EL INFINITO EN LA PALMA DE TU MANO

El Adviento como tiempo bueno

para recuperar la mística

 

 

        Avanzan los años en este siglo XXI y da la impresión de que la rueda del tiempo lo va engullendo todo y de que las viejas certezas que nos han sostenido durante años ya no están ahí. Pero seguimos vivos en las rutinas de siempre, como sin alma, como sin mística.

        Sábato decía: “No podemos olvidar que en estos viejos tiempos, ya gastados en sus valores, hay quienes en nada creen, pero también hay multitudes de seres humanos que trabajan y siguen en la espera, como centinelas”. Quizá no seamos tantos como “multitudes”, pero hay quienes nos interesa mirar, tratar de entender, preguntarnos por el sentido, por el camino que vamos andando.

        Es la pregunta por la mística. Llevada al terreno de lo normal, la mística es lo que bulle debajo de la piel, los anhelos que aún laten, los porqué por los que nos movemos, lo que aún nos interesa, lo que nos hace emocionarnos, lo que nos estremece cuando lo vemos en otros, los ideales que se transforman pero se mantienen. La mística es algo que no se puede atrapar, pero totalmente necesario. Y creemos que se puede activar, que se puede de alguna manera cultivar.

        Hay para quien la mística se ha reducido al sinsentido de ir viendo y rellenando huecos de tiempos de la mejor forma posible. Otros se han anclado en lo que les dio sentido en otra época. Otros lo buscan en el codo a codo de las manifestaciones multitudinarias sociales o religiosas. Hay quienes encuentran una salida en la sectarización social o religiosa. Pero de algún modo hay una búsqueda.

        Creemos que Adviento, tiempo de anhelos, puede ser un buen espacio para reactivar la búsqueda de una mística que dimane de la vieja fuente de la Palabra mezclada a la fuente nueva del momento actual. Necesitamos esa mística para que el gris sobre gris no se adueñe de nuestros caminos, para que siga brillando un sol luminoso en nuestro horizonte, para que no nos roa el desaliento. Sentir esa necesidad es el primer paso. Ojalá este tiempo de Adviento de 2016 pueda ayudarnos algo en cosas como esta que, como el viento, “no sabes bien de dónde viene ni a dónde va”, según el dicho joánico (Jn 3,8). 

 

1. El infinito en la palma de tu mano

 

        Hemos leído y releído unos cuantos textos de las canciones de Bob Dylan, reciente premio nóbel de literatura, aunque no lo haya aceptado. Es una literatura, al menos para nosotros, de cierto hermetismo, de otra cultura, de un cierto desamparo y orfandad. No es sugerente, es rígida, aunque contenga expresiones y con ellas anhelos de interés. Pero no terminamos de verle la punta.

        No obstante, para este tema de la mística, queremos traer a colación un par de verso de su época de conversión al cristianismo, algo que desconcertó mucho a sus seguidores. Es de la canción EveryGrain of Sand(Cada grano de arena):

 

Para ver el mundo en un grano de arena

y el cielo en una flor silvestre

coge el infinito en la palma de tu mano

y la eternidad en una hora.

 

  • Ver el mundo en un grano de arena: Hay debajo de lo que existe una posibilidad de lectura de tipo cósmico que le saque a uno de su pequeño mundo, ese mundo pequeño que impide al “vuelo místico”, la percepción de que para vivir hay que ahondar en lo que existe, en lo que somos. Si no, al grano de arena ni se le mira. Y, sin embargo, esa minucia contiene toda la compleja realidad de la naturaleza, al menos como símbolo y representación. Una mística que no ve dentro, que se queda fuera, termina por ser innecesaria.
  • Y el cielo en una flor silvestre: Lo mismo: la belleza que representa el cielo se vuelca en modos reales en una florecilla que vive unas horas, unos pocos días. Representa la bondad y la belleza que dan sentido a lo que se urde en el cosmos más complejo. Hace falta otra mirada. Mirar con los ojos de siempre es arriesgarse a quedarse sin nada en las manos.
  • Coge el infinito en la palma de tu mano: Es bonita la imagen: todo el infinito en la pequeña superficie de una palma. Pero eso es la mística: creer que las manos, tan pequeñas, pueden tocar lo que es infinito, lo inabarcable, aquello que se nos escapa conceptual y realmente.
  • Y la eternidad en una hora: También es acertada la imagen: en una hora, tan corta, en una vida tan cortísima, hay semillas de eternidad, hay fondos que hablan de otra posibilidad, de otra dimensión que no se toca, pero que intuye. No es cuestión de creencias, es cuestión de olfato, de intuición, de “entrever”, como dice san Juan.

Han premiado a Bob Dylan por ser un referente ideológico en esta sociedad. Muchos apoyan esta decisión de la academia sueca porque piensa que, efectivamente, ahí se da una luz para el caminar de hoy. Hay que tratar de leer estos lenguajes como conectables con nuestras opciones creyentes.

 

2. La mística de Jesús

 

        Resulta muy atrevido plantearse las fuentes de la mística de Jesús a través de los textos evangélicos que, directamente al menos, no van a eso. Pero quizá podamos desvelar algunos rasgos que nos iluminen:

  • “Yo no estoy solo, porque el Padre siempre está conmigo” (Jn 16,32b): Quizá tengamos aquí algo fontal en la mística de Jesús: él ha tenido la certeza, en los peores momentos de su vida, de que el Padre estaba cerca (en la cruz incluso, más allá de su soledad). Eso ha generado en él otra mirada sobre la realidad, una actitud de sosiego y de equilibrio, una seguridad para afrontar el duro drama de la existencia de los pobres. Es, pues, un elemento que subyace al cauce más profundo de la realidad del Jesús histórico.
  • “Comieron todos hasta saciarse y recogieron los trozos sobrantes: doce cestos” (Mt 14,20): No solamente es la conclusión del milagro de la multiplicación. Es la certeza de que, para Jesús, el día en que los pobres se verán saciados es un anhelo al que no hay que renunciar. Para Jesús el fin de las desventuras de los pobres, el hambre saciada de quien la sufre crónicamente, es algo irrenunciable. Muchos de sus caminos tienen esa orientación: decir a los pobres que “serán saciados”, que lo suyo no es para siempre.
  • “El Padre del cielo hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5,45): Jesús ha llegado a la certeza de que la moralidad no es buena medida de catalogación de las personas, porque Dios tiene otra medida (la de la generosidad y la misericordia) para englobar a las personas. Esa medida ha tratado de aplicar él. Y ello se percibe cuando se ve que ha controlado el mecanismo de juicio, tan presente en la estructura personal.
  • “¡Qué grande es tu fe, mujer!” (Mt 15,28a): Un judío reconoce en una pagana el hecho ineludible de la fe. La certeza de que los paganos (esos condenados al infierno, malvados a se) también tienen un sitio en el reino, en la vida. Aunque fuera “obligado” (por el Padre), lo reconoció. Y eso fue un dinamismo para él y para su posterior comunidad (tema de la misión primitiva cristiana).
  • “No he venido a invitar justos, sino pecadores” (Mt 913,b): Otro dinamismo claro en su proceder y, por lo mismo, en su interior: es al sector más herido a quien él se debía, a los parias de la sociedad, a los excluidos del sistema. Esos han sido los privilegiados de su comportamiento porque tenían lugar preeminente en su propio corazón. Más allá de cualquier matiz, esto parece haber sido una variable continua en su vida. Él ha creído que la oferta del mensaje no era tanto para buenos, como para ilusionados.
  • “Id ahora a la salida de los caminos, y a todos los que encontréis invitadlos a la boda” (Mt 22,9): Una oferta de dicha. Jesús está más preocupado por la dicha que por el pecado. El logro de la dicha, más que el de la salvación, era el verdadero objetivo de su oferta. Por eso la metáfora de la boda amplia, universal, es la que mejor cuadra a su propuesta, no tanto religiosa cuanto existencial.

 

Desde aquí podemos desvelar como tres corrientes subterráneas en la profundidad de la mística de Jesús. No es fácil ponerles perfil, pero cuando uno lee estos textos desde lo místico, algo de esto aparece:

  • Amor a la vida: No habría podido captar estas intuiciones si no hubiera sido, además de un reconciliado con la vida, uno que la ha amado a fondo. Desde el desamor no se pueden tener estas actitudes. Solamente quien ha pactado con el fondo de la existencia, quien ha logrado una amistad sólida con este camino histórico, a veces tan pobre, puede vivir con esta clase de planteamientos.
  • Conexión con la fuente del amor: Que no es otra que el amor del Padre actuando en la historia. Es la fuente de la que brota toda posibilidad de mirar y entender la vida desde otra dimensión, aquella que convierte en amor todo lo que toca y vive.
  • Mirada nueva a la realidad: Ya que la tendencia es a mirar mal, negativamente, juzgadoramente. Él ha logrado una manera de mirar que no condena, que valora lo posible, que desvela lo que ni la misma persona cree poseer de valioso. La mirada de quien ha nacido de nuevo, como él mismo dirá.

 

3. Profundización

 

        Reflexionar sobre la mística demanda un esfuerzo suplementario de pensamiento porque se trabaja con algo que se escapa entre los dedos como la arena de la playa. Hagámoslo desde la perspectiva de Jesús:

1.  Jesús ha recuperado la dimensión de la profundidad: Esa dimensión de la que P. Tillich dice que nos abre la vía de conexión con Dios: “El que sabe de la profundidad, sabe también de Dios”. Jesús ha huido de esa otra dimensión de la superficialidad que todo lo banaliza y empobrece. Ha sabido mirar con profundidad a Dios, a las creaturas y, sobre todo, a los pobres. En esa profundidad ha desvelado su innegociable dignidad.

Por eso mismo, pretender un cierto vigor místico sin animarse a la inmersión en zonas cada vez más profundas de la realidad, es imposible. Quedarse en lo de fuera, en el líquido mundo de las meras apariencias lleva a un empobrecimiento que induce a un abandono de la lucha por construir una mística sustentante.

2.  Jesús ha tenido un pensamiento crítico: Tan necesario para la mística. Por eso ha cuestionado lo incuestionable (las tradiciones, las costumbres, la Ley, el mismo Moisés). Para él, al servicio de pobre, todo queda cuestionado cuando ambas realidades entran en colisión, optando, lógicamente, por el valor de la persona del pobre. Esto es lo que le ha dado a Jesús un componente de lucidez, tan necesario a la hora de andar en la cuerda floja del margen del sistema.

El alejamiento del pensamiento crítico impide la construcción de una mística lúcida, de ojos abiertos, una mística horizontal que propicie una lectura ahondada de lo que pasa y de lo que nos pasa. Los sistemas, sociales y religiosos, tienden a sofocar el pensamiento crítico porque ven en él un peligro. Sin embargo, es la forma mejor de sanear cualquier desviación de tales sistemas. Deberían tenerlo por aliado.

3.  Jesús ha tenido una comprensión benigna de la realidad: Eso es lo que le ha hecho mantenerse en los caminos, comprender a los frágiles, cuestionar el poder de quien abusa y pasar por alto limitaciones históricas. Ha sabido leer la realidad débil de la historia en el horizonte al que está destinada. Y ello le ha posibilitado tocar el corazón de lo que vive.

Esta comprensión benigna no es pasar de todo, desinteresarse de lo crudo de la realidad situándose en un nirvana adormecedor. Es mirar lo que ocurre con los ojos de quien desea idéntica comprensión para la propia debilidad. Es poner a funcionar la capacidad de espera y la fe en valores de la persona que hoy no se ven, pero que pueden surgir en otro momento.

4.  Jesús ha estado dispuesto al cambio: Porque su mística se ha alejado del componente de la inflexibilidad que lleva al fanatismo y a la imposición obligada. Ha cambiado su mentalidad respecto a los paganos (mujer de Tiro), ha modificado su visión nacionalista de los extranjeros romanos (centurión), ha modificado cualquier rigidez moral frente a la evidencia del pecado (recaudadores, mujer pecadora, etc.). Su mística no ha sido la rígida posición de quien se cree superior.

Uno de los síntomas de que algo no funciona en los trabajos por el logro de una mística sustentante es, justamente, este de la flexibilidad. O lo que es lo mismo: quien pretende tener vida interior ha de leer incansablemente los signos de los tiempos para poder conectar con ellos y modificar itinerarios de vida que ya no son valiosos ni productivos para la mística. Un místico inflexible es lo opuesto a un místico de ojos abiertos que se pregunta una y mil veces cómo ha de resolver la situaciones vitales que la vida pone delante.

 

4. Un Adviento para la mística

 

        El Adviento es un tiempo de anhelos. Por eso mismo quizá sea un espacio bueno para hacer trabajos de recuperación y logro de una mística personal que nos lleve a vivir la vida y fe con dinamismo en tiempos de dificultad.

 

1.  Actualizar los viejos ideales: para que no sean antiguallas muertas. Actualizarlos mezclándolos con benignidad a la realidad de la que hacemos parte. Pero no apearse de ellos sin más. Pueden seguir siendo válidos.

2.  Insistir en lo necesario: porque si es necesario, hay que insistir, sobre todo en los valores fundamentales: la justicia, el respeto a la creación, la defensa de un mundo para todos.

3.  Mirar con lo habitual con novedad: para que lo habitual no se convierta en algo rutinario. Poner una pizca de novedad a cualquier cosa que hagamos, a cualquier signo que nos pueda evocar caminos nuevos.

4.  Cantar en la noche con esperanza: porque las noches de la vida son menos densas cuando hay canto, cuando hay deseo de vida, trabajos por hacer que el dolor no lo ocupe todo.

5.  No cansarse de sugerir, de proponer: ya que no todas las propuestas serán aceptadas; pero si alguna lo es, eso que ganamos. De cualquier manera, cuestionar sin proponer será siempre algo incompleto.

6.  Acostumbrar a vivir con paz en los márgenes: ya que también los márgenes hacen parte del libro, hacen parte de la realidad. No pretender una mística viva y, a la vez, una consideración social o religiosa eminente.

7.  No dejar de entregarse, aunque no haya reconocimiento: porque las entregas nunca se pierden, y, haya reconocimiento o no lo haya, la entrega vale. Más aún, la prueba de la verdadera mística es la de quien se sigue entregando aunque no haya reconocimiento.

8.  Levantar los hombros y seguir caminando: no pararse a hacer muchas consideraciones. Seguir caminando sin que nos afecte lo que no merece la pena que nos afecte. Seguir caminando sabiendo que hay situaciones que nos pueden dejar tocados, pero no sin sentido.

9.  Amar sin esperanzas: porque las esperanzas son siempre recompensas al amor. Ser capaz de amar aunque no haya esperanzas de que se nos devuelva el beneficio de amar. Saber que la esperanza de una historia más humana, de una vida con más, es algo superior a las pequeñas esperanzas de un amor que demanda contrapartida.

  1. Celebrar lo pequeño: ya que lo grande, a veces, no llega. Valorar lo poco que se consigue y celebrarlo con sencillez y humildad. Necesitamos la celebración, la dicha, el disfrute sencillo, para que brote la adhesión a Jesús y a la persona y, con ellas, la fuerza de la mística.

 

Conclusión

 

        Puede que por lo inconcreto de esta reflexión no llegue a constituir materia útil para un retiro de Adviento. En cualquier caso, siempre habrá que intentar que el Adviento no pase sin pena ni gloria, por el camino que sea. Este tiempo nuestro es tiempo de intentos. Eso ya es un valor. Y de una forma u otra, intentemos adherirnos a aquel que nunca abandonó esta tierra porque pertenecía a ella, a nosotros. La encarnación de Jesús es la confirmación de que somos tierra, algo llamado a lo pleno por el camino del ser tierra.

 

Itinerario de Adviento:

 

        Proponemos, por si sirve de algo, un itinerario para el tiempo de Adviento con dos elementos: uno reflexivo y otro un signo que puede ser personal o utilizarse en la liturgia comunitaria:

 

1ª Semana: Mística de ojos abiertos: Se trataría de tratar de mirar la realidad como queriendo conectar con ella, como queriendo aprender, Mirar “con asombro” aquello que hace parte de mi camino cotidiano. Mirar “como por dentro”. Signo: Imprimir de Google una foto de una VENTANA. Ponerla en lugar visible. Que nos recuerde la posibilidad de mirar con ojos abiertos la realidad, mirada mística. 

 

2ª Semana: Mística horizontal: Proponerse esta semana mirar un poco “más lejos” que la inmediata realidad. Mirar horizontes de sociedad, de Iglesia, en asuntos que ocurran estos días. Creer que hacemos parte de horizontes amplios, por muy sencilla que sea nuestra vida. Signo: imprimir de Google la foto de un HORIZONTE. Ponerla visible para que nos indique hacemos parte de horizontes amplios, mística horizontal.

 

3ª Semana: Mística de orientación a lo profundo: Dedicar esta semana a técnicas de profundización: más silencio, más lectura, más reflexión, más paseo contemplando la naturaleza. Desear aprender a bajar a la propia conciencia, a lo que tenemos de fondo. Signo: imprimir de Google una foto de un FAROL. Que creamos que tenemos luz, recurso, ayudas, amparo para bajar al fondo de la propia persona. Mística de profundidad.

 

4ª Semana: Mística de pertenencia a la tierra: Como inmediata preparación a la celebración de la Navidad acentuar la mística de nuestra pertenencia a la tierra. Verlo como algo gozoso, como un don que Dios nos ha dado: ser tierra y pertenecer a ella, a la madre y hermana tierra. Ahí nos hemos encarnado. Signo: imprimir de Google una foto de un CUENCO DE TIERRA. Ponerlo visible orando: ¡Gracias, Señor, porque me has hecho tierra de vida!