Retiro en la Navidad de 2018

 

LA ATREVIDA CONQUISTA DE LA LUZ

 

         La Navidad y la luz tienen mucho que ver. Hasta socialmente: la ciudad enciende luces y los escaparates se iluminan. Es verdad que lo hacen más por razones comerciales que por otra cosa. Pero en Navidad abunda la luz más que en otras épocas del año. Quizá sea un reflejo del anhelo de luz de las personas, de la osada conquista de la luz que es la vida de los humanos.

         A veces queremos vivir la Navidad a contracorriente de la sociedad de consumo. Y esa resistencia es buena. Pero tal vez podríamos vivirla en su misma dirección, pero con otro sentido. Si la luz de acrecienta en la Navidad, acrecentemos nuestro anhelo de luz, de vida luminosa.

         Porque una de las maneras hermosas de decir lo qué es el misterio de la encarnación es decir, como lo hace la Escritura (“Una luz grande nos brilló”: Is 9,1), que la luz ha venido a esta tierra nuestra, tierra sin luz propia, tierra siempre necesitada de luz, tierra cada día con hambres de luz.

         La espiritualidad de la encarnación es, como dice Argulloll, la “atrevida conquista de la luz”, la osadía de un Jesús que pretendió ser luz para los caminantes humildes de su tiempo y para quienes vendrían después con sed de luz. La atrevida conquista de todos aquellos en cuya vida la pena no ha sido superior al gozo, las lágrimas no han ocultado el brillo de los ojos, la imperfección no ha hecho desaparecer el amor.

         Tiempo de luz, tiempo para la luz, tiempo del Cristo humildemente luminoso, tiempo para alimentar el deseo de la luz, tiempo para conquistar, siquiera un poco, la luz que nos hace caminar más libres y que ayuda a caminar a los demás.

         De ahí nuestra súplica y nuestro canto:

Cristo Jesús, oh fuego que abrasa,

que las tinieblas en mí no tengan voz.

Cristo Jesús, disipa mis sombras

y que en mí solo hable tu amor.

 

1. Las luces humildes

 

         La luz es cegadora y nos atrae su brillo como a las mariposas. Pero hay luces  humildes, nada cegadoras, nada llamativas. Sin ellas nuestra vida llegaría a convencerse de que conquistar luz era una utopía inalcanzable:

  • La luz de la linternita del móvil o de cualquier otra linterna: pocos voltios, débil luz, para salir del paso. Pero nos ayuda en el momento de necesidad, y rompe la oscuridad lo suficiente como para que no seamos nosotros quienes nos quebremos.
  • La luz de noche en la mesilla, en la esquina del pasillo: esas luces que encendemos para que nuestra tiniebla interna no nos ahogue tanto, para que nuestros pasos vacilantes en la noche no tropiecen. Luz que nos dice que las tinieblas densas de la noche, muy largas a veces, no van a tener la última palabra. Luces para tranquilizar.
  • Luz del piloto de atrás de los coches: pequeñas luces rojas que nos advierten del peligro, que nos guían en una noche de niebla y a las que nos pegamos para no caer en la negrura total. Luces que nos orientan hasta que el alba, aunque sea en la niebla, traiga el sosiego al corazón.
  • Luz verde de un taxi libre: sobre todo cuando más lo necesitamos, cuando llueve, cuando estamos apurados para ir al hospital, cuando nos agobia alguna necesidad. Esa pequeña luz de esperanza que nos dice que las luces  sencillas pueden mantener viva la gran esperanza de la vida.
  • Luz del santísimo en la oscuridad de la capilla: que nos asegura en la presencia de quien nos lleva en sus manos, que nos confirma en la certeza de no andar solos por la vida, que nos dice, en su humildad, que la luz está dentro, sosteniéndonos, fuente amor, cimiento de paz.
  • Luz de la puerta de casa: que se alumbra cuando llega alguien o que se deja ratos encendida como diciendo que quien llega es bienvenido. Luz que acoge, puerta de la puerta, que promete abrazos y rostros sonrientes.
  • Luces que se regalan. Pequeñas velas perfumadas que nos recuerdan el cariño de quien nos la dio, que hacen que nuestra vida no sucumba al gris de los días, que levantan nuestro ánimo cuando decae.

 

2. Caminad mientras tenéis luz: Jn 12,35-36

 

         “Dijo Jesús a la gente: -Todavía un poco de tiempo va a estar la luz entre vosotros; caminad mientras tenéis luz, para que no os coja la tiniebla, pues el que camina en la tiniebla no sabe adónde va. Mientras tenéis luz, prestad adhesión a la luz”.

 

  • Pertenece este texto a un gran bloque literario donde se describe pormenorizadamente el rechazo que el judaísmo ha hecho del mesianismo pobre de Jesús, del “grano caído en el surco”. De ahí su talante amenazante, dialéctico. Nosotros lo leeremos de manera más benigna, modificando el rechazo en aceptación.
  • Un poco de tiempo va a estar la luz con vosotros:  se refiere al Jesús histórico, pero, en realidad, la luz de Dios siempre ha estado sobre la creación (signo claro, el sol de cada día) y la luz de Jesús no se ha ido nunca de nuestra vida, el “novio” no ha abandonado la “boda” (Mc 2,18-22), Ha ido a situarse en el fondo de la vida, en el terreno de nuestra necesidad, en la fuente del amor (Jn 14,23).  Sigue la luz; la nuestra no es una vida en tinieblas.
  • Caminad mientras tenéis luz: caminar con luz es muy distinto que caminar sin luz. Nosotros tenemos a Jesús siempre, y por ello siempre tenemos posibilidad de caminar con luz. La tiniebla no viene del desamparo de Jesús, sino de nuestra propia limitación.
  • Para que no os coja la tiniebla: porque la tiniebla es envolvente, atrapadora, anestesiante. Nos hace desentendernos de los demás y caer en la autorreferencialidad. Por eso, el mejor modo de tener luz es hacer la vida de cara al otro, de cara a la comunidad, de cara al frágil.
  • El que camina en la luz sabe adónde va: porque la luz es orientadora, abridora de horizontes, fuerza para creer que las utopías pueden ser guías de la vida, ánimo para no volverse atrás cuando las cosas no vienen bien dadas.
  • Prestad adhesión a la luz: ya que acoger la luz del Evangelio no es tanto cosa de ideas cuanto de adhesiones, de corazones rendidos, de interior ofrecido. No se tiene luz porque se tienen muchas ideas sino porque se ha entregado el corazón a quien decimos que nos ama. 

 

3. Para una espiritualidad de la luz:

 

  1. 1.    “Dios es luz” (1 Jn 1,5): La religiones siempre han unido la deidad a la luz. También lo hace el NT. Se podría hacer esa unión no en modos mágicos, sino existenciales. En la luz percibe la persona la presencia viva de Dios. En el amanecer se lee el don cotidiano del Padre a la vida. En el “hermano sol” vemos, de alguna manera, la mano cálida del Padre que nos cuida. En la luz de la tarde podemos intuir el horizonte que Dios abre a la vida en plenitud. La luz se vuelve lenguaje sugerente para quien es sensible a la realidad de Dios.
  2. 2.    “Yo soy la luz” (Jn 8,12): Así se define Jesús. Es luz para quien anhela caminar en modos luminosos. Es luz “que nace de lo alto”, que brilla instantáneamente, que no tarda en brillar (no recorre el camino hasta elevarse al cenit). En el amanecer reconocemos la luz que brota del sepulcro. En la humilde luz del cirio reconocemos su presencia. En las minúsculas luces de un belén percibimos la luz pobrecilla de quien nace en la pobreza. Andar con él es tener garantizada la luz, aunque la tiniebla se nos pegue como una sombra.
  3. 3.    Espíritu que envía luz: Así se dice en la secuencia de Pentecostés. Envía luz porque nos es necesaria. Ser luminoso es ser espiritual, favorecer la luz es trabajar con el espíritu, aportar luz es aportar espíritu. Necesitamos un espíritu de luz, no otro que adense las tinieblas que nos envuelven a veces. Necesitamos una espiritualidad luminosa, con brillo, estimulantes, no esperada.
  4. 4.    “Vosotros sois la luz de mundo” (Mt 5,14): El creyente ha de ser luz. No tanto por tener ideas luminosas, sino sobre todo por llevar una vida luminosa, porque sus obras de amor sea, por humildes que se quieran, capaces de iluminar caminos, de alumbrar estancias sombrías. Hacer obra de luz es distintivo del seguidor/a de Jesús. Contribuir a la luz es hacer tocable la utopía de Jesús.
  5. 5.    “Los había cogido la tiniebla” (Jn 6,17): Así estaban los discípulos en el embravecido mar de Galilea: perdidos, oscuros, naufragantes. Quien anda en la luz va echando fuera las sombras, va haciendo acopio de ánimos, porque sabe que la fuerza de Jesús no le deja en el momento en que más lo necesita. Se ha hecho en la historia de la comunidad cristiana una Iglesia poderosa, influyente, cargada de ciencia y de bienes. Pero tendría que haber sido una instancia de luz. Quizá por eso quede tanto por hacer.
  6. 6.    “Al saltar a tierra vieron puestas unas brasas” (Jn 21,9): Las humildes brasas sobre las que se está asando el pan y el pescado indican que la suma de pequeñas luces (de “fueguitos” que decía Galeano) hace posible que el pan que reconforta y el pescado que alimenta pasen a la comunidad. Unirse en la luz, más que las sombras. Alejar toda negativización social que, cuando se hace en comunidad, siembra la desilusión, el descontento. Las luces sumadas aportan fuerza.

 

4. Caminos sencillos de luz

 

  1. 1.    El camino cotidiano de las buenas palabras: porque cuando se habla bien con continuidad se genera un ambiente luminoso y positivo para el trabajo y la convivencia.
  2. 2.    El camino asequible de la sonrisa y el buen humor: porque contribuye mucho a diluir tensiones y a tocar lo mejor de la persona provocando gozo sencillo ganas de estar con el otro.
  3. 3.    El camino la conversación sosegada: porque hablar con sosiego genera sosiego y éste acarrea luz.
  4. 4.    El camino apreciado de la atención amante: porque escuchar al otro con interés hace que las “tinieblas” lo sean menos y la confidencia compartida posibilita la luz y el ánimo.
  5. 5.    El camino lentamente luminoso de la reflexión común: porque, ciertamente, es un camino lento. Pero, a la larga, la reflexión compartida hace brotar la luz sobre las cosas.
  6. 6.    El camino siempre fecundo de una oración deseada: y, por eso mismo, preparada, vivida con interés, por encima de rutinas y cansancios. Una oración “con alma” es luminosa.
  7. 7.    El camino de la luz de una presencia ofrecida al grupo: porque tendemos a “fugarnos” cuando la realidad es que mucha de nuestra viene de la presencia compartida.

 

5. Navidad: tiempo de luz

 

         La Navidad es un tiempo litúrgico corto. Lo dividimos en dos semanas: del 24 al 30 de diciembre y del 31 de diciembre al 6 de enero.

 

  • Semana de las buenas palabras (24-30 de diciembre): Ponemos en la capilla o en el propio cuarto una “bandeja de las buenas palabras” donde iremos depositando a lo largo de la semana palabras buenas que vayamos escuchando. Una velita al lado.
  • Semana de la oración deseada (31-6 de enero): Tratamos de contribuir a que la oración común salga bien, con nuestra actitud y nuestra colaboración. Al entrar en la capilla que haya una bandeja con frases alusivas al valor de la oración común. Coger una y tenerla a la vista.

 

6. Conclusión

 

         No es que la conquista de la luz sea un atrevimiento por aquello del mito de Prometeo, la osadía de robar el fuego, o la luz. Es atrevida y humilde conquista porque se hace con tesón, con ilusión, poco a poco, en los detalles cotidianos, en las maneras habituales de vivir.

         Ojalá que la vivencia del misterio de la encarnación no dé arrestos para ir construyendo una vida lo más luminosa posible. La encarnación de Jesús es la evidencia del valor de la humilde luz que se mezcla a los caminos humanos. Su luz y la nuestra.

 

 

Fidel Aizpurúa Donazar