Retiro en la Cuaresma 2020

 

 

SI AL SILENCIO LLEGARAS…

La Cuaresma como tiempo de silenciamiento

 

El silencio no es un mero no hablar; es una sabiduría. Eso requiere un aprendizaje continuo si se quiere incorporar al acervo cotidiano algo que, amén de beneficioso, nos compone, por mucho que lo dejemos de lado. Si comunicarse es humano, hacerlo a través del silencio, porque este no es la negación de la comunicación sino un modo privilegiado de ella, vivir en silencio también lo es.

Que el silencio sea una sabiduría lo dicen, desde antiguo, quienes más han ahondado en el alma humana. Dice el tratado de espiritualidad farisea llamado Pirqué Abot (Los escritos de los padres) que es del tiempo de Jesús: “Toda mi vida la pasé entre los sabios y aprendí que lo más importante es el silencio”. Aprender el silencio, he ahí una tarea espiritual permanente.

Podría parecer que, como luego diremos, la nuestra no sea una época favorable al silencio vista la algarabía de los medios de comunicación y la parafernalia de las “redes”. Pero cuando no existía este marco social también era difícil elaborar la espiritualidad del silencio. Los viejos desiertos siempre han estado poblados de buscadores del silencio, Por eso, elaborar una espiritualidad del silencio es, sin duda, ir contracorriente.

Cuaresma puede ser un buen tiempo para hondar en la espiritualidad del silencio y del silencio. La primera nos llevará a la contemplación del interior de la persona que se expresa sin palabras. Y el segundo nos propondrá unos caminos concretos para avanzar en el silencio, tan fecundo para la vida y para la fe.

Siempre que escribimos estas notas en los tiempos fuertes del año litúrgico nos mueve un anhelo: que tales tiempos, la Cuaresma en concreto, no pasen sin pena ni gloria. Que podamos aprovechar que la Cuaresma viene a nuestra mano y que no la desperdiciemos por una actitud rutinaria.

 

  1. 1.    Si al silencio llegaras…

 

La poetisa chileno-española Concha Zardoya escribió un delicado poema que expresa profundamente el anhelo del silencio habitado. Pura mística.

 

Si al silencio llegaras,

dulce Dios, dulcemente

y pusieras tu dedo

en mis labios, muy leve,

o corazón adentro

— ¡la vida desfallece!—,

tocaras ese aire

que la pena consiente

y allí dejaras, honda,

la paz, la suave nieve

de la serenidad...

 

Si besaras mi frente...

Si allí el dolorido

sentir trocaras... ¡Fuerte

soledad, Dios, almena

dame, torre valiente

contra rayos y vientos,

contra ausencias y muertes!

 

Si la dicha brillara,

oh buen Dios, sol ardiente,

en el fondo del alma,

al llegar dulcemente

tu voz dulce a la casa

en que siempre te pierdes...

 

Concha Zardoya

 

  • Tocar la pena…para dejar la paz…la serenidad: Es el gran anhelo de que, con los años, acumula penas: que estas se apacigüen, que se serenen. Un anhelo muy profundo. Solo que tal anhelo habrá que construirlo apoyados en Jesús. No se nos va a dar el don de la paz honda sin más. Por eso, quien anhela habrá de animarse a tocar esa mano que suaviza el corazón. Y quizá eso tenga una senda en el humilde silencio. 
  • Tocar el dolorido sentir…: Porque en los “sentires”, en los sentimientos anida muchas veces el dolor. Pero lo dicho antes: tocar los sentires es tarea común del corazón de Dios y del nuestro. De ahí que el silencio nos pueda ayudar a pisar el umbral de nuestros sentires para tocarlos.
  • Que la dicha brille…cuando llegue tu voz a la casa: La casa somos nosotros. La dicha brillará si hacemos sitio a la voz de quien nos ama. Y entonces el silencio será el eco de esa voz que anhelamos.

 

  1. 2.    El ruido que no cesa

 

A cada época su ruido. La nuestra es altamente ruidosa.

 

  • Vamos ciegos y perdidos bajo un diluvio de datos en el que vivimos un guirigay gritón y confuso que aturde al más templado que nos hace incapaces de interpretar y valorar la información más básica. Es preciso zafarse de tal presión, aun con el precio de parecer desinformados, de que no estamos a la última.
  • Hacemos muchas cosas a la vez. Es la multitarea. Miramos el móvil, comemos, estamos con otros y respondemos malamente a sus cuestiones, comentamos la actualidad, mandamos un guasap, miramos la tele encendida, todo a la vez. Vamos a una reunión importante y plantamos el móvil sobre la mesa: eso está ahí, lo atenderé. Estamos en una reflexión y por lo bajo consultamos nuestros emails o guasaps. Todo a la vez, múltiple dispersión. El silencio de una cosa cada vez puede ser algo a considerar.
  • Nos tragamos con facilidad cualquier embuste. Es lo que tiene el ruido. Somos lentos para discernir las falsedades, para desarrollar un espíritu crítico y movernos por la selva de noticias falsas. El silencio puede ayudarnos a diferenciar entre lo que es un dato y una opinión (47 mujeres muertas en 2018 es un dato; pensar, sin verificar, que en las denuncias de las mujeres puede haber quien haga denuncias falsas es una opinión).
  • Si no estás en Netflix no estás en el mundo: Así te lo espetan a la cara las jóvenes generaciones. Para ello, vivir es estar conectados a Netflix valorando lo barata que resulta la conexión. El silencio nos lleva por otros derroteros (por el disfrute de libros como del Irene Vallejo, El pensamiento en un junco).
  • El silencio puede ser, también, un enemigo: Dice Olga Rodríguez de eldiario.es: «El silencio es el mayor enemigo de la verdad, de la memoria, de la justicia, pues solo con la palabra, con el recuerdo, con la denuncia, puede reivindicarse a las víctimas, señalar a los verdugos y evitar que el infierno ocurrido vuelva a repetirse. Por eso hay que hablar sobre los crímenes y el dolor de las guerras, para intentar hacer entender qué pasa en ellas. Por eso, el silencio, como indiferencia, es criminal». Tiene razón, pero también dice esta misma autora: «Hay un silencio que actúa como la expresión más elocuente cuando no hay significante capaz de dar forma a lo que se quiere explicar». Dos facetas de la misma realidad.

 

  1. 3.    El Jesús de la pasión: un Jesús en silencio


        
«Mas Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios (Mt 26,33)…Y al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondió (Mt 27,12)…Entonces Pilato le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? (Mt 27,13)…Pero Jesús no respondió nada más; de modo que Pilato estaba asombrado (Mc 15,5)…Y le interrogó extensamente, pero Jesús nada le respondió (Lc 23,9)…Entró de nuevo al Pretorio y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le dio respuesta (Jn 19,9)».

 

  • Pocas veces se subraya el silencio de Jesús en las horas amargas de la pasión. Es un silencio por fuera, aunque su interior sería un hervidero de sensaciones, preguntas y dolor (San Francisco de Asís lo ha retratado muy bien en su “oficio de la pasión”). Mudo por fuera, hirviente por dentro.
  • Interpelar a Jesús por “el Dios viviente” es hacerlo por el Dios que le hace vivir, por el que es su “abbá”. Ese Dios es el que sella sus labios para hacer ver que es condenado a contrafuero: toda su vida orientada a Dios y se le condena por Dios.
  • Todas las obras hechas en favor de la persona no han logrado ser argumento suficiente para desvelar que Jesús es el Hijo, el revelador del amor del Padre. Por eso, preguntarle ahora que está encadenado no servirá de nada. No hay intención de aceptarlo como desvelador del Dios que está a lado de los pobres. Por eso, silencio ante quien tiene ya una postura tomada previamente.
  • El sistema acusa a Jesús (sacerdotes principales y ancianos), el poder religioso y el poder social. ¿Es mejor el silencio o la réplica? Jesús opta por el silencio porque, tal vez, ha llegado a la convicción de que con el poder no hay nada que hacer (¿no era esa sensación la que se deducía de Lc 16,19-31, la parábola de Lázaro y el rico?).
  • Se testifica contra quien se entrega. Ese es el rostro extraño del mal que anida en el corazón: se hace daño a quien te ama. No tiene explicación. Jesús tampoco la encuentra. Por eso calla.
  • Pilato, gobernante, pagano y juez, se asombra del silencio de Jesús. Él había dicho muchas veces: “cuando os detengan, no preparéis vuestra defensa” (Mc 13,11). Jesús utiliza la defensa del silencio del justo, la que han empleado quienes no han podido hablar, quienes sabían que era inútil hablar porque las posiciones estaban fijadas de antemano, sobre todo si uno era pobre y no tenía amparo legal. Ese es el caso de Jesús.
  • Pilato le interroga “extensamente”, aunque tenía fama (como dice Filón) de hacer juicios demasiado rápidos (de hecho, el proceso de Jesús es sumarísimo, no dura ni un día entero). Por eso no sabemos la “extensión” del interrogatorio, ni los resultados. El testimonio de Jesús es el de los pobres que dejan rastro jurídico. Por eso, el tiempo (que es la mortaja de los pobres) se ha comido su testimonio. Para que lo veneremos en su mudez, no en su (posible) elocuencia.
  • Preguntar a Jesús a estas alturas “¿de dónde eres?” está indicando que no se ha conectado para nada con la propuesta de Jesús. Mientras uno esté sentado “en el Pretorio”, aposentado en el poder, la mejor respuesta es el silencio. Por eso se nos queda mudo lo de Jesús, porque le interrogamos desde posturas que no han elaborado el tema del poder. El silencio de Jesús es una andanada sobre la línea de flotación del poder.

 

  1. 4.    Pensar a Dios desde el silencio

 

A la persona religiosa le cuesta entender y vivir la realidad de un Dios en silencio. El Dios de la religión, de la teología, de la piedad habla en palabras y revelaciones que damos por cierto que han sido gestadas en el mismo cielo. ¿Cómo se va a revelar Dios si no habla? Por eso mismo, el revelador es llamado el Verbo, la Palabra. ¿Es Palabra de un Dios que habla o de un Dios que no habla?

Es verdad que ha habido corrientes espirituales que han promovido el silencio de Dios, la espiritualidad “apofática” (que dice “no”). Pero ha sido algo minoritario. Lo normal ha sido que Dios hable, que hable mucho y que muchas veces lo que decimos que Dios habla se parece enormemente a lo que nosotros, por nuestros intereses, queremos que diga.

Habría, para empezar, que renunciar a hablar de Dios con ligereza, atribuyéndole cosas que son nuestras. Habría que pensar que es, tal vez, mejor que Dios no hable para que así se pueda garantizar su verdad, porque si le atribuimos locuciones suyas estamos invadiendo y pretendiendo apropiarnos de su verdad. Estar ante un Dios en silencio no quiere decir que se esté ante un Dios ausente, sino ante ese Otro que, por su peculiaridad, da sentido a la mía.

Hundirse en el silencio de Dios es, quizá, la senda para dar con él. Así lo han entendido los grandes místicos; ese silencio les ha hecho más buscadores y más anhelantes de un Dios de silencio.

 

  1. 5.    Construir una espiritualidad de silencio

 

Esta espiritualidad, lo sabemos, pasa necesariamente por hacer silencio por fuera y por dentro. La persona necesita el silencio por constitución natural. El silencio externo conlleva el control de las interferencias técnicas y sociológicas. Lo más difícil es el silencio interno. Es el ruido de nuestras pasiones humanas: la sexualidad, la ambición, el orgullo, la vanidad. El silencio interno es el apaciguamiento del mundo íntimo acompañado de la ausencia de ruido externo. Es difícil de lograr, pero es el que más tendríamos que trabajar por una cuestión de salud psíquica, física y espiritual.

Habría que construir espacios de silencio que no tienen por qué ser siempre sagrados. Un rincón del propio cuarto, con una luz y una evocación espiritual (icono, flor, vela, etc.) puede ser lugar apto. Este sencillo espacio externo será una invitación a atender lo interior y un modo indirecto de cuidarlo efectivamente.

Luego habría que silenciar el cuerpo: postura, sentarse, quietud. La mente no puede silenciarse en un cuerpo inquieto. La quietud está en proporción directa con la concentración. Se trata de estar vivo ante quien vive.

Resulta necesaria una mística del desierto, vaciar la mente en la medida en que se medita. Es hacer consciencia de algo porque hemos hecho vacío a su alrededor, lo que nos permite distinguirlo.

Es necesaria también una mística de la escucha. El silencio va en busca de la palabra que abra aún a un silencio mayor. Eso nos permite meditar en busca de la propia identidad, del propio nombre y del papel que hemos de jugar en la vida.

Todo culmina en una mística de amor. Lo que se escucha en el desierto de la práctica meditativa no es un genérico “yo soy”, sino un “yo soy hijo”, “yo soy amado”. En otras palabras, se descubre que se puede confiar.

 

  1. 6.    Aprender el silencio de la cruz

 

Así se podría entender la tarea espiritual de esta Cuaresma porque aprender la cruz no es cosa ideológica, sino trabajo de amoroso ahondamiento. El silencio se hace imprescindible para esa contemplación.

La cruz es silencio que grita la injusticia. Porque injustamente fue condenado quien hizo el bien y porque el silencio es el entorno de su muerte, una vez apaciguado el alboroto de la condena. Por lo que la cruz, las cruces, han de sentirse primeramente como injusticia y el rechazo de la cruz como respuesta correcta a quien injustamente ha sido puesto en ella.

La cruz de Jesús es silencio que se entrega sin gloria. Porque nadie agradeció ni alabó a Jesús por su muerte. Eso vino después. No fue una muerte rodeada de gloria sino de exclusión y de injuria (le hacían coplas: a ver si viene Elías…). La ausencia de gloria de los crucificados es su mejor carta de presentación: no querían gloria, querían justicia. Y no la hubo.

La cruz de Jesús es silencio que no reprocha a quien no ama. Es el amor sin esperanzas, sin demanda de recompensa y, por lo tanto, sin reproche (“no saben lo que hacen”: Lc 23,24). No se tomaron las opciones que llevaron al desastre para recibir premio, sino por amor. Y cuando no ha habido respuesta de amor, el amor sigue vivo y no reprocha.

La cruz de Jesús es un fracaso. Porque terminar una relación humana con una muerte violenta es un fracaso. No es un mártir glorioso porque el martirio nunca es glorioso, sino humillante. Jesús llega a morir como un fracasado. Hundirse en ese fracaso para hacer ver que ese camino no es el que los humanos habrían de seguir es su triunfo.

La cruz de Jesús cuestiona los infiernos. Porque ella misma es un infierno y, desde ahí, hace visible la insensatez de todo infierno humano y divino. Por haber sido infierno y haber bebido el cáliz de su contradicción, desautoriza todo infierno, despoja de razón de ser a toda opresión generadora de relaciones infernales.

La cruz de Jesús es bálsamo para las vidas heridas. Porque tales vidas están afectadas en mayor o menor medida de la ponzoña de la cruz. Si Jesús bebió esa ponzoña y, creemos, salió vivo, es que se puede superar el veneno de las heridas humanas con el bálsamo del amor callado.

 

  1. 7.    Diez caminos para el silenciamiento

 

El silenciamiento es la acción y el efecto de silenciar. Es decir, hay que construir el silencio poco a poco. Si no se hacen trabajos de silenciamiento, el ruido nos come el alma y termina invadiéndolo todo. Propongamos algunos caminos a la sombra de frases luminosas que la gente espiritual ha dicho del silencio. Esto podía ser un buen trabajo espiritual en esta Cuaresma.

 

a)    El camino de las distancias saludables: «No toda distancia es ausencia, ni todo silencio es olvido». Puede venir muy bien el silencio para apaciguar situaciones que tienen, hoy por hoy, difícil salida.

b)    El camino del logro que viene lento: «El silencio es el sol que madura los frutos del alma». Hay que se paciente activo. Para ello, el silencio que celebra lo que viene lento puede ser, a la vez, apaciguador y animador.

c)     El camino de un saludable control: «Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra». El silencio puede ser una herramienta de control para que no muramos, como el pez, por la boca.

d)    El camino de la voz que se levanta contra lo injusto: «Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena». Lo peor es la gente que se queda callada cuando hay que hablar. El silencio no está reñido con bajar a la arena cuando hay que hacerlo.

e)    El camino de quien ama una Palabra que pasa por el silencio: «Aquel que no entiende tus silencios, lo más seguro es que tampoco entienda tus palabras». Para entender la Palabra hay que mirar tenazmente al Dios del silencio.

f)      El camino de saber aguantar las preguntas: «El silencio es oro cuando no puedes pensar en una respuesta correcta». Porque las preguntas son beneficiosas aunque no tengan respuestas. Para seguir en la búsqueda de las preguntas hay que manejar el silencio.

g)    El camino de otra mirada: «Es hermoso mirar las cosas bellas desde el silencio». Porque el silencio puede ayudar al logro de esa otra mirada “integral” de la que habla el papa Francisco.

h)    El camino de la interconexión: «La respiración continua del cosmos es aquello que llamamos silencio». “Todo está conectado” proclama la Laudato Si’. El cosmos es silencio más que ruido. Afiliarse al silencio es acercarse a ese abismo de vida en el que estamos montados.

i)       El camino extraño de la oración silenciosa: «Alguna vez, ¿callaré en el silencio?». Porque a la oración le va muy bien el silencio cuando este se halla habitado. Es la “casa sosegada” de san Juan de la Cruz.

 

  1. 8.    Tiempo de hablar menos y hacer más

 

El famoso poema de Qoh 3,1-8 en donde se dice que todo tiene su tiempo dice en el v.7 que hay “un tiempo de callar y un tiempo de hablar”. Quizá eso sea interesante cuando, en estos tiempos, la comunidad cristiana tiene que aprender ambas cosas, el silencio y la voz.

  • Es tiempo de hablar con moderación, casi en silencio, de los “avances” que se han hecho en materia de control de los abusos sexuales del clero como la conferencia de obispos  de febrero del 19 en Roma y “hablar” abriendo archivos, sin esquivar a la justicia, reparando lo reparable. Se habla a favor y no se está a favor. Hablar menos y hacer más, ese es el camino.
  • Tampoco es tiempo de echar las campanas al vuelo en el secular tema irresoluto de la participación de la mujer en la Iglesia porque se nombre una comisión para el estudio diaconado femenino y dar pasos reales para una igualación normal asumiendo los riesgos que eso provocaría en una iglesia altamente patriarcal por origen y por historia.
  • Habría que hablar menos de la participación de los laicos como el congreso tenido hace poco, un congreso trufado de cardenales y obispos que parece que siguen tutelando el pensamiento y la acción de los laicos y darles entrada en los órganos de decisión pastoral sin ninguna clase de tutelas.
  • Tendríamos que hablar menos de los pobres y del “brazo armado de la caridad” que es Cáritas con el que se defiende muchas veces la estructura eclesiástica y hacer más en el cambio de estructuras económicas eclesiásticas ligadas a planteamientos neoliberales. ¿Para cuándo la autofinanciación de la Iglesia? ¿Para cuándo en maneras económicas que concuerden lo más posible con el evangelio?
  • Tendríamos que tener cuidado a la hora de hablar de que la Iglesia está con la democracia cuando se echa a temblar y regatea un apoyo explícito a democracias de izquierdas que no son de su gusto. ¿Qué apoyo democrático va a recibir un gobierno de izquierdas como el que tenemos en España? Un silencio envuelve todo atentos a que no toque nada de lo establecido en relación con la Iglesia. Si se toca, ¿se invocará el talante democrático de la Iglesia?
  • Tendríamos que ser parcos a la hora de hablar tanto de “iglesia en salida”. ¿Quién sale? ¿Hacia dónde se sale? ¿Qué confluencia real se está logrando con los foros sociales, con la ciencia y la cultura, con la sociedad secular? ¿O estamos básicamente ante expresiones de poco contenido real? ¿No sería mejor no enarbolar tantos estandartes, eslóganes incomprensibles y declaraciones en la prensa para atenernos al humilde hacer en lo secreto?
  • Nos vendría bien una cierta moderación a la hora de hablar de conciencia ecológica, creyendo que con la Laudato Si’ ya hemos cumplido. Es un documento muy bueno, pero es un documento. ¿Qué hacen las instituciones de Iglesia (al estilo de lo que han hecho los y las cistercienses de Cataluña), en los colegios, parroquias, etc. por un plan integral de energía, residuos, etc.?
  • Habríamos de tener cuenta con nuestra defensa del diálogo desde la teoría y nuestra poca defensa como cristianos del diálogo en su cruda realidad. ¿Por qué se nos hace inimaginable que la iglesia apoyara el casi imposible diálogo en el problema catalán? ¿Qué dice el cardenal de Barcelona como defensor de cualquier vía de diálogo más allá de su tímida apuesta por el diálogo en general? ¿Qué decimos los cristianos en el interior de nuestros grupos, de nuestra casa, de nuestra conciencia?
  • Hablamos mucho los cristianos en defensa de la familia, una institución social y, por herida que se la quiera, sigue gozando de apoyo valorativo. Pero la iglesia apoya el modelo de familia tradicional que considera prácticamente único. ¿Y los otros modelos de familia? ¿Para cuándo un apoyo explícito?  ¿Cuando suena eso en una homilía de Navidad? ¿Cuándo se valoran esos modelos de vida familia distinto (monoparentales, monomaternales, biparentales, bimaternales, pisos de acogida, residencias de ancianos, etc.)?
  • Menos, pero aún se sigue hablando de la oración (documento “Mi alma tiene sed de Dios”), pero se sigue haciendo en modos excluyentes y minusvalorativos de otras oraciones, de otras espiritualidades de las que quizá habría que hablar más porque, a la postre, todos los ríos confluyen en el misterio.

 

Conclusión

 

         La conversión al silencio no es, sin más, callar. Se trata de descubrir cómo el silencio nos resitúa en la verdad de lo que somos y creemos y nos descubre perspectivas nuevas de actuación. Es, paradójicamente, un dinamismo, una fuerza para caminar. Por eso mismo, la Cuaresma puede ser un tiempo propicio para volver a estos caminos que, quizá, abandonamos por improductivos. Tiempo para un silencio habitado.

 

Itinerario cuaresmal:

 

29 febrero-7 marzo: silencio externo: Cuidar el silencio en la propia casa, respetar el descanso de los demás, que la noche sea espacio de lectura y oración. Hacer ofrenda del silencio en beneficio de la interioridad. Alejarse, lo más posible, de los lugares ruidosos.

8-14 marzo: silencio el cuerpo: Mantener durante la semana una disciplina corporal en los hábitos de alimentación, higiene, horarios. Saber que el silencio del cuerpo ayuda al del interior.

15-21 marzo: silencio de la mente: No dispersarse en múltiples cosas; unificarse lo más posible. Hacer un trabajo de lectura espiritual en un solo libro. Procurar no moverse en distracciones inútiles.

22-28 marzo: silencio del corazón: Controlar lo más posible el mundo afectivo. No dispersarse en el mundo de las relaciones. Más vale profundizar en alguna que dispersarse en muchas. Saberse amado y apreciado por pocos.

29 marzo-4 abril: silencio en la oración: Prepararse a la vecina semana santa ahondando en el silencio orante. Estar vivos ante el viviente. Ahondar en los textos evangélicos de la semana en modos de quietud, de escucha, de estar.