio de la persona. El mismo Dios está al servicio de la persona. Esto no es ningún reduccionismo, sino asentar la verdad de Jesús sobre el cimiento común de lo humano. Efectivamente, ¿qué sería de Jesús y su mensaje sin ese cimiento? Un peligro.

                Oramos: Te alabamos, Señor, por tu honda humanidad; te bendecimos por tu inagotable amor; te damos gracias por mirar siempre en dirección de lo humano.

                 

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Volver a los valores hondos:

 

                Los valores que interesan los que se viven, no los que se publicitan. Hay entidades que, con fines muy variados, publicitan valores. Tienen un denominador común: el beneficio no es tanto para el otro sino para quien se presenta como poseedor de tal valor. Eso da que sospechar. Porque los verdaderos valores humanos tienen como beneficiario principal no tanto quien dice poseer ese valor, sino el débil que se beneficia de los mismos. O sea, que si la recompensa es tu gloria, el valor queda supeditado a ella. Por eso mismo, el desinterés es el mejor aval de cualquier valor.

                Oramos: Que nuestros valores no sean interesados; que el bien del otro nos satisfaga; que la alegría del otro nos alegre.

 

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Volvemos a la comunidad:

 

                Podemos decir que los valores mejores de nuestra comunidad son, en verdad, valores humanos: la alegría, la cercanía, el respeto, el gozo de compartir experiencias de dentro, los pequeños amparos cotidianos, la escucha. Estos son los valores más importantes y sobre ellos se asienta la espiritualidad, el aprecio por la persona de Jesús, el deseo de una fe más honda, los sacramentos vividos en una cierta novedad. Estos valores creyentes sin aquellos valores humanos serían, como decimos, casa sin cimiento.

                Oramos: Que nuestros valores espirituales estén asentados sobre el cimiento de lo humano; que seamos humanos y creyentes a la vez; que valores lo que somos y lo que creemos.

               

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Palabras que alientan:

 

SI no has visto un cántaro vacío, 

rojo, terroso, seco, áspero,

no sabrás qué es un alma

en su solemne soledad de barro

hueco.

Y, si no has visto un alma derramada,

no sabrás qué es un cántaro,

su sonora soledad si lo golpeas

y retumba su nada. 

Como el alma. 

 

 

José Jiménez Lozano

 

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Tu parte:

 

                No te apees de tus mejores valores. No te desalientes si te parece que no son apreciados. Insiste.

                              

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