CVJ 

Domingo, 13 de enero de 2013

 

VIDA ACOMPAÑADA

 Plan de oración con el Evangelio de Juan

 

 

129. Jn 19,16b-18

 

Introducción:

 

                Nosotros no hemos visto crucificados; ojalá no los veamos nunca en esa clase de suplicio. Pero, sin embargo, hay muchas personas y muchos colectivos sociales que están “crucificados”: la inmensa legión de pobres que habita en África, las mujeres maltratadas y violadas en India y en otras partes, los desplazados en Latinoamérica que se han quedado sin tierra, sin raíces; los indígenas olvidados, masacrados y expoliados en las selvas de América Latina; las personas privadas de sanidad, de escuela, de vivienda, etc. El suplicio de la crucifixión sigue vigente aunque ahora no sea el de ponerle a uno en un patíbulo. Pero hay quien se empeña en bajar de las cruces a quien está en ellas. Todavía sus logros son pequeños; pero, saber que están en esa labor es muy alentador y nos reconcilia con la especie humana.

                Es que la contemplación de la crucifixión de Jesús que propone el Evangelio ha de llevar justamente a eso: no a valorar la cruz, ni a “adorarla“, menos aún a decir que las cruces las manda Dios (Dios no manda más que amor y ánimo para luchar). El Evangelio ha de llevar a tener “señorío” sobre las cruces, a dominarlas, a suprimirlas, a contrarrestarlas con amor y entrega. La serenidad que destila el pasaje de la crucifixión en el Evangelio de san Juan ha de transformarse en la certeza de que no estamnos hechos para la cruz y, menos aún, para darle un valor sagrado. El Evangelio empuja a la denodada lucha contra toda cruz, hasta que no quede ni una de ellas, ni rastro de ellas.

 

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Texto:

 

16bTomaron, pues, a Jesús, 17y él mismo, cargando con la cruz, salió al sitio llamado de “El lugar de la  calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), 18donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio a Jesús.

 

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Ventana abierta:

 

 

                Esta es una de las muchas fotos que nos está dando la prensa sobre las manifestaciones en la India contra las violaciones de mujeres no castigadas. Un país despierta y ve que una injusta y cruel “cruz” que sufre un sector social tiene que ser abolida. Tendrán que luchar mucho, pero lo conseguirán. Las cruces sociales encierran una injusticia, un inhumano afán de dominio, y una brutalidad que las hace incompatibles con el corazón humano y con el Evangelio.

                Oramos: Que seamos sensibles a las cruces sociales de los débiles; que no contribuyamos de ninguna manera a una cruz social; que trabajemos por bajar de la cruz a quien esté situado en ella.

 

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Desde la persona de Jesús:

 

                Jesús, según san Juan, carga “él mismo con la cruz”. En Juan no hay Cirineo. Él encajó la injusticia con la que era tratado. Una manera muy fuerte de decir que ese no es el camino a seguir. Mirar a Jesús llevando la cruz más que a un sentimiento devocional ha de llevar al coraje social para no engendrar cruces y para quitarlas, en la medida en que existan, de los hombros frágiles de los débiles que suelen ser quienes más las soportan.

                Oramos: Te adoramos, Señor, por tu coraje para encajar tu propia cruz; te bendecimos porque nos animas a trabajar por la eliminación de cruces; te damos gracias por haber sembrado en los humanos el afán y el sueño de una vida sin cruces.

 

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Ahondamiento personal:

 

                No se dice en el texto quiénes eran aquellos otros dos crucificados con Jesús, ni por qué fueron crucificados. Su anonimato encierra a todos los crucificados de la historia, a quienes, sin comerlo ni beberlo, han tenido que encajar cruces que ni eran las suyas, ni tenían por qué ser de nadie. Hemos de mirar con atención, respeto y cuidado esa legión de crucificados que aún transita por este mundo; igualmente hemos de mirar de frente a las propias cruces para verlas como injustas, como sobrantes, como innecesarias, como vencibles.

                Oramos: Que miremos con respeto las cruces de los débiles; que hagamos algo, siquiera valorarlas, para que esas cruces desaparezcan; que contagiemos aliento sobre la posibilidad real de mitigar y hacer desaparecer muchas de esas cruces.

 

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Desde la comunidad virtual:

 

                No podemos decir que la comunidad ayude a llevar las cruces o a superar las cruces erradicándolas. Pero el compartir los pequeños (o no tanto) avatares de la vida hace que nos contagiemos aliento para saber que nuestra vida es más que nuestras limitaciones. La simple escucha fraterna de los momentos menos fáciles de nuestra vida nos alienta y nos ayuda. Es una manera simple de ser, unos para otros, ayudadores no solo a llevar sino al afán de hacer desaparecer tales cruces, injustas como todas.

                Oramos: Que nos ayudemos a liberarnos de nuestras cruces; que nos escuchemos para poder levantar los hombros; que nos acojamos en nuestro afán de vivir dichosos.

               

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Poetización:

 

Como a un bandido

lo crucificaron.

Con otros dos como él

lo crucificaron.

Eran el rostro

de todas las injusticias.

Pero también eran

el grito nunca sofocado

de que la creación

no está hecha para la cruz,

sino para la dicha.

En su injusticia

desvelaban el camino correcto:

luchar contra toda cruz,

bajar a los crucificados de la cruz.

Ese había sido el anhelo de su vida

y la ignominia de la cruz

no lo reducía a cenizas.

Más aún,

al haber sufrido la injusticia

ésta se mostraba como inaceptable.

Y allí estaban ellos, los tres,

como testigos fidedignos

de la honda injusticia

que aún acompaña

el caminar humano.

Pero también eran testigos firmes

del sueño de un futuro sin cruces,

sin amenazas,

sin violaciones,

sin muerte para los inocentes,

sin expolios.

Por eso su recuerdo sigue vivo

en quienes aman a Jesús

no para adorar su cruz,

sino para luchar contra ella,

contra toda cruz.

 

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Para esta semana:

 

                Mira a la gente que soporta muchas dificultades. Escúchala. Si puedes, alivia algo su camino. Ten por seguro de que su cruz es totalmente injusta.

 

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