Retiro en la Navidad 2020-12-21

 

NO ES FÁCIL ABRAZAR LA LUZ

 

            Cómo a las mariposas, la luz nos atrae poderosamente a los humanos. El brillo, el resplandor, lo refulgente nos abduce y nos emboba. Pero resulta que, en la vida humana, la luz va mezclada a las sombras de manera indefectible. Por eso, aun a riesgo de engaño, separamos las sombras de la luz para que ésta nos arrobe y nos alegre. Dejamos las sombras de lado aunque sepamos que, por hacerlo así, la grisura de lo oscuro no desaparece.

         Pensamos que algo de eso pasa con la Navidad. La queremos fiesta de luz, la rodeamos de luces magníficas a nivel ciudadano (las ciudades importantes compiten por la iluminación), vamos a admirar el encendido de las luces en la ciudad, los escaparates intensifican la iluminación. Una Navidad sin luces sería una Navidad “muerta”. Hasta la misma liturgia la envolvemos en luz y no solamente se ilumina más el templo sino que en pleno presbiterio de coloca un árbol de Navidad con sus titilantes lucecillas. Da ambiente navideño. Sin luz, imposible.

         Es claro que la Navidad, como la Pascua, son fiestas de luz para los creyentes. Pero resulta que, en el mismo paquete, van las sombras, la dureza de las situaciones que se celebran (nacimiento pobre, muerte en cruz) y tapar eso con ritmos bullangueros y lucecitas de colores sería, quizá, empobrecer el hecho creyente.

         Es posible que, de salida, si alguien lee estas líneas frunza el ceño creyendo que se amarga la celebración. Nada de eso, tomar la luz con sus sombras da una hondura tal a la vivencia de la Navidad que puede resultarnos de gran novedad. Sombra y luz se entremezclan para formar la verdad del misterio de un Dios que se muestra acompañante sempiterno del caminar humano, misterio de la carne acompañada y acariciada.

         Quizá este año 2020, tan lleno de oscuridad, podamos vivir la Navidad en esta mezcla de luz y sombras, no para olvidar las sombras sino para integrarlas en ese torrente de claridad que es la encarnación de Dios. Ojalá.

 

  1. 1.    Apunte poético

 

Tiene el poeta R. Argullol un poema sobre san Pablo (Poema p.1039) que nosotros derivamos hacia el tema de la Navidad. Dice:

 

Camino de Damasco

Pablo de Tarso cayó del caballo

al recibir el mensaje inesperado.

Luego, con el transcurso de los años,

recorrió a pie cuarenta mil kilómetros

para difundir este mensaje por e. Mediterráneo.

Al final del camino le esperaba el martirio.

Se necesita un caballo desde el que caer

para abrazar la luz que fulmina.

Y unas sandalias fuertes, y la sangre del tormento.

No es fácil abrazar la luz.

La oscuridad, en cambio, nos besa de continuo.

 

  • Dice el autor que hace falta un caballo desde el que caer para abrazar la luz. Si vamos encabalgados en el caballo del consumo, de la exterioridad, del río general, de la superficialidad, creemos que abrazamos la luz pero abrazamos un espectro, lo imaginario. Es preciso ponerse en otro camino para intuir la hermosura de la encarnación.
  • Se precisan unas sandalias fuertes, el ánimo para ir haciendo procesos de fe. Si celebramos la Navidad porque toca, porque ha llegado, porque está en el ambiente nada más, la verdad de nuestra adhesión a Jesús queda intocada.
  • Y hace falta el “tormento”, la pasión, el anhelo, el afán por recuperar la profundidad, la alegría de una vida cristiana que es más que lo meramente se ve.
  • Son los caminos hermosos y trabajados para abrazar la luz, para entender la luz de la Navidad (y la de Pascua). Eso puede contrapesar el continuo beso de la oscuridad que, para quitárnoslo de encima, nos mostramos joviales en una alegría sin raíces.

 

  1. 2.    Apunte franciscano

 

«No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla. Así, sucedió una vez que, al sentarse para comer, un hermano recuerda la pobreza de la bienaventurada Virgen y hace consideraciones sobre la falta de todo lo necesario en Cristo, su Hijo. Se levanta al momento de la mesa y, bañado en lágrimas, termina de comer el pan sentado sobre la desnuda tierra» (2 Cel 200). 

 

Hay una escena franciscana muy emotiva en 2 Celano 200 cuando está Francisco celebrando la Navidad con sus hermanos “recordando con lágrimas la penuria que rodeó a aquel día la Virgen pobrecilla”. Cree Francisco que es de pena ver que una mujer que da a luz no tenga el marco adecuado, las ropas para el bebé, la compañía de otras mujeres que ayuden, lo necesario para reconfortar a la parturienta. María no tuvo nada de esas cosas y esa pobreza conmueve a Francisco.

         Entonces ocurre lo inesperado: un hermano, en la misma línea, recuerda “la falta de todo lo necesario en Cristo”. Recuerda no solo la pobreza de la madre, sino también la del hijo. Y Francisco no aguanta más: “Se levanta al momento de la mesa y, bañado en lágrimas, termina de comer el pan sentado sobre la tierra desnuda”. Es decir, come la comida de Navidad como si fuera una comida penitencial, una comida de cuaresma, como si la pobreza de Jesús se llevara por delante el gozo del nacimiento.

         Lo que estremece a Francisco es el nacimiento pobre de Jesús. Él no deja de ver en Jesús al rey que adora; pero la pobreza se pone delante de sus ojos como el misterio que envuelve a Jesús. No es de extrañar que no se cansara de repetir a sus hermanos que “la pobreza es camino especial de salvación” porque fue el camino que utilizó el mismo Jesús.

         Francisco abraza la luz de la presencia de Jesús en la historia pero también abraza su pobreza, su oscuridad. Van unidas. Y más aún: la oscuridad lleva a la luz, la pobreza al gozo, la penuria al regocijo. Hay que mirar muy de frente al misterio para entenderlo y vivirlo así. Ahí no caben superfluidades ni engaños.

 

  1. 3.    Apunte bíblico: Hech 12,5-7

 

«Mientras Pedro estaba custodiado en la cárcel, la comunidad oraba insistentemente a Dios por él. Cuando Herodes iba a hacerle comparecer, aquella noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas y centinelas haciendo guardia a la puerta de la cárcel. En eso, se presentó el ángel del Señor, y una luz brilló en la celda».

 

         Este texto no tiene nada que ver con la Navidad. Pero hay un detalle que nos puede ser de interés. La escena es sombría. Basta haber visto una prisión antigua en las ruinas de una ciudad (piénsese en la cárcel Mamertina de Roma, por ejemplo): un agujero en el suelo por el que se introducía al reo, sin luz de ninguna clase.

         Así está Pedro, en la total oscuridad, en la soledad más implacable, en la dura vigilancia de sus guardianes para que no quede ningún resquicio a la esperanza. Pero él tiene unas certezas de fe que hacen que no solamente pueda dormir en una situación así, sino que además no muera la confianza.

         Y entonces “una luz brilló en la celda”. Es inútil intentar explicitar más. Algo brilla en medio de la más profunda oscuridad, una esperanza se abre paso en el muro compacto de la derrota, una luz espera a quien ha abrazado con paz las sombras. Es el misterio de la fe luminosa que no necesita ignorar las sombras sino que, abrazándolas, las transforma.

         Algo de esto pasa con el misterio de la encarnación: no ignora las sombras, pero las transforma; no hace como quien no quiere enterarse de las limitaciones, sino que les pone nombre y las incluye en el movimiento de la luz; no tiene que forjarse terrenos superficiales de alegría porque la suya brota de las honduras mismas de lo real. Así es la Navidad.

 

  1. 4.    Apunte de Fratelli tutti

 

En la Fratelli tutti se cita tres veces el film “El Papa Francisco – Un hombre de palabra. La esperanza es un mensaje universal”, de Wim Wenders (2018). No es que sea una fuente principal pero, por lo que sea, al Papa le gusta. El último texto que se cita viene en FT 281 hablando de la relación entre religión y violencia:

 

«Entre las religiones es posible un camino de paz. El punto de partida debe ser la mirada de Dios. Porque «Dios no mira con los ojos, Dios mira con el corazón. Y el amor de Dios es el mismo para cada persona sea de la religión que sea. Y si es ateo es el mismo amor. Cuando llegue el último día y exista la luz suficiente sobre la tierra para poder ver las cosas como son, ¡nos vamos a llevar cada sorpresa!».

 

Dice el Papa que para que las religiones colaboren a la paz hay que partir de “la mirada de Dios”, una mirada que apunta no al exterior, sino al corazón (recordar aquellas frases hermosas del testamento del cisterciense Christian de Thiberine: “Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre para contemplar con El a Sus hijos del Islam tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo, frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias”). Es necesaria otra mirada, más profunda, para adentrarse en los caminos de una fe con contenido.

Y esa mirada luminosa está sustentada por el amor. Pretender entender algo de los misterios de la fe sin tener activado el amor, resulta imposible. Por eso mismo, cuando hablamos de abrazar la luz que habita en las sombras, en realidad, estamos hablando de amar. Celebrar la Navidad fuera de esta órbita del amor es lo que nos descoloca y entonces celebramos otra cosa.

Dice el film que “cuando haya luz suficiente sobre la tierra” veremos las cosas de muy distinta manera. La Navidad anticipa un poco esa luz suficiente, puede ayudarnos a entrever la hermosura de una luz distinta entre las sombras de lo cotidiano. Esa “sorpresa” es la señal de que estamos bien situados en el misterio de la Navidad. Si no hay sorpresa, sino camino ya hollado, no hemos atinado.

 

  1. 5.    Derivaciones

 

  • La luz en las sombras de la pandemia: muchos buscan las “causas”; quizá algún día den con ellas. Pero otros buscan luz para su situación personal, familiar, comunitaria, social. Buscan no tanto cómo entender, sino cómo mantener el ánimo para que no se vaya por el sumidero. Desearían, incluso, poder contagiar luz, ánimo, consuelo, amparo. No maldicen de la situación, la abrazan con su dolor y tratan de esbozar una sonrisa en los labios (aunque no se vea) y en el corazón. En esa sonrisa habita la luz.
  • La luz en las sombras de una vida social difícil: porque hay quien se empeña en hacer más difícil una convivencia social que ya tiene su gran dificultad en ella misma. Pero también hay personas que siembran discernimiento, equilibrio, razonamiento y dosis incalculables de tolerancia. No son muchos los que  les escuchan (¿quién lee o escucha, por ejemplo, a Daniel Innerarity?), pero siempre hay mentes de luz dispuestas a acoger sus razonamientos. Intentan abrazar la luz en la estremecedora mezcla de una sociedad que se quiere desestabilizar. Como la Navidad, porque más que de una luz religiosa, de lo que se trata en ella es de una “luz social”.
  • La luz en épocas de abandono: para la Vida Religiosa esta sigue siendo una época de abandono (según Vida Nueva nº 3201, el 15% de los religiosos de España han abandonado la VR en la última década) a lo que hay sumar la sequía vocacional. Todos sabemos que esto deriva en situaciones preocupantes y, en algunos casos, dramáticas. ¿Cómo encontrar luz en ese mundo sombrío? Sabiendo que, por encima de tal cataclismo, hemos mejorado en la relación (por frágil que sea), hemos mejorado en espiritualidad, hemos crecido en libertad, hemos adelantado en transparencia económica, ha crecido el nivel de sensibilidad social. Hacer depender toda la luz del número quizá sea un error. La Navidad empuja en la dirección de la búsqueda; mientras haya búsqueda, puede haber luz.
  • La luz en las comunidades pobres: pobres en número, en relación, en amor en definitiva. Comunidades en las que no hay buen ambiente, en las que predomina el silencio, en las que la superficialidad es el terreno de convivencia. ¿Qué luz puede haber en ellas? Tenue, muy tenue: la presencia física, las pequeñas ayudas de unos a otros, las pequeñas noticias ofrecidas, las conexiones con la gente del barrio que impliquen a la comunidad. Poca luz; es la que hay. En esa poca luz anida el misterio de la luz pobre de la Navidad.
  • La luz en las liturgias humildes: ya que hace mucho tiempo que pasó la época en que la liturgia se llenaba de luz, de solemnidad, de coros musicales, de esplendor celebrativo. Hoy la Navidad se celebra en liturgias humildes que merece la pena cuidar para que no deriven en liturgias superficiales. No es la humildad mala herramienta para celebrar el misterio de humildad que es la Navidad.

 

Conclusión

 

         Celebrar la luz en el abrazo con las sombras puede ser un modo espiritual bueno de enfocar la Navidad este año. Se trata de ahondar, de hacer más sitio al misterio y dejar un poco de lado la superficialidad hacia la que tiende el mercado. Quizá la austeridad de la que hablan nuestros líderes sociales podamos aprovecharla este año para abrazar mejor el misterio abrazando, a la vez, las luces y las sombras. De cualquier manera que ni los silencios, ni las oscuridades, nos alejen de la luz.

 

Itinerario:

 

  • 25-27: La luz en las sombras sociales: desgranar en carteles o como sea las sombras sociales que percibimos y poner encender en medio una luz.
  • 28-3 enero: La luz en tiempos de pandemia: hacer como la semana pasada con recuerdos de personas o comunidades que hayan sufrido la epidemia.
  • 4-10: La luz en las humildes comunidades: comenzando por la propia, tener cada día presente una comunidad humilde necesitada de luz.