CVF 

Domingo 26 de octubre de 2014

 

VOLVER A JESÚS

 Plan de oración con Filipenses

 

4. 1,27-30

 

                Hay periodistas de TV que concluyen su espacio diciendo que se despiden hasta el día siguiente en la espera de que alguna de las noticias que den a su audiencia sea buena. Las que han dado y las que suponen que van a dar no son buenas. Portadores de malas noticias, eso es lo que parecen ser los medios de comunicación. Las personas nos contagiamos y creemos que solamente hay malas noticias que transmitir. Sin embargo, hay noticias buenas, pequeñas y grandes, a las claras y escondidas, puestas de relieve o ignoradas. Pero buenas noticias, haberlas haylas. Lo que hace falta es que alguien sea portador de ellas, transmisor, subrayador de las mismas. Mensajeros de buenas noticias en tiempos de abundantes malas noticias. Algo de eso habría de ser la persona que quiere construir una sociedad con componente humano. De lo contrario no solamente se crea una psicosis de pesimismo, sino que se deforma la realidad. Ésta no es mala, aunque haya maldad; no es negativa, aunque haya cosas cuestionables; no está perdida, aunque haya mucho despiste. Poner el acento en lo bueno, he ahí una gran sabiduría.

                Es que el texto de esta semana habla de “vivir a la altura de la buena noticia”, de ser “fieles a la buena noticia”. Posiblemente san pablo habla de la buena noticia del Evangelio, pero se puede entender también de cualquier buena noticia, que también es evangelio. La comunidad de Filipos ha alegrado la vida de Pablo, incluso en sus malos momentos, porque le ha llevado buenas noticias, las del Evangelio, las de la fraternidad humana, las del disfrute de lo sencillo. Una comunidad portadora de buenas noticias, eso ha sido la comunidad de Filipos para Pablo. No es de extrañar que brote la alegría cuando se relaciona con ella.

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Texto:

 

                27Una sola cosa: vivid a la altura de la buena noticia del Mesías, de modo que ya sea que vaya a veros o que tenga de lejos noticias vuestras, sepa que os mantenéis firmes en el mismo espíritu y que lucháis juntos como un solo hombre por la fidelidad a la buena noticia, 28sin el menor miedo a los adversarios; esto será para ellos signo de derrota, para vosotros de victoria, todo por obra de Dios. 29Porque a vosotros se os ha concedido el privilegio de estar del lado de Cristo, no solo creyendo en él, sino sufriendo por él, 30enzarzados como estás en el mismo combate; ése en que me visteis una vez y que ahora conocéis de oídas.

 

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La sociedad nos ayuda a volver a Jesús:

 

            En el turbio asunto de las “tarjetas opacas”, ese saqueo de los bienes sociales, hay algo que no se ha resaltado suficientemente: la “buena noticia” de que tres consejeros no usaron las dichas tarjetas, se mantuvieron, por la razón que fuera, en la honestidad de no usar algo que constituía, en sí mismo, un robo. Esta bondad queda eclipsada por la magnitud del desfalco, pero es una buena noticia, la de que es posible la honestidad en medio del ladronicio consentido. La sociedad contiene buenas noticias más allá de sus iniquidades.

                Oramos: Gracias, Señor, por quienes se mantienen honestos; gracias por quienes intentan serlo por encima de sus limitaciones; gracias por quienes valoran la bondad por encima de las malas noticias.

 

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Volver al Jesús del Evangelio:

 

                Hay que volver al Jesús portador de buenas noticias y alejarse un poquito del Jesús portador de un mensaje religioso. En realidad él no quería ser Mesías religioso, sino portador de buenas noticias para los frágiles sociales. Noticias que tenían que ver con la dicha, con la salud, con la justicia, con el gozo. Esas buenas noticias eran más importantes y más peligrosas que cualquier doctrina religiosa o social. Venían a decir que la persona está creada para la dicha y que si no lo ha conseguido es muy probable que alguien se la esté arrebatando. Por eso fue puesto en el punto de mira del sistema.

                Oramos. Te alabamos, Señor, por ser portador de buenas noticias; te bendecimos por llamarnos a la alegría; te damos gracias por empujarnos hacia el amor a la justicia.

                 

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Volver a los valores hondos:

 

                Uno de los más hondos valores que habría que recuperar sería el del “apostolado de la alegría”, es decir, trabajar con ahínco para que la alegría llegue a los lugares sociales donde la tristeza ha acampado. Eso no puede consistir solamente en palabras o en gestos festivos, que no están mal, sino en crear condiciones sociales y económicas sobre todo, donde la dicha sea posible, donde la simple alegría de vivir pueda ser palpada. Por eso mismo, el apostolado de la dicha está emparentado con la simple justicia.

                Oramos: Que sembremos dicha desde una posición de justicia; que demos alegría desde una actitud de servicio; que ofrezcamos disfrute desde un afán explícito de compartir.

 

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Volvemos a la comunidad:

 

                A veces tenemos que darnos malas noticias porque así es la vida, por éstas vienen con ella. Pero nos hacemos un bien inmenso cuando nos damos buenas noticias, por sencillas que sean, por pequeñas que nos parezcan. Las buenas noticias son la masa en la que se forja la comunidad. De ahí que habríamos, quizá, de ser más generosos y rápidos en darnos esas buenas noticias que nos pueden llevar a considerarnos hermanos y amigos.

                Oramos: Que seamos generosos con las buenas noticias; que nos ofrezcamos lo bueno para ser comunidad; que abundemos en bondad para que lo malo de la vida nos sea más liviano.

               

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Palabras que alientan:

 

Y si el final

no fuera más que un algo

que se enciende

hacia otra parte. 

La fruta

tras el hueso de la fruta. 

La caricia que crea

la carne

en su caída. 

 

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Tu parte:

 

                Intenta ser portador de alguna buena noticia durante estos días.

                              

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